Vida temprana, aprendizaje y olvido.

Muchas veces nos preguntamos las influencias que tienen las experiencias de los recién nacidos y de los primeros años de la vida en el desarrollo de la personalidad del individuo, y por tanto la prevención o la potenciación de determinados trastornos psicológicos.

Los comportamientos y actitudes adquiridos no suelen ser fijos ni permanentes. Lo que se ha aprendido puede modificarse o desaparecer en las condiciones adecuadas, proceso que se denomina extinción.

La extinción conlleva normalmente la exposición a experiencias que son similares a las situaciones del aprendizaje inicial, pero que permiten nuevos aprendizajes. Es decir, que los antiguos hábitos de comportamiento cambian cuando aprendizajes nuevos interfieren con lo que se ha aprendido y lo sustituyen.

Pero, ¿qué ocurre si las condiciones del aprendizaje original no pueden duplicarse fácilmente?

Según la teoría del aprendizaje por contigüidad, el que no se den las situaciones que interfieran con los hábitos anteriores implica que éstos se mantendrán sin modificar y persistirán en el tiempo.

Entonces si nos cuestionamos: ¿se experimentan los acontecimientos en la vida temprana de tal manera que sean difíciles de reproducir, y por tanto, resistentes a la extinción? Un examen de estas condiciones en la infancia nos dice que la respuesta es que .

Desde una perspectiva biológica, el niño pequeño es un organismo primitivo, el sistema nervioso infantil está incompleto; el niño percibe el mundo desde puntos de vista momentáneos y cambiantes, y es incapaz de discriminar e identificar muchos de los elementos de la experiencia.

Lo que el niño ve y aprende del entorno a través de sistemas perceptuales y cognitivos infantiles no volverá a experimentarlo de la misma forma después.

El mundo presimbólico de los niños dura hasta los 4 ó 5 años, momento en el que agrupan y simbolizan los objetos y los acontecimientos de una forma estable que es bastante diferente con respecto a la de la infancia temprana.

Una vez que estas percepciones han tomado formas discriminativas, los niños no pueden duplicar durante más tiempo las experiencias perceptivamente amorfas, presimbólicas y difusamente incipientes de sus años iniciales.

Incapaces de reproducir estas experiencias tempranas en la vida posterior, los niños no podrán extinguir lo que han aprendido en respuesta a ello; al dejar de percibir los sucesos como los sintieron inicialmente, no pueden sustituirlas reacciones tempranas por las nuevas. Estos aprendizajes tempranos persistirán, por tanto, como sentimientos, actitudes y expectativas que afloran penetrantemente de una manera vaga y difusa.

El desarrollo de patrones desviados, que influirán futuramente en el desarrollo de un trastorno de la personalidad, se puede estar empezando a forjar en estos primeros aprendizajes.

Además, en esta etapa presimbólica su mundo de objetos, personas y acontecimientos está conectado de una manera poco clara y aleatoria; aprenden a asociar objetos y sujetos que no tienen relaciones intrínsecas; se fusionan de forma errónea conjuntos de estímulos concurrentes.

Por ejemplo, cuando un niño pequeño experimenta temor como respuesta a la voz cruel del padre, puede aprender a temer no solo la voz, sino también el contexto, la atmósfera, los cuadros, los muebles, y los olores, una gama total de objetos incidentales que, por azar, estaban presentes en ese momento.

Incapaz de discriminar el estímulo concreto que le causó el temor, conecta su malestar aleatoriamente a todos los estímulos asociados, de modo que cada uno de ellos pasa a ser un precipitante de esos sentimientos.

Las asociaciones al azar de la vida temprana no pueden duplicarse cuando el niño desarrolla la capacidad para el pensamiento y la percepción lógicos.

La generalización es algo también inevitable en el aprendizaje temprano. Todos los hombres son papás, todos los animales de cuatro patas son perritos, todas las comidas son ñam ñam…

Imaginemos que una niña de dos años es atemorizada por un perro cocker. Debido a la capacidad discriminativa burda que existe a esa edad, esta experiencia le ha condicionado el temor a los perros, los gatos y otros animales pequeños.

Volvamos a imaginar que después se expone agradable y repetidamente a un perro cocker. Como consecuencia de esta experiencia, la niña habrá extinguido su temor, pero sólo a los perros cocker y no a los perros en general, ni a los gatos o a otros animales pequeños.

Cuando la niña sea más mayor, su capacidad de discriminación hará que los cocker sean agradables, pero no los perros en general.

Estas condiciones que refiero con anterioridad, ese aprendizaje en la etapa presimbólica, esa aleatoriedad de relacionar objetos, acontecimientos y personas y por último esa generalización entre estímulos similares, explican en gran medida la extraordinaria dificultad para reexperimentar los acontecimientos de la vida temprana y olvidar los sentimientos, comportamientos y las actitudes generados por ellos.

Mariano de Vena Salvador | Psicólogo Col. Nº M-23785

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Serotonina, depresión y 5-Htp

La depresión es el resultado final de la interacción de múltiples factores constitucionales, evolutivos ambientales e interpersonales, que modifican las pautas de neurotransmisión entre los hemisferios cerebrales y el sistema límbico, y alteran de manera reversible los circuitos cerebrales de recompensa y castigo.

El principal sustrato neuroquímico de esta alteración es una desregulación de las monoaminas neurotransmisoras noradrenalina y serotonina y, posiblemente, también de la acetilcolina y de las endorfinas.

La disfunción central de la neurotransmisión, además de su repercusión en la conducta, origina alteraciones neurovegetativas y endocrinas, sobre todo en la secreción de cortisol, hormona tiroidea y hormona del crecimiento.

El estado depresivo influye a su vez en relaciones interpersonales, el entorno y las pautas de gratificación, creando situaciones depresógenas con experiencias de pérdida, indefensión y estrés, que influyen de nuevo negativamente en la actividad de los neurotransmisores, cerrando así un circulo vicioso de retroalimentación positiva, que tiende a mantener indefinidamente el proceso.

La serotonina, o 5-hidoxitriptamina, procede del metabolismo de un aminoácido esencial que debe ser forzosamente ingerido por la dieta, el triptófano. La enzima triptófano-hidroxilasa convierte el triptófano en 5-hidroxiltriptófano (5-HTP), y éste por dercarboxilación, se convierte en serotonina.

Las funciones de la serotonina en la regulación de la homeostasis son múltiples e importantes, modulando en general la estimulación excesiva y ejerciendo un efecto inhibitorio sobre la conducta.

Los déficit de serotonina han sido asociados con la regulación de numerosos sistemas neurobiológicos, incluyendo el sueño, el apetito, la actividad sexual, los ritmos circadianos, la  memoria, el aprendizaje, la regulación de la temperatura, la función cardiovascular, la contracción muscular y la regulación endocrina.

Su papel en la depresión se relaciona con la actividad catecolaminérgica,  a través de la “hipótesis permisiva de la depresión” según la cual un déficit funcional de la transmisión serotoninérgica predispone a un trastorno afectivo, presentándose un estado depresivo si la neurotransmisión catecolaminérgica está también deficitaria, mientras que si por el contrario está aumentada la manifestación clínica es de tipo maníaco.

La mayoría de los fármacos antidepresivos que se recetan en la actualidad son Inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS). Su mecanismo de acción se centra en incrementar los niveles extracelulares de serotonina al inhibir su recaptación hacia la célula presináptica, por lo que aumenta la cantidad de serotonina en la hendidura sináptica para unirse con el receptor postsináptico.

Pero no quería hablar de los tratamientos con los psicofármacos ISRS,  sino de cómo a través de sustancias naturales podemos regular los niveles de serotonina en el cuerpo.

El cuerpo produce 5-HTP cómo hemos dicho anteriormente a través del  aminoácido L-triptófano, aunque es difícil de conseguir un efecto significativo a través de los alimentos.

Tienen triptófano alimentos como el queso, las legumbres, los cereales, los frutos secos, el cacao, frutas como el plátano, el mango y la piña; y sobre todo los alimentos ricos en proteínas, carne, pescado, marisco, huevos, etc.

Podemos incorporar a nuestra dieta mediante el 5-HTP en forma de  suplemento alimenticio, al igual que hacemos con las vitaminas o los minerales.

El 5-HTP es un suplemento  natural y una gran alternativa a los medicamentos para aumentar los niveles de serotonina en el cerebro. El 5-HTP (L-5-hidroxitriptófano), recupera de forma directa los niveles de serotonina al ser absorbido por el torrente sanguíneo, cruzar fácilmente la barrera hematoencefálica y producir un equilibro óptimo de la serotonina en el cerebro.

El 5-HTP ha demostrado ser más eficaz que el L-triptófano ya que, químicamente hablando, está más próximo a la serotonina. Esta sustancia se encuentra de forma natural en las semillas de la planta llamada Griffonia simplicifolia. 

Es una planta trepadora arbustifoide que procede de las llanuras y sabanas de algunos países africanos, principalmente los de la parte occidental, donde sus habitantes lo han utilizado como medicina, pero sobre todo como alimento de forma ancestral. Contiene un 12 % de 5-HTP. 

Desde los años 70  se están estudiando los efectos del 5-HTP al ser incorporado al mercado en numerosos países.

Entre los efectos positivos que se van investigando destacan en el tratamiento de problemas de insomnio, depresión, ansiedad, obesidad, migrañas y cefaleas tensionales y fibromialgia. 

Los estudios han demostrado que el 5-HTP mejora la calidad del sueño, prolonga la fase REM y proporciona un sueño más profundo, pero sin alterar el tiempo total de sueño.

La capacidad del 5-HTP, para mejorar el sueño incluye la regulación de la hormona melatonina, una hormona que muchas personas toman para poder dormir. Pero el 5-HTP ha demostrado ser mucho más eficaz para producir un sueño reparador, ya que favorece la liberación de melatonina por la glándula pineal en el cerebro.

Un gran avance en el  tratamiento para la depresión fue el desarrollo de ISRS, como mencionaba anteriormente, sin embargo  El 5-HTP puede convertirse en una alternativa natural, siendo una sustancia que  penetra fácilmente en el cerebro, donde se convierte en serotonina.

Uno de los más ensayos clínicos más impresionantes se realizó en 90 pacientes que sufrían una depresión con “resistencia al tratamiento”. Estos pacientes no respondían a tratamientos anteriores, incluyendo todos los antidepresivos conocidos y la terapia electroconvulsiva. Estos pacientes resistentes al tratamiento recibieron 5-HTP en una dosis promedio de 200 mg por día, con una variación entre de 50 a 600 mg por día.

De entre todos los pacientes estudiados, 43 de entre 99 de ellos eliminaros completamente la sintomatología depresiva, otros 8 de ellos presentaron una mejora significativa.

Uno de los mayores obstáculos en el éxito de las dietas de pérdida de peso es la tendencia a la ansiedad después de seguir la dieta. Aquí es donde el 5-HTP entra en juego.

Se ha demostrado que el deseo de comer hidratos de carbono y el ataque de los antojos alimenticios obedecen  a los bajos niveles de serotonina. Por lo tanto, el aumento de los niveles de serotonina en el cerebro puede contribuir al éxito de una dieta para perder grasa.

Como se valoró en un estudio sobre esta fibromialgia  y la migraña, el aumento de los niveles de serotonina podría tener un efecto directo en la reducción y la transmisión de las señales del dolor. Cuando se produce un nivel más elevado de serotonina menos propenso se es a la molestia.

Mariano de Vena Salvador | Psicólogo Col. Nº M-23785

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Neuroeducación.

Escuchamos en los medios que nuestro cerebro es el órgano más complejo conocido. Y esto es así porque se encarga de regular, desde los instintos a las emociones, hasta los aspectos que consideramos más sofisticados y complejos de nuestro razonamiento y comportamiento.

Sabemos además desde hace décadas que el cerebro es “plástico”. ¿Qué significa esto? Pues que al tratarse de un órgano vivo, es dinámico y se transforma de manera constante según la estimulación que recibe, sobre todo durante las primeras etapas de la vida. De manera más concreta, y tratando de aclararlo, las neuronas que componen nuestro cerebro –las células que lo forman- se pueden relacionar entre sí de una manera más rica o empobrecida dependiendo del ambiente de estímulos que se le proporciona a un niño, a un adolescente o a un adulto.

Parece entonces que, dependiendo del contexto que se proporciona al niño, así se estimula más o menos, mejor o peor su cerebro, el cual establece y refuerza conexiones útiles y elimina otras menos provechosas.

En resumen; una mejor estimulación favorece un cerebro también mejor conectado y de adecuado y optimizado funcionamiento/rendimiento.

¿Qué nos es útil de todo esto de cara a la educación de los hijos?

Como padres es importante considerar y valorar cada experiencia de aprendizaje que se proporciona a los hijos. Desde este enfoque “neuroeducativo” se pone en valor que cada experiencia conlleva estímulos al cerebro, lo cual favorece un cerebro interconectado, dinámico y vivo, o bien un cerebro desconectado, estático y muerto dependiendo de la calidad de las experiencias que le proporcionemos al niño.

En pocas palabras, y pretendiendo acercar la neurociencia en la educación de los hijos recientemente bautizada como “neuroeducación”, se trata de mantener a tu hijo “activo mentalmente” a través de que preste atención a su entorno, use su memoria de manera constructiva y útil, tome decisiones y resuelva problemas que estén a su alcance. En definitiva, incluirle de manera activa y resolutiva en la vida que le rodea, que sea más autónomo y responsable en sus posibilidades, llevándole a preguntas que le hagan comprender mejor todo lo que pasa por sus sentidos, evitando las respuestas precipitadas, más bien favoreciendo preguntas,  y tratar de evitar así su estancia “pasiva” en este mundo, logrando con ello proporcionarle claves y anclajes en la construcción de su propio conocimiento y aprendizaje.

Es de sentido común pensar que un cerebro que permanece atento y activo se convierte en resolutivo automáticamente. También de manera contraria, un cerebro inatento e inactivo se hace dependiente en la resolución y el auxilio que los demás le puedan prestar. 

Algunas claves en Neuroeducación o de “cerebro activo y conectado”: 

Dotar a los niños y adolescentes de responsabilidades acordes a su edad y capacidad para que incremente su autonomía y “procesamiento activo” de la información que le rodea.

Incluirle en la resolución de problemas y toma de decisiones dentro de su escala infantil, adolescente o preadulta. No sacarle todas las castañas del fuego, lo que conllevaría sobreprotección y que el cerebro habite “cómoda y pasivamente”.

Potenciar la comprensión del mundo que le rodea. No evitar hablar de temas porque no esté preparado. Incluir de manera relevante la comprensión social, aspectos de empatía y dotar de una adecuada relevancia el aspecto emocional de lo que ocurre a su alrededor, bases importantes para que llegue a ser un ciudadano de verdad comprometido y responsable.

Sergio Algar | Psicólogo Col. Nº M-22702

Emociones al límite.

Muchas veces escucho decir a los adolescentes frases del estilo de “este/a  tío/a es mazo bipolar… o incluso autoreferenciales, “creo que yo soy bipolar”, haciendo referencia a los bruscos cambios que se producen a lo largo de un mismo día o en pequeños periodos de tiempo en su estado de ánimo o en su equilibrio emocional y la forma de relacionarse con los demás.

No se están refiriendo al trastorno bipolar tal y como lo presenta el DSM-V, pero es algo que casi toso el mundo en la sociedad tiene en su cabeza como puede llegar a ser alguien con  este tipo de trastorno, sin embargo mucha menos gente se hace a la idea de un trastorno que es muy poco mencionado fuera del ámbito clínico o psicológico, pero que sin embargo es mucho más frecuente de lo que el lenguaje popular contempla, me estoy refiriendo al trastorno límite de la personalidad o TLP.

El término límite parece que indica un nivel de gravedad y no una descripción. Más que límite se podría hablar de ambivalente, inestable, impulsivo, incluso quijotesco… pero la acepción límite es la que la psiquiatría y la psicología han elegido.

La principal característica de esta personalidad es la intensidad y la variabilidad de los estados de ánimo. Los límites tienden a experimentar largos periodos de abatimiento y desilusión, interrumpidos ocasionalmente por breves episodios de irritabilidad, actos autodestructivos  y cólera impulsiva. Estos estados de ánimo son imprevisibles y parecen estar desencadenados menos por sucesos externos que por factores internos.

Desde los primeros médicos de la historia se han reconocido la coexistencia en una sola persona de emociones intensas y distintas como la euforia, la irritabilidad y la depresión.

Ya Hipócrates describía de forma muy vívida la ira impulsiva, la manía y la melancolía, señalando que estos hechizos eran oscilantes y que probablemente las personalidades estaban sujetas a ellos.

Aunque los pacientes límite presentan una gran variedad de síntomas clínicos, algunos elementos distintivos se mantienen constantes.

Manifiesta unos niveles de energía inusitados con arranques de impulsividad inesperados y súbitos. Se producen cambios repentinos y endógenos de sus impulsos  y sus controles inhibitorios. Esto pone en peligro constantemente la activación y el equilibrio emocional, llegando a provocar comportamientos recurrentes de automutilación o suicidio.

Aunque necesita atención y afecto, es imprevisiblemente contrario, manipulador y voluble, suscitando con frecuencia el rechazo más que el apoyo. Reacciona de forma frenética al temor al abandono y la soledad, pero de forma iracunda y autolesiva.

Sus percepciones o pensamientos sobre lo que está ocurriendo cambian muy rápidamente, al igual que sus emociones contrarias y los pensamientos conflictivos sobre sí mismo y sobre los demás, pasando del amor a la ira y a la culpa. Provoca en los otros, reacciones vacilantes y contradictorias, debido a sus propios comportamientos, y crea a su vez un “feedback” social confuso y conflictivo.

Experimenta  las  confusiones  propias  de un sentido  de la  identidad  inmaduro, nebuloso o cambiante, que suelen acompañarse de sentimientos de vacío. Busca redimir sus acciones precipitadas y cambiar sus autopresentaciones con expresiones de arrepentimiento y comportamientos autopunitivos.

Las representaciones internas que tienen han sido creadas de forma rudimentaria y extemporánea, y se componen de aprendizajes repetidamente abortados que dan lugar a recuerdos conflictivos, actitudes discordantes, necesidades contradictorias, emociones contrarias, impulsos descontrolados y estrategias inadecuadas para resolver los conflictos.

En situaciones de estrés, la persona con TLP retrocede hacia niveles de tolerancia de la ansiedad, control de los impulsos y adaptación social, que son muy primitivos desde el punto de vista del desarrollo. Entre los adolescentes se observa a partir de sus comportamientos inmaduros, cuando no infantiles, en el momento en que son incapaces de afrontar las exigencias y los conflictos de la vida adulta.

Las estructuras internas que existen en el TLP están divididas y tienen una configuración conflictiva, en la que falta consistencia y congruencia. Los niveles de conciencia suelen variar y provocan movimientos rápidos de un lado a otro de la frontera que separa las percepciones, los recuerdos y los afectos contrarios. Esto produce cismas periódicos en los que se tambalean el orden y la cohesión psíquicos, provocando periódicamente episodios psicóticos relacionados con el estrés.

La persona con TLP no consigue adaptar su estado de ánimo inestable a la realidad externa. Experimenta cambios acusados desde la normalidad a la depresión o la excitación, o pasa por periodos de abatimiento y apatía en los que se intercalan episodios de ira intensa e inapropiada y breves momentos de ansiedad y euforia.

Si todavía no os hacéis una idea clara de este tipo de trastorno, el maravilloso mundo audiovisual del cine nos facilita que pongamos carne y voz a esta personalidad. Hay unas cuantas películas relacionadas con personas con TLP. Os recomiendo dos en especial, con muchos matices diferentes en cada una de ellas:

Inocencia interrumpida, por la que ganó el Óscar a la mejor actriz de reparto Angelina Jolie, junto a una soberbia interpretación como protagonista de  Wynona Ryder.

La española, La herida, galardonada con un Goya para una magistral Marian Álvarez, y otro para su novel y talentoso director, Fernando Franco.

Que disfrutéis de una buena salud mental y del buen cine a cerca de su ausencia.

En caso contrario, acudir a un psicólogo o desplazaros hasta un cine, aliviarán parte de vuestro malestar.

Mariano de Vena Salvador | Psicólogo Col. Nº M-23785

La primavera me mata.

En estos días llegará la primavera, la estación en la que la naturaleza se vuelve esplendorosa, la temperatura deja atrás los rigores del invierno y llegan esos días de agradables paseos por el campo o la montaña entre árboles cuajados de flores, el trinar de los pájaros, el viento que deja de ser tan frío para adquirir una calidez de lo más agradable… La naturaleza renace y todo a nuestro alrededor bulle de vida y energía.

Entonces, ¿por qué nos sentimos tan cansados?

Astenia.

Una de las palabras malditas. A la astenia le achacamos el cansancio, la tristeza, el malestar corporal, las molestias musculares. Pero, ¿qué es la astenia primaveral?

La astenia es la percepción de una cierta debilidad muscular, asociada a sensaciones de malestar general y fatiga. Pero esto es la astenia, como síntoma, presente en muchas patologías fisiológicas y psicológicas (como pasa con la depresión). ¿Pero, existe la llamada astenia primaveral?: los científicos que la estudian no se ponen de acuerdo. Aunque no se puede negar que hay personas que cuando llega la primavera se sienten cansadas y recurren a la ingesta de suplementos vitamínicos, ginseng u otras sustancias activadoras. Encontraríamos síntomas de dos tipos:

Psicológicos: se dan cambios de humor o, directamente, sensación de mal humor o irritabilidad y en muchas ocasiones tristeza. A ello le añadimos dificultades para mantener la concentración y la sensación de que todo le cuesta más de lo normal.

Fisiológicos: se da una sensación de fatiga y abatimiento, una alteración del patrón del sueño normal –o cuesta quedarse dormido por la agitación o nos cuesta despertarnos, como si no hubiéramos dormido lo suficiente-. En ocasiones va acompañada de falta de apetito.

Como os decíamos, la ciencia no tiene claro si la astenia es una patología real o no lo es. Los estudios apuntan a que con la primavera llegan cambios hormonales y un aumento de las horas de luz solar, lo que afecta al hipotálamo. Se trata de una glándula cerebral que, entre otras cosas, se encarga de regular la sensación de hambre y sed, de la temperatura, de los ritmos de sueño y vigilia. Algún día hablaremos más de ella, pues es básica en el funcionamiento del cerebro y de todo el cuerpo.

Sea o no un trastorno médico, lo que es innegable es que mucha gente a nuestro alrededor (o nosotros mismos) puede sentir determinada sintomatología física y emocional que resulta de lo más molesto y que podría explicarse por una alteración de los ritmos biológicos.

¿Se puede prevenir?

Podemos realizar unas sencillas medidas de autocuidado que harán que ese trastorno dure menos y sea más sencillo adaptarse a los cambios que la naturaleza nos provoca a todos:

-Debemos aumentar el consumo de vitaminas (dentro de una dieta equilibrada), pero no necesariamente mediante el consumo de vitaminas en comprimidos. Es mucho mejor que, salvo que nos lo recete el médico, tomemos más frutas y verduras que las contienen de forma natural y su asimilación es mejor.

Realizar deporte, a ser posible, todos los días. Se considerada que unos 30’ son suficientes. Y no tenemos por qué apuntarnos a un gimnasio. Podemos dar largos paseos aprovechando la subida de la temperatura y disfrutar de la naturaleza.

Dormir las horas necesarias. Nuestro país (España, para los que nos leéis desde el extranjero) tiene una pésima calidad del sueño, se duermen pocas horas y eso hace que la sensación de debilidad, la falta de concentración y la irritabilidad, aumenten. Sería mucho más sano acostarse temprano y no dormir menos de siete horas y media diarias. Aunque nuestro programa televisivo favorito acabe tarde… debemos priorizar nuestra salud.

Con naturalidad este malestar debería durar sólo unos pocos días. Si el malestar no desaparece o va a más… es necesario acudir a nuestro médico de cabecera. ¿Por qué? Porque el malestar puede tener una base fisiológica –como la anemia- o estar asociado a diversas  patologías psicológicas –como la ansiedad o la depresión-. Es necesario un correcto diagnóstico y confiar en él.

Los psicólogos detectamos un repunte de las consultas asociada los trastornos del ánimo en los inicios de la primavera. Esto es debido a que son patologías en la que los cambios medioambientales tienen una gran importancia. Los aumentos o disminuciones de las horas de luz, de la temperatura, la presencia de las alergias, observar cómo la gente es aparentemente más feliz que nosotros –y eso que siempre os hemos dicho: no os comparéis-, son factores que afectan al ánimo.

Por ello… en caso de duda… acudid a un profesional pues, en muchas ocasiones, la solución inmediata es la más sencilla… y si dejamos que se adueñe de nosotros, puede ser más difícil de solucionar.

Sed felices…

César Benegas Bautista | Psicólogo Col. Nº M-22317

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¡Abajo los Haters!

Seguro que en los últimos tiempos has escuchado hablar de los “haters” pero ¿qué es eso exactamente? Los “haters” son personas que muestran sistemáticamente actitudes negativas u hostiles ante cualquier asunto. La palabra “hater  viene del inglés y se puede traducir como “odiador”  o persona “que odia”. Este tipo de comportamiento se ha popularizado con el auge de internet para designar a aquellos individuos que, para expresarse sobre cualquier tema, se valen de la burla, la ironía y el humor negro. En este medio se han expandido llamando la atención con lo que les gusta hacer: atacar y resaltar los errores de otras personas, productos, empresas o artistas.

La desinhibición social y el anonimato que proporcionan las redes sociales facilitan el florecimiento de este tipo de comportamientos.  Este fenómeno es el mismo que sucede, por ejemplo, durante las manifestaciones. Una persona en medio de muchas se puede desinhibir y dar rienda suelta a sus comportamientos agresivos y sádicos, parecen disfrutar haciendo daño y dejando en ridículo a los demás.

Los haters también son definidos como cínicos hostiles, con disposición para la agresión, sin reparos para llegar a la ofensa. Les gusta pensar que el único razonamiento correcto es el suyo, y que los demás están siempre equivocados. A los haters les gusta llevar la contraria, ser provocadores y políticamente incorrectos. Para los haters, cualquier motivo es bueno para odiar: simpatía o militancia política, credo religioso, gustos musicales, lugar de origen, etc. Les gusta atacar a los otros, remarcar sus errores. Seguro que a más de uno nos viene a la cabeza el nombre de alguien que conocemos que cumpla estos requisitos, y no necesariamente son haters en el mundo virtual, lo son en la vida real, en su día a día.

¿Pero estos “odiadores” profesionales tienen características en común en cuanto a su personalidad? Según un estudio canadiense este tipo personas cumplen lo que en psicología llamamos la Triada Oscura de la Personalidad caracterizada por el narcisismo, la psicopatía y el maquiavelismo. Por lo tanto serán personas faltas de empatía, con tendencias a la grandiosidad, exhibicionistas; tenderán a la manipulación, egocéntricas, que llegan a transgredir normas en busca de sensaciones.

Por lo tanto, ¿es el hater un fenómeno nuevo? NO, desde siempre han existido personas que cargan ese odio consigo y no tienen ningún reparo en ir diseminando este sentimiento tan mezquino allá por donde pase y contra todo lo que se les cruce por delante. Sin embargo, es ahora con las redes sociales que su poder para extender ese odio gana protagonismo. Los haters podrían definirse también como personas tóxicas, y como tal, lo mejor es alejarlos de nuestras vidas y no dejarnos influenciar por este comportamiento tan egoísta ya sea en las redes sociales o en la vida real. ¡ABAJO LOS HATERS!

Renata Sarmento | Psicóloga Col. Nº M-25389

Referencias

Buckels, E.E., Trapnell, P.D. & Paulhus, D.L. (2014) Trolls just want to have fun. Personality and Individual Differences, 67,pp 97-102. DOI: http://dx.doi.org/10.1016/j.paid.2014.01.016.

Pico, I. Perfil psicológico del Troll y Hater en internet. Recuperado el 27 de febrero de 2017 desde http://psicopico.com/perfil-psicologico-troll-hater-internet/

Psicopatía

Hoy en día que comemos y cenamos mientras los informativos nos transmiten numerosas noticias a cerca de crímenes, personas que violan, que asesinan sin motivo, secuestros, sucesos extremadamente violentos y crueles entre seres de la misma raza, se me ocurre profundizar en el término de la psicopatía.

El concepto de psicopatía, en sus diferentes denominaciones (sociopatía, trastorno antisocial de la personalidad, trastorno antisocial de la personalidad) se ha utilizado para definir un trastorno de personalidad que supone un comportamiento en conflicto con las normas sociales, morales o legales de un determinado sistema social.

La psicopatía se clasifica como un trastorno diferenciado del trastorno de personalidad antisocial (TPAS) y del trastorno de límite de personalidad (TPL). A pesar de la alta superposición sintomática entre la psicopatía y otros trastornos de personalidad, sus consecuencias para la sociedad, justifican su estudio como entidad independiente.

La psicopatía no constituye un fenómeno moderno, encontramos antecedentes a lo largo de toda la evolución de la humanidad. La literatura nos proporciona abundantes muestras de ella. A su vez, se trata del primer trastorno psiquiátrico descrito. Pinel (1745-1826) precisa que se trataría de una forma de manía sin déficit en las facultades cognitivas, pero con un severo daño en la capacidad afectiva, lo que constituye una de las características descriptivas del psicópata.

Su conducta aparenta locura, pero al examen mental, el sujeto aparece con sus facultades cognitivas intactas a pesar de su extrema frialdad emocional.

Si bien la trasgresión es la constante en la conducta psicopática, no necesariamente, será lo suficientemente grave como para ser catalogada de conducta criminal. Babiak y Hare (2006) han publicado en su estudio “Psicópatas de cuello blanco”, que son sujetos de un elevado coeficiente intelectual, y que generalmente ocupan posiciones laborales de poder.

La investigación de Le Hare y colaboradores (1990) sigue resultando el mejor intento de definir la psicopatía desde un punto de vista empírico.
 Encontraron dos factores relevantes.

El primer factor sería el egocentrismo, la insensibilidad y la falta de remordimiento.

En este factor se englobarían:

  • Locuacidad/ encanto superficial, sensación grandiosa de autovalía, engaño y mentiras patológicas, manipulación, ausencia de remordimiento y culpabilidad, escasa profundidad de los afectos, falta de empatía y fracaso para aceptar la responsabilidad de sus acciones.

El segundo factor hace referencia a un estilo de vida crónicamente inestable y antisocial. Dentro de este se integran:

  • Necesidad de estimulación, estilo de vida parasitario, escasos controles conductuales, problemas de conducta tempranos, falta de metas realistas a largo plazo, impulsividad, irresponsabilidad, delincuencia juvenil y revocación de la libertad condicional.

En los últimos tiempos se consideran contrastados diferentes aspectos del carácter de los psicópatas:

Empatía e insensibilidad emocional.

La existencia de una respuesta emocional deficiente o anormal es la característica más sobresaliente de la psicopatía. Aspectos como la incapacidad para amar o la pobreza de las reacciones afectivas aparecen siempre asociados a este trastorno.

Ante delincuentes no psicópatas la magnitud de los reflejos es mayor ante imágenes desagradables y menor cuando es positiva la cualidad afectiva de la imagen. Por el contrario este efecto no aparece en los psicópatas, para los que la respuesta refleja a los estímulos con contenido afectivo es menor que ante los estímulos neutrales.

Los estudios demuestran que las medidas de empatía correlacionan significativamente con la psicopatía.

Impulsividad y demora de la gratificación.

La actuación sin planes ni previsión, la sobreestimación de los objetivos inmediatos o la incapacidad para demorar gratificaciones son notas esenciales a la hora de categorizar este desorden.

Los estudios realizados con psicópatas o delincuentes violentos, concluyen que los niveles de MAO y 5-HIAA suponen una confirmación para la consideración que la actividad  del sistema de neurotransmisión serotoninérgico es un correlato bioquímico común a la impulsividad y a la psicopatía. La impulsividad y la psicopatía también han sido relacionadas con una más lenta recuperación de la conductancia de la piel.

Búsqueda de sensaciones.

Dentro de la escala de búsqueda de sensaciones fundamentalmente las dimensiones de la desinhibición y la susceptibilidad al aburrimiento mantienen correlaciones significativas con medidas de psicopatía.

Desarrollo moral

Teniendo en cuenta que la psicopatía fue definida originariamente en 1835 como locura moral no resulta sorprendente que se trate de comprobar si la inmadurez moral  es uno  de los rasgos esenciales de los psicópatas.

Los estudios realizados con psicópatas revelan que los delincuentes psicópatas tienen modos de razonamiento cognitivo y moral más inmaduros que los  otros grupos de delincuentes. Los psicópatas están más orientados hacía preocupaciones egoístas en los conflictos en la vida real. Muestran una mayor labilidad, inadecuada subordinación jerárquica del yo con los valores positivos y negativos y una falta clara de jerarquía para valores positivos.

Conducta antisocial

Los psicópatas muestran una mayor incidencia de delitos violentos que los no psicópatas, y mayores índices de violencia institucional e instrumental.

Observando el comportamiento de unos presos liberados bajo supervisión se ha demostrado que la probabilidad de reincidencia es mucho mayor en el grupo de psicópatas que en el resto.

Mariano de Vena Salvador | Psicólogo Col. Nº M-23785

Centro Psicológico Loreto Charques