Atrapado por su pasado.

Había una película de Al Pacino en los noventa, Carlito´s way, que la tradujeron con este título en castellano, que hablaba sobre lo difícil que le resultaba a un narcotraficante criminal deshacerse de sus herencias pasadas para poder redimirse.

No os quiero hablar ni de mafias ni de redención, como escribía en el último artículo las experiencias significativas del inicio de la vida nunca vuelven a ocurrir, pero sus efectos se mantienen y dejan huella.

Los residuos del pasado contribuyen activamente en el presente, operan insidiosamente para transformar las nuevas experiencias de estímulos en línea con el pasado.

Hoy quería escribiros sobre los procesos que perpetúan estas huellas del pasado.

Uno de los procesos de perpetuación es el que se denomina constricción protectora.

Los recuerdos dolorosos del pasado se mantienen fuera de la conciencia, proceso al que nos referimos como represión. El individuo desarrolla un área de maniobras protectoras conscientes e inconscientes para disminuir la probabilidad de que estas experiencias perturbadoras ocurran en un futuro.

Sin embargo, a causa de estos esfuerzos protectores la persona estrecha o limita su mundo.

La represión reduce la ansiedad haciendo que el individuo aleje sus fuentes internas de malestar de la conciencia, aunque por otra parte, le impide desaprender estos sentimientos o le obstaculiza el aprendizaje de nuevas formas, potencialmente más constructivas.

Por ejemplo, una chica muy inteligente y atractiva de 15 años se había aislado progresivamente de las actividades escolares y sociales; durante varios años había tenido un problema en casa, que culminó en un conocido escándalo que implicaba a sus padres. Pese a que era bien considerada por sus profesores y compañeros, que se esforzaban por mostrar su continua aceptación, su vergüenza y temor al ridículo social la condujeron a un aislamiento creciente  y a fantasías de que sería humillada dondequiera que fuera. Como consecuencia de sus acciones protectoras, la chica preservaba sus recuerdos inalterados del pasado; además, éstos persistían y la forzaban a tomar un camino que impedía su resolución. Sus maniobras constrictivas y sus  límites para protegerse,  limitaban a su vez el poder gozar de recompensas vitales positivas.

Algunos procesos no sólo conservan el pasado sino que transforman el presente en línea con el pasado. Una vez que las personas adquieren un sistema para tener expectativas, responden con una creciente alerta a elementos amenazadores similares en su situación vital, es el denominado proceso de sensibilización reactiva.

Por ejemplo, las personas que desarrollan ansiedad corporal se hacen hipocondriacos, es decir, están hipervigilantes ante los procesos fisiológicos que muchas  personas experimentan pero ignoran.

Al hilo de esta sensibilización se crea la noción de constructos personales, que hacen que las personas adquieran unas actitudes cognitivas anticipatorias como consecuencia no sólo de las formas amenazadoras, sino de todas las formas de experiencia pasada; así, una persona que ha aprendido a creer que todo el mundo le odia tenderá a interpretar los comentarios incidentales y totalmente inocuos de los demás en línea con esta premisa.

Este proceso de distorsión tiene un efecto insidiosamente acumulativo y espiral. Cuando las personas construyen de forma errónea la realidad con el fin de que corrobore sus expectativas, intensifican su miseria.

Las personas a causa de esta distorsión, experimentan subjetivamente eventos neutros como si fueran realmente amenazadores.

Otro proceso genera una tendencia de las personas a reaccionar ante nuevos estímulos de manera similar a la que reaccionaron en el pasado, proceso que podemos llamar generalización del comportamiento.

Por ejemplo, imaginemos que un niño aprendió a retraerse y a aislarse de una madre muy punitiva. El niño podría tener una profesora algo firme, de características físicas similares a las de su madre, lo que podría distorsionar su percepción, haciéndola un duplicado de su  madre. Entonces reaccionaría  ante la profesora como había aprendido a reaccionar ante la madre.

Se produce una transferencia de los comportamientos pasados a situaciones nuevas, es una tendencia a percibir y reaccionar ante los eventos presentes como si fueran duplicados del pasado.

Por ejemplo, un chico de 20 años cuyas experiencias pasadas le llevaron a anticipar reacciones punitivas de sus padres puede estar hipervigilante ante los signos de rechazo de los demás. Como consecuencia de su suspicacia, distorsionará comentarios inocuos, considerándolos indicadores de hostilidad. Cuando se prepara para defenderse y afrontar la hostilidad que le espera, congela su gesto, fija la mirada fríamente y hace unos cuantos comentarios negativos hacía sí mismo. Este mensaje que transmite es percibido por los demás como poco amigable y hostil, por lo que los demás le expresan abiertamente sentimientos de poco afecto y empiezan a aislarse y a mostrar una hostilidad real, ya no imaginada. El hecho de experimentar de forma objetiva este rechazo le lleva a ser más suspicaz y arrogante, perpetuando el círculo vicioso.

Estos comportamientos repetitivos persistentes también pueden aplicarse a recursos intrapsíquicos, son las denominadas compulsiones de repetición. Se refiere a la tendencia inconsciente a reconstruir fracasos o decepciones del pasado para intentar su desactivación, a pesar de su repetida inutilidad como estrategia.

Por ejemplo, la rivalidad entre dos hermanas generaba intensos sentimientos hostiles y destructivos en la hermana mayor de 21 años. Esos sentimientos se ventilaban a través de maniobras maliciosas, algunas de las cuales eran satisfactorias en ciertos momentos, pero nunca totalmente gratificantes; es decir el impulso de deshacer, humillar e incluso destruir a la hermana más pequeña mantenía una lucha sólo parcialmente agnada. En situaciones interpersonales nuevas, la hermana mayor recreaba la relación con su hermana, sólo para repetir las maniobras de depreciación y humillación que había utilizado con su hermana en el pasado. Sin embargo, estas relaciones cumplían parcialmente sus necesidades, porque el objeto real u odiado era su hermana, y nunca alcanzó el objetivo que realmente buscaba, es decir la destrucción total de su competidora. Repetía compulsivamente, en una relación tras otra, los mismos patrones de comportamiento destructivo que había a prendido den el pasado.

Como para el protagonista de la película, resulta muy difícil deshacerse de estas huellas del pasado, que tendemos a perpetuar a través de nuestros procesos de afrontamiento y de interpretación,  para que formen parte de nosotros y nos acompañen a lo largo de nuestra vida.

Mariano de Vena Salvador | Psicólogo Col. Nº M-23785

Bromas “pesadas”.

Youtube se ha convertido en el canal favorito para compartir vídeos. Cada minuto se suben 300 horas de vídeo a este portal, y viene a ser, durante los 10 años que lleva operativo, uno de los hobbies más habituales de grandes y pequeños.

Durante este tiempo, hemos visto como ha proliferado un tipo de grabación muy particular, sobre todo entre los adolescentes. Podemos decir que nos encontramos en la era de “grabar lo divertido y subirlo”, esto es así. Se ha establecido, lo hemos normalizado, y se hace muchas veces con muy poca conciencia de sus consecuencias, ya que en gran parte de las ocasiones se busca la carcajada rápida de quien vea el vídeo y se recurre a gastar “bromas pesadas” que son controvertidas y poco éticas, ya que quien las recibe seguro que no le hace ninguna gracia. Muchos jóvenes todavía no saben que algunas cosas que graban no son divertidas, no se deben filmar y mucho menos difundir o compartir abiertamente. Todos hemos visto en las noticias grabaciones de cómo algunos alumnos se burlan del profesor, de otro compañero del instituto, y un largo etcétera, provocando situaciones muy desagradables intencionadamente, todo con fin de generar burla abiertamente sin ningún tipo de sonrojo. Más bien todo lo contrario, ya que sienten orgullo de haberlo hecho.

Pero todavía llama más la atención cuando son los adultos quienes no distinguen las fronteras entre lo que es socialmente aceptable y lo que no lo es a todas luces. Esta misma semana me he enterado de que corre un vídeo en el que se ve a unas personas mayores bajando las escaleras mecánicas del metro por el sentido equivocado de la marcha, lo que les genera una situación muy incómoda, ya que durante largo rato parece que no son capaces de solucionar esta situación dada su avanzada edad y deterioro. No he querido verlo. Me ha parecido tan denigrante que he preferido no hacerlo. Pero al parecer, la persona que lo graba, no solo no acude a auxiliar a dos personas que precisan ayuda en una situación claramente complicada para ellos. Se detiene además a grabarlo, y después, se honra en difundirlo públicamente.

Estamos aquí. Hemos llegado a confundir de tal manera las cosas que nos pensamos que todo nos puede provocar risa, incluso aunque rebase con creces las líneas morales más básicas. Por definición, divertirse o broma es aquello en que las dos partes ríen, no solo una. Me indigna. Cada vez más parece que tenemos que estar riendo todo el tiempo, que todo es relativo, que da igual y no pasa nada. ¡¡Si pasa!!

Me ha dolido mucho el corazón cuando durante estos días se ha hecho público el maltrato que unos padres estadounidenses “youtubers” (así se llaman ahora) han ejercido sobre sus hijos a través de “bromas” que les “gastaban” y después subían a youtube con las que después se lucraban. Generaban frustración de forma totalmente injustificada en los menores, situaciones totalmente injustas e incomprensibles para un niño.

Pensar que este tipo de grabación puede entenderse como “una broma” y que pueda resultar divertida a alguien, y más proviniendo de un padre, me resulta trágico.

Pensar de verdad en querer hacer reír a alguien generando dolor en tu propio hijo es algo que cuesta comprender. No es de extrañar que a estos padres les hayan quitado la custodia de sus hijos. Desde luego algo así no es divertido. Ni debe ser generado intencionalmente. Ni debe ser grabado. Ni debe ser difundido.  Terrible.

Sergio Algar Villa | Psicólogo Col. Nº M-22702 

Centro Psicológico Loreto Charques

El refuerzo positivo.

Esta es una de las expresiones que los psicólogos empleamos más habitualmente: el refuerzo. Refuerza lo positivo de tu hijo, de tu pareja, de tus amigos… Pero, ¿qué queremos decir con ello? Reforzar en positivo es señalar aquello que una persona hace bien y reconocérselo, ya sea públicamente o en privado. Esto hace que la persona se sienta bien, reconocido y satisfecho, lo que genera un estado emocional que le lleva a querer repetir esa actitud o a obrar de la misma manera. A quién no le gusta que sus jefes o sus compañeros le digan aquello de “buen trabajo”. O que sus familiares le digan “pero qué bien cocinas”, “qué bien se te dan esas cosas”, “papá me encanta cómo eres”…

Son expresiones que nos hacen sentirnos muy bien. Y como nos gusta esa sensación trataremos de conseguirla otra vez.

Pero hoy quisiera que nos centrásemos en los niños, pues –como ya os dijimos una vez- su autoestima se empieza a forjar con los comentarios que hacemos (o dejamos de hacer) desde su más tierna infancia. Es más, afinando el tema, quiero que reflexionéis sobre tres formas de elogiar a los niños que, lejos de forjar un carácter fuerte, una personalidad que resista la frustración y una conducta que le lleve a querer mejorar… suelen logra exactamente lo contrario.

  1. La exageración y la mentira.

Algunas personas tienen una tendencia a exagerar los elogios. Frases que se les dicen a los hijos del tipo “eres el mejor”, “vas a ser un Messi”, “ya quisieran los demás parecerse a ti”, “campeón”… Dichos de manera puntual y en un contexto de alegría… tienen un gran efecto. Pero dichos de manera rutinaria, o cuando el niño sabe perfectamente que exageramos o mentimos (son niños, no son tontos) generan sentimientos contradictorios: “mis padres me mienten”, “creen que soy más de lo que de verdad soy”, “mis padres esperan de mí que sea un genio”, “voy a defraudar a mis padres”… Estos elogios pueden tener un efecto contraproducente en los niños, pueden hacer que nos oculten la verdad (no dar las notas porque pueden defraudaros, ocultaros que han discutido o se han peleado con un compañero)… Y a la vez puede ocurrir algo horrible (psicológicamente hablando): que se lo crean, que vayan por ahí pavoneándose, creyéndose los mejores. Y cuando descubren que no lo son…

  1. Elogiar lo que hace bien… sin esfuerzo.

Esto es un error importante que da lugar a muchos problemas. Hay niños que tienen unas capacidades admirables para hacer ciertas cosas, para estudiar, para los deportes. Y es bueno decírselo. Pero lo que es más importante es elogiar el esfuerzo. ¿Por qué? Porque eso es lo que realmente tiene mérito y lo que en un futuro le llevará a alguna parte pero, sobre todo, a sentirse orgulloso de sí mismo. Podemos correr el riesgo de que el niño, felicitado por aquello que no le supone un esfuerzo, se duerma en los laureles.

No hace mucho tiempo conocí a una niña con unas dotes espectaculares para anotar canastas desde cualquier ángulo. Al principio con eso bastaba. Pero no entrenaba para coger fondo físico como las demás, para aguantar un partido entero y poco a poco, como no hacía equipo… fue quedándose en el banquillo y finalmente ni siquiera convocada. El trabajo continuado es lo que va a contar, lo que va a influir realmente en el resultado. Aunque sea muy inteligente y muy dotado físicamente, si no se esfuerza, tarde o temprano se quedará “fuera de juego”.

  1. La sobreexigencia.

Hace unos meses tuve a un niño en consulta. Estaba triste. Sus uñas mordisqueadas una y otra vez. Tenso. Se trataba de un niño brillante, con unas notas muy buenas. Al cabo de un rato me dice: “Mis padres están contentos porque tengo las notas más altas de la clase, pero mi padre me ha dicho que no basta, que él sacaba dieces y no sólo nueves o nueves y medio”. Elogiamos; pero no basta. Exigimos que lo que va bien… vaya perfecto. ¿Para qué? Los niños no necesitan que les comparemos y menos con nosotros. Los niños no entienden que les digamos muy bien, pero no basta. Los niños están alcanzando unos niveles de estrés, en ocasiones, insoportables. Dejemos que los niños sean niños, que vayan alcanzando los logros marcando su propio paso. No digo que no se les exija. Que no se les supervise. Sino que lo hagamos con sentido común. Y que cuando hagamos les reconozcamos un logro… lo hagamos sin condiciones, sin ese sí pero.

Como veis lo que os digo es algo que padres y madres ya saben. Pero a veces se nos olvida fácilmente. Hay que elogiar sin exagerar, sin tratar de hacer que se sientan lo que no son, sin compararles con nadie. Es bueno por lo que hace, por que se esfuerza por ser mejor… y estamos encantados y orgullosos de ellos. Y ellos… felices…

Y nosotros… más.

Sed felices.

César Benegas Bautista | Psicólogo Col. Nº M-22317

www.centropsicologicoloretocharques.com

Emociones al límite.

Muchas veces escucho decir a los adolescentes frases del estilo de “este/a  tío/a es mazo bipolar… o incluso autoreferenciales, “creo que yo soy bipolar”, haciendo referencia a los bruscos cambios que se producen a lo largo de un mismo día o en pequeños periodos de tiempo en su estado de ánimo o en su equilibrio emocional y la forma de relacionarse con los demás.

No se están refiriendo al trastorno bipolar tal y como lo presenta el DSM-V, pero es algo que casi toso el mundo en la sociedad tiene en su cabeza como puede llegar a ser alguien con  este tipo de trastorno, sin embargo mucha menos gente se hace a la idea de un trastorno que es muy poco mencionado fuera del ámbito clínico o psicológico, pero que sin embargo es mucho más frecuente de lo que el lenguaje popular contempla, me estoy refiriendo al trastorno límite de la personalidad o TLP.

El término límite parece que indica un nivel de gravedad y no una descripción. Más que límite se podría hablar de ambivalente, inestable, impulsivo, incluso quijotesco… pero la acepción límite es la que la psiquiatría y la psicología han elegido.

La principal característica de esta personalidad es la intensidad y la variabilidad de los estados de ánimo. Los límites tienden a experimentar largos periodos de abatimiento y desilusión, interrumpidos ocasionalmente por breves episodios de irritabilidad, actos autodestructivos  y cólera impulsiva. Estos estados de ánimo son imprevisibles y parecen estar desencadenados menos por sucesos externos que por factores internos.

Desde los primeros médicos de la historia se han reconocido la coexistencia en una sola persona de emociones intensas y distintas como la euforia, la irritabilidad y la depresión.

Ya Hipócrates describía de forma muy vívida la ira impulsiva, la manía y la melancolía, señalando que estos hechizos eran oscilantes y que probablemente las personalidades estaban sujetas a ellos.

Aunque los pacientes límite presentan una gran variedad de síntomas clínicos, algunos elementos distintivos se mantienen constantes.

Manifiesta unos niveles de energía inusitados con arranques de impulsividad inesperados y súbitos. Se producen cambios repentinos y endógenos de sus impulsos  y sus controles inhibitorios. Esto pone en peligro constantemente la activación y el equilibrio emocional, llegando a provocar comportamientos recurrentes de automutilación o suicidio.

Aunque necesita atención y afecto, es imprevisiblemente contrario, manipulador y voluble, suscitando con frecuencia el rechazo más que el apoyo. Reacciona de forma frenética al temor al abandono y la soledad, pero de forma iracunda y autolesiva.

Sus percepciones o pensamientos sobre lo que está ocurriendo cambian muy rápidamente, al igual que sus emociones contrarias y los pensamientos conflictivos sobre sí mismo y sobre los demás, pasando del amor a la ira y a la culpa. Provoca en los otros, reacciones vacilantes y contradictorias, debido a sus propios comportamientos, y crea a su vez un “feedback” social confuso y conflictivo.

Experimenta  las  confusiones  propias  de un sentido  de la  identidad  inmaduro, nebuloso o cambiante, que suelen acompañarse de sentimientos de vacío. Busca redimir sus acciones precipitadas y cambiar sus autopresentaciones con expresiones de arrepentimiento y comportamientos autopunitivos.

Las representaciones internas que tienen han sido creadas de forma rudimentaria y extemporánea, y se componen de aprendizajes repetidamente abortados que dan lugar a recuerdos conflictivos, actitudes discordantes, necesidades contradictorias, emociones contrarias, impulsos descontrolados y estrategias inadecuadas para resolver los conflictos.

En situaciones de estrés, la persona con TLP retrocede hacia niveles de tolerancia de la ansiedad, control de los impulsos y adaptación social, que son muy primitivos desde el punto de vista del desarrollo. Entre los adolescentes se observa a partir de sus comportamientos inmaduros, cuando no infantiles, en el momento en que son incapaces de afrontar las exigencias y los conflictos de la vida adulta.

Las estructuras internas que existen en el TLP están divididas y tienen una configuración conflictiva, en la que falta consistencia y congruencia. Los niveles de conciencia suelen variar y provocan movimientos rápidos de un lado a otro de la frontera que separa las percepciones, los recuerdos y los afectos contrarios. Esto produce cismas periódicos en los que se tambalean el orden y la cohesión psíquicos, provocando periódicamente episodios psicóticos relacionados con el estrés.

La persona con TLP no consigue adaptar su estado de ánimo inestable a la realidad externa. Experimenta cambios acusados desde la normalidad a la depresión o la excitación, o pasa por periodos de abatimiento y apatía en los que se intercalan episodios de ira intensa e inapropiada y breves momentos de ansiedad y euforia.

Si todavía no os hacéis una idea clara de este tipo de trastorno, el maravilloso mundo audiovisual del cine nos facilita que pongamos carne y voz a esta personalidad. Hay unas cuantas películas relacionadas con personas con TLP. Os recomiendo dos en especial, con muchos matices diferentes en cada una de ellas:

Inocencia interrumpida, por la que ganó el Óscar a la mejor actriz de reparto Angelina Jolie, junto a una soberbia interpretación como protagonista de  Wynona Ryder.

La española, La herida, galardonada con un Goya para una magistral Marian Álvarez, y otro para su novel y talentoso director, Fernando Franco.

Que disfrutéis de una buena salud mental y del buen cine a cerca de su ausencia.

En caso contrario, acudir a un psicólogo o desplazaros hasta un cine, aliviarán parte de vuestro malestar.

Mariano de Vena Salvador | Psicólogo Col. Nº M-23785

Diferentes.

A través del relato “El curioso incidente del perro a medianoche”, Mark Haddon trata de ponernos en la piel de un adolescente que manifiesta el Síndrome de Asperger. Leyendo este libro descubrimos la compleja vivencia diaria (para nuestros ojos) de un adolescente, con capacidades muy distintas y especiales, que cautiva rápidamente nuestro corazón.

Recojo unas breves líneas de este relato, tratando con ello de acercar el mundo asperger, con todo mi respeto y cariño, al lector de este artículo.

Me llamo Christopher John Francis Boone. Me se todos los países del mundo y sus capitales, y todos los números primos hasta el 7.507.

Hace 8 años, cuando conocí a Siobhan, me enseñó este dibujo1a

y supe que significa “triste”… 

luego me enseñó este dibujo 2a

y supe que significa “contento”, como estoy cuando leo de las misiones espaciales Apolo…

Después hizo otros dibujos 3a

Pero no supe decir qué significaban […] 

Yo no se contar chistes ni hacer juegos de palabras, porque no los entiendo.

He aquí un ejemplo:

El capitán dijo: “¡Arriba las velas!”, y los de abajo se quedaron sin luz.

Se por qué se supone que es gracioso. Lo pregunté. Es porque aquí la palabra velas tiene dos significados, que son: 1) Pieza de tela que tienen los barcos, y 2) Cilindro de cera que se emplea para alumbrar.

Si trato de decir esta frase haciendo que la palabra signifique dos cosas distintas a la vez, es como si escuchara dos piezas de música al mismo tiempo, lo cual es incómodo y confuso […] 

En el autobús de camino al colegio vi pasar 4 coches rojos seguidos, lo que significa que era un día bueno, así que decidí no estar triste […] 

El señor Jeavons, el Psicólogo del colegio, me preguntó una vez por qué 4 coches rojos seguidos hacían que fuese un día bueno y 3 coches rojos seguidos un día bastante bueno y 5 coches seguidos un día superbueno, y por qué 4 coches amarillos seguidos hacían que fuese un día negro [ ]

Le dije que me gustaba que las cosas siguiesen un orden preciso. Y una manera de que las cosas siguieran un orden preciso era siendo lógico, en especial si esas cosas eran números o un razonamiento […] 

Solía tener muchísimos problemas de conducta, pero ahora ya no tengo tantos porque he crecido y soy capaz de tomar decisiones por mí mismo y hacer cosas como salir de casa a comprar cosas en la tienda de la esquina. Estos son algunos de mis problemas de conducta:

-No hablar durante mucho tiempo.

-No gustarme que me toquen.

-Gritar cuando estoy enfadado o confundido.

-No gustarme estar en sitios pequeños con otras personas.

-No darme cuenta de que la gente está enfadada conmigo.

-No sonreír.

-Decir cosas que a la gente le parecen groseras […] 

[…]

En la lectura de estas líneas del libro podemos apreciar algunos aspectos claves en las personas que manifiestan el síndrome de asperger, enormemente peculiares y característicos:

-Un buen nivel, e incluso superior, en inteligencia y capacidad de razonamiento.

-Importantes dificultades para reconocer y conectar con las emociones de los demás. Realmente no distinguen bien los matices en los gestos y las emociones de las personas, lo que les dificulta entender que quieren exactamente. Un asperger no comprende adecuadamente las intenciones de las personas que le rodean, y el mundo social se convierte en algo complejo y, en ocasiones, también estresante.

-Lo difícil que les resulta comprender dobles sentidos, chistes e ironías, ya que las bromas conllevan un entendimiento global, emocional y sutil de las situaciones, lo que en muchas ocasiones escapa al entendimiento lógico de las cosas con el que ellos se encuentran más cómodos.

-La necesidad de ordenar su entorno de forma razonada, ya que son muy buenos como hemos dicho en el análisis lógico. Su dificultad para reconocer y diferenciar gestos y muestras faciales, así como para ponerse en lugar del otro, les lleva a “razonar” todo lo que viven. Por ello, su comprensión y afrontamiento de las cosas es enormemente racional, secuencial y lógico.

-Sus dificultades para afrontar adecuadamente las situaciones sociales les lleva a que, en muchas ocasiones, se muestren más tranquilos y cómodos “sin personas a su alrededor”, ya que su dificultad empática, y necesidad de observarlo todo “lógicamente” hace que los entornos sociales les requieran mucho esfuerzo, y sean generadores al mismo tiempo de inseguridades y ansiedad.

Por otra parte, el autor también logra conmover y simpatizar al lector, ya que nos acerca con algunos ejemplos narrativos lo que puede parecerse a la forma en que las personas con asperger entienden y afrontan el mundo. Nuestra naturalidad al entender las relaciones con los demás en parámetros emocionales contrasta claramente con la manera de comprender y afrontar el mundo de una persona que manifiesta este síndrome, en el que predomina lo racional. Es por ello que sus vivencias resultan enormemente peculiares y anecdóticas “a nuestros ojos”.

Acercarnos adecuadamente a las capacidades y las dificultades de los niños y personas que manifiestan asperger nos lleva a conocer, comprender, aceptar y respetar la singularidad de otras formas distintas de entender el mundo.

Comprender de manera más rica y completa “lo diferente”, saber que tiene un porqué, nos ayudará a vivir aceptando mejor las diferencias, sean del tipo que sean.

Y es precisamente lo que a mi parecer tenemos que reflexionar como sociedad. Saber aceptar e integrar, cada vez más y mejor, lo diferente. Al fin y al cabo, todos somos distintos unos de otros, y a todos nos gusta que se nos tenga en cuenta, acepte y comprenda.

Referencias: “El Curioso incidente del perro a medianoche”. Mark Haddon. Ediciones Salamandra.

Sergio Algar | Psicólogo Col. Nº M-22702

Imagen: “El Principito”. Antoine de Saint-Exupéry. Ediciones Salamandra.

¡Abajo los Haters!

Seguro que en los últimos tiempos has escuchado hablar de los “haters” pero ¿qué es eso exactamente? Los “haters” son personas que muestran sistemáticamente actitudes negativas u hostiles ante cualquier asunto. La palabra “hater  viene del inglés y se puede traducir como “odiador”  o persona “que odia”. Este tipo de comportamiento se ha popularizado con el auge de internet para designar a aquellos individuos que, para expresarse sobre cualquier tema, se valen de la burla, la ironía y el humor negro. En este medio se han expandido llamando la atención con lo que les gusta hacer: atacar y resaltar los errores de otras personas, productos, empresas o artistas.

La desinhibición social y el anonimato que proporcionan las redes sociales facilitan el florecimiento de este tipo de comportamientos.  Este fenómeno es el mismo que sucede, por ejemplo, durante las manifestaciones. Una persona en medio de muchas se puede desinhibir y dar rienda suelta a sus comportamientos agresivos y sádicos, parecen disfrutar haciendo daño y dejando en ridículo a los demás.

Los haters también son definidos como cínicos hostiles, con disposición para la agresión, sin reparos para llegar a la ofensa. Les gusta pensar que el único razonamiento correcto es el suyo, y que los demás están siempre equivocados. A los haters les gusta llevar la contraria, ser provocadores y políticamente incorrectos. Para los haters, cualquier motivo es bueno para odiar: simpatía o militancia política, credo religioso, gustos musicales, lugar de origen, etc. Les gusta atacar a los otros, remarcar sus errores. Seguro que a más de uno nos viene a la cabeza el nombre de alguien que conocemos que cumpla estos requisitos, y no necesariamente son haters en el mundo virtual, lo son en la vida real, en su día a día.

¿Pero estos “odiadores” profesionales tienen características en común en cuanto a su personalidad? Según un estudio canadiense este tipo personas cumplen lo que en psicología llamamos la Triada Oscura de la Personalidad caracterizada por el narcisismo, la psicopatía y el maquiavelismo. Por lo tanto serán personas faltas de empatía, con tendencias a la grandiosidad, exhibicionistas; tenderán a la manipulación, egocéntricas, que llegan a transgredir normas en busca de sensaciones.

Por lo tanto, ¿es el hater un fenómeno nuevo? NO, desde siempre han existido personas que cargan ese odio consigo y no tienen ningún reparo en ir diseminando este sentimiento tan mezquino allá por donde pase y contra todo lo que se les cruce por delante. Sin embargo, es ahora con las redes sociales que su poder para extender ese odio gana protagonismo. Los haters podrían definirse también como personas tóxicas, y como tal, lo mejor es alejarlos de nuestras vidas y no dejarnos influenciar por este comportamiento tan egoísta ya sea en las redes sociales o en la vida real. ¡ABAJO LOS HATERS!

Renata Sarmento | Psicóloga Col. Nº M-25389

Referencias

Buckels, E.E., Trapnell, P.D. & Paulhus, D.L. (2014) Trolls just want to have fun. Personality and Individual Differences, 67,pp 97-102. DOI: http://dx.doi.org/10.1016/j.paid.2014.01.016.

Pico, I. Perfil psicológico del Troll y Hater en internet. Recuperado el 27 de febrero de 2017 desde http://psicopico.com/perfil-psicologico-troll-hater-internet/

Mi hij@ me miente… ¿Qué hago?

Normalmente después de detectar las primeras mentiras en nuestros hijos sentimos un enorme enfado y una tremenda  rabia, que más tarde suelen transformarse en miedo a que nuestro hijo se convierta en un embaucador, en un delincuente y finalmente puede generarnos un sentimiento de culpa por cómo estamos educando a nuestro hijo. 

La honradez es una de las cualidades que más desea conseguir un padre en un hijo, más allá de la de ser un buen estudiante. 

Tenemos que tener en cuenta que los padres somos un modelo de conducta para nuestros hijos. Así que debemos evitar todas esas mentiras piadosas y de conveniencia que muchas veces normalizamos en nuestro comportamiento y no nos lo  planteamos cómo algo relevante. No hace falta ser un delincuente, esas pequeñas transgresiones cotidianas ,como decir mentiras para justificar que llegamos tarde, como no ir a trabajar fingiendo sentirnos mal, no pagar las multas de aparcamiento, mentir  en la póliza del seguro, etc. y todas esas cosas que hacen que España continúe viviendo en la época del Lazarillo de Tormes. 

Muchas veces para proteger a nuestros hijos, para suavizarles lo dura e injusta que resultan a veces  las cosas, les mentimos, tratándoles como si fuesen tontos. A un niño hay que decirle la verdad, no engañarle como si fuera estúpido, debemos decírselo con un lenguaje y un razonamiento acorde a su edad para que pueda entenderlo. Debemos ser coherentes con el niño  y no mantenerle en un mundo de fantasías cuando tienen una comprensión mínima de la realidad. Entre los cuatro y los seis años el niño se vuelve capaz de comprender muchas más cosas. 

Los cuentos infantiles modernos enfatizan los aspectos luminosos de la vida y evitan tocar temas como el dolor, el sufrimiento, la vejez… proteger a nuestros hijos con mentiras edulcoradas no hace más que aumentar el malestar y la ansiedad en ellos. Si nuestro hijo ve a su abuelo sufrir, por mucho que le digamos que todo va bien, el sabe que no es así. Ser sinceros sin tener que revelar detalles que no son apropiados para la edad del niño. Si  una vecina ha sido violada, mejor decirle que un hombre le ha hecho daño que contarle que se ha puesto malita. 

A esa edad de entre cuatro  y  seis años, los niños deben aprender que no tienen por qué saberlo todo. Los adultos tenemos espacios privados que están fuera de los límites infantiles. Por ejemplo la vida sexual de los padres. Los padres tenemos derecho a cerrar la puerta del dormitorio y explicarle que son privadas y solamente para adultos. Eso no quiere decir que los padres debamos  mantener en secreto el tema del sexo. Hay que ir educando gradualmente a los niños sobre el sexo desde que empiecen a formularnos preguntas relevantes. 

Los niños mienten frecuentemente a sus padres para proteger lo que ellos consideran su vida privada. Pero cómo podemos proteger y guiar a nuestros hijos a menos que sepamos lo que pasa en sus vidas. ¿Podemos aceptar la respuesta de “nada” a que ha pasado  hoy en el colegio? Deberíamos tener una lista de cosas que necesitamos saber de nuestros hijos que  al menos incluya: 

La conducta de los amigos, donde están nuestros hijos en su tiempo libre, información sobre amigos, comportamiento en las fiestas, actitud hacia las comidas entre horas, programas de TV que ven y uso del ordenador, deberes escolares realizados, conducta en la escuela  etc. E ir incluyendo conforme vayan creciendo  otro como comportamiento sexual con los compañeros de igual edad, consumo de drogas, consumo de alcohol, salidas con los amigos, etc. 

El niño debe tener un espacio íntimo, y así se lo tenemos que hacer saber, como conversaciones telefónicas o cartas…pero también tenemos que explicarle y dejarle claro la necesidad de saber sobre todos los temas anteriores. 

Los niños que mienten, suelen tener amigos que también mienten. Al igual que el niño que se sienta cerca de uno que copia en un examen tiene también más posibilidades de copiar. El contexto y su interrelación con él condicionan enormemente la conducta humana. 

¿Cómo podemos controlar la elección de amistades de nuestros hijos? Complicado, pero si podemos ayudar a nuestro hijo a dotarle de una moral y de una confianza en sí mismo que atraiga a amigos del mismo tipo. Fomentar  las actividades en las que destaque, evitar que dependa de la aprobación de los demás, fomentar las actividades de ayuda y cooperación… 

¿Cómo pueden potenciarse los lazos de confianza entre un hijo y sus padres? 

El padre/madre debe merecerlo. Un padre que miente frecuentemente a su hijo, que no cumple sus promesas…no puede esperar que su hijo actúe de otra manera. Fomentarlo con ejemplos del uso y las consecuencias de la mentira, como cuentos de Pedro y el lobo o cuando van siendo un poco más mayores por ejemplo con alguno de  los numerosos ejemplos que nos brindan nuestros políticos. 

Incluso un niño pequeño se puede sentir orgulloso y sentirse  mayor si los padres le hacen saber a menudo que confían en él. Nuestro  tribunal de justicia concede la presunción de inocencia hasta que se demuestre lo contrario Muchas veces el “tribunal familiar” actúa con la presunción de culpabilidad hacia su hijo, sobre todo si es adolescente. 

Con mucha frecuencia las mentiras de los niños más pequeños tienen forma de alardes o historias increíbles. Suelen ser simplemente llamadas de atención. Aunque dejaremos claro que no nos creemos sus fantasías, deberemos utilizarlas para descubrir que hay detrás de todo ello y que hay de malo en su vida para intentarle ayudar. 

Los niños muy pequeños suelen creer que la consecuencia de mentir es el castigo, a los diez o doce años, cambian esa creencia y pueden diferenciar entre tipos de mentiras; la mayoría de los niños no puede expresar con claridad su comprensión de que la pérdida de confianza es una de las principales consecuencias de la mentira hasta que llegan a  la mitad de la adolescencia. 

Es importante educar a nuestros hijos en un ambiente de confianza para que puedan comprender que las consecuencias de las mentiras es la confianza rota. Si les educamos con castigos duros y desproporcionados, puede que sólo vean las cosas con el desarrollo moral de evitar el castigo, sin llegar a evolucionar más su pensamiento hacia un desarrollo moral más maduro (aunque muchos adultos lamentablemente se ven anclados en estos primeros estadios… echad un ojo a  la teoría del desarrollo moral de Kohlberg que es muy interesante). 

Meterse en una lucha de poder con nuestro hijo suele ser la peor táctica para que nos confiese la verdad. 

Al descubrir una mentira solemos reaccionar con ira, pudiendo llegar a provocar miedo en nuestros hijos. Ese miedo hará que nuestro hijo se lo piense otra vez a la hora de hacerlo, hará que nuestro hijo parezca más sincero o mejor mentiroso, hará ver lo importante que es para los padres la mentira, pero ¿puede permitir un padre una relación con su hijo basada en el miedo? 

Debemos centrarnos en el motivo de la mentira. Por ejemplo, si nuestro hijo nos miente sobre por qué no llega a casa a su hora, ver cuáles son las razones por las que nos miente: si es por lo que hace, si es por el miedo a nuestra reacción, si es por dónde está, con quién está, etc. Tenemos que entender que tan importante es saber dónde está nuestro hijo… como hacerle saber que confiamos en su palabra. 

A veces muchas de las mentiras que cuentan los adolescentes no tienen que ver con los padres, se centran en ganar categoría en su mundo de iguales. Es difícil no entrar en una lucha de poder con un adolescente cuando sospechamos que nos miente, sobre todo ante sospechas sobre consumo de drogas o robos, etc… pero la gran mayoría de mentiras adolescentes no son tan graves, debemos saber cuándo actuar como un policía para forzar una confesión y cuando evitar lucha de poder y centrarse en restablecer la confianza. 

Mariano de Vena SalvadorPsicólogo Nº de Col. M-23785

Centro Psicológico Loreto Charques