Mediación: la gran olvidada del sistema judicial.

Titulares como el de la condena a un padre por “abofetear” a su hija adolescentes o el del niño con discapacidad que está siendo juzgado por haber pegado una patada a su profesora nos han sorprendido en los últimos días. Más allá de quedarnos en la discusión de justificar o no el uso de la violencia en estas situaciones, nos gustaría centrarnos en las posibles alternativas a las condenas que se plantean en estos casos. Está claro que es muy arriesgado hablar de casos concretos solamente con la información aportada en los medios de comunicación pero nos gustaría acercarnos un poco más a las alternativas que nos pueden llegar a partir de los procesos de mediación. Para ello, hablamos con D. Juan Ignacio Gutiérrez Lisardo, psicólogo colegiado M-23304, experto en mediación familiar y para las organizaciones de la Institución de Mediación del Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid, quien amablemente nos cuenta acerca de su experiencia en procesos mediadores.

Renata Sarmento: – Como experto en mediación, ¿qué sientes cuando ves noticias de este tipo?

Juan Ignacio Gutiérrez Lisardo: Es muy interesante ese matiz: como experto en mediación. Como cualquier persona tengo mis posiciones al respecto de cada uno de estos asuntos que estarían, más o menos, alineadas con alguna de las partes en conflictos. Esa sería la primera reflexión: desde la mediación lo que hacemos es definir y analizar los conflictos que se nos plantean, trabajar con las partes en su gestión y ayudarlas a que alcancen por si mismas sus propios acuerdos. Pero, respondiendo a tu pregunta, siento un poco de pena de que terminen en los tribunales cuestiones que deberían tener una tramitación diferente, y que la mediación sería un magnífico recurso para abordar conflictos de este tipo.

R.S.: ¿Cómo se gestionarían estos casos desde la mediación?

J.I.G.L.: Lo primero que tenemos que tener en cuenta es que la mediación es voluntaria. Las partes deben decidir previamente y de forma voluntaria, insisto, acudir a mediación para gestionar su conflicto.

El principal problema que tiene la mediación es que es un recurso no demasiado bien conocido, incluso, me temo, por algunos jueces. En mi opinión, el caso del niño discapacitado podría haber sido abordado por un servicio de mediación sin salir del ámbito escolar, y el del padre y la hija es un conflicto familiar que debería tratar de gestionarse por profesionales de ese ámbito: el familiar.

Cada abordaje tendría sus peculiaridades iniciales desde la mediación. 

La mediación escolar se realiza en los centros educativos. Las partes tienen la oportunidad de conocer cómo afecta su comportamiento a los demás, que otras posibilidades hay para gestionar los conflictos, trabajar para encontrar las verdaderas raíces o causas de los problemas,… Para este caso concreto tendríamos que valorar, además, las posibles interferencias que pudiera plantearnos la discapacidad del menor, y habría que delimitar previamente cuales son las partes en conflicto: ¿estamos ante un conflicto entre un alumno y su profesora?, ¿unos padres y una profesora?, ¿unos padres y el centro educativo? Así, a bote pronto, creo que estas serían las primeras cuestiones a abordar, pero cada caso tiene sus peculiaridades. Los mediadores tenemos que tratar de ser creativos.

En cuanto al caso de violencia en el ámbito familiar, se podría haber recurrido a la mediación en dos momentos: antes de tener lugar la escena que se narra o una vez que el caso está en el juzgado. Las relaciones familiares tienen componentes afectivos y emocionales peculiares que deben ser gestionados con la ayuda de profesionales con formación específica cuando surgen los conflictos. La mediación puede ayudar a prevenir y evitar la escalada de conflictos más o menos latentes, y el ámbito familiar es probablemente el más típicamente asociado a la mediación. No olvidemos que nuestras primeras regulaciones sobre mediación lo son para el ámbito familiar. Una vez que estos casos entran en el ámbito judicial, los jueces pueden sugerir a las partes que se intente una mediación. Si las partes acceden, trabajarían conjuntamente en la búsqueda de acciones para la reparación de los daños objeto de la demanda y trasladarían al juez sus acuerdos.

R.S.: ¿Crees que la mediación está infrautilizada por nuestro sistema legal?

J.I.G.L.: Creo que hay una mezcla de desconocimiento y desconfianza. Aparecen opiniones, posiciones e intereses que tienen a veces la apariencia de contrapuestos, y esto complica un poco la implantación. Yo no creo que la mediación sea una panacea, la solución a todos los problemas a los que el sistema judicial no da respuestas satisfactorias, entre otras cosas porque mi posición es que la mediación es también parte de nuestro sistema judicial. Hay muchos profesionales muy bien formados que pueden ayudar a las personas que así lo decidan a tratar de gestionar sus conflictos por sí mismos.

R.S.: ¿Cuáles crees que son las ventajas de la mediación?

J.I.G.L.: Huyo de lo que considero argumentos de mal vendedor: el ahorro de tiempo y de dinero. Para mí las principales ventajas son la posibilidad de preservar las relaciones futuras de las partes y que ofrece a las personas la posibilidad de tomar sus decisiones de una forma más autónoma. Creo que deberíamos plantearnos seriamente cuales son las consecuencias de acudir a los tribunales para resolver cuestiones que podríamos abordar por nosotros mismos recurriendo a profesionales especializados en ayudarnos a hacerlo, y ahí es donde más tiene que decir la mediación.

R.S.: ¿En qué ámbitos puede utilizarse la mediación?

J.I.G.L.: Me gusta decir que cualquiera que esté sujeto a la libre disposición de las partes; pero también es un recurso útil en el ámbito penal, dentro de lo que llamamos justicia restaurativa.

R.S.: ¿Qué hay que hacer si una persona está en un conflicto (familiar, laboral, etc.) y cree que la mediación le puede ayudar?

J.I.G.L.: Ponerse en contacto con algún profesional para conseguir información. No me sentiría bien haciendo publicidad, así que propondría una fórmula sencilla: una búsqueda en internet. Escribir en el buscador “mediación” o “mediadores” y elegir. Lo normal es que se ofrezca una sesión informativa gratuita.

Renata Sarmento | Psicóloga en el Centro Psicológico Loreto Charques

Damos las gracias de forma especial a D. Juan Ignacio Gutiérrez Lisardo, psicólogo colegiado M-23304, experto en mediación familiar por atendernos.

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Vuelta al cole para todos.

Tener que ir por primera vez al colegio o volver a él, puede ser una experiencia llena de entusiasmo, ilusión, ansiedad, alegría y estrés, tanto para los niños como para los padres.

Esta situación puede provocar miedo y ansiedad, sobre todo si se van a vivir situaciones  con cambios y con  incertidumbre, como conocer el nuevo colegio, profesores, nuevos compañeros, adquirir nuevas rutinas, etc. Además de tener que soportar la separación de sus padres o seres queridos.

Esta ansiedad o nerviosismo se puede ir transmitiendo los días previos al inicio del curso con llanto, dolores de estómago, nauseas, cambios repentinos de  conducta o problemas con  el apetito y con el sueño.

Si observas que tu hijo empieza a tener comportamientos  de este tipo  o aún sin tenerlos  quieres que tu hijo se adapte con mayor facilidad, es importante que tengas en cuenta una serie de aspectos:

Lo primero que podemos hacer es contar con los niños e incluirlos  en los preparativos previos. Hacerlos sentirse partícipes a la hora de ir a visitar el colegio, comprar el material escolar, elegir la ropa, las mochilas, etc. Hará que los niños se perciban como  los protagonistas y asocien el colegio con  pensamientos positivos. Además, si durante esos días les contamos nuestras experiencias vividas en la escuela, como que era lo que más nos gustaba hacer en el colegio, los amigos que hicimos o alguna anécdota divertida; el niño/a lo vivirá como una situación totalmente normalizada por la que todo el mundo ha pasado, incluso sus padres.

Tenemos que empatizar con ellos, con sus emociones, escuchar sus inquietudes y aceptar sus quejas, sin negar pero proponiendo una visión realista y positiva de la situación. Por ejemplo: es cierto que da mucha pereza tener que madrugar pero ya verás como luego te acostumbras y no te cuesta tanto como crees.

Introducir  una rutina en los  horarios  e ir generando hábitos. Durante el periodo vacacional estival, las horas de sueño y  las comidas se ven alteradas, por lo que es conveniente que en las dos semanas previas al inicio del colegio que los niños se vayan adaptando poco a poco a su nuevo horario. Es recomendable que cada día se vayan a la cama un poco antes y de ese modo se empiecen a levantar más temprano hasta adaptarse  a la hora en la que se van a tener que levantar durante el horario de clases. De esta forma, les iremos marcando unas rutinas y el primer día de colegio no será tan difícil  tener que combatir  también con el sueño. 

Es conveniente ir favoreciendo la relación de nuestros hijos con sus  iguales, invitando a algún amigo a casa o acudiendo a alguna actividad conjunta en la calle. De este modo, reencontrarse con más niños de su edad no le supondrá una situación estresante y le facilitaremos las cosas a la hora de sociabilizar con ellos.

Es normal que los padres nos encontremos nerviosos por la nueva etapa de nuestros hijos, pero nuestro nerviosismo no debe transmitirse, por lo que es importante mantenerse tranquilo y  transmitir serenidad. Si el niño percibe que sus padres están inseguros, vamos a potenciar  que él lo esté más. Por el contrario, si sus padres le transmiten  seguridad, haremos que el niño se pueda adaptar antes y no viva la vuelta al cole de manera amenazante. 

Si nos damos cuenta de que  llora, grita, nos abraza cuando lo dejamos en  el colegio, debemos mantenernos con fortaleza y actuar  con tranquilidad y serenidad. Como padres, es normal que no nos guste ver llorar a nuestros hijos y ver que lo están pasando mal, pero hemos de ser conscientes  que estamos haciendo lo adecuado y que ese sentimiento de abandono va a desaparecer.

La situación se irá normalizando si somos capaces de mantener la calma. Si por el contrario, nuestro hijo nos ve nerviosos, ve que lo vamos a buscar antes de la hora o nos lo volvemos a llevar a casa, ese sentimiento se lo transmitiremos  y será mucho más complicado hacerle entender ha de ir al colegio y su actitud  oposicionista se volverá más evidente, por lo que cada mañana viviremos situaciones tensas y nos sentiremos unos padres poco competentes al hacerle pasar por eso a nuestros hijos y no poder resolverlo. 

Antes de que vaya al colegio y después de que  salga, es positivo reforzar sus logros con palabras positivas: “Me siento  muy orgullosa/o de ti”, “Estoy muy contenta/o de ver lo bien que estás haciendo las cosas”, “Eres muy valiente afrontando las situaciones”, “Estamos muy orgullosos de ver que bien te estás portando en el cole”, etc.  Además es recomendable e importante ser puntuales a la hora de ir a recogerlos, ya que si no nos ve en ese momento, puede provocarle incertidumbre, nerviosismo y un cierto temor a sentirse abandonado. 

Al salir de clase, es muy positivo  dedicarle un tiempo para que tenga posibilidad de explicar y contarnos  todo lo que ha hecho durante el día y  cómo  se ha sentido. Tomar la merienda juntos, hacer los deberes o jugar juntos para compartir las nuevas experiencias. De esta manera, entre padres e hijos se generará  un mayor vínculo de confianza y comunicación.

Feliz vuelta al cole para los más pequeños y para los padres, que vuelven a volver.

Mariano de Vena Salvador | Psicólogo en el Centro Psicológico Loreto Charques

 

 

Atrapado por su pasado.

Había una película de Al Pacino en los noventa, Carlito´s way, que la tradujeron con este título en castellano, que hablaba sobre lo difícil que le resultaba a un narcotraficante criminal deshacerse de sus herencias pasadas para poder redimirse.

No os quiero hablar ni de mafias ni de redención, como escribía en el último artículo las experiencias significativas del inicio de la vida nunca vuelven a ocurrir, pero sus efectos se mantienen y dejan huella.

Los residuos del pasado contribuyen activamente en el presente, operan insidiosamente para transformar las nuevas experiencias de estímulos en línea con el pasado.

Hoy quería escribiros sobre los procesos que perpetúan estas huellas del pasado.

Uno de los procesos de perpetuación es el que se denomina constricción protectora.

Los recuerdos dolorosos del pasado se mantienen fuera de la conciencia, proceso al que nos referimos como represión. El individuo desarrolla un área de maniobras protectoras conscientes e inconscientes para disminuir la probabilidad de que estas experiencias perturbadoras ocurran en un futuro.

Sin embargo, a causa de estos esfuerzos protectores la persona estrecha o limita su mundo.

La represión reduce la ansiedad haciendo que el individuo aleje sus fuentes internas de malestar de la conciencia, aunque por otra parte, le impide desaprender estos sentimientos o le obstaculiza el aprendizaje de nuevas formas, potencialmente más constructivas.

Por ejemplo, una chica muy inteligente y atractiva de 15 años se había aislado progresivamente de las actividades escolares y sociales; durante varios años había tenido un problema en casa, que culminó en un conocido escándalo que implicaba a sus padres. Pese a que era bien considerada por sus profesores y compañeros, que se esforzaban por mostrar su continua aceptación, su vergüenza y temor al ridículo social la condujeron a un aislamiento creciente  y a fantasías de que sería humillada dondequiera que fuera. Como consecuencia de sus acciones protectoras, la chica preservaba sus recuerdos inalterados del pasado; además, éstos persistían y la forzaban a tomar un camino que impedía su resolución. Sus maniobras constrictivas y sus  límites para protegerse,  limitaban a su vez el poder gozar de recompensas vitales positivas.

Algunos procesos no sólo conservan el pasado sino que transforman el presente en línea con el pasado. Una vez que las personas adquieren un sistema para tener expectativas, responden con una creciente alerta a elementos amenazadores similares en su situación vital, es el denominado proceso de sensibilización reactiva.

Por ejemplo, las personas que desarrollan ansiedad corporal se hacen hipocondriacos, es decir, están hipervigilantes ante los procesos fisiológicos que muchas  personas experimentan pero ignoran.

Al hilo de esta sensibilización se crea la noción de constructos personales, que hacen que las personas adquieran unas actitudes cognitivas anticipatorias como consecuencia no sólo de las formas amenazadoras, sino de todas las formas de experiencia pasada; así, una persona que ha aprendido a creer que todo el mundo le odia tenderá a interpretar los comentarios incidentales y totalmente inocuos de los demás en línea con esta premisa.

Este proceso de distorsión tiene un efecto insidiosamente acumulativo y espiral. Cuando las personas construyen de forma errónea la realidad con el fin de que corrobore sus expectativas, intensifican su miseria.

Las personas a causa de esta distorsión, experimentan subjetivamente eventos neutros como si fueran realmente amenazadores.

Otro proceso genera una tendencia de las personas a reaccionar ante nuevos estímulos de manera similar a la que reaccionaron en el pasado, proceso que podemos llamar generalización del comportamiento.

Por ejemplo, imaginemos que un niño aprendió a retraerse y a aislarse de una madre muy punitiva. El niño podría tener una profesora algo firme, de características físicas similares a las de su madre, lo que podría distorsionar su percepción, haciéndola un duplicado de su  madre. Entonces reaccionaría  ante la profesora como había aprendido a reaccionar ante la madre.

Se produce una transferencia de los comportamientos pasados a situaciones nuevas, es una tendencia a percibir y reaccionar ante los eventos presentes como si fueran duplicados del pasado.

Por ejemplo, un chico de 20 años cuyas experiencias pasadas le llevaron a anticipar reacciones punitivas de sus padres puede estar hipervigilante ante los signos de rechazo de los demás. Como consecuencia de su suspicacia, distorsionará comentarios inocuos, considerándolos indicadores de hostilidad. Cuando se prepara para defenderse y afrontar la hostilidad que le espera, congela su gesto, fija la mirada fríamente y hace unos cuantos comentarios negativos hacía sí mismo. Este mensaje que transmite es percibido por los demás como poco amigable y hostil, por lo que los demás le expresan abiertamente sentimientos de poco afecto y empiezan a aislarse y a mostrar una hostilidad real, ya no imaginada. El hecho de experimentar de forma objetiva este rechazo le lleva a ser más suspicaz y arrogante, perpetuando el círculo vicioso.

Estos comportamientos repetitivos persistentes también pueden aplicarse a recursos intrapsíquicos, son las denominadas compulsiones de repetición. Se refiere a la tendencia inconsciente a reconstruir fracasos o decepciones del pasado para intentar su desactivación, a pesar de su repetida inutilidad como estrategia.

Por ejemplo, la rivalidad entre dos hermanas generaba intensos sentimientos hostiles y destructivos en la hermana mayor de 21 años. Esos sentimientos se ventilaban a través de maniobras maliciosas, algunas de las cuales eran satisfactorias en ciertos momentos, pero nunca totalmente gratificantes; es decir el impulso de deshacer, humillar e incluso destruir a la hermana más pequeña mantenía una lucha sólo parcialmente agnada. En situaciones interpersonales nuevas, la hermana mayor recreaba la relación con su hermana, sólo para repetir las maniobras de depreciación y humillación que había utilizado con su hermana en el pasado. Sin embargo, estas relaciones cumplían parcialmente sus necesidades, porque el objeto real u odiado era su hermana, y nunca alcanzó el objetivo que realmente buscaba, es decir la destrucción total de su competidora. Repetía compulsivamente, en una relación tras otra, los mismos patrones de comportamiento destructivo que había a prendido den el pasado.

Como para el protagonista de la película, resulta muy difícil deshacerse de estas huellas del pasado, que tendemos a perpetuar a través de nuestros procesos de afrontamiento y de interpretación,  para que formen parte de nosotros y nos acompañen a lo largo de nuestra vida.

Mariano de Vena Salvador | Psicólogo Col. Nº M-23785

Bromas “pesadas”.

Youtube se ha convertido en el canal favorito para compartir vídeos. Cada minuto se suben 300 horas de vídeo a este portal, y viene a ser, durante los 10 años que lleva operativo, uno de los hobbies más habituales de grandes y pequeños.

Durante este tiempo, hemos visto como ha proliferado un tipo de grabación muy particular, sobre todo entre los adolescentes. Podemos decir que nos encontramos en la era de “grabar lo divertido y subirlo”, esto es así. Se ha establecido, lo hemos normalizado, y se hace muchas veces con muy poca conciencia de sus consecuencias, ya que en gran parte de las ocasiones se busca la carcajada rápida de quien vea el vídeo y se recurre a gastar “bromas pesadas” que son controvertidas y poco éticas, ya que quien las recibe seguro que no le hace ninguna gracia. Muchos jóvenes todavía no saben que algunas cosas que graban no son divertidas, no se deben filmar y mucho menos difundir o compartir abiertamente. Todos hemos visto en las noticias grabaciones de cómo algunos alumnos se burlan del profesor, de otro compañero del instituto, y un largo etcétera, provocando situaciones muy desagradables intencionadamente, todo con fin de generar burla abiertamente sin ningún tipo de sonrojo. Más bien todo lo contrario, ya que sienten orgullo de haberlo hecho.

Pero todavía llama más la atención cuando son los adultos quienes no distinguen las fronteras entre lo que es socialmente aceptable y lo que no lo es a todas luces. Esta misma semana me he enterado de que corre un vídeo en el que se ve a unas personas mayores bajando las escaleras mecánicas del metro por el sentido equivocado de la marcha, lo que les genera una situación muy incómoda, ya que durante largo rato parece que no son capaces de solucionar esta situación dada su avanzada edad y deterioro. No he querido verlo. Me ha parecido tan denigrante que he preferido no hacerlo. Pero al parecer, la persona que lo graba, no solo no acude a auxiliar a dos personas que precisan ayuda en una situación claramente complicada para ellos. Se detiene además a grabarlo, y después, se honra en difundirlo públicamente.

Estamos aquí. Hemos llegado a confundir de tal manera las cosas que nos pensamos que todo nos puede provocar risa, incluso aunque rebase con creces las líneas morales más básicas. Por definición, divertirse o broma es aquello en que las dos partes ríen, no solo una. Me indigna. Cada vez más parece que tenemos que estar riendo todo el tiempo, que todo es relativo, que da igual y no pasa nada. ¡¡Si pasa!!

Me ha dolido mucho el corazón cuando durante estos días se ha hecho público el maltrato que unos padres estadounidenses “youtubers” (así se llaman ahora) han ejercido sobre sus hijos a través de “bromas” que les “gastaban” y después subían a youtube con las que después se lucraban. Generaban frustración de forma totalmente injustificada en los menores, situaciones totalmente injustas e incomprensibles para un niño.

Pensar que este tipo de grabación puede entenderse como “una broma” y que pueda resultar divertida a alguien, y más proviniendo de un padre, me resulta trágico.

Pensar de verdad en querer hacer reír a alguien generando dolor en tu propio hijo es algo que cuesta comprender. No es de extrañar que a estos padres les hayan quitado la custodia de sus hijos. Desde luego algo así no es divertido. Ni debe ser generado intencionalmente. Ni debe ser grabado. Ni debe ser difundido.  Terrible.

Sergio Algar Villa | Psicólogo Col. Nº M-22702 

Centro Psicológico Loreto Charques

El refuerzo positivo.

Esta es una de las expresiones que los psicólogos empleamos más habitualmente: el refuerzo. Refuerza lo positivo de tu hijo, de tu pareja, de tus amigos… Pero, ¿qué queremos decir con ello? Reforzar en positivo es señalar aquello que una persona hace bien y reconocérselo, ya sea públicamente o en privado. Esto hace que la persona se sienta bien, reconocido y satisfecho, lo que genera un estado emocional que le lleva a querer repetir esa actitud o a obrar de la misma manera. A quién no le gusta que sus jefes o sus compañeros le digan aquello de “buen trabajo”. O que sus familiares le digan “pero qué bien cocinas”, “qué bien se te dan esas cosas”, “papá me encanta cómo eres”…

Son expresiones que nos hacen sentirnos muy bien. Y como nos gusta esa sensación trataremos de conseguirla otra vez.

Pero hoy quisiera que nos centrásemos en los niños, pues –como ya os dijimos una vez- su autoestima se empieza a forjar con los comentarios que hacemos (o dejamos de hacer) desde su más tierna infancia. Es más, afinando el tema, quiero que reflexionéis sobre tres formas de elogiar a los niños que, lejos de forjar un carácter fuerte, una personalidad que resista la frustración y una conducta que le lleve a querer mejorar… suelen logra exactamente lo contrario.

  1. La exageración y la mentira.

Algunas personas tienen una tendencia a exagerar los elogios. Frases que se les dicen a los hijos del tipo “eres el mejor”, “vas a ser un Messi”, “ya quisieran los demás parecerse a ti”, “campeón”… Dichos de manera puntual y en un contexto de alegría… tienen un gran efecto. Pero dichos de manera rutinaria, o cuando el niño sabe perfectamente que exageramos o mentimos (son niños, no son tontos) generan sentimientos contradictorios: “mis padres me mienten”, “creen que soy más de lo que de verdad soy”, “mis padres esperan de mí que sea un genio”, “voy a defraudar a mis padres”… Estos elogios pueden tener un efecto contraproducente en los niños, pueden hacer que nos oculten la verdad (no dar las notas porque pueden defraudaros, ocultaros que han discutido o se han peleado con un compañero)… Y a la vez puede ocurrir algo horrible (psicológicamente hablando): que se lo crean, que vayan por ahí pavoneándose, creyéndose los mejores. Y cuando descubren que no lo son…

  1. Elogiar lo que hace bien… sin esfuerzo.

Esto es un error importante que da lugar a muchos problemas. Hay niños que tienen unas capacidades admirables para hacer ciertas cosas, para estudiar, para los deportes. Y es bueno decírselo. Pero lo que es más importante es elogiar el esfuerzo. ¿Por qué? Porque eso es lo que realmente tiene mérito y lo que en un futuro le llevará a alguna parte pero, sobre todo, a sentirse orgulloso de sí mismo. Podemos correr el riesgo de que el niño, felicitado por aquello que no le supone un esfuerzo, se duerma en los laureles.

No hace mucho tiempo conocí a una niña con unas dotes espectaculares para anotar canastas desde cualquier ángulo. Al principio con eso bastaba. Pero no entrenaba para coger fondo físico como las demás, para aguantar un partido entero y poco a poco, como no hacía equipo… fue quedándose en el banquillo y finalmente ni siquiera convocada. El trabajo continuado es lo que va a contar, lo que va a influir realmente en el resultado. Aunque sea muy inteligente y muy dotado físicamente, si no se esfuerza, tarde o temprano se quedará “fuera de juego”.

  1. La sobreexigencia.

Hace unos meses tuve a un niño en consulta. Estaba triste. Sus uñas mordisqueadas una y otra vez. Tenso. Se trataba de un niño brillante, con unas notas muy buenas. Al cabo de un rato me dice: “Mis padres están contentos porque tengo las notas más altas de la clase, pero mi padre me ha dicho que no basta, que él sacaba dieces y no sólo nueves o nueves y medio”. Elogiamos; pero no basta. Exigimos que lo que va bien… vaya perfecto. ¿Para qué? Los niños no necesitan que les comparemos y menos con nosotros. Los niños no entienden que les digamos muy bien, pero no basta. Los niños están alcanzando unos niveles de estrés, en ocasiones, insoportables. Dejemos que los niños sean niños, que vayan alcanzando los logros marcando su propio paso. No digo que no se les exija. Que no se les supervise. Sino que lo hagamos con sentido común. Y que cuando hagamos les reconozcamos un logro… lo hagamos sin condiciones, sin ese sí pero.

Como veis lo que os digo es algo que padres y madres ya saben. Pero a veces se nos olvida fácilmente. Hay que elogiar sin exagerar, sin tratar de hacer que se sientan lo que no son, sin compararles con nadie. Es bueno por lo que hace, por que se esfuerza por ser mejor… y estamos encantados y orgullosos de ellos. Y ellos… felices…

Y nosotros… más.

Sed felices.

César Benegas Bautista | Psicólogo Col. Nº M-22317

www.centropsicologicoloretocharques.com

Emociones al límite.

Muchas veces escucho decir a los adolescentes frases del estilo de “este/a  tío/a es mazo bipolar… o incluso autoreferenciales, “creo que yo soy bipolar”, haciendo referencia a los bruscos cambios que se producen a lo largo de un mismo día o en pequeños periodos de tiempo en su estado de ánimo o en su equilibrio emocional y la forma de relacionarse con los demás.

No se están refiriendo al trastorno bipolar tal y como lo presenta el DSM-V, pero es algo que casi toso el mundo en la sociedad tiene en su cabeza como puede llegar a ser alguien con  este tipo de trastorno, sin embargo mucha menos gente se hace a la idea de un trastorno que es muy poco mencionado fuera del ámbito clínico o psicológico, pero que sin embargo es mucho más frecuente de lo que el lenguaje popular contempla, me estoy refiriendo al trastorno límite de la personalidad o TLP.

El término límite parece que indica un nivel de gravedad y no una descripción. Más que límite se podría hablar de ambivalente, inestable, impulsivo, incluso quijotesco… pero la acepción límite es la que la psiquiatría y la psicología han elegido.

La principal característica de esta personalidad es la intensidad y la variabilidad de los estados de ánimo. Los límites tienden a experimentar largos periodos de abatimiento y desilusión, interrumpidos ocasionalmente por breves episodios de irritabilidad, actos autodestructivos  y cólera impulsiva. Estos estados de ánimo son imprevisibles y parecen estar desencadenados menos por sucesos externos que por factores internos.

Desde los primeros médicos de la historia se han reconocido la coexistencia en una sola persona de emociones intensas y distintas como la euforia, la irritabilidad y la depresión.

Ya Hipócrates describía de forma muy vívida la ira impulsiva, la manía y la melancolía, señalando que estos hechizos eran oscilantes y que probablemente las personalidades estaban sujetas a ellos.

Aunque los pacientes límite presentan una gran variedad de síntomas clínicos, algunos elementos distintivos se mantienen constantes.

Manifiesta unos niveles de energía inusitados con arranques de impulsividad inesperados y súbitos. Se producen cambios repentinos y endógenos de sus impulsos  y sus controles inhibitorios. Esto pone en peligro constantemente la activación y el equilibrio emocional, llegando a provocar comportamientos recurrentes de automutilación o suicidio.

Aunque necesita atención y afecto, es imprevisiblemente contrario, manipulador y voluble, suscitando con frecuencia el rechazo más que el apoyo. Reacciona de forma frenética al temor al abandono y la soledad, pero de forma iracunda y autolesiva.

Sus percepciones o pensamientos sobre lo que está ocurriendo cambian muy rápidamente, al igual que sus emociones contrarias y los pensamientos conflictivos sobre sí mismo y sobre los demás, pasando del amor a la ira y a la culpa. Provoca en los otros, reacciones vacilantes y contradictorias, debido a sus propios comportamientos, y crea a su vez un “feedback” social confuso y conflictivo.

Experimenta  las  confusiones  propias  de un sentido  de la  identidad  inmaduro, nebuloso o cambiante, que suelen acompañarse de sentimientos de vacío. Busca redimir sus acciones precipitadas y cambiar sus autopresentaciones con expresiones de arrepentimiento y comportamientos autopunitivos.

Las representaciones internas que tienen han sido creadas de forma rudimentaria y extemporánea, y se componen de aprendizajes repetidamente abortados que dan lugar a recuerdos conflictivos, actitudes discordantes, necesidades contradictorias, emociones contrarias, impulsos descontrolados y estrategias inadecuadas para resolver los conflictos.

En situaciones de estrés, la persona con TLP retrocede hacia niveles de tolerancia de la ansiedad, control de los impulsos y adaptación social, que son muy primitivos desde el punto de vista del desarrollo. Entre los adolescentes se observa a partir de sus comportamientos inmaduros, cuando no infantiles, en el momento en que son incapaces de afrontar las exigencias y los conflictos de la vida adulta.

Las estructuras internas que existen en el TLP están divididas y tienen una configuración conflictiva, en la que falta consistencia y congruencia. Los niveles de conciencia suelen variar y provocan movimientos rápidos de un lado a otro de la frontera que separa las percepciones, los recuerdos y los afectos contrarios. Esto produce cismas periódicos en los que se tambalean el orden y la cohesión psíquicos, provocando periódicamente episodios psicóticos relacionados con el estrés.

La persona con TLP no consigue adaptar su estado de ánimo inestable a la realidad externa. Experimenta cambios acusados desde la normalidad a la depresión o la excitación, o pasa por periodos de abatimiento y apatía en los que se intercalan episodios de ira intensa e inapropiada y breves momentos de ansiedad y euforia.

Si todavía no os hacéis una idea clara de este tipo de trastorno, el maravilloso mundo audiovisual del cine nos facilita que pongamos carne y voz a esta personalidad. Hay unas cuantas películas relacionadas con personas con TLP. Os recomiendo dos en especial, con muchos matices diferentes en cada una de ellas:

Inocencia interrumpida, por la que ganó el Óscar a la mejor actriz de reparto Angelina Jolie, junto a una soberbia interpretación como protagonista de  Wynona Ryder.

La española, La herida, galardonada con un Goya para una magistral Marian Álvarez, y otro para su novel y talentoso director, Fernando Franco.

Que disfrutéis de una buena salud mental y del buen cine a cerca de su ausencia.

En caso contrario, acudir a un psicólogo o desplazaros hasta un cine, aliviarán parte de vuestro malestar.

Mariano de Vena Salvador | Psicólogo Col. Nº M-23785

Diferentes.

A través del relato “El curioso incidente del perro a medianoche”, Mark Haddon trata de ponernos en la piel de un adolescente que manifiesta el Síndrome de Asperger. Leyendo este libro descubrimos la compleja vivencia diaria (para nuestros ojos) de un adolescente, con capacidades muy distintas y especiales, que cautiva rápidamente nuestro corazón.

Recojo unas breves líneas de este relato, tratando con ello de acercar el mundo asperger, con todo mi respeto y cariño, al lector de este artículo.

Me llamo Christopher John Francis Boone. Me se todos los países del mundo y sus capitales, y todos los números primos hasta el 7.507.

Hace 8 años, cuando conocí a Siobhan, me enseñó este dibujo1a

y supe que significa “triste”… 

luego me enseñó este dibujo 2a

y supe que significa “contento”, como estoy cuando leo de las misiones espaciales Apolo…

Después hizo otros dibujos 3a

Pero no supe decir qué significaban […] 

Yo no se contar chistes ni hacer juegos de palabras, porque no los entiendo.

He aquí un ejemplo:

El capitán dijo: “¡Arriba las velas!”, y los de abajo se quedaron sin luz.

Se por qué se supone que es gracioso. Lo pregunté. Es porque aquí la palabra velas tiene dos significados, que son: 1) Pieza de tela que tienen los barcos, y 2) Cilindro de cera que se emplea para alumbrar.

Si trato de decir esta frase haciendo que la palabra signifique dos cosas distintas a la vez, es como si escuchara dos piezas de música al mismo tiempo, lo cual es incómodo y confuso […] 

En el autobús de camino al colegio vi pasar 4 coches rojos seguidos, lo que significa que era un día bueno, así que decidí no estar triste […] 

El señor Jeavons, el Psicólogo del colegio, me preguntó una vez por qué 4 coches rojos seguidos hacían que fuese un día bueno y 3 coches rojos seguidos un día bastante bueno y 5 coches seguidos un día superbueno, y por qué 4 coches amarillos seguidos hacían que fuese un día negro [ ]

Le dije que me gustaba que las cosas siguiesen un orden preciso. Y una manera de que las cosas siguieran un orden preciso era siendo lógico, en especial si esas cosas eran números o un razonamiento […] 

Solía tener muchísimos problemas de conducta, pero ahora ya no tengo tantos porque he crecido y soy capaz de tomar decisiones por mí mismo y hacer cosas como salir de casa a comprar cosas en la tienda de la esquina. Estos son algunos de mis problemas de conducta:

-No hablar durante mucho tiempo.

-No gustarme que me toquen.

-Gritar cuando estoy enfadado o confundido.

-No gustarme estar en sitios pequeños con otras personas.

-No darme cuenta de que la gente está enfadada conmigo.

-No sonreír.

-Decir cosas que a la gente le parecen groseras […] 

[…]

En la lectura de estas líneas del libro podemos apreciar algunos aspectos claves en las personas que manifiestan el síndrome de asperger, enormemente peculiares y característicos:

-Un buen nivel, e incluso superior, en inteligencia y capacidad de razonamiento.

-Importantes dificultades para reconocer y conectar con las emociones de los demás. Realmente no distinguen bien los matices en los gestos y las emociones de las personas, lo que les dificulta entender que quieren exactamente. Un asperger no comprende adecuadamente las intenciones de las personas que le rodean, y el mundo social se convierte en algo complejo y, en ocasiones, también estresante.

-Lo difícil que les resulta comprender dobles sentidos, chistes e ironías, ya que las bromas conllevan un entendimiento global, emocional y sutil de las situaciones, lo que en muchas ocasiones escapa al entendimiento lógico de las cosas con el que ellos se encuentran más cómodos.

-La necesidad de ordenar su entorno de forma razonada, ya que son muy buenos como hemos dicho en el análisis lógico. Su dificultad para reconocer y diferenciar gestos y muestras faciales, así como para ponerse en lugar del otro, les lleva a “razonar” todo lo que viven. Por ello, su comprensión y afrontamiento de las cosas es enormemente racional, secuencial y lógico.

-Sus dificultades para afrontar adecuadamente las situaciones sociales les lleva a que, en muchas ocasiones, se muestren más tranquilos y cómodos “sin personas a su alrededor”, ya que su dificultad empática, y necesidad de observarlo todo “lógicamente” hace que los entornos sociales les requieran mucho esfuerzo, y sean generadores al mismo tiempo de inseguridades y ansiedad.

Por otra parte, el autor también logra conmover y simpatizar al lector, ya que nos acerca con algunos ejemplos narrativos lo que puede parecerse a la forma en que las personas con asperger entienden y afrontan el mundo. Nuestra naturalidad al entender las relaciones con los demás en parámetros emocionales contrasta claramente con la manera de comprender y afrontar el mundo de una persona que manifiesta este síndrome, en el que predomina lo racional. Es por ello que sus vivencias resultan enormemente peculiares y anecdóticas “a nuestros ojos”.

Acercarnos adecuadamente a las capacidades y las dificultades de los niños y personas que manifiestan asperger nos lleva a conocer, comprender, aceptar y respetar la singularidad de otras formas distintas de entender el mundo.

Comprender de manera más rica y completa “lo diferente”, saber que tiene un porqué, nos ayudará a vivir aceptando mejor las diferencias, sean del tipo que sean.

Y es precisamente lo que a mi parecer tenemos que reflexionar como sociedad. Saber aceptar e integrar, cada vez más y mejor, lo diferente. Al fin y al cabo, todos somos distintos unos de otros, y a todos nos gusta que se nos tenga en cuenta, acepte y comprenda.

Referencias: “El Curioso incidente del perro a medianoche”. Mark Haddon. Ediciones Salamandra.

Sergio Algar | Psicólogo Col. Nº M-22702

Imagen: “El Principito”. Antoine de Saint-Exupéry. Ediciones Salamandra.