Cómo conseguir una comunicación asertiva con niños TDAH

En el post de hoy intentaré dar pautas concretas para conseguir una comunicación asertiva con nuestros hijos para así favorecer nuestras relaciones. Estas pautas podríamos resumirlas en: Qué, Cómo, Cuándo y Dónde.

QUÉ

Saber qué es lo que queremos decir o comunicar si vamos a felicitarle o recriminarle algún acto o conducta; si vamos a comunicarle alguna norma, los límites de dicha norma o las consecuencias de haber incumplido alguna; si se tiene que poner a realizar alguna tarea o no la ha realizado; etc.

CÓMO

  • Expresarnos de forma clara y precisa, señalando únicamente lo que queremos comunicar.
  • Importante decirlo de forma neutra y sin emitir juicios personales, es decir, será mejor señalar la situación objetiva (“Has tirado las pinturas, ten más cuidado”), que indicar cualquier juicio subjetivo (“Eres un torpe porque has tirado las pinturas”).                  
  • Es necesario indicarles qué puede ocurrir si realizan esa conducta mal, así como si la realizan bien, es decir, anticiparles las consecuencias de las acciones para que puedan elegir lo que más les convenga.
  • Cuando le queramos señalar algún aspecto de su conducta que no ha hecho de forma correcta, es muy conveniente utilizar el pronombre “yo” y no tanto el “tu”, es decir, deberemos ponernos nosotros como ejemplo y quizás no culpar directamente la conducta del niño con TDAH. Si en un momento dado, el niño está haciendo demasiado ruido en vez de señalarle “cállate”, haciendo hincapié en el propio niño; le diremos “me estoy sintiendo mal porque no me estas dejando escuchar lo que me está contando tu hermana”, haciendo un mayor hincapié en las consecuencias que están teniendo en los demás esa conducta.
  • Para conseguir también que el niño con TDAH sea más receptivo a lo que le queremos decir, podemos comenzar siempre destacando los aspectos positivos de su persona y de su conducta (dependiendo de lo que se le quiera comunicar) para posteriormente señalarles aquellos que se podrían mejorar (los negativos).

image_asertividad

Algunos ejemplos de comunicación asertiva:

  • Para un niño de 4-8 años: “Hoy me han gustado mucho tus abrazos pero mamá se ha puesto triste, no le ha gustado cuando te has enfadado tanto y has pegado una patada a tu hermana… Todos hemos terminado disgustados. La próxima vez que tu hermana te quite un juguete me gustaría que me lo dijeras, mamá tratará de solucionarlo y todos estaremos más contentos”.
  • Para un niño de 9-12 años: “Esta semana te has esforzado mucho en los deberes, pero todavía puedes mejorar en su presentación: has borrado mucho y los trabajos han quedado sucios. Me gustaría que la semana que viene te esforzarás en borrar menos y colorear sin presionar tanto, si lo haces vas a sacar una nota alta”.
  • Para un adolescente: “Me ha dolido cómo me has contestado cuando no te dejé salir… Tú te has quedado sin salir y los dos nos hemos quedado disgustados. Me gustaría que si ocurre lo mismo otro día intentes contar hasta tres y hables conmigo sobre lo que no estás de acuerdo. Si tienes razones o argumentos de peso yo estoy dispuesta a escucharte y negociar las cosas de otra forma”.

CUÁNDO

Será importante como ya hemos indicado y que no podemos olvidar, elegir el momento adecuado para mantener la conversación, sobre todo si lo que queremos decir es muy importante. Para ello deberemos tener en cuenta como ya hemos comentado la no existencia de cualquier tipo de interferencia, así como los estados emocionales en los que nos encontremos nosotros y el niño. No es muy eficaz intentar razonar en el momento de una rabieta o en un momento en el niño (o nosotros) estamos alterados.

DÓNDE

Tenemos que tener en cuenta en qué lugar se ha producido o se va a producir la acción a comentar, rectificar o castigar; analizar también delante de quien o quienes se ha producido dicha acción. En función de dichos factores examinaremos si el lugar en el que nos encontramos es el adecuado para hacer los comentarios pertinentes; si debemos retirarle a un lugar apartado o dejarlo para cuando lleguemos a casa. En cualquiera de los casos debemos elegir un lugar con un ambiente tranquilo y en donde nos podamos comunicar mejor con él.

Renata Sarmento | Psicóloga en el Centro Psicológico Loreto Charques

Referencias:

www.fundacioncadah.org

Abelló Planas, L., Martínez Cerón, G., Delgado, F. y Gortázar Díaz, P (2008) Habilidades de comunicación familiar. Ampliación del programa Construyendo Salud. Madrid: CEAPA

Pérez Pino, M. T. (2007) Diagnóstico del maestro asertivo en la atención de niños con déficit de atención e hiperactividad. I Encuentro Internacional de Educación Especial, Chiapas, México.

 

Anuncios

Generación Selfie.

Vivimos tan acostumbrados a hacer fotos con la cámara de nuestro teléfono móvil que ya casi ni nos acordamos de que hace muy poco tiempo no era así, ya que ha sido de manera muy reciente cuando los móviles han comenzado a incorporar cámara fotográfica de gran calidad.

Esta accesibilidad a la cámara de fotos, unida a un fenómeno también muy reciente como son las redes sociales, ha ido conduciendo a que muchas personas sientan la constante necesidad de documentar todo lo que sucede en sus vidas.

El término “Generación Selfie” se está empezando a utilizar para referirnos a la generación que vivimos, la que trata de mostrar todo el tiempo la propia imagen y estilo de vida en redes sociales, lo que conlleva, en los casos más extremos, un tipo más de adicción compulsiva de las que vivimos durante esta década.

Bien sea a través de mensajes o de fotografías, mostramos quienes somos, nuestra vida, detalles incluso muy íntimos, que aunque cuenten con barreras y filtros de difusión selectiva, no deja de ser al fin y al cabo “vivir en un constante escaparate”.

El refinamiento y grado de perfección que buscan algunas personas en la proyección de su “imagen social” les hace dedicar gran número de horas al día en construir un halo en torno a la idealización de la historia de vida, ya que fotografiar de manera constante, la búsqueda de escenarios sugerentes, la redacción en torno a sí mismo y atender todas las redes de las que forma parte conlleva no solo tiempo, sino pensamiento en torno a lo que se quiere ser y lo que se quiere que los demás vean. Este fenómeno genera en muchas ocasiones  una distancia con el presente “real” y unido a ello distintas formas de ansiedad, obsesión incluso adicción.

En definitiva; queremos “ser”, pero sobre todo queremos mostrar y “ser vistos”. Parece que el selfie compulsivo añade más plástico a nuestra sociedad. ¡Como si ya no tuviéramos bastante!

Los adolescentes han aterrizado en este fenómeno anestésicamente, ya que han nacido prácticamente insertos en él. Los adultos que hemos vivido fuera de esta nueva ola todavía podemos mantener cierto distanciamiento y observación critica del fenómeno. Pero la generación selfie ha entendido la imagen y las redes sociales como algo normal e inofensivo, y es más vulnerable a no comprender adecuadamente la magnitud y daños de un mal uso de “la propia imagen en redes sociales”.

Como con todo, dosis de sentido común y equilibrio, que en este caso quizás se puede traducir en un uso moderado y crítico de la imagen que se proyecta en el caso de adolescentes y adultos. Eso si, precaución en los  adolescentes desde todos los ámbitos, ya que su desarrollo psíquico está en marcha, y ponderar desde tan temprano el mundo en base a la imagen, la estética y el referente externo puede traer consecuencias no gratas tanto a corto como a medio plazo. Aspectos como la seguridad todavía no son bien entendidos en estas edades, y requieren de la supervisión y apoyo por parte de los padres y también la escuela.

Sergio Algar | Psicólogo en el Centro Psicológico Loreto Charques

Mediación: la gran olvidada del sistema judicial.

Titulares como el de la condena a un padre por “abofetear” a su hija adolescentes o el del niño con discapacidad que está siendo juzgado por haber pegado una patada a su profesora nos han sorprendido en los últimos días. Más allá de quedarnos en la discusión de justificar o no el uso de la violencia en estas situaciones, nos gustaría centrarnos en las posibles alternativas a las condenas que se plantean en estos casos. Está claro que es muy arriesgado hablar de casos concretos solamente con la información aportada en los medios de comunicación pero nos gustaría acercarnos un poco más a las alternativas que nos pueden llegar a partir de los procesos de mediación. Para ello, hablamos con D. Juan Ignacio Gutiérrez Lisardo, psicólogo colegiado M-23304, experto en mediación familiar y para las organizaciones de la Institución de Mediación del Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid, quien amablemente nos cuenta acerca de su experiencia en procesos mediadores.

Renata Sarmento: – Como experto en mediación, ¿qué sientes cuando ves noticias de este tipo?

Juan Ignacio Gutiérrez Lisardo: Es muy interesante ese matiz: como experto en mediación. Como cualquier persona tengo mis posiciones al respecto de cada uno de estos asuntos que estarían, más o menos, alineadas con alguna de las partes en conflictos. Esa sería la primera reflexión: desde la mediación lo que hacemos es definir y analizar los conflictos que se nos plantean, trabajar con las partes en su gestión y ayudarlas a que alcancen por si mismas sus propios acuerdos. Pero, respondiendo a tu pregunta, siento un poco de pena de que terminen en los tribunales cuestiones que deberían tener una tramitación diferente, y que la mediación sería un magnífico recurso para abordar conflictos de este tipo.

R.S.: ¿Cómo se gestionarían estos casos desde la mediación?

J.I.G.L.: Lo primero que tenemos que tener en cuenta es que la mediación es voluntaria. Las partes deben decidir previamente y de forma voluntaria, insisto, acudir a mediación para gestionar su conflicto.

El principal problema que tiene la mediación es que es un recurso no demasiado bien conocido, incluso, me temo, por algunos jueces. En mi opinión, el caso del niño discapacitado podría haber sido abordado por un servicio de mediación sin salir del ámbito escolar, y el del padre y la hija es un conflicto familiar que debería tratar de gestionarse por profesionales de ese ámbito: el familiar.

Cada abordaje tendría sus peculiaridades iniciales desde la mediación. 

La mediación escolar se realiza en los centros educativos. Las partes tienen la oportunidad de conocer cómo afecta su comportamiento a los demás, que otras posibilidades hay para gestionar los conflictos, trabajar para encontrar las verdaderas raíces o causas de los problemas,… Para este caso concreto tendríamos que valorar, además, las posibles interferencias que pudiera plantearnos la discapacidad del menor, y habría que delimitar previamente cuales son las partes en conflicto: ¿estamos ante un conflicto entre un alumno y su profesora?, ¿unos padres y una profesora?, ¿unos padres y el centro educativo? Así, a bote pronto, creo que estas serían las primeras cuestiones a abordar, pero cada caso tiene sus peculiaridades. Los mediadores tenemos que tratar de ser creativos.

En cuanto al caso de violencia en el ámbito familiar, se podría haber recurrido a la mediación en dos momentos: antes de tener lugar la escena que se narra o una vez que el caso está en el juzgado. Las relaciones familiares tienen componentes afectivos y emocionales peculiares que deben ser gestionados con la ayuda de profesionales con formación específica cuando surgen los conflictos. La mediación puede ayudar a prevenir y evitar la escalada de conflictos más o menos latentes, y el ámbito familiar es probablemente el más típicamente asociado a la mediación. No olvidemos que nuestras primeras regulaciones sobre mediación lo son para el ámbito familiar. Una vez que estos casos entran en el ámbito judicial, los jueces pueden sugerir a las partes que se intente una mediación. Si las partes acceden, trabajarían conjuntamente en la búsqueda de acciones para la reparación de los daños objeto de la demanda y trasladarían al juez sus acuerdos.

R.S.: ¿Crees que la mediación está infrautilizada por nuestro sistema legal?

J.I.G.L.: Creo que hay una mezcla de desconocimiento y desconfianza. Aparecen opiniones, posiciones e intereses que tienen a veces la apariencia de contrapuestos, y esto complica un poco la implantación. Yo no creo que la mediación sea una panacea, la solución a todos los problemas a los que el sistema judicial no da respuestas satisfactorias, entre otras cosas porque mi posición es que la mediación es también parte de nuestro sistema judicial. Hay muchos profesionales muy bien formados que pueden ayudar a las personas que así lo decidan a tratar de gestionar sus conflictos por sí mismos.

R.S.: ¿Cuáles crees que son las ventajas de la mediación?

J.I.G.L.: Huyo de lo que considero argumentos de mal vendedor: el ahorro de tiempo y de dinero. Para mí las principales ventajas son la posibilidad de preservar las relaciones futuras de las partes y que ofrece a las personas la posibilidad de tomar sus decisiones de una forma más autónoma. Creo que deberíamos plantearnos seriamente cuales son las consecuencias de acudir a los tribunales para resolver cuestiones que podríamos abordar por nosotros mismos recurriendo a profesionales especializados en ayudarnos a hacerlo, y ahí es donde más tiene que decir la mediación.

R.S.: ¿En qué ámbitos puede utilizarse la mediación?

J.I.G.L.: Me gusta decir que cualquiera que esté sujeto a la libre disposición de las partes; pero también es un recurso útil en el ámbito penal, dentro de lo que llamamos justicia restaurativa.

R.S.: ¿Qué hay que hacer si una persona está en un conflicto (familiar, laboral, etc.) y cree que la mediación le puede ayudar?

J.I.G.L.: Ponerse en contacto con algún profesional para conseguir información. No me sentiría bien haciendo publicidad, así que propondría una fórmula sencilla: una búsqueda en internet. Escribir en el buscador “mediación” o “mediadores” y elegir. Lo normal es que se ofrezca una sesión informativa gratuita.

Renata Sarmento | Psicóloga en el Centro Psicológico Loreto Charques

Damos las gracias de forma especial a D. Juan Ignacio Gutiérrez Lisardo, psicólogo colegiado M-23304, experto en mediación familiar por atendernos.

Vuelta al cole para todos.

Tener que ir por primera vez al colegio o volver a él, puede ser una experiencia llena de entusiasmo, ilusión, ansiedad, alegría y estrés, tanto para los niños como para los padres.

Esta situación puede provocar miedo y ansiedad, sobre todo si se van a vivir situaciones  con cambios y con  incertidumbre, como conocer el nuevo colegio, profesores, nuevos compañeros, adquirir nuevas rutinas, etc. Además de tener que soportar la separación de sus padres o seres queridos.

Esta ansiedad o nerviosismo se puede ir transmitiendo los días previos al inicio del curso con llanto, dolores de estómago, nauseas, cambios repentinos de  conducta o problemas con  el apetito y con el sueño.

Si observas que tu hijo empieza a tener comportamientos  de este tipo  o aún sin tenerlos  quieres que tu hijo se adapte con mayor facilidad, es importante que tengas en cuenta una serie de aspectos:

Lo primero que podemos hacer es contar con los niños e incluirlos  en los preparativos previos. Hacerlos sentirse partícipes a la hora de ir a visitar el colegio, comprar el material escolar, elegir la ropa, las mochilas, etc. Hará que los niños se perciban como  los protagonistas y asocien el colegio con  pensamientos positivos. Además, si durante esos días les contamos nuestras experiencias vividas en la escuela, como que era lo que más nos gustaba hacer en el colegio, los amigos que hicimos o alguna anécdota divertida; el niño/a lo vivirá como una situación totalmente normalizada por la que todo el mundo ha pasado, incluso sus padres.

Tenemos que empatizar con ellos, con sus emociones, escuchar sus inquietudes y aceptar sus quejas, sin negar pero proponiendo una visión realista y positiva de la situación. Por ejemplo: es cierto que da mucha pereza tener que madrugar pero ya verás como luego te acostumbras y no te cuesta tanto como crees.

Introducir  una rutina en los  horarios  e ir generando hábitos. Durante el periodo vacacional estival, las horas de sueño y  las comidas se ven alteradas, por lo que es conveniente que en las dos semanas previas al inicio del colegio que los niños se vayan adaptando poco a poco a su nuevo horario. Es recomendable que cada día se vayan a la cama un poco antes y de ese modo se empiecen a levantar más temprano hasta adaptarse  a la hora en la que se van a tener que levantar durante el horario de clases. De esta forma, les iremos marcando unas rutinas y el primer día de colegio no será tan difícil  tener que combatir  también con el sueño. 

Es conveniente ir favoreciendo la relación de nuestros hijos con sus  iguales, invitando a algún amigo a casa o acudiendo a alguna actividad conjunta en la calle. De este modo, reencontrarse con más niños de su edad no le supondrá una situación estresante y le facilitaremos las cosas a la hora de sociabilizar con ellos.

Es normal que los padres nos encontremos nerviosos por la nueva etapa de nuestros hijos, pero nuestro nerviosismo no debe transmitirse, por lo que es importante mantenerse tranquilo y  transmitir serenidad. Si el niño percibe que sus padres están inseguros, vamos a potenciar  que él lo esté más. Por el contrario, si sus padres le transmiten  seguridad, haremos que el niño se pueda adaptar antes y no viva la vuelta al cole de manera amenazante. 

Si nos damos cuenta de que  llora, grita, nos abraza cuando lo dejamos en  el colegio, debemos mantenernos con fortaleza y actuar  con tranquilidad y serenidad. Como padres, es normal que no nos guste ver llorar a nuestros hijos y ver que lo están pasando mal, pero hemos de ser conscientes  que estamos haciendo lo adecuado y que ese sentimiento de abandono va a desaparecer.

La situación se irá normalizando si somos capaces de mantener la calma. Si por el contrario, nuestro hijo nos ve nerviosos, ve que lo vamos a buscar antes de la hora o nos lo volvemos a llevar a casa, ese sentimiento se lo transmitiremos  y será mucho más complicado hacerle entender ha de ir al colegio y su actitud  oposicionista se volverá más evidente, por lo que cada mañana viviremos situaciones tensas y nos sentiremos unos padres poco competentes al hacerle pasar por eso a nuestros hijos y no poder resolverlo. 

Antes de que vaya al colegio y después de que  salga, es positivo reforzar sus logros con palabras positivas: “Me siento  muy orgullosa/o de ti”, “Estoy muy contenta/o de ver lo bien que estás haciendo las cosas”, “Eres muy valiente afrontando las situaciones”, “Estamos muy orgullosos de ver que bien te estás portando en el cole”, etc.  Además es recomendable e importante ser puntuales a la hora de ir a recogerlos, ya que si no nos ve en ese momento, puede provocarle incertidumbre, nerviosismo y un cierto temor a sentirse abandonado. 

Al salir de clase, es muy positivo  dedicarle un tiempo para que tenga posibilidad de explicar y contarnos  todo lo que ha hecho durante el día y  cómo  se ha sentido. Tomar la merienda juntos, hacer los deberes o jugar juntos para compartir las nuevas experiencias. De esta manera, entre padres e hijos se generará  un mayor vínculo de confianza y comunicación.

Feliz vuelta al cole para los más pequeños y para los padres, que vuelven a volver.

Mariano de Vena Salvador | Psicólogo en el Centro Psicológico Loreto Charques

 

 

Atrapado por su pasado.

Había una película de Al Pacino en los noventa, Carlito´s way, que la tradujeron con este título en castellano, que hablaba sobre lo difícil que le resultaba a un narcotraficante criminal deshacerse de sus herencias pasadas para poder redimirse.

No os quiero hablar ni de mafias ni de redención, como escribía en el último artículo las experiencias significativas del inicio de la vida nunca vuelven a ocurrir, pero sus efectos se mantienen y dejan huella.

Los residuos del pasado contribuyen activamente en el presente, operan insidiosamente para transformar las nuevas experiencias de estímulos en línea con el pasado.

Hoy quería escribiros sobre los procesos que perpetúan estas huellas del pasado.

Uno de los procesos de perpetuación es el que se denomina constricción protectora.

Los recuerdos dolorosos del pasado se mantienen fuera de la conciencia, proceso al que nos referimos como represión. El individuo desarrolla un área de maniobras protectoras conscientes e inconscientes para disminuir la probabilidad de que estas experiencias perturbadoras ocurran en un futuro.

Sin embargo, a causa de estos esfuerzos protectores la persona estrecha o limita su mundo.

La represión reduce la ansiedad haciendo que el individuo aleje sus fuentes internas de malestar de la conciencia, aunque por otra parte, le impide desaprender estos sentimientos o le obstaculiza el aprendizaje de nuevas formas, potencialmente más constructivas.

Por ejemplo, una chica muy inteligente y atractiva de 15 años se había aislado progresivamente de las actividades escolares y sociales; durante varios años había tenido un problema en casa, que culminó en un conocido escándalo que implicaba a sus padres. Pese a que era bien considerada por sus profesores y compañeros, que se esforzaban por mostrar su continua aceptación, su vergüenza y temor al ridículo social la condujeron a un aislamiento creciente  y a fantasías de que sería humillada dondequiera que fuera. Como consecuencia de sus acciones protectoras, la chica preservaba sus recuerdos inalterados del pasado; además, éstos persistían y la forzaban a tomar un camino que impedía su resolución. Sus maniobras constrictivas y sus  límites para protegerse,  limitaban a su vez el poder gozar de recompensas vitales positivas.

Algunos procesos no sólo conservan el pasado sino que transforman el presente en línea con el pasado. Una vez que las personas adquieren un sistema para tener expectativas, responden con una creciente alerta a elementos amenazadores similares en su situación vital, es el denominado proceso de sensibilización reactiva.

Por ejemplo, las personas que desarrollan ansiedad corporal se hacen hipocondriacos, es decir, están hipervigilantes ante los procesos fisiológicos que muchas  personas experimentan pero ignoran.

Al hilo de esta sensibilización se crea la noción de constructos personales, que hacen que las personas adquieran unas actitudes cognitivas anticipatorias como consecuencia no sólo de las formas amenazadoras, sino de todas las formas de experiencia pasada; así, una persona que ha aprendido a creer que todo el mundo le odia tenderá a interpretar los comentarios incidentales y totalmente inocuos de los demás en línea con esta premisa.

Este proceso de distorsión tiene un efecto insidiosamente acumulativo y espiral. Cuando las personas construyen de forma errónea la realidad con el fin de que corrobore sus expectativas, intensifican su miseria.

Las personas a causa de esta distorsión, experimentan subjetivamente eventos neutros como si fueran realmente amenazadores.

Otro proceso genera una tendencia de las personas a reaccionar ante nuevos estímulos de manera similar a la que reaccionaron en el pasado, proceso que podemos llamar generalización del comportamiento.

Por ejemplo, imaginemos que un niño aprendió a retraerse y a aislarse de una madre muy punitiva. El niño podría tener una profesora algo firme, de características físicas similares a las de su madre, lo que podría distorsionar su percepción, haciéndola un duplicado de su  madre. Entonces reaccionaría  ante la profesora como había aprendido a reaccionar ante la madre.

Se produce una transferencia de los comportamientos pasados a situaciones nuevas, es una tendencia a percibir y reaccionar ante los eventos presentes como si fueran duplicados del pasado.

Por ejemplo, un chico de 20 años cuyas experiencias pasadas le llevaron a anticipar reacciones punitivas de sus padres puede estar hipervigilante ante los signos de rechazo de los demás. Como consecuencia de su suspicacia, distorsionará comentarios inocuos, considerándolos indicadores de hostilidad. Cuando se prepara para defenderse y afrontar la hostilidad que le espera, congela su gesto, fija la mirada fríamente y hace unos cuantos comentarios negativos hacía sí mismo. Este mensaje que transmite es percibido por los demás como poco amigable y hostil, por lo que los demás le expresan abiertamente sentimientos de poco afecto y empiezan a aislarse y a mostrar una hostilidad real, ya no imaginada. El hecho de experimentar de forma objetiva este rechazo le lleva a ser más suspicaz y arrogante, perpetuando el círculo vicioso.

Estos comportamientos repetitivos persistentes también pueden aplicarse a recursos intrapsíquicos, son las denominadas compulsiones de repetición. Se refiere a la tendencia inconsciente a reconstruir fracasos o decepciones del pasado para intentar su desactivación, a pesar de su repetida inutilidad como estrategia.

Por ejemplo, la rivalidad entre dos hermanas generaba intensos sentimientos hostiles y destructivos en la hermana mayor de 21 años. Esos sentimientos se ventilaban a través de maniobras maliciosas, algunas de las cuales eran satisfactorias en ciertos momentos, pero nunca totalmente gratificantes; es decir el impulso de deshacer, humillar e incluso destruir a la hermana más pequeña mantenía una lucha sólo parcialmente agnada. En situaciones interpersonales nuevas, la hermana mayor recreaba la relación con su hermana, sólo para repetir las maniobras de depreciación y humillación que había utilizado con su hermana en el pasado. Sin embargo, estas relaciones cumplían parcialmente sus necesidades, porque el objeto real u odiado era su hermana, y nunca alcanzó el objetivo que realmente buscaba, es decir la destrucción total de su competidora. Repetía compulsivamente, en una relación tras otra, los mismos patrones de comportamiento destructivo que había a prendido den el pasado.

Como para el protagonista de la película, resulta muy difícil deshacerse de estas huellas del pasado, que tendemos a perpetuar a través de nuestros procesos de afrontamiento y de interpretación,  para que formen parte de nosotros y nos acompañen a lo largo de nuestra vida.

Mariano de Vena Salvador | Psicólogo Col. Nº M-23785

Bromas “pesadas”.

Youtube se ha convertido en el canal favorito para compartir vídeos. Cada minuto se suben 300 horas de vídeo a este portal, y viene a ser, durante los 10 años que lleva operativo, uno de los hobbies más habituales de grandes y pequeños.

Durante este tiempo, hemos visto como ha proliferado un tipo de grabación muy particular, sobre todo entre los adolescentes. Podemos decir que nos encontramos en la era de “grabar lo divertido y subirlo”, esto es así. Se ha establecido, lo hemos normalizado, y se hace muchas veces con muy poca conciencia de sus consecuencias, ya que en gran parte de las ocasiones se busca la carcajada rápida de quien vea el vídeo y se recurre a gastar “bromas pesadas” que son controvertidas y poco éticas, ya que quien las recibe seguro que no le hace ninguna gracia. Muchos jóvenes todavía no saben que algunas cosas que graban no son divertidas, no se deben filmar y mucho menos difundir o compartir abiertamente. Todos hemos visto en las noticias grabaciones de cómo algunos alumnos se burlan del profesor, de otro compañero del instituto, y un largo etcétera, provocando situaciones muy desagradables intencionadamente, todo con fin de generar burla abiertamente sin ningún tipo de sonrojo. Más bien todo lo contrario, ya que sienten orgullo de haberlo hecho.

Pero todavía llama más la atención cuando son los adultos quienes no distinguen las fronteras entre lo que es socialmente aceptable y lo que no lo es a todas luces. Esta misma semana me he enterado de que corre un vídeo en el que se ve a unas personas mayores bajando las escaleras mecánicas del metro por el sentido equivocado de la marcha, lo que les genera una situación muy incómoda, ya que durante largo rato parece que no son capaces de solucionar esta situación dada su avanzada edad y deterioro. No he querido verlo. Me ha parecido tan denigrante que he preferido no hacerlo. Pero al parecer, la persona que lo graba, no solo no acude a auxiliar a dos personas que precisan ayuda en una situación claramente complicada para ellos. Se detiene además a grabarlo, y después, se honra en difundirlo públicamente.

Estamos aquí. Hemos llegado a confundir de tal manera las cosas que nos pensamos que todo nos puede provocar risa, incluso aunque rebase con creces las líneas morales más básicas. Por definición, divertirse o broma es aquello en que las dos partes ríen, no solo una. Me indigna. Cada vez más parece que tenemos que estar riendo todo el tiempo, que todo es relativo, que da igual y no pasa nada. ¡¡Si pasa!!

Me ha dolido mucho el corazón cuando durante estos días se ha hecho público el maltrato que unos padres estadounidenses “youtubers” (así se llaman ahora) han ejercido sobre sus hijos a través de “bromas” que les “gastaban” y después subían a youtube con las que después se lucraban. Generaban frustración de forma totalmente injustificada en los menores, situaciones totalmente injustas e incomprensibles para un niño.

Pensar que este tipo de grabación puede entenderse como “una broma” y que pueda resultar divertida a alguien, y más proviniendo de un padre, me resulta trágico.

Pensar de verdad en querer hacer reír a alguien generando dolor en tu propio hijo es algo que cuesta comprender. No es de extrañar que a estos padres les hayan quitado la custodia de sus hijos. Desde luego algo así no es divertido. Ni debe ser generado intencionalmente. Ni debe ser grabado. Ni debe ser difundido.  Terrible.

Sergio Algar Villa | Psicólogo Col. Nº M-22702 

Centro Psicológico Loreto Charques

El refuerzo positivo.

Esta es una de las expresiones que los psicólogos empleamos más habitualmente: el refuerzo. Refuerza lo positivo de tu hijo, de tu pareja, de tus amigos… Pero, ¿qué queremos decir con ello? Reforzar en positivo es señalar aquello que una persona hace bien y reconocérselo, ya sea públicamente o en privado. Esto hace que la persona se sienta bien, reconocido y satisfecho, lo que genera un estado emocional que le lleva a querer repetir esa actitud o a obrar de la misma manera. A quién no le gusta que sus jefes o sus compañeros le digan aquello de “buen trabajo”. O que sus familiares le digan “pero qué bien cocinas”, “qué bien se te dan esas cosas”, “papá me encanta cómo eres”…

Son expresiones que nos hacen sentirnos muy bien. Y como nos gusta esa sensación trataremos de conseguirla otra vez.

Pero hoy quisiera que nos centrásemos en los niños, pues –como ya os dijimos una vez- su autoestima se empieza a forjar con los comentarios que hacemos (o dejamos de hacer) desde su más tierna infancia. Es más, afinando el tema, quiero que reflexionéis sobre tres formas de elogiar a los niños que, lejos de forjar un carácter fuerte, una personalidad que resista la frustración y una conducta que le lleve a querer mejorar… suelen logra exactamente lo contrario.

  1. La exageración y la mentira.

Algunas personas tienen una tendencia a exagerar los elogios. Frases que se les dicen a los hijos del tipo “eres el mejor”, “vas a ser un Messi”, “ya quisieran los demás parecerse a ti”, “campeón”… Dichos de manera puntual y en un contexto de alegría… tienen un gran efecto. Pero dichos de manera rutinaria, o cuando el niño sabe perfectamente que exageramos o mentimos (son niños, no son tontos) generan sentimientos contradictorios: “mis padres me mienten”, “creen que soy más de lo que de verdad soy”, “mis padres esperan de mí que sea un genio”, “voy a defraudar a mis padres”… Estos elogios pueden tener un efecto contraproducente en los niños, pueden hacer que nos oculten la verdad (no dar las notas porque pueden defraudaros, ocultaros que han discutido o se han peleado con un compañero)… Y a la vez puede ocurrir algo horrible (psicológicamente hablando): que se lo crean, que vayan por ahí pavoneándose, creyéndose los mejores. Y cuando descubren que no lo son…

  1. Elogiar lo que hace bien… sin esfuerzo.

Esto es un error importante que da lugar a muchos problemas. Hay niños que tienen unas capacidades admirables para hacer ciertas cosas, para estudiar, para los deportes. Y es bueno decírselo. Pero lo que es más importante es elogiar el esfuerzo. ¿Por qué? Porque eso es lo que realmente tiene mérito y lo que en un futuro le llevará a alguna parte pero, sobre todo, a sentirse orgulloso de sí mismo. Podemos correr el riesgo de que el niño, felicitado por aquello que no le supone un esfuerzo, se duerma en los laureles.

No hace mucho tiempo conocí a una niña con unas dotes espectaculares para anotar canastas desde cualquier ángulo. Al principio con eso bastaba. Pero no entrenaba para coger fondo físico como las demás, para aguantar un partido entero y poco a poco, como no hacía equipo… fue quedándose en el banquillo y finalmente ni siquiera convocada. El trabajo continuado es lo que va a contar, lo que va a influir realmente en el resultado. Aunque sea muy inteligente y muy dotado físicamente, si no se esfuerza, tarde o temprano se quedará “fuera de juego”.

  1. La sobreexigencia.

Hace unos meses tuve a un niño en consulta. Estaba triste. Sus uñas mordisqueadas una y otra vez. Tenso. Se trataba de un niño brillante, con unas notas muy buenas. Al cabo de un rato me dice: “Mis padres están contentos porque tengo las notas más altas de la clase, pero mi padre me ha dicho que no basta, que él sacaba dieces y no sólo nueves o nueves y medio”. Elogiamos; pero no basta. Exigimos que lo que va bien… vaya perfecto. ¿Para qué? Los niños no necesitan que les comparemos y menos con nosotros. Los niños no entienden que les digamos muy bien, pero no basta. Los niños están alcanzando unos niveles de estrés, en ocasiones, insoportables. Dejemos que los niños sean niños, que vayan alcanzando los logros marcando su propio paso. No digo que no se les exija. Que no se les supervise. Sino que lo hagamos con sentido común. Y que cuando hagamos les reconozcamos un logro… lo hagamos sin condiciones, sin ese sí pero.

Como veis lo que os digo es algo que padres y madres ya saben. Pero a veces se nos olvida fácilmente. Hay que elogiar sin exagerar, sin tratar de hacer que se sientan lo que no son, sin compararles con nadie. Es bueno por lo que hace, por que se esfuerza por ser mejor… y estamos encantados y orgullosos de ellos. Y ellos… felices…

Y nosotros… más.

Sed felices.

César Benegas Bautista | Psicólogo Col. Nº M-22317

www.centropsicologicoloretocharques.com