Atrapado por su pasado.

Había una película de Al Pacino en los noventa, Carlito´s way, que la tradujeron con este título en castellano, que hablaba sobre lo difícil que le resultaba a un narcotraficante criminal deshacerse de sus herencias pasadas para poder redimirse.

No os quiero hablar ni de mafias ni de redención, como escribía en el último artículo las experiencias significativas del inicio de la vida nunca vuelven a ocurrir, pero sus efectos se mantienen y dejan huella.

Los residuos del pasado contribuyen activamente en el presente, operan insidiosamente para transformar las nuevas experiencias de estímulos en línea con el pasado.

Hoy quería escribiros sobre los procesos que perpetúan estas huellas del pasado.

Uno de los procesos de perpetuación es el que se denomina constricción protectora.

Los recuerdos dolorosos del pasado se mantienen fuera de la conciencia, proceso al que nos referimos como represión. El individuo desarrolla un área de maniobras protectoras conscientes e inconscientes para disminuir la probabilidad de que estas experiencias perturbadoras ocurran en un futuro.

Sin embargo, a causa de estos esfuerzos protectores la persona estrecha o limita su mundo.

La represión reduce la ansiedad haciendo que el individuo aleje sus fuentes internas de malestar de la conciencia, aunque por otra parte, le impide desaprender estos sentimientos o le obstaculiza el aprendizaje de nuevas formas, potencialmente más constructivas.

Por ejemplo, una chica muy inteligente y atractiva de 15 años se había aislado progresivamente de las actividades escolares y sociales; durante varios años había tenido un problema en casa, que culminó en un conocido escándalo que implicaba a sus padres. Pese a que era bien considerada por sus profesores y compañeros, que se esforzaban por mostrar su continua aceptación, su vergüenza y temor al ridículo social la condujeron a un aislamiento creciente  y a fantasías de que sería humillada dondequiera que fuera. Como consecuencia de sus acciones protectoras, la chica preservaba sus recuerdos inalterados del pasado; además, éstos persistían y la forzaban a tomar un camino que impedía su resolución. Sus maniobras constrictivas y sus  límites para protegerse,  limitaban a su vez el poder gozar de recompensas vitales positivas.

Algunos procesos no sólo conservan el pasado sino que transforman el presente en línea con el pasado. Una vez que las personas adquieren un sistema para tener expectativas, responden con una creciente alerta a elementos amenazadores similares en su situación vital, es el denominado proceso de sensibilización reactiva.

Por ejemplo, las personas que desarrollan ansiedad corporal se hacen hipocondriacos, es decir, están hipervigilantes ante los procesos fisiológicos que muchas  personas experimentan pero ignoran.

Al hilo de esta sensibilización se crea la noción de constructos personales, que hacen que las personas adquieran unas actitudes cognitivas anticipatorias como consecuencia no sólo de las formas amenazadoras, sino de todas las formas de experiencia pasada; así, una persona que ha aprendido a creer que todo el mundo le odia tenderá a interpretar los comentarios incidentales y totalmente inocuos de los demás en línea con esta premisa.

Este proceso de distorsión tiene un efecto insidiosamente acumulativo y espiral. Cuando las personas construyen de forma errónea la realidad con el fin de que corrobore sus expectativas, intensifican su miseria.

Las personas a causa de esta distorsión, experimentan subjetivamente eventos neutros como si fueran realmente amenazadores.

Otro proceso genera una tendencia de las personas a reaccionar ante nuevos estímulos de manera similar a la que reaccionaron en el pasado, proceso que podemos llamar generalización del comportamiento.

Por ejemplo, imaginemos que un niño aprendió a retraerse y a aislarse de una madre muy punitiva. El niño podría tener una profesora algo firme, de características físicas similares a las de su madre, lo que podría distorsionar su percepción, haciéndola un duplicado de su  madre. Entonces reaccionaría  ante la profesora como había aprendido a reaccionar ante la madre.

Se produce una transferencia de los comportamientos pasados a situaciones nuevas, es una tendencia a percibir y reaccionar ante los eventos presentes como si fueran duplicados del pasado.

Por ejemplo, un chico de 20 años cuyas experiencias pasadas le llevaron a anticipar reacciones punitivas de sus padres puede estar hipervigilante ante los signos de rechazo de los demás. Como consecuencia de su suspicacia, distorsionará comentarios inocuos, considerándolos indicadores de hostilidad. Cuando se prepara para defenderse y afrontar la hostilidad que le espera, congela su gesto, fija la mirada fríamente y hace unos cuantos comentarios negativos hacía sí mismo. Este mensaje que transmite es percibido por los demás como poco amigable y hostil, por lo que los demás le expresan abiertamente sentimientos de poco afecto y empiezan a aislarse y a mostrar una hostilidad real, ya no imaginada. El hecho de experimentar de forma objetiva este rechazo le lleva a ser más suspicaz y arrogante, perpetuando el círculo vicioso.

Estos comportamientos repetitivos persistentes también pueden aplicarse a recursos intrapsíquicos, son las denominadas compulsiones de repetición. Se refiere a la tendencia inconsciente a reconstruir fracasos o decepciones del pasado para intentar su desactivación, a pesar de su repetida inutilidad como estrategia.

Por ejemplo, la rivalidad entre dos hermanas generaba intensos sentimientos hostiles y destructivos en la hermana mayor de 21 años. Esos sentimientos se ventilaban a través de maniobras maliciosas, algunas de las cuales eran satisfactorias en ciertos momentos, pero nunca totalmente gratificantes; es decir el impulso de deshacer, humillar e incluso destruir a la hermana más pequeña mantenía una lucha sólo parcialmente agnada. En situaciones interpersonales nuevas, la hermana mayor recreaba la relación con su hermana, sólo para repetir las maniobras de depreciación y humillación que había utilizado con su hermana en el pasado. Sin embargo, estas relaciones cumplían parcialmente sus necesidades, porque el objeto real u odiado era su hermana, y nunca alcanzó el objetivo que realmente buscaba, es decir la destrucción total de su competidora. Repetía compulsivamente, en una relación tras otra, los mismos patrones de comportamiento destructivo que había a prendido den el pasado.

Como para el protagonista de la película, resulta muy difícil deshacerse de estas huellas del pasado, que tendemos a perpetuar a través de nuestros procesos de afrontamiento y de interpretación,  para que formen parte de nosotros y nos acompañen a lo largo de nuestra vida.

Mariano de Vena Salvador | Psicólogo Col. Nº M-23785

Emociones al límite.

Muchas veces escucho decir a los adolescentes frases del estilo de “este/a  tío/a es mazo bipolar… o incluso autoreferenciales, “creo que yo soy bipolar”, haciendo referencia a los bruscos cambios que se producen a lo largo de un mismo día o en pequeños periodos de tiempo en su estado de ánimo o en su equilibrio emocional y la forma de relacionarse con los demás.

No se están refiriendo al trastorno bipolar tal y como lo presenta el DSM-V, pero es algo que casi toso el mundo en la sociedad tiene en su cabeza como puede llegar a ser alguien con  este tipo de trastorno, sin embargo mucha menos gente se hace a la idea de un trastorno que es muy poco mencionado fuera del ámbito clínico o psicológico, pero que sin embargo es mucho más frecuente de lo que el lenguaje popular contempla, me estoy refiriendo al trastorno límite de la personalidad o TLP.

El término límite parece que indica un nivel de gravedad y no una descripción. Más que límite se podría hablar de ambivalente, inestable, impulsivo, incluso quijotesco… pero la acepción límite es la que la psiquiatría y la psicología han elegido.

La principal característica de esta personalidad es la intensidad y la variabilidad de los estados de ánimo. Los límites tienden a experimentar largos periodos de abatimiento y desilusión, interrumpidos ocasionalmente por breves episodios de irritabilidad, actos autodestructivos  y cólera impulsiva. Estos estados de ánimo son imprevisibles y parecen estar desencadenados menos por sucesos externos que por factores internos.

Desde los primeros médicos de la historia se han reconocido la coexistencia en una sola persona de emociones intensas y distintas como la euforia, la irritabilidad y la depresión.

Ya Hipócrates describía de forma muy vívida la ira impulsiva, la manía y la melancolía, señalando que estos hechizos eran oscilantes y que probablemente las personalidades estaban sujetas a ellos.

Aunque los pacientes límite presentan una gran variedad de síntomas clínicos, algunos elementos distintivos se mantienen constantes.

Manifiesta unos niveles de energía inusitados con arranques de impulsividad inesperados y súbitos. Se producen cambios repentinos y endógenos de sus impulsos  y sus controles inhibitorios. Esto pone en peligro constantemente la activación y el equilibrio emocional, llegando a provocar comportamientos recurrentes de automutilación o suicidio.

Aunque necesita atención y afecto, es imprevisiblemente contrario, manipulador y voluble, suscitando con frecuencia el rechazo más que el apoyo. Reacciona de forma frenética al temor al abandono y la soledad, pero de forma iracunda y autolesiva.

Sus percepciones o pensamientos sobre lo que está ocurriendo cambian muy rápidamente, al igual que sus emociones contrarias y los pensamientos conflictivos sobre sí mismo y sobre los demás, pasando del amor a la ira y a la culpa. Provoca en los otros, reacciones vacilantes y contradictorias, debido a sus propios comportamientos, y crea a su vez un “feedback” social confuso y conflictivo.

Experimenta  las  confusiones  propias  de un sentido  de la  identidad  inmaduro, nebuloso o cambiante, que suelen acompañarse de sentimientos de vacío. Busca redimir sus acciones precipitadas y cambiar sus autopresentaciones con expresiones de arrepentimiento y comportamientos autopunitivos.

Las representaciones internas que tienen han sido creadas de forma rudimentaria y extemporánea, y se componen de aprendizajes repetidamente abortados que dan lugar a recuerdos conflictivos, actitudes discordantes, necesidades contradictorias, emociones contrarias, impulsos descontrolados y estrategias inadecuadas para resolver los conflictos.

En situaciones de estrés, la persona con TLP retrocede hacia niveles de tolerancia de la ansiedad, control de los impulsos y adaptación social, que son muy primitivos desde el punto de vista del desarrollo. Entre los adolescentes se observa a partir de sus comportamientos inmaduros, cuando no infantiles, en el momento en que son incapaces de afrontar las exigencias y los conflictos de la vida adulta.

Las estructuras internas que existen en el TLP están divididas y tienen una configuración conflictiva, en la que falta consistencia y congruencia. Los niveles de conciencia suelen variar y provocan movimientos rápidos de un lado a otro de la frontera que separa las percepciones, los recuerdos y los afectos contrarios. Esto produce cismas periódicos en los que se tambalean el orden y la cohesión psíquicos, provocando periódicamente episodios psicóticos relacionados con el estrés.

La persona con TLP no consigue adaptar su estado de ánimo inestable a la realidad externa. Experimenta cambios acusados desde la normalidad a la depresión o la excitación, o pasa por periodos de abatimiento y apatía en los que se intercalan episodios de ira intensa e inapropiada y breves momentos de ansiedad y euforia.

Si todavía no os hacéis una idea clara de este tipo de trastorno, el maravilloso mundo audiovisual del cine nos facilita que pongamos carne y voz a esta personalidad. Hay unas cuantas películas relacionadas con personas con TLP. Os recomiendo dos en especial, con muchos matices diferentes en cada una de ellas:

Inocencia interrumpida, por la que ganó el Óscar a la mejor actriz de reparto Angelina Jolie, junto a una soberbia interpretación como protagonista de  Wynona Ryder.

La española, La herida, galardonada con un Goya para una magistral Marian Álvarez, y otro para su novel y talentoso director, Fernando Franco.

Que disfrutéis de una buena salud mental y del buen cine a cerca de su ausencia.

En caso contrario, acudir a un psicólogo o desplazaros hasta un cine, aliviarán parte de vuestro malestar.

Mariano de Vena Salvador | Psicólogo Col. Nº M-23785

¡Abajo los Haters!

Seguro que en los últimos tiempos has escuchado hablar de los “haters” pero ¿qué es eso exactamente? Los “haters” son personas que muestran sistemáticamente actitudes negativas u hostiles ante cualquier asunto. La palabra “hater  viene del inglés y se puede traducir como “odiador”  o persona “que odia”. Este tipo de comportamiento se ha popularizado con el auge de internet para designar a aquellos individuos que, para expresarse sobre cualquier tema, se valen de la burla, la ironía y el humor negro. En este medio se han expandido llamando la atención con lo que les gusta hacer: atacar y resaltar los errores de otras personas, productos, empresas o artistas.

La desinhibición social y el anonimato que proporcionan las redes sociales facilitan el florecimiento de este tipo de comportamientos.  Este fenómeno es el mismo que sucede, por ejemplo, durante las manifestaciones. Una persona en medio de muchas se puede desinhibir y dar rienda suelta a sus comportamientos agresivos y sádicos, parecen disfrutar haciendo daño y dejando en ridículo a los demás.

Los haters también son definidos como cínicos hostiles, con disposición para la agresión, sin reparos para llegar a la ofensa. Les gusta pensar que el único razonamiento correcto es el suyo, y que los demás están siempre equivocados. A los haters les gusta llevar la contraria, ser provocadores y políticamente incorrectos. Para los haters, cualquier motivo es bueno para odiar: simpatía o militancia política, credo religioso, gustos musicales, lugar de origen, etc. Les gusta atacar a los otros, remarcar sus errores. Seguro que a más de uno nos viene a la cabeza el nombre de alguien que conocemos que cumpla estos requisitos, y no necesariamente son haters en el mundo virtual, lo son en la vida real, en su día a día.

¿Pero estos “odiadores” profesionales tienen características en común en cuanto a su personalidad? Según un estudio canadiense este tipo personas cumplen lo que en psicología llamamos la Triada Oscura de la Personalidad caracterizada por el narcisismo, la psicopatía y el maquiavelismo. Por lo tanto serán personas faltas de empatía, con tendencias a la grandiosidad, exhibicionistas; tenderán a la manipulación, egocéntricas, que llegan a transgredir normas en busca de sensaciones.

Por lo tanto, ¿es el hater un fenómeno nuevo? NO, desde siempre han existido personas que cargan ese odio consigo y no tienen ningún reparo en ir diseminando este sentimiento tan mezquino allá por donde pase y contra todo lo que se les cruce por delante. Sin embargo, es ahora con las redes sociales que su poder para extender ese odio gana protagonismo. Los haters podrían definirse también como personas tóxicas, y como tal, lo mejor es alejarlos de nuestras vidas y no dejarnos influenciar por este comportamiento tan egoísta ya sea en las redes sociales o en la vida real. ¡ABAJO LOS HATERS!

Renata Sarmento | Psicóloga Col. Nº M-25389

Referencias

Buckels, E.E., Trapnell, P.D. & Paulhus, D.L. (2014) Trolls just want to have fun. Personality and Individual Differences, 67,pp 97-102. DOI: http://dx.doi.org/10.1016/j.paid.2014.01.016.

Pico, I. Perfil psicológico del Troll y Hater en internet. Recuperado el 27 de febrero de 2017 desde http://psicopico.com/perfil-psicologico-troll-hater-internet/

Psicopatía

Hoy en día que comemos y cenamos mientras los informativos nos transmiten numerosas noticias a cerca de crímenes, personas que violan, que asesinan sin motivo, secuestros, sucesos extremadamente violentos y crueles entre seres de la misma raza, se me ocurre profundizar en el término de la psicopatía.

El concepto de psicopatía, en sus diferentes denominaciones (sociopatía, trastorno antisocial de la personalidad, trastorno antisocial de la personalidad) se ha utilizado para definir un trastorno de personalidad que supone un comportamiento en conflicto con las normas sociales, morales o legales de un determinado sistema social.

La psicopatía se clasifica como un trastorno diferenciado del trastorno de personalidad antisocial (TPAS) y del trastorno de límite de personalidad (TPL). A pesar de la alta superposición sintomática entre la psicopatía y otros trastornos de personalidad, sus consecuencias para la sociedad, justifican su estudio como entidad independiente.

La psicopatía no constituye un fenómeno moderno, encontramos antecedentes a lo largo de toda la evolución de la humanidad. La literatura nos proporciona abundantes muestras de ella. A su vez, se trata del primer trastorno psiquiátrico descrito. Pinel (1745-1826) precisa que se trataría de una forma de manía sin déficit en las facultades cognitivas, pero con un severo daño en la capacidad afectiva, lo que constituye una de las características descriptivas del psicópata.

Su conducta aparenta locura, pero al examen mental, el sujeto aparece con sus facultades cognitivas intactas a pesar de su extrema frialdad emocional.

Si bien la trasgresión es la constante en la conducta psicopática, no necesariamente, será lo suficientemente grave como para ser catalogada de conducta criminal. Babiak y Hare (2006) han publicado en su estudio “Psicópatas de cuello blanco”, que son sujetos de un elevado coeficiente intelectual, y que generalmente ocupan posiciones laborales de poder.

La investigación de Le Hare y colaboradores (1990) sigue resultando el mejor intento de definir la psicopatía desde un punto de vista empírico.
 Encontraron dos factores relevantes.

El primer factor sería el egocentrismo, la insensibilidad y la falta de remordimiento.

En este factor se englobarían:

  • Locuacidad/ encanto superficial, sensación grandiosa de autovalía, engaño y mentiras patológicas, manipulación, ausencia de remordimiento y culpabilidad, escasa profundidad de los afectos, falta de empatía y fracaso para aceptar la responsabilidad de sus acciones.

El segundo factor hace referencia a un estilo de vida crónicamente inestable y antisocial. Dentro de este se integran:

  • Necesidad de estimulación, estilo de vida parasitario, escasos controles conductuales, problemas de conducta tempranos, falta de metas realistas a largo plazo, impulsividad, irresponsabilidad, delincuencia juvenil y revocación de la libertad condicional.

En los últimos tiempos se consideran contrastados diferentes aspectos del carácter de los psicópatas:

Empatía e insensibilidad emocional.

La existencia de una respuesta emocional deficiente o anormal es la característica más sobresaliente de la psicopatía. Aspectos como la incapacidad para amar o la pobreza de las reacciones afectivas aparecen siempre asociados a este trastorno.

Ante delincuentes no psicópatas la magnitud de los reflejos es mayor ante imágenes desagradables y menor cuando es positiva la cualidad afectiva de la imagen. Por el contrario este efecto no aparece en los psicópatas, para los que la respuesta refleja a los estímulos con contenido afectivo es menor que ante los estímulos neutrales.

Los estudios demuestran que las medidas de empatía correlacionan significativamente con la psicopatía.

Impulsividad y demora de la gratificación.

La actuación sin planes ni previsión, la sobreestimación de los objetivos inmediatos o la incapacidad para demorar gratificaciones son notas esenciales a la hora de categorizar este desorden.

Los estudios realizados con psicópatas o delincuentes violentos, concluyen que los niveles de MAO y 5-HIAA suponen una confirmación para la consideración que la actividad  del sistema de neurotransmisión serotoninérgico es un correlato bioquímico común a la impulsividad y a la psicopatía. La impulsividad y la psicopatía también han sido relacionadas con una más lenta recuperación de la conductancia de la piel.

Búsqueda de sensaciones.

Dentro de la escala de búsqueda de sensaciones fundamentalmente las dimensiones de la desinhibición y la susceptibilidad al aburrimiento mantienen correlaciones significativas con medidas de psicopatía.

Desarrollo moral

Teniendo en cuenta que la psicopatía fue definida originariamente en 1835 como locura moral no resulta sorprendente que se trate de comprobar si la inmadurez moral  es uno  de los rasgos esenciales de los psicópatas.

Los estudios realizados con psicópatas revelan que los delincuentes psicópatas tienen modos de razonamiento cognitivo y moral más inmaduros que los  otros grupos de delincuentes. Los psicópatas están más orientados hacía preocupaciones egoístas en los conflictos en la vida real. Muestran una mayor labilidad, inadecuada subordinación jerárquica del yo con los valores positivos y negativos y una falta clara de jerarquía para valores positivos.

Conducta antisocial

Los psicópatas muestran una mayor incidencia de delitos violentos que los no psicópatas, y mayores índices de violencia institucional e instrumental.

Observando el comportamiento de unos presos liberados bajo supervisión se ha demostrado que la probabilidad de reincidencia es mucho mayor en el grupo de psicópatas que en el resto.

Mariano de Vena Salvador | Psicólogo Col. Nº M-23785

Centro Psicológico Loreto Charques

Narcisos, barras y estrellas.

Narciso es hijo del dios del Cefiso y de la ninfa Liríope. Al nacer, sus padres consultaron al adivino Tiresias, el cual les respondió que el niño  «viviría hasta viejo si no se contemplaba a sí mismo».

Llegado a la edad viril, Narciso fue objeto de la pasión de numerosísimas doncellas y ninfas, pero siempre permanecía insensible. Finalmente, la ninfa Eco se enamoró de él, pero no consiguió más que las otras. Desesperada, se retiró a un lugar solitario, donde adelgazó tanto, que de toda su persona sólo quedó una voz lastimera.

Las doncellas despreciadas por Narciso piden venganza al cielo. Némesis las escucha y hace que, en un día muy caluroso, después de una cacería, Narciso se incline sobre una fuente para calmar la sed. Ve allí la imagen de su rostro, tan bello, que se enamora de él en el acto, e insensible ya al resto del mundo, se deja morir, inclinado sobre su imagen.

Aun en el Éstige trata de contemplar los amados rasgos. En el lugar de su muerte, brotó una flor, a la que se dio su nombre: el narciso.

Todo el mundo habrá oído hablar del Narcisismo o habrá dicho a alguien alguna vez que es muy narcisista o estará familiarizado con este término asociado a la vanidad.

Pero no es lo mismo hablar de esto en estos términos que hablar del trastorno de narcisista de personalidad. (TNP)

Para hablar de un trastorno de la personalidad se deben cumplir los siguientes aspectos:

A. Un patrón permanente de experiencia interna y de comportamiento que se aparta acusadamente de las expectativas de la cultura del sujeto. Este patrón se manifiesta en dos (o más) de las áreas siguientes:

  1. Cognición (p. ej., formas de percibir e interpretarse a uno mismo, a los demás y a los acontecimientos)
  2. Afectividad (p. ej., la gama, intensidad, labilidad y adecuación de la respuesta emocional)
  3. Actividad interpersonal.
  4. Control de los impulsos.

 

B. Este patrón persistente es inflexible y se extiende a una amplia gama de situaciones personales y sociales.

C. Este patrón persistente provoca malestar clínicamente significativo o deterioro social, laboral o de otras áreas importantes de la actividad del individuo.

D. El patrón es estable y de larga duración, y su inicio se remonta al menos a la adolescencia o al principio de la edad adulta.

E. El patrón persistente no es atribuible a una manifestación o a una consecuencia de otro trastorno mental.

F. El patrón persistente no es debido a los efectos fisiológicos directos de una sustancia (p. ej., una droga, un medicamento) ni a una enfermedad médica (p. ej., traumatismo craneal).

En el caso del Trastorno Narcisista de Personalidad, estaríamos hablando de un patrón general de grandiosidad (en la imaginación o en el comportamiento), una necesidad de admiración y una falta de empatía, que empiezan al principio de la edad adulta y que se dan en diversos contextos, como lo indican cinco (o más) de los siguientes ítems según los criterios del  Manual diagnóstico y estadístico de los Trastornos Mentales de La asociación estadounidense de psiquiatría (el DSM-V de la APA):

  • Tiene un grandioso sentido de autoimportancia (p. ej., exagera los logros y capacidades, espera ser reconocido como superior, sin unos logros proporcionados).
  • Está preocupado por fantasías de éxito ilimitado, poder, brillantez, belleza o amor imaginarios.
  • Cree que es “especial” y único y que sólo puede ser comprendido por, o sólo puede relacionarse con otras personas (o instituciones) que son especiales o de alto status.
  • Exige una admiración excesiva.
  • Es muy pretencioso, por ejemplo, expectativas irrazonables de recibir un trato de favor especial o de que se cumplan automáticamente sus expectativas.
  • Es interpersonalmente explotador, por ejemplo, saca provecho de los demás para alcanzar sus propias metas.
  • Carece de empatía: es reacio a reconocer o identificarse con los sentimientos y necesidades de los demás.
  • Frecuentemente envidia a los demás o cree que los demás le envidian a él.
  • Presenta comportamientos o actitudes arrogantes o soberbias.

¿Os hacéis a la idea de alguien así, como puede llegar a ser?

¿Os imagináis que llegara a conseguir el mayor poder que puede alcanzar una persona sobre la Tierra? ¿Os imagináis que tuviera la llave para los intereses de la mayoría de pueblos del planeta?

No imaginéis más, ya está aquí, el “señor” Donald John Trump.

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Hace poco leí a Howard Gardner, psicólogo de la Universidad de Harvard, habla sobre Trump diciendo de él que es “notablemente narcisista”. Otro psicólogo, George Simon, dice que Trump es tan representativo que guarda vídeos suyos para explicar en sus clases qué es el narcisismo.

Un trastorno de personalidad, como decía con anterioridad, es un patrón de comportamiento anormal que la persona no cambia, incluso a pesar de sus consecuencias emocionales y personales.

Muchos narcisistas se muestran encantadores y carismáticos en un primer contacto y pueden conseguir grandes niveles de popularidad en el corto plazo. Sin embargo, con el tiempo la gente se cansa de ellos por su egocentrismo.

Las personas con TPN son muy convincentes porque van a decir o hacer lo que sea necesario para ganar y obtener poder. No se preocupan en absoluto por los demás, por lo que no se sienten mal por engañar. Para ellos no se trata de un buen liderazgo, sino más bien de auto-mejora. Los principios éticos no son importantes para ellos, como descubrieron algunos países europeos durante la Segunda Guerra Mundial, y pueda descubrir ahora de nuevo EE.UU.

No es tan difícil saber si un líder es sabio y ético. El mejor predictor del comportamiento futuro es el comportamiento pasado. En el caso de los Estados Unidos, un individuo que ha quebrado a cuatro empresas y empobrecido a muchos inversores, no es ni sabio ni ético.

Unido a este TNP, el perfil del presidente tiene una combinación extraña de muy alta extroversión con una muy baja agradabilidad. Trump es socialmente dominante, incapaz de quedarse quieto y una persona que realmente disfruta con la competición que le proporciona el trabajo.

Todos los rasgos dibujan a una persona agresiva y competitiva siempre dispuesta a ganar y a luchar. Cueste lo que cueste. Sea por lo que sea.

Imaginaros lo que tienen que odiar a Hillary Clinton y también qué  tipo de perfil tiene y  qué  política estaba haciendo, pero bueno eso ya es otra historia…

Con la sarta de barbaridades que ha prometido  el amigo del implantado tupé pajizo teñido (que resultan imposibles) esperemos que, haciendo uso de dos películas estadounidenses, entre Todos los hombres del presidente nos encontremos con Algunos hombres buenos

Que las doncellas y ninfas (y otras tantas masas de población) despreciadas y maltratadas por este Narciso del siglo XXI,  le lleven hasta la fuente que calme su insaciable sed y proyecte su imagen al  más oscuro ostracismo político y social.

Que cuando Dios bendiga a América, nos pille al resto confesados…

Mucho ánimo y un beso en este triste día, en especial para mis amigos de la Tierra de las oportunidade$ y para mis amigos del fronterizo Pueblo mexicano.

Mariano de Vena Salvador | Psicólogo Col. Nº M-23785

Centro Psicológico Loreto Charques