Mediación: la gran olvidada del sistema judicial.

Titulares como el de la condena a un padre por “abofetear” a su hija adolescentes o el del niño con discapacidad que está siendo juzgado por haber pegado una patada a su profesora nos han sorprendido en los últimos días. Más allá de quedarnos en la discusión de justificar o no el uso de la violencia en estas situaciones, nos gustaría centrarnos en las posibles alternativas a las condenas que se plantean en estos casos. Está claro que es muy arriesgado hablar de casos concretos solamente con la información aportada en los medios de comunicación pero nos gustaría acercarnos un poco más a las alternativas que nos pueden llegar a partir de los procesos de mediación. Para ello, hablamos con D. Juan Ignacio Gutiérrez Lisardo, psicólogo colegiado M-23304, experto en mediación familiar y para las organizaciones de la Institución de Mediación del Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid, quien amablemente nos cuenta acerca de su experiencia en procesos mediadores.

Renata Sarmento: – Como experto en mediación, ¿qué sientes cuando ves noticias de este tipo?

Juan Ignacio Gutiérrez Lisardo: Es muy interesante ese matiz: como experto en mediación. Como cualquier persona tengo mis posiciones al respecto de cada uno de estos asuntos que estarían, más o menos, alineadas con alguna de las partes en conflictos. Esa sería la primera reflexión: desde la mediación lo que hacemos es definir y analizar los conflictos que se nos plantean, trabajar con las partes en su gestión y ayudarlas a que alcancen por si mismas sus propios acuerdos. Pero, respondiendo a tu pregunta, siento un poco de pena de que terminen en los tribunales cuestiones que deberían tener una tramitación diferente, y que la mediación sería un magnífico recurso para abordar conflictos de este tipo.

R.S.: ¿Cómo se gestionarían estos casos desde la mediación?

J.I.G.L.: Lo primero que tenemos que tener en cuenta es que la mediación es voluntaria. Las partes deben decidir previamente y de forma voluntaria, insisto, acudir a mediación para gestionar su conflicto.

El principal problema que tiene la mediación es que es un recurso no demasiado bien conocido, incluso, me temo, por algunos jueces. En mi opinión, el caso del niño discapacitado podría haber sido abordado por un servicio de mediación sin salir del ámbito escolar, y el del padre y la hija es un conflicto familiar que debería tratar de gestionarse por profesionales de ese ámbito: el familiar.

Cada abordaje tendría sus peculiaridades iniciales desde la mediación. 

La mediación escolar se realiza en los centros educativos. Las partes tienen la oportunidad de conocer cómo afecta su comportamiento a los demás, que otras posibilidades hay para gestionar los conflictos, trabajar para encontrar las verdaderas raíces o causas de los problemas,… Para este caso concreto tendríamos que valorar, además, las posibles interferencias que pudiera plantearnos la discapacidad del menor, y habría que delimitar previamente cuales son las partes en conflicto: ¿estamos ante un conflicto entre un alumno y su profesora?, ¿unos padres y una profesora?, ¿unos padres y el centro educativo? Así, a bote pronto, creo que estas serían las primeras cuestiones a abordar, pero cada caso tiene sus peculiaridades. Los mediadores tenemos que tratar de ser creativos.

En cuanto al caso de violencia en el ámbito familiar, se podría haber recurrido a la mediación en dos momentos: antes de tener lugar la escena que se narra o una vez que el caso está en el juzgado. Las relaciones familiares tienen componentes afectivos y emocionales peculiares que deben ser gestionados con la ayuda de profesionales con formación específica cuando surgen los conflictos. La mediación puede ayudar a prevenir y evitar la escalada de conflictos más o menos latentes, y el ámbito familiar es probablemente el más típicamente asociado a la mediación. No olvidemos que nuestras primeras regulaciones sobre mediación lo son para el ámbito familiar. Una vez que estos casos entran en el ámbito judicial, los jueces pueden sugerir a las partes que se intente una mediación. Si las partes acceden, trabajarían conjuntamente en la búsqueda de acciones para la reparación de los daños objeto de la demanda y trasladarían al juez sus acuerdos.

R.S.: ¿Crees que la mediación está infrautilizada por nuestro sistema legal?

J.I.G.L.: Creo que hay una mezcla de desconocimiento y desconfianza. Aparecen opiniones, posiciones e intereses que tienen a veces la apariencia de contrapuestos, y esto complica un poco la implantación. Yo no creo que la mediación sea una panacea, la solución a todos los problemas a los que el sistema judicial no da respuestas satisfactorias, entre otras cosas porque mi posición es que la mediación es también parte de nuestro sistema judicial. Hay muchos profesionales muy bien formados que pueden ayudar a las personas que así lo decidan a tratar de gestionar sus conflictos por sí mismos.

R.S.: ¿Cuáles crees que son las ventajas de la mediación?

J.I.G.L.: Huyo de lo que considero argumentos de mal vendedor: el ahorro de tiempo y de dinero. Para mí las principales ventajas son la posibilidad de preservar las relaciones futuras de las partes y que ofrece a las personas la posibilidad de tomar sus decisiones de una forma más autónoma. Creo que deberíamos plantearnos seriamente cuales son las consecuencias de acudir a los tribunales para resolver cuestiones que podríamos abordar por nosotros mismos recurriendo a profesionales especializados en ayudarnos a hacerlo, y ahí es donde más tiene que decir la mediación.

R.S.: ¿En qué ámbitos puede utilizarse la mediación?

J.I.G.L.: Me gusta decir que cualquiera que esté sujeto a la libre disposición de las partes; pero también es un recurso útil en el ámbito penal, dentro de lo que llamamos justicia restaurativa.

R.S.: ¿Qué hay que hacer si una persona está en un conflicto (familiar, laboral, etc.) y cree que la mediación le puede ayudar?

J.I.G.L.: Ponerse en contacto con algún profesional para conseguir información. No me sentiría bien haciendo publicidad, así que propondría una fórmula sencilla: una búsqueda en internet. Escribir en el buscador “mediación” o “mediadores” y elegir. Lo normal es que se ofrezca una sesión informativa gratuita.

Renata Sarmento | Psicóloga en el Centro Psicológico Loreto Charques

Damos las gracias de forma especial a D. Juan Ignacio Gutiérrez Lisardo, psicólogo colegiado M-23304, experto en mediación familiar por atendernos.

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Las otras víctimas.

Acababa de llegar a Madrid, tras haber estado aislado del mundo por las montañas del norte de España, caminando rumbo a Santiago. Mi mente estaba aún perdida en el recuerdo de bosques mágicos, de animales que se acercaban curiosos a que les acariciases (desde caballos a perrillos que recorren los caminos saludando a los peregrinos), de personas llegadas de todo el mundo y que te regalaban su compañía, su humanidad, su solidaridad, su cariño…

La mente y el alma renacidas en su fe en la Humanidad.

Entonces ocurrió. Barcelona. Cambrils. En mi cabeza no cabían la muerte y la destrucción que veía en la televisión. Luego las llamadas a los amigos que estaban pasando unos días allí. Todos estaban bien. Habían pasado hacía poco por las Ramblas. Ayer mismo, me dijo mi amigo Borja. Ayer mismo.

Pero todos estaban bien.

No es verdad. Ha habido víctimas directas, que sufrieron en sus carnes las heridas de la irracionalidad humana. Víctimas directas que vivieron a unos pocos metros o desde sus ventanas lo que estaba pasando. Víctimas directas que vieron desde sus televisiones o escucharon en sus emisoras de radio lo que estaba pasando. Víctimas directas que habían sobrevivido en Bruselas, en Manchester, en París, en Alepo, en Londres, en Boston… Víctimas directas que viajaron y revivieron como si fuera hoy mismo el infierno del 11M en Madrid. Todos ellos han vivido de manera traumática los atentados de Cataluña.

No sé si os habréis fijado –lo han dicho casi de refilón- que cientos de personas buscaron apoyo psicológico en los días posteriores. Sentían angustia. Sentían un dolor que no podían explicar. Una tristeza profunda. Y no tenían ni familia ni amigos ni conocidos entre las víctimas.

No hace falta.

Son humanos, personas que empatizan con los que sufren. Personas a las que los medios de comunicación y las redes sociales han bombardeado con imágenes de dolor, de muerte, de sufrimiento.

Desde aquí quisiera hacer una llamada a aquellos que sólo quieren ser los primeros en poner las imágenes más macabras. Pensadlo antes. No puede ser que hubiera personas que pensaran primero en hacerse un selfie con las víctimas de fondo en lugar de correr a ayudar. Pensadlo. Pensad en el efecto que tienen esos vídeos, esas fotos…

Y a aquellos que lo habéis pasado mal… aún no estando allí. Aquellos que tenéis pesadillas y que experimentáis angustia. No dejéis que ese sufrimiento se enquiste en vosotros… o podéis ser candidatos a episodios depresivos, a padecer de estrés postraumático… Los psicólogos (no sólo los de emergencias) estamos ahí para ayudaros, para prevenir futuras complicaciones.

Y ojalá que nunca más vuelvan a atacar nuestra libertad, nuestra paz, que tanto nos ha costado conseguir.

Sed felices…

César Benegas Bautista | Psicólogo en el Centro Psicológico Loreto Charques

¿Por qué no estoy a gusto con mi cuerpo?

Por fin ha llegado el tan ansiado veranito… ha llegado la hora de ir a la piscina, a la playa y, claro, hay que ponerse el bikini, la ropa de baño, etc… En este momento, cuando tenemos el cuerpo más expuesto, nos damos cuenta de que hay muchos aspectos de nuestro cuerpo que nos gustaría cambiar. Resulta que nos parece que nos sobra de un lado, nos falta del otro, nos vemos horribles, empezamos a pensar en que nadie se fijará en nosotros, nos comparamos además con otras personas que consideramos que están “mejor” físicamente, y claro, nos sentimos mal.

Hoy hablaremos de la imagen corporal, que es la representación mental que cada individuo tiene de su propio cuerpo. Esta representación mental la hacemos basados en:

  • Las medidas que atribuimos a nuestro cuerpo.
  • Los pensamientos, sentimientos y valoraciones que nos provoca nuestro cuerpo, principalmente el tamaño corporal, el peso, determinadas partes del cuerpo que nos gustan más de nosotros o menos o cualquier otro aspecto de la apariencia física.
  • Las consecuencias de lo anterior (medidas, pensamientos, sentimientos y valoraciones), es decir debido a cómo percibo mi cuerpo y cómo me siento con el mismo hago cosas como ponerme ropa más ancha, pesarme habitualmente para ver si he bajado esos kilos de más, vestir de negro porque estiliza, evitar ir a la playa para no ponerme en bikini, no ponerme sandalias porque no me gustan mis pies, peinar mi pelo de una determinada manera porque así veo mi cara más fina, compararme constantemente con los demás, etc.).

Mostramos una imagen corporal negativa cuando:

  • Valoramos de una manera equivocada las formas corporales y vemos partes del cuerpo como no son realmente.
  • Nos convencemos de que solamente otras personas son atractivas, y valoramos estas medidas como éxito y valía personal.
  • Sentimos vergüenza y ansiedad por el cuerpo.
  • Nos sentimos incómodos y raros en el propio cuerpo. No nos aceptamos. Nos sentimos enajenados.

Cash  y Brown (1987) han desarrollado la conocida como “docena sucia” que recoge los pensamientos distorsionados más habituales con respecto a la apariencia:

  • La bella o la bestia: pensamiento todo/nada, blanco/negro. Me sale un grano en la nariz y pienso “estoy horrible”, “estoy asquerosa”.
  • El ideal irreal: me evalúo en función de un estándar irreal (por ejemplo, mujer escultural), de esta forma sobresalen mis defectos en todo su esplendor: “soy demasiado baja…”.
  • La comparación injusta: nos comparamos con gente real muy atractiva: “no me gusta probarme ropa en tiendas grandes porque ver a las dependientas me hace sentir gorda y fea”.
  • La lupa: nos centramos en un aspecto o en aspectos de nuestra apariencia que no nos gustan y exageramos su importancia. Esto es, simple y llanamente, atención selectiva.
  • La mente ciega: se ignoran o se minimizan aspectos favorables de nuestro cuerpo; como nos sentimos bien con ellos, no los tenemos en cuenta, pero sí nos centramos en otros que nos gustan menos. Muy relacionado con la forma en la que nos educan para ser modestos.
  • La fealdad radiante: la insatisfacción con un aspecto de la apariencia se generaliza a otras características físicas. A modo de ejemplo: me veo arrugas bajo los ojos y empiezo a ver signos de vejez por otras partes el cuerpo.
  • El juego de la culpa: esta es muy importante, sobre todo en mujeres jóvenes y adolescentes. Se refiere a atribuir decepciones, rechazos o acontecimientos negativos a un aspecto de la apariencia con el que se está insatisfecho: “no siente interés por mí por mi aspecto”.
  • La mala interpretación de la mente: como supongo o creo que soy poco atractivo (o tengo un defecto), también considero que los demás me ven así. Adivino lo que piensa la gente y en lo que se está fijando.
  • Prediciendo desgracias: esperar que el mal aspecto físico tenga efectos negativos en el futuro. Por ejemplo, un hombre obeso piensa “con mi físico nadie me tomará en serio como vendedor” o un hombre calvo piensa “sin pelo ninguna mujer se enamorará de mi”.
  • La belleza limitadora: no poder hacer cosas por la apariencia. La prohibición de nuestros comportamientos está motivada por las reacciones negativas que creemos que tendrá la gente. Una mujer con arrugas piensa “no puedo salir sin maquillar”, otra persona piensa “no puedo ir a la fiesta con este pelo”.
  • Sentirse feo: como me siento feo, debo ser feo. La interpretación se convierte en certeza y justificamos la “fealdad”: “con razón me siento fea, mira qué horrible estoy”.
  • El reflejo del malhumor: a veces el malhumor motivado por otras razones termina reflejándose en nuestra apariencia. Por ejemplo, una persona muy estresada por el trabajo que termina criticando su cuerpo mientras se prueba ropa.

Nadie es capaz de pensar que es una persona horriblemente fea y despreciable y aun así estar a gusto consigo mismo. Está claro que todos nosotros, en algún momento (o en muchos), hemos caído en alguno(s) de estos errores y, por lo tanto, nos hemos sentido insatisfechos con nuestra imagen. Un paso fundamental para conseguir mejorar la autoestima y sentirse mejor es reconocer este tipo de pensamientos distorsionados (que se generan de forma automática) para poder así rebatirlos cada vez que nuestra mente los ponga en marcha. A partir de la confrontación objetiva, poco a poco se irán desvaneciendo y podremos automatizar una forma más adecuada de pensar.

Renata Sarmento | Psicóloga Col. Nº M-25389

Referencias

Alonso, A. (2014). Las distorsiones cognitivas, nuestras propias limitaciones. Recuperado el 26 de Junio de 2017 desde http://imeoobesidad.com/blog/las-distorsiones-cognitivas-nuestras-propias-limitaciones/

Cash, T. F. & Brown, T. A. (1987). Body image in anorexia nervosa and bulimia nervosa. A review of the literature. Behavior Modification, 11(4), 487-521. doi:10.1177/01454455870114005

Quiles Marcos, Y. Taller de Imagen Corporal y Alimentación. Recuperado el 23 de Junio de 2017 desde http://cpa.umh.es/files/2008/04/capitulo-4-taller-de-imagen-corporal-y-alimentacion.pdf

Romo Donaire, A.M. Tema 1: La Imagen corporal. Material docente. Recuperado el 23 de junio de 2017 desde https://rua.ua.es/dspace/bitstream/10045/3560/1/PowerPoint%20-%20TEMA%201.pdf

Chemsex… cuando la sexualidad no basta.

La sexualidad es algo maravilloso. Durante demasiado tiempo se ha visto limitada, coartada, haciéndola parecer como algo pecaminoso, sucio… Con la evolución cultural la sexualidad llegó de una manera más natural a la gente, sobre todo a los por entonces más jóvenes. Hasta que llegó el SIDA, como un fantasma aterrador que marcó a toda una generación, que obligó a que aprendiéramos de prevención de la infecciones de transmisión sexual (ITS). Hoy en día, aunque aún no hay una cura para el VIH/SIDA, sí que su contagio se ha visto controlado y cada año tenemos mejores noticias sobre la disminución del número de contagios.

Pero aún sigue ahí.

Posiblemente la educación sexual de las nuevas generaciones se ha visto más enfocada a prevenir esos contagios así como a frenar el número de casos de embarazos no deseados. Y ese enfoque ha olvidado enseñar la otra parte fundamental de la sexualidad que no es sólo su disfrute, si no las emociones implicadas.

Tal vez ese sea uno de los motivos por los que los jóvenes llegan antes a descubrir su propia sexualidad y explorarla. Aprenden –muchas veces a través de la pornografía o de la prostitución (sobre todo en el caso de los hombres)- el cómo se hace y no reflexionan el para qué. Y con ello no digo que haya que controlar o refrenar esa sexualidad. Pero sí que hay que educar de manera que se planteen por qué lo hacen. En más de un caso nos hemos encontrado con chicos y chicas que han tenido sexo… porque había que tenerlo, por presión de sus iguales, de sus parejas, o de lo que creen que se espera que hagan.

Eso puede llevar a que la sexualidad pierda parte de su sentido y por eso se trivializa… Y lo trivial lleva al aburrimiento y la rutina.

Y para salir de esa rutina y a la vez seguir a la moda y no ser un “marginado” que está fuera del grupo… muchos se lanzan a la práctica del CHEMSEX.

El CHEMSEX es un término que proviene inicialmente de la cultura anglosajona y que define una experiencia en la que bajo el influjo del consumo de sustancias químicas, drogas, a la vez se mantienen relaciones sexuales durante largos periodos de tiempo –más allá de lo normal en una persona sana en condiciones naturales-. Por así decirlo, forzando la máquina de manera artificial. Aunque inicialmente era una práctica minoritaria, se ha extendido por todo el mundo y ha llegado también a España. Como antaño se convocaban las fiestas rave, de manera discreta, por medio del boca oído, en la actualidad se realizan las convocatorias de estos encuentros sexuales por medios de Apps en los teléfonos móviles.

El uso de drogas para mantener relaciones sexuales no es algo nuevo, ni remotamente. Se ha dado a lo largo de la historia en prácticamente todas las culturas y empleando todo tipo de sustancias. Siempre buscando durar más, tener más parejas sexuales… y, lo que más enganchaba, poderlo contar a su grupo.

En eso no hemos cambiado mucho.

Lo que ha cambiado es la irrupción de la metanfetamina, llamada por nombres como batu, blade, cristy, cristal, vidrio, hielo caliente, cuarzo, shabu, shards, stove top, super hielo, tina, ventana, meta, tiza… Y el peligro radica primero en que su efecto adictivo es muy intenso, por lo que muchas personas se enganchan, desarrollando una dependencia física y psicológica. De ella sabemos:

-La metanfetamina es un potente estimulante del sistema nervioso central. Sus efectos son más potentes que la anfetamina porque atraviesa muy fácilmente la barrera hematoencefálica.

-Aunque tiene indicación terapéutica para el tratamiento de la narcolepsia y del TDAH, también se usa en espacios de fiesta (en menor medida que la anfetamina, dependiendo de la zona geográfica).

-Su uso recreativo suele ser por la vía esnifada o oral, pero hay un uso fumado o inyectado que en España es muy minoritario. Por vía nasal y fumada los efectos aparecen casi inmediatamente, mientras que si se consume oralmente los efectos tardan una media hora en aparecer.

-Los efectos principales de la metanfetamina son la sensación de energía y euforia, con incremento en el nivel de alerta y rendimiento intelectual, disminución de la necesidad de dormir y comer y dilatación pupilar. En las primeras tomas el efecto puede parecerse más al MDMA que a otro estimulante, debido a que aparecen efectos de apertura intelectual acompañadas de euforia (*).

Y es en esa combinación de euforia, de falsa percepción de control, de ser capaz de interactuar fácilmente con cualquiera el que hace que, cuando las personas que se reúnen para practicar el CHEMSEX, puedan perder la percepción del riesgo de lo que están haciendo y surge el riesgo a las ITS, no sólo por el intercambio sexual de fluidos, sino también por la vía de administración.

¿Cuál es nuestro papel como padres y como educadores? Debemos dar una correcta educación sexual que conciencie a los más jóvenes de los riesgos de una sexualidad mal llevada (muchas chicas, por ejemplo, no saben ni lo que es el VPH, o virus del papiloma humano, cómo se contagia y los riesgos que conlleva). Pero también debemos enseñar lo bueno de la sexualidad, que somos dueños de ella y no debemos dejarnos llevar o presionar por lo que otros quieran o nos pidan que hagamos.

La sexualidad es maravillosa.

Libre, consciente y controlada… dentro de lo posible.

Sed felices.

César Benegas Bautista | Psicólogo Col. Nº M-22317

Enlace relacionado:

http://www.20minutos.es/noticia/3054603/0/perdido-miedo-contraer-sifilis-gonorrea/

(*) Fuente: https://energycontrol.org

Bromas “pesadas”.

Youtube se ha convertido en el canal favorito para compartir vídeos. Cada minuto se suben 300 horas de vídeo a este portal, y viene a ser, durante los 10 años que lleva operativo, uno de los hobbies más habituales de grandes y pequeños.

Durante este tiempo, hemos visto como ha proliferado un tipo de grabación muy particular, sobre todo entre los adolescentes. Podemos decir que nos encontramos en la era de “grabar lo divertido y subirlo”, esto es así. Se ha establecido, lo hemos normalizado, y se hace muchas veces con muy poca conciencia de sus consecuencias, ya que en gran parte de las ocasiones se busca la carcajada rápida de quien vea el vídeo y se recurre a gastar “bromas pesadas” que son controvertidas y poco éticas, ya que quien las recibe seguro que no le hace ninguna gracia. Muchos jóvenes todavía no saben que algunas cosas que graban no son divertidas, no se deben filmar y mucho menos difundir o compartir abiertamente. Todos hemos visto en las noticias grabaciones de cómo algunos alumnos se burlan del profesor, de otro compañero del instituto, y un largo etcétera, provocando situaciones muy desagradables intencionadamente, todo con fin de generar burla abiertamente sin ningún tipo de sonrojo. Más bien todo lo contrario, ya que sienten orgullo de haberlo hecho.

Pero todavía llama más la atención cuando son los adultos quienes no distinguen las fronteras entre lo que es socialmente aceptable y lo que no lo es a todas luces. Esta misma semana me he enterado de que corre un vídeo en el que se ve a unas personas mayores bajando las escaleras mecánicas del metro por el sentido equivocado de la marcha, lo que les genera una situación muy incómoda, ya que durante largo rato parece que no son capaces de solucionar esta situación dada su avanzada edad y deterioro. No he querido verlo. Me ha parecido tan denigrante que he preferido no hacerlo. Pero al parecer, la persona que lo graba, no solo no acude a auxiliar a dos personas que precisan ayuda en una situación claramente complicada para ellos. Se detiene además a grabarlo, y después, se honra en difundirlo públicamente.

Estamos aquí. Hemos llegado a confundir de tal manera las cosas que nos pensamos que todo nos puede provocar risa, incluso aunque rebase con creces las líneas morales más básicas. Por definición, divertirse o broma es aquello en que las dos partes ríen, no solo una. Me indigna. Cada vez más parece que tenemos que estar riendo todo el tiempo, que todo es relativo, que da igual y no pasa nada. ¡¡Si pasa!!

Me ha dolido mucho el corazón cuando durante estos días se ha hecho público el maltrato que unos padres estadounidenses “youtubers” (así se llaman ahora) han ejercido sobre sus hijos a través de “bromas” que les “gastaban” y después subían a youtube con las que después se lucraban. Generaban frustración de forma totalmente injustificada en los menores, situaciones totalmente injustas e incomprensibles para un niño.

Pensar que este tipo de grabación puede entenderse como “una broma” y que pueda resultar divertida a alguien, y más proviniendo de un padre, me resulta trágico.

Pensar de verdad en querer hacer reír a alguien generando dolor en tu propio hijo es algo que cuesta comprender. No es de extrañar que a estos padres les hayan quitado la custodia de sus hijos. Desde luego algo así no es divertido. Ni debe ser generado intencionalmente. Ni debe ser grabado. Ni debe ser difundido.  Terrible.

Sergio Algar Villa | Psicólogo Col. Nº M-22702 

Centro Psicológico Loreto Charques

Acoso escolar: Condenados a entendernos.

Este no es un post para decir qué es el acoso escolar. Esta vez nos gustaría plantear que a pesar del establecimiento de protocolos de actuación (tan necesarios) todavía seguimos necesitando el sentido común (tan escaso a veces) de todos los profesionales involucrados en casos de sospecha de acoso.

1. Es evidente la necesidad de establecer protocolos de actuación para saber qué hacer y para que hagamos todos lo mismo en todas las ocasiones en las que hay una sospecha de acoso. Sin embargo, hay algunos aspectos importantes que me gustaría aclarar a respecto del protocolo de actuación.Es necesario actuar ante la sospecha. Los padres (que normalmente son los que activan el protocolo de acoso) no tienen la obligación de estar seguros de que su hijo está sufriendo acoso para acudir al colegio e intentar abrir un protocolo. Tampoco hay que intentar abrir el protocolo a la primera de cambio. Se trata de que los padres tengan suficientes evidencias de que a su hijo algo le está pasando en el colegio. Los padres, en general, no se dedican a abrir protocolos de acoso para fastidiar.

2. La obligación de la “investigación” para saber si hay o no hay acoso recae en el colegio, puesto que es el ambiente donde el niño está supuestamente sufriendo el acoso. Y aquí nos encontramos con un gran problema: algunos profesionales se sienten atacados cuando los padres intentan abrir un protocolo. Parece que les están diciendo que están haciendo mal su trabajo. Y la primera respuesta suele ser: NO, no hay acoso. Esto a los padres, les genera muchas dudas acerca de la atención/vigilancia que el niño está recibiendo en el colegio. Os pongo dos situaciones reales:

a) Ejemplo 1. Hace unos meses, una mamá me llama desesperada porque su hijo de 6 años estaba teniendo pesadillas, no quería ir al colegio, había vuelto a hacerse pis por las noches, etc. Investigando un poco, algunos compañeros decían que unos niños mayores le pegaban a su hijo en el patio. Tras un episodio de ataque de pánico para no entrar en el colegio, la madre acude a la dirección del centro para abrir un protocolo de acoso. Me puse en contacto con la tutora, que muy amablemente me dijo que ella no había visto nada, que estaba pendiente pero que me invitaba a ir al colegio, a observar durante el patio o en cualquier otro momento. Afortunadamente hemos trabajado con este niño y desde el colegio también se pusieron los medios para que este alumno estuviera mejor. Y así fue, lo hemos logrado, juntos. El niño ya va al colegio contento. Hasta el momento no se ha determinado si hubo o no acoso, pero lo importante es que en la actualidad el niño se encuentra bien.

b) Ejemplo 2. Niño de 5 años que llega con moratones a casa, dice que algunos niños le pegan y le hacen daño en el colegio. Los padres solicitan abrir un protocolo de acoso. Los profesionales que están de forma directa con el niño dicen que NO hay acoso, que no hay nada, que el niño se comporta de forma normal y que los moratones se los ha hecho fuera del colegio. En una tutoría, perdidos en la burocracia del protocolo, no se llega a ninguna parte. Se pide que estén más pendientes del niño, pero la respuesta es que el niño tiene la misma vigilancia que tiene cualquier otro. Pero entonces ¿qué medidas se están tomando cuando se abre un protocolo de acoso? Reuniones, reuniones con todo “quisqui” pero ¿y al niño? ¿Quién le presta atención al niño? ¿Quién le ayuda al niño?

Estos dos ejemplos, me parecen bastante claros de cómo cada comunidad educativa incorpora el protocolo en su práctica diaria. El profesional A me dice: “No he visto nada pero acércate a ver si identificas algo que a nosotros se nos escapa. El profesional B: “Estamos haciendo todo lo que está en el protocolo, estamos en periodo de observación (desde hace 3 semanas)”. Y mientras tanto el niño sigue sin querer ir al colegio y sigue manifestando que algunos “compañeritos” le hacen daño.

Desde luego, no todos los protocolos abiertos terminan en casos de acoso, pero lo que SÍ hay que tener en cuenta es que todo protocolo abierto es un niño que necesita ayuda de forma directa e inmediata.

3. El hecho de actuar ante la sospecha genera falsos positivos. Es decir, muchos de los protocolos abiertos se terminan cerrando sin que se compruebe la situación de acoso. Sí, efectivamente, quizás nos pasemos de alarmistas pero es mejor pasarse de alarmista antes de que un niño tenga su vida convertida en un infierno.

4. En este sentido, los colegios (más concretamente, los profesionales) no deben sentir vergüenza de actuar ante un protocolo de acoso, al revés, hay que entenderlo como una respuesta ante la demanda de los padres. No hay que esconder o culpabilizar a los padres. Los profesionales no se tienen que sentir cuestionados cuando se abre un protocolo de acoso. Los padres si tienen la sospecha fundada de que sus hijos están sufriendo acoso deben acudir al colegio y si la respuesta de sus profesionales es NO VEO NADA/ESTO NO ES ASÍ/SON COSAS DE NIÑOS/ESTÁIS VIENDO COSAS DONDE NO LAS HAY, la relación de confianza se queda tocada. Si, al contrario, la respuesta de los profesionales es NO LO HABÍAMOS IDENTIFICADO/ESTAREMOS PENDIENTES/OBSERVAREMOS MÁS DETENIDAMENTE, la relación de confianza puede que se consolide.

En los casos de sospecha de acoso (y en muchos otros) estamos condenados a entendernos familias y profesionales de la educación. Es imprescindible la aplicación del protocolo pero también del sentido común. No nos queda otra. Y si lo hacemos, seguro que nuestros alumnos/pacientes se sentirán muchos más arropados.

Una buena manera de fomentar este entendimiento entre padres y profesionales es a través del método Kiva.

Renata Sarmento | Psicóloga Col. Nº M-25389

Serotonina, depresión y 5-Htp

La depresión es el resultado final de la interacción de múltiples factores constitucionales, evolutivos ambientales e interpersonales, que modifican las pautas de neurotransmisión entre los hemisferios cerebrales y el sistema límbico, y alteran de manera reversible los circuitos cerebrales de recompensa y castigo.

El principal sustrato neuroquímico de esta alteración es una desregulación de las monoaminas neurotransmisoras noradrenalina y serotonina y, posiblemente, también de la acetilcolina y de las endorfinas.

La disfunción central de la neurotransmisión, además de su repercusión en la conducta, origina alteraciones neurovegetativas y endocrinas, sobre todo en la secreción de cortisol, hormona tiroidea y hormona del crecimiento.

El estado depresivo influye a su vez en relaciones interpersonales, el entorno y las pautas de gratificación, creando situaciones depresógenas con experiencias de pérdida, indefensión y estrés, que influyen de nuevo negativamente en la actividad de los neurotransmisores, cerrando así un circulo vicioso de retroalimentación positiva, que tiende a mantener indefinidamente el proceso.

La serotonina, o 5-hidoxitriptamina, procede del metabolismo de un aminoácido esencial que debe ser forzosamente ingerido por la dieta, el triptófano. La enzima triptófano-hidroxilasa convierte el triptófano en 5-hidroxiltriptófano (5-HTP), y éste por dercarboxilación, se convierte en serotonina.

Las funciones de la serotonina en la regulación de la homeostasis son múltiples e importantes, modulando en general la estimulación excesiva y ejerciendo un efecto inhibitorio sobre la conducta.

Los déficit de serotonina han sido asociados con la regulación de numerosos sistemas neurobiológicos, incluyendo el sueño, el apetito, la actividad sexual, los ritmos circadianos, la  memoria, el aprendizaje, la regulación de la temperatura, la función cardiovascular, la contracción muscular y la regulación endocrina.

Su papel en la depresión se relaciona con la actividad catecolaminérgica,  a través de la “hipótesis permisiva de la depresión” según la cual un déficit funcional de la transmisión serotoninérgica predispone a un trastorno afectivo, presentándose un estado depresivo si la neurotransmisión catecolaminérgica está también deficitaria, mientras que si por el contrario está aumentada la manifestación clínica es de tipo maníaco.

La mayoría de los fármacos antidepresivos que se recetan en la actualidad son Inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS). Su mecanismo de acción se centra en incrementar los niveles extracelulares de serotonina al inhibir su recaptación hacia la célula presináptica, por lo que aumenta la cantidad de serotonina en la hendidura sináptica para unirse con el receptor postsináptico.

Pero no quería hablar de los tratamientos con los psicofármacos ISRS,  sino de cómo a través de sustancias naturales podemos regular los niveles de serotonina en el cuerpo.

El cuerpo produce 5-HTP cómo hemos dicho anteriormente a través del  aminoácido L-triptófano, aunque es difícil de conseguir un efecto significativo a través de los alimentos.

Tienen triptófano alimentos como el queso, las legumbres, los cereales, los frutos secos, el cacao, frutas como el plátano, el mango y la piña; y sobre todo los alimentos ricos en proteínas, carne, pescado, marisco, huevos, etc.

Podemos incorporar a nuestra dieta mediante el 5-HTP en forma de  suplemento alimenticio, al igual que hacemos con las vitaminas o los minerales.

El 5-HTP es un suplemento  natural y una gran alternativa a los medicamentos para aumentar los niveles de serotonina en el cerebro. El 5-HTP (L-5-hidroxitriptófano), recupera de forma directa los niveles de serotonina al ser absorbido por el torrente sanguíneo, cruzar fácilmente la barrera hematoencefálica y producir un equilibro óptimo de la serotonina en el cerebro.

El 5-HTP ha demostrado ser más eficaz que el L-triptófano ya que, químicamente hablando, está más próximo a la serotonina. Esta sustancia se encuentra de forma natural en las semillas de la planta llamada Griffonia simplicifolia. 

Es una planta trepadora arbustifoide que procede de las llanuras y sabanas de algunos países africanos, principalmente los de la parte occidental, donde sus habitantes lo han utilizado como medicina, pero sobre todo como alimento de forma ancestral. Contiene un 12 % de 5-HTP. 

Desde los años 70  se están estudiando los efectos del 5-HTP al ser incorporado al mercado en numerosos países.

Entre los efectos positivos que se van investigando destacan en el tratamiento de problemas de insomnio, depresión, ansiedad, obesidad, migrañas y cefaleas tensionales y fibromialgia. 

Los estudios han demostrado que el 5-HTP mejora la calidad del sueño, prolonga la fase REM y proporciona un sueño más profundo, pero sin alterar el tiempo total de sueño.

La capacidad del 5-HTP, para mejorar el sueño incluye la regulación de la hormona melatonina, una hormona que muchas personas toman para poder dormir. Pero el 5-HTP ha demostrado ser mucho más eficaz para producir un sueño reparador, ya que favorece la liberación de melatonina por la glándula pineal en el cerebro.

Un gran avance en el  tratamiento para la depresión fue el desarrollo de ISRS, como mencionaba anteriormente, sin embargo  El 5-HTP puede convertirse en una alternativa natural, siendo una sustancia que  penetra fácilmente en el cerebro, donde se convierte en serotonina.

Uno de los más ensayos clínicos más impresionantes se realizó en 90 pacientes que sufrían una depresión con “resistencia al tratamiento”. Estos pacientes no respondían a tratamientos anteriores, incluyendo todos los antidepresivos conocidos y la terapia electroconvulsiva. Estos pacientes resistentes al tratamiento recibieron 5-HTP en una dosis promedio de 200 mg por día, con una variación entre de 50 a 600 mg por día.

De entre todos los pacientes estudiados, 43 de entre 99 de ellos eliminaros completamente la sintomatología depresiva, otros 8 de ellos presentaron una mejora significativa.

Uno de los mayores obstáculos en el éxito de las dietas de pérdida de peso es la tendencia a la ansiedad después de seguir la dieta. Aquí es donde el 5-HTP entra en juego.

Se ha demostrado que el deseo de comer hidratos de carbono y el ataque de los antojos alimenticios obedecen  a los bajos niveles de serotonina. Por lo tanto, el aumento de los niveles de serotonina en el cerebro puede contribuir al éxito de una dieta para perder grasa.

Como se valoró en un estudio sobre esta fibromialgia  y la migraña, el aumento de los niveles de serotonina podría tener un efecto directo en la reducción y la transmisión de las señales del dolor. Cuando se produce un nivel más elevado de serotonina menos propenso se es a la molestia.

Mariano de Vena Salvador | Psicólogo Col. Nº M-23785

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