¿Por qué no estoy a gusto con mi cuerpo?

Por fin ha llegado el tan ansiado veranito… ha llegado la hora de ir a la piscina, a la playa y, claro, hay que ponerse el bikini, la ropa de baño, etc… En este momento, cuando tenemos el cuerpo más expuesto, nos damos cuenta de que hay muchos aspectos de nuestro cuerpo que nos gustaría cambiar. Resulta que nos parece que nos sobra de un lado, nos falta del otro, nos vemos horribles, empezamos a pensar en que nadie se fijará en nosotros, nos comparamos además con otras personas que consideramos que están “mejor” físicamente, y claro, nos sentimos mal.

Hoy hablaremos de la imagen corporal, que es la representación mental que cada individuo tiene de su propio cuerpo. Esta representación mental la hacemos basados en:

  • Las medidas que atribuimos a nuestro cuerpo.
  • Los pensamientos, sentimientos y valoraciones que nos provoca nuestro cuerpo, principalmente el tamaño corporal, el peso, determinadas partes del cuerpo que nos gustan más de nosotros o menos o cualquier otro aspecto de la apariencia física.
  • Las consecuencias de lo anterior (medidas, pensamientos, sentimientos y valoraciones), es decir debido a cómo percibo mi cuerpo y cómo me siento con el mismo hago cosas como ponerme ropa más ancha, pesarme habitualmente para ver si he bajado esos kilos de más, vestir de negro porque estiliza, evitar ir a la playa para no ponerme en bikini, no ponerme sandalias porque no me gustan mis pies, peinar mi pelo de una determinada manera porque así veo mi cara más fina, compararme constantemente con los demás, etc.).

Mostramos una imagen corporal negativa cuando:

  • Valoramos de una manera equivocada las formas corporales y vemos partes del cuerpo como no son realmente.
  • Nos convencemos de que solamente otras personas son atractivas, y valoramos estas medidas como éxito y valía personal.
  • Sentimos vergüenza y ansiedad por el cuerpo.
  • Nos sentimos incómodos y raros en el propio cuerpo. No nos aceptamos. Nos sentimos enajenados.

Cash  y Brown (1987) han desarrollado la conocida como “docena sucia” que recoge los pensamientos distorsionados más habituales con respecto a la apariencia:

  • La bella o la bestia: pensamiento todo/nada, blanco/negro. Me sale un grano en la nariz y pienso “estoy horrible”, “estoy asquerosa”.
  • El ideal irreal: me evalúo en función de un estándar irreal (por ejemplo, mujer escultural), de esta forma sobresalen mis defectos en todo su esplendor: “soy demasiado baja…”.
  • La comparación injusta: nos comparamos con gente real muy atractiva: “no me gusta probarme ropa en tiendas grandes porque ver a las dependientas me hace sentir gorda y fea”.
  • La lupa: nos centramos en un aspecto o en aspectos de nuestra apariencia que no nos gustan y exageramos su importancia. Esto es, simple y llanamente, atención selectiva.
  • La mente ciega: se ignoran o se minimizan aspectos favorables de nuestro cuerpo; como nos sentimos bien con ellos, no los tenemos en cuenta, pero sí nos centramos en otros que nos gustan menos. Muy relacionado con la forma en la que nos educan para ser modestos.
  • La fealdad radiante: la insatisfacción con un aspecto de la apariencia se generaliza a otras características físicas. A modo de ejemplo: me veo arrugas bajo los ojos y empiezo a ver signos de vejez por otras partes el cuerpo.
  • El juego de la culpa: esta es muy importante, sobre todo en mujeres jóvenes y adolescentes. Se refiere a atribuir decepciones, rechazos o acontecimientos negativos a un aspecto de la apariencia con el que se está insatisfecho: “no siente interés por mí por mi aspecto”.
  • La mala interpretación de la mente: como supongo o creo que soy poco atractivo (o tengo un defecto), también considero que los demás me ven así. Adivino lo que piensa la gente y en lo que se está fijando.
  • Prediciendo desgracias: esperar que el mal aspecto físico tenga efectos negativos en el futuro. Por ejemplo, un hombre obeso piensa “con mi físico nadie me tomará en serio como vendedor” o un hombre calvo piensa “sin pelo ninguna mujer se enamorará de mi”.
  • La belleza limitadora: no poder hacer cosas por la apariencia. La prohibición de nuestros comportamientos está motivada por las reacciones negativas que creemos que tendrá la gente. Una mujer con arrugas piensa “no puedo salir sin maquillar”, otra persona piensa “no puedo ir a la fiesta con este pelo”.
  • Sentirse feo: como me siento feo, debo ser feo. La interpretación se convierte en certeza y justificamos la “fealdad”: “con razón me siento fea, mira qué horrible estoy”.
  • El reflejo del malhumor: a veces el malhumor motivado por otras razones termina reflejándose en nuestra apariencia. Por ejemplo, una persona muy estresada por el trabajo que termina criticando su cuerpo mientras se prueba ropa.

Nadie es capaz de pensar que es una persona horriblemente fea y despreciable y aun así estar a gusto consigo mismo. Está claro que todos nosotros, en algún momento (o en muchos), hemos caído en alguno(s) de estos errores y, por lo tanto, nos hemos sentido insatisfechos con nuestra imagen. Un paso fundamental para conseguir mejorar la autoestima y sentirse mejor es reconocer este tipo de pensamientos distorsionados (que se generan de forma automática) para poder así rebatirlos cada vez que nuestra mente los ponga en marcha. A partir de la confrontación objetiva, poco a poco se irán desvaneciendo y podremos automatizar una forma más adecuada de pensar.

Renata Sarmento | Psicóloga Col. Nº M-25389

Referencias

Alonso, A. (2014). Las distorsiones cognitivas, nuestras propias limitaciones. Recuperado el 26 de Junio de 2017 desde http://imeoobesidad.com/blog/las-distorsiones-cognitivas-nuestras-propias-limitaciones/

Cash, T. F. & Brown, T. A. (1987). Body image in anorexia nervosa and bulimia nervosa. A review of the literature. Behavior Modification, 11(4), 487-521. doi:10.1177/01454455870114005

Quiles Marcos, Y. Taller de Imagen Corporal y Alimentación. Recuperado el 23 de Junio de 2017 desde http://cpa.umh.es/files/2008/04/capitulo-4-taller-de-imagen-corporal-y-alimentacion.pdf

Romo Donaire, A.M. Tema 1: La Imagen corporal. Material docente. Recuperado el 23 de junio de 2017 desde https://rua.ua.es/dspace/bitstream/10045/3560/1/PowerPoint%20-%20TEMA%201.pdf

¿Se puede adivinar el futuro?

Cuenta la historia que el tarot más antiguo del que hay constancia física se debe a la obra de Filippo María Visconti, el último duque de Milán de la dinastía Visconti. Por lo que es conocido como Tarot Visconti. Se dice de él que fue un político de raza… pero consumido por un temor supersticioso que le llevaba a una continua consulta a todo tipo de ocultistas, nigromantes y astrólogos. No hay un acuerdo sobre si fue realizado como regalo para la boda de su hija… O con fines adivinatorios más particulares.

Otras fuentes afirman que el tarot provendría de Egipto, posiblemente de algún seguidor del culto al dios único Atón, alrededor del año 1450 a.C., tal vez en un afán de dejar por escrito, de manera oculta o esotérica, sus creencias de la existencia en un dios único, que luego fueron prohibidas y perseguidas. Para que les ubiquemos en el tiempo, hablamos del padre del famoso faraón Tut-anj-Amón, más conocido para la posteridad como Tutankamon, el faraón niño…

Podría seguir contándoos las teorías, las leyendas, historias de secretos y de místicas ya olvidadas, que son de lo más fascinantes. Pero lo que hoy queremos tratar no es su origen, si no de qué hablamos cuando en la actualidad hablamos del tarot.

Como tal, el tarot sería una baraja, un mazo de cartas, compuesto por 22 arcanos mayores y 56 arcanos menores. El nombre de cada carta es naipe, que vendría del árabe “naïf” y su significado se podría traducir como emisario o mensajero. (Hay un libro estupendo sobre el tema del místico sufi Idries Shah Syed, de lo más recomendable). Cada cultura a lo largo de los siglos ha buscado cómo contactar con las fuerzas de la naturaleza, con los dioses… y preguntarles por aquello que más incertidumbre nos genera: el futuro y la toma de decisiones. Que nos señalen el camino. Que elijan por nosotros.

El vidente que emplea el tarot busca predecir el futuro mediante la interpretación de las cartas que han de ser extraídas siguiendo un ritual previo de purificación y de limpieza física de manos y rostro, de la elección de una serie de cartas –cuyo número varía en función de la pregunta-, que han de ser desplegadas siguiendo unas figuras rituales que, para algunos, buscarían obtener la forma del árbol de las sefirot o árbol de la vida de la Cábala. Como podéis ver hay un profundo trasfondo metafísico en todo esto. A finales del siglo XX hubo un despuntar de los cultos “wiccanos” (dicho de una manera muy simplificada, el culto a la madre tierra y a sus potencias) que empleaban entre otras mancias (o magias adivinatorias) el tarot.

¿Puede cualquier persona usar el tarot?

La verdad es que sí. Pero los “verdaderos” iniciados os alertarían que hacen falta muchos años de estudio, meditación y entrenamiento para tener un dominio de este arte. Y aún así… os dirán que el tarot realmente es una manera de buscar un mayor desarrollo interior, que del futuro sólo se pueden intuir posibles caminos, pero lo que va a suceder de verdad… queda más allá del alcance de “meros humanos”. Usarlo… cualquiera puede. Saber lo que se hace… no tanto.

Imaginaos por un momento que un vidente os dice que vais a aprobar el carné de conducir. Lo que realmente dice es que intuye que estás en una situación vital propicia. Pero si no hay un esfuerzo, un estudio diario y un autocuidado (como descansar la noche antes) esas palabras se quedarían sólo en eso: palabras. Y no olvidemos que es una intuición. Y a veces un deseo de que nos pasen cosas buenas.

El uso del tarot es seguido por millones de personas en el mundo, hasta el punto de convertirse en un pingüe negocio. Podéis ver en la televisión toda una serie de canales dedicados expresamente a emitir una programación en la que una serie de hombres y mujeres atienden –previo pago de la llamada… y no suele ser precisamente económica- llamada tras llamada, sin descanso, de personas a las que les dicen lo que les va a suceder.

Pero…

¿Esas personas saben lo que hacen? ¿Podemos hacer caso de desconocidos que nos dicen si tal persona va a padecer una grave enfermedad –y lo hacen con más seguridad de la que tienen los propios médicos- o si vamos a tener una oferta de trabajo? ¿Podemos ponernos sin más reflexión en sus manos? Si el futuro fuera predecible de esa manera… ¿por qué los que usan esa predicción no la emplean para sí mismos, para enriquecerse, para obtener puestos de trabajo cómodos y sobradamente remunerados?

La respuesta es sencilla: porque no pueden.

¿Por qué les preguntamos entonces?

Porque nos asusta el futuro y cuando la ansiedad nos asalta, cuando enfermamos, cuando perdemos el trabajo o al amor de nuestra vida… necesitamos cualquier salvavidas, que nos dé la esperanza necesaria para no ahogarnos en el miedo. Porque el miedo paraliza, confunde, nos lleva a tomar decisiones precipitadas… Y creemos que en las palabras de estos videntes hallaremos paz y un sentido.

Lo que es cuestionable es si “saber” el futuro es la mejor manera de afrontarlo o si una esperanza errónea puede dirigirnos a un destino con el que nada tenemos que ver. Y no menos importante: si sabemos lo que nos va a pasar… ¿no perdería la vida parte de su sentido de descubrimiento, de aventura (no siempre sencilla)?

En próximas entradas quiero que profundicemos en el tema, porque no me cabe duda de que muchos de vosotros conocéis a alguien a quien le han adivinado el futuro. Y eso tiene una explicación que, puedo aseguraros, os puede sorprender…

¿No va de eso la magia?

Sed felices…

César Benegas Bautista | Psicólogo Col. Nº M-22317

Centro Psicológico Loreto Charques

Serotonina, depresión y 5-Htp

La depresión es el resultado final de la interacción de múltiples factores constitucionales, evolutivos ambientales e interpersonales, que modifican las pautas de neurotransmisión entre los hemisferios cerebrales y el sistema límbico, y alteran de manera reversible los circuitos cerebrales de recompensa y castigo.

El principal sustrato neuroquímico de esta alteración es una desregulación de las monoaminas neurotransmisoras noradrenalina y serotonina y, posiblemente, también de la acetilcolina y de las endorfinas.

La disfunción central de la neurotransmisión, además de su repercusión en la conducta, origina alteraciones neurovegetativas y endocrinas, sobre todo en la secreción de cortisol, hormona tiroidea y hormona del crecimiento.

El estado depresivo influye a su vez en relaciones interpersonales, el entorno y las pautas de gratificación, creando situaciones depresógenas con experiencias de pérdida, indefensión y estrés, que influyen de nuevo negativamente en la actividad de los neurotransmisores, cerrando así un circulo vicioso de retroalimentación positiva, que tiende a mantener indefinidamente el proceso.

La serotonina, o 5-hidoxitriptamina, procede del metabolismo de un aminoácido esencial que debe ser forzosamente ingerido por la dieta, el triptófano. La enzima triptófano-hidroxilasa convierte el triptófano en 5-hidroxiltriptófano (5-HTP), y éste por dercarboxilación, se convierte en serotonina.

Las funciones de la serotonina en la regulación de la homeostasis son múltiples e importantes, modulando en general la estimulación excesiva y ejerciendo un efecto inhibitorio sobre la conducta.

Los déficit de serotonina han sido asociados con la regulación de numerosos sistemas neurobiológicos, incluyendo el sueño, el apetito, la actividad sexual, los ritmos circadianos, la  memoria, el aprendizaje, la regulación de la temperatura, la función cardiovascular, la contracción muscular y la regulación endocrina.

Su papel en la depresión se relaciona con la actividad catecolaminérgica,  a través de la “hipótesis permisiva de la depresión” según la cual un déficit funcional de la transmisión serotoninérgica predispone a un trastorno afectivo, presentándose un estado depresivo si la neurotransmisión catecolaminérgica está también deficitaria, mientras que si por el contrario está aumentada la manifestación clínica es de tipo maníaco.

La mayoría de los fármacos antidepresivos que se recetan en la actualidad son Inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS). Su mecanismo de acción se centra en incrementar los niveles extracelulares de serotonina al inhibir su recaptación hacia la célula presináptica, por lo que aumenta la cantidad de serotonina en la hendidura sináptica para unirse con el receptor postsináptico.

Pero no quería hablar de los tratamientos con los psicofármacos ISRS,  sino de cómo a través de sustancias naturales podemos regular los niveles de serotonina en el cuerpo.

El cuerpo produce 5-HTP cómo hemos dicho anteriormente a través del  aminoácido L-triptófano, aunque es difícil de conseguir un efecto significativo a través de los alimentos.

Tienen triptófano alimentos como el queso, las legumbres, los cereales, los frutos secos, el cacao, frutas como el plátano, el mango y la piña; y sobre todo los alimentos ricos en proteínas, carne, pescado, marisco, huevos, etc.

Podemos incorporar a nuestra dieta mediante el 5-HTP en forma de  suplemento alimenticio, al igual que hacemos con las vitaminas o los minerales.

El 5-HTP es un suplemento  natural y una gran alternativa a los medicamentos para aumentar los niveles de serotonina en el cerebro. El 5-HTP (L-5-hidroxitriptófano), recupera de forma directa los niveles de serotonina al ser absorbido por el torrente sanguíneo, cruzar fácilmente la barrera hematoencefálica y producir un equilibro óptimo de la serotonina en el cerebro.

El 5-HTP ha demostrado ser más eficaz que el L-triptófano ya que, químicamente hablando, está más próximo a la serotonina. Esta sustancia se encuentra de forma natural en las semillas de la planta llamada Griffonia simplicifolia. 

Es una planta trepadora arbustifoide que procede de las llanuras y sabanas de algunos países africanos, principalmente los de la parte occidental, donde sus habitantes lo han utilizado como medicina, pero sobre todo como alimento de forma ancestral. Contiene un 12 % de 5-HTP. 

Desde los años 70  se están estudiando los efectos del 5-HTP al ser incorporado al mercado en numerosos países.

Entre los efectos positivos que se van investigando destacan en el tratamiento de problemas de insomnio, depresión, ansiedad, obesidad, migrañas y cefaleas tensionales y fibromialgia. 

Los estudios han demostrado que el 5-HTP mejora la calidad del sueño, prolonga la fase REM y proporciona un sueño más profundo, pero sin alterar el tiempo total de sueño.

La capacidad del 5-HTP, para mejorar el sueño incluye la regulación de la hormona melatonina, una hormona que muchas personas toman para poder dormir. Pero el 5-HTP ha demostrado ser mucho más eficaz para producir un sueño reparador, ya que favorece la liberación de melatonina por la glándula pineal en el cerebro.

Un gran avance en el  tratamiento para la depresión fue el desarrollo de ISRS, como mencionaba anteriormente, sin embargo  El 5-HTP puede convertirse en una alternativa natural, siendo una sustancia que  penetra fácilmente en el cerebro, donde se convierte en serotonina.

Uno de los más ensayos clínicos más impresionantes se realizó en 90 pacientes que sufrían una depresión con “resistencia al tratamiento”. Estos pacientes no respondían a tratamientos anteriores, incluyendo todos los antidepresivos conocidos y la terapia electroconvulsiva. Estos pacientes resistentes al tratamiento recibieron 5-HTP en una dosis promedio de 200 mg por día, con una variación entre de 50 a 600 mg por día.

De entre todos los pacientes estudiados, 43 de entre 99 de ellos eliminaros completamente la sintomatología depresiva, otros 8 de ellos presentaron una mejora significativa.

Uno de los mayores obstáculos en el éxito de las dietas de pérdida de peso es la tendencia a la ansiedad después de seguir la dieta. Aquí es donde el 5-HTP entra en juego.

Se ha demostrado que el deseo de comer hidratos de carbono y el ataque de los antojos alimenticios obedecen  a los bajos niveles de serotonina. Por lo tanto, el aumento de los niveles de serotonina en el cerebro puede contribuir al éxito de una dieta para perder grasa.

Como se valoró en un estudio sobre esta fibromialgia  y la migraña, el aumento de los niveles de serotonina podría tener un efecto directo en la reducción y la transmisión de las señales del dolor. Cuando se produce un nivel más elevado de serotonina menos propenso se es a la molestia.

Mariano de Vena Salvador | Psicólogo Col. Nº M-23785

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La primavera me mata.

En estos días llegará la primavera, la estación en la que la naturaleza se vuelve esplendorosa, la temperatura deja atrás los rigores del invierno y llegan esos días de agradables paseos por el campo o la montaña entre árboles cuajados de flores, el trinar de los pájaros, el viento que deja de ser tan frío para adquirir una calidez de lo más agradable… La naturaleza renace y todo a nuestro alrededor bulle de vida y energía.

Entonces, ¿por qué nos sentimos tan cansados?

Astenia.

Una de las palabras malditas. A la astenia le achacamos el cansancio, la tristeza, el malestar corporal, las molestias musculares. Pero, ¿qué es la astenia primaveral?

La astenia es la percepción de una cierta debilidad muscular, asociada a sensaciones de malestar general y fatiga. Pero esto es la astenia, como síntoma, presente en muchas patologías fisiológicas y psicológicas (como pasa con la depresión). ¿Pero, existe la llamada astenia primaveral?: los científicos que la estudian no se ponen de acuerdo. Aunque no se puede negar que hay personas que cuando llega la primavera se sienten cansadas y recurren a la ingesta de suplementos vitamínicos, ginseng u otras sustancias activadoras. Encontraríamos síntomas de dos tipos:

Psicológicos: se dan cambios de humor o, directamente, sensación de mal humor o irritabilidad y en muchas ocasiones tristeza. A ello le añadimos dificultades para mantener la concentración y la sensación de que todo le cuesta más de lo normal.

Fisiológicos: se da una sensación de fatiga y abatimiento, una alteración del patrón del sueño normal –o cuesta quedarse dormido por la agitación o nos cuesta despertarnos, como si no hubiéramos dormido lo suficiente-. En ocasiones va acompañada de falta de apetito.

Como os decíamos, la ciencia no tiene claro si la astenia es una patología real o no lo es. Los estudios apuntan a que con la primavera llegan cambios hormonales y un aumento de las horas de luz solar, lo que afecta al hipotálamo. Se trata de una glándula cerebral que, entre otras cosas, se encarga de regular la sensación de hambre y sed, de la temperatura, de los ritmos de sueño y vigilia. Algún día hablaremos más de ella, pues es básica en el funcionamiento del cerebro y de todo el cuerpo.

Sea o no un trastorno médico, lo que es innegable es que mucha gente a nuestro alrededor (o nosotros mismos) puede sentir determinada sintomatología física y emocional que resulta de lo más molesto y que podría explicarse por una alteración de los ritmos biológicos.

¿Se puede prevenir?

Podemos realizar unas sencillas medidas de autocuidado que harán que ese trastorno dure menos y sea más sencillo adaptarse a los cambios que la naturaleza nos provoca a todos:

-Debemos aumentar el consumo de vitaminas (dentro de una dieta equilibrada), pero no necesariamente mediante el consumo de vitaminas en comprimidos. Es mucho mejor que, salvo que nos lo recete el médico, tomemos más frutas y verduras que las contienen de forma natural y su asimilación es mejor.

Realizar deporte, a ser posible, todos los días. Se considerada que unos 30’ son suficientes. Y no tenemos por qué apuntarnos a un gimnasio. Podemos dar largos paseos aprovechando la subida de la temperatura y disfrutar de la naturaleza.

Dormir las horas necesarias. Nuestro país (España, para los que nos leéis desde el extranjero) tiene una pésima calidad del sueño, se duermen pocas horas y eso hace que la sensación de debilidad, la falta de concentración y la irritabilidad, aumenten. Sería mucho más sano acostarse temprano y no dormir menos de siete horas y media diarias. Aunque nuestro programa televisivo favorito acabe tarde… debemos priorizar nuestra salud.

Con naturalidad este malestar debería durar sólo unos pocos días. Si el malestar no desaparece o va a más… es necesario acudir a nuestro médico de cabecera. ¿Por qué? Porque el malestar puede tener una base fisiológica –como la anemia- o estar asociado a diversas  patologías psicológicas –como la ansiedad o la depresión-. Es necesario un correcto diagnóstico y confiar en él.

Los psicólogos detectamos un repunte de las consultas asociada los trastornos del ánimo en los inicios de la primavera. Esto es debido a que son patologías en la que los cambios medioambientales tienen una gran importancia. Los aumentos o disminuciones de las horas de luz, de la temperatura, la presencia de las alergias, observar cómo la gente es aparentemente más feliz que nosotros –y eso que siempre os hemos dicho: no os comparéis-, son factores que afectan al ánimo.

Por ello… en caso de duda… acudid a un profesional pues, en muchas ocasiones, la solución inmediata es la más sencilla… y si dejamos que se adueñe de nosotros, puede ser más difícil de solucionar.

Sed felices…

César Benegas Bautista | Psicólogo Col. Nº M-22317

www.centropsicologicoloretocharques.com

Las cuatro habitaciones del cambio.

Entre las frases que se atribuyen a Darwin, hay una que es especialmente aguda: “Las especies que sobreviven no son las más fuertes, ni las más inteligentes; sino aquellas que se adaptan mejor al cambio”.

El cambio.

¿Por qué nos cuesta tanto cambiar? ¿Dar el paso de hacer cosas nuevas? ¿Arriesgarnos a actuar e incluso a equivocarnos? Incluso cuando sabemos que en la situación que nos encontramos no podemos permanecer mucho tiempo, podemos sentir cómo nos atenaza una cierta dosis de angustia que demora los pasos que sabemos que, tarde o temprano, tendremos que dar.

Llegados a este punto os recomiendo un relato magnífico de Michael Ende que se titula “La prisión de la libertad”, en la que una persona se encuentra en una estancia que tiene numerosas puertas y sólo tras una de ellas se encuentra la muerte esperándoles. Cada día que no tome la decisión de por qué puerta debe salir, desaparecerán puertas… pero mientras no le faltará nada… No les contaré cómo termina, pero sería curioso preguntaros qué haríais vosotros.

El proceso de cambio es algo único, personal e íntimo. Nos vemos influidos por lo que otros dicen, por la presión de las circunstancias. Pero a la hora de dar el paso nos encontramos en un momento de soledad.

El psicólogo Claes F. Janssen describe este proceso de cambio como el atravesar o pasar por cuatro estancias de una “casa”, dando pie a lo que se llamó la “teoría de las cuatro habitaciones del cambio”.

El tiempo que dedicamos a estar en una estancia u otra varía en función de las características de cada persona, de la importancia del cambio en sí mismo y del temor a lo que podamos perder de la situación de confort relativo de la que partimos.

changeLa primera estancia sería la del bienestar. Partimos de una situación de confort, a gusto con el momento vital en el que nos encontramos, con los logros adquiridos, disfrutamos de los triunfos y, en cierta manera, nos gustaría permanecer ahí toda la vida. Pero la vida es un perpetuo cambio. No podemos permanecer siempre en una misma situación si no que nos vemos obligados a evolucionar, aunque no nos guste. Y si no lo hacemos, nos enfrentaremos a una situación vital de angustia al ver cómo se pueden desintegrar los pilares de nuestra felicidad.

Eso nos lleva a la segunda estancia, la de la negación. Nos encontramos en una situación francamente incómoda. Nos damos cuenta de que… vale, las cosas nos van bien, pero hay que hacer cambios (no necesariamente grandes cosas: puede ser rehacer un Curriculum, plantearnos hacer un curso que nos abra a nuevas o más estables perspectivas laborales, realizar unas sesiones de coaching que mejoren ciertas cosas que no van del todo bien en nuestro trabajo, buscar una nueva casa, apuntarnos al gimnasio… las opciones son infinitas). Esta sensación de cambio necesario nos provoca un cierto estrés que, de no solucionarse, nos llevarán a padecer episodios de ansiedad pues queremos que las cosas vuelvan a ir bien, queremos que desaparezca la incertidumbre. Si nos quedamos en esta habitación, si nos resistimos a avanzar, somos candidatos a enfermar, pues la ansiedad puede pasar de ser algo puntual a cronificarse, con lo que salir de ella puede ser más complejo. Quedarse en ese territorio incierto no debería ser una opción.

Cuando damos el paso de cambiar penetramos en la tercera estancia. Es un momento de confusión. Tenemos una idea más o menos precisa de lo que queremos, pero se nos escapa el cómo lograrlo. Tenemos ganas de dar pasos. Pero, ¿qué pasos? Tenemos la necesidad de hacerlo. Pero, ¿qué sucede si nos equivocamos? No son pocas las personas que al pasar por esta fase siente una sensación de vértigo, de descontrol, de miedo. Si no la resolvemos la ansiedad pasa de ser un rasgo puntual a una patología que se acompaña de insomnio, problemas digestivos, angustia….

Es aquí cuando pasamos a la cuarta estancia. Resueltas las dudas del cómo hacer lo que hay que hacer para lograr lo que queremos lograr nos ponemos en acción de manera que alcancemos el cambio deseado y entramos en una nueva zona de confort en la que podamos relajarnos y disfrutar del logro.

Pasamos por estas cuatro fases cíclicamente. Es inevitable. Vivir es un constante evolucionar. Si tratamos de anclarnos a una situación, a unas circunstancias… es como esperar que el verano y las vacaciones duren eternamente: es imposible. Y negarnos a aceptarlo sólo nos traerá sufrimiento y angustia.

En ocasiones nos vemos atascados en esta toma de decisiones y es el momento en el que podemos aprovechar las herramientas del Coaching, que nos ayuda a encontrar la solución adecuada. Pero no esperéis que vuestro coach os de la solución porque su tarea es acompañaros y guiaros en la búsqueda de la solución más apropiada.

La clave de todo lo que os he contado: nada dura eternamente. La felicidad reside en que seamos capaces de adaptarnos a los cambios. No siempre es fácil encontrar la tecla exacta y precisa que nos lleve al ansiado cambio. En esos momentos debemos buscar ayuda, apoyo… y no dejarnos llevar por el caos, por la angustia, por el temor a que no haya salida.

Sed felices…

César Benegas Bautista | Psicólogo Col. Nº M-22317

¡Dime quién fui!

Con motivo de la anterior entrada del blog sobre el uso de la hipnosis nos llegaron preguntas de algunos amables lectores interesados sobre uno de los temas más míticos e inquietantes: la regresión. Y más concretamente sobre el “viaje” a vidas pasadas.

Vayamos por partes.

¿Qué es una regresión hipnótica?

Uno de los usos de la hipnosis clínica es el tratamiento de las consecuencias emocionales de una experiencia traumática. Es decir, trabajar las emociones que una persona ha sentido ante una situación -como puede ser un accidente de coche, un incendio, un atentado, una violación…- y que aún habiendo ocurrido tiempo atrás, sigue marcando el presente de una persona, casi siempre de la mano de conductas evitativas –como las fobias- que nos evitan enfrentarnos al recuerdo o a revivir aquellas experiencias.

La fobia a conducir o amaxofobia, sería un ejemplo. La persona que ha sufrido un accidente, lo ha visto (en persona o a través de la televisión) o ha conocido a alguien que lo ha tenido, puede comenzar a experimentar reacciones fisiológicas como angustia, sudoración fría, agitación, hiperventilación… (respuestas psicosomáticas de la ansiedad). Y el uso de la hipnosis para exponerse gradualmente a la situación y aprender a vencer ese temor es realmente útil (acompañada de otras técnicas).

Pues, en muchas ocasiones, se ha podido observar que el recuerdo de las personas bajo hipnosis no coincide con lo que realmente sucedió, pero sí con lo que recuerda o cree recordar. Porque el paso del tiempo termina distorsionando los recuerdos. Y aunque la hipnosis puede favorecer el acceso a los recuerdos… a menudo es impreciso (para más información, leer los estudios de Nash en 1987).

Allá por 1988, Brian Weiss, médico psiquiatra estadounidense, publicó un libro que fue el detonante de que muchas personas quisieran utilizar la hipnosis para viajar a otras vidas. Su libro “Muchas vidas, muchas maestros” –al que siguieron muchos otros en la misma línea- conmovió a muchas personas que pensaron que podía ser la puerta a esas otras vidas…

¿Recordáis lo que decía de la distorsión del recuerdo?

Es muy peculiar que, en no pocas ocasiones, personas que dicen haber visto otras vidas en trance hipnótico… se ciñen a episodios que han podido leer en sus estudios o visto en películas. Incluso esas visiones suceden parejas a modas históricas.

Personalmente en el año 1998 tuve una curiosa serie de personas que me referían que en su “visión” viajaban en el Titanic. Y con todo lujo de detalles… a la altura de lo que habían visto en la película de James Cameron. En el año 2000 el viaje solía ser a Roma, con mucho circo, leones y, cómo no, gladiadores…

A veces sucede que la vida que vivimos no nos gusta. Trabajos que no nos satisfacen, relaciones afectivas que no nos emocionan, la sensación de que los años pasan y no hemos hecho nada importante… hacen que nos imaginemos en otras situaciones. Pero la vida ha sido siempre muy parecida a como es ahora. Héroes ha habido pocos. Napoleones. Cleopatra y Marco Antonio. Admiramos lo que imaginamos. Deseamos lo que no somos. Pero desde que el ser humano camina por la tierra ha sido un ser insatisfecho. Y sólo aquellos que han aceptado que la vida es la que es y que la clave de la felicidad reside en vivir lo que tenemos con la máxima intensidad… logran ser personas realmente excepcionales. Aunque tantas veces pasan desapercibidos. Pero son tan dichosos que no les importa.

Ahora bien.

En ocasiones –muy pocas- me he encontrado con situaciones que no he logrado explicar. Nada espectacular, es cierto. Pero hay personas que dicen haberse visto en situaciones cotidianas que parecían de otras épocas. No son príncipes o espías, héroes o mártires. A veces son sirvientes, poco más que esclavos, que es lo que ha sido a lo largo de la historia buena parte de la humanidad. Lo que llama la atención son los detalles con los que relatan lo que ven.

Lo más probable es que sean personas con una inmensa capacidad para recrear situaciones no vividas.

Lo más probable.

Pero da qué pensar, ¿verdad?

Sed felices…

César Benegas Bautista | Psicólogo Col. Nº M-22317

Centro Psicológico Loreto Charques