Padres helicóptero

Una nueva generación de padres ha llegado.

Esta nueva generación de progenitores que “sobrevuelan” de manera constante sobre la vida de sus hijos se ha venido a denominar los padres helicóptero. Junto con ellos, en un plano muy similar, los padres apisonadora tratan de “allanar” todas las posibles dificultades futuras de sus hijos. Un nuevo estilo educativo se impone: el Sobreprotector.

Padres Helicóptero. Así se conoce a los progenitores “hiperprotectores” que sobrevuelan sin cesar sobre la vida de sus hijos, pendientes a todas horas de sus necesidades, de sus deseos y de su futuro.

Es cierto que vivimos en una sociedad cada vez más competitiva, que cada día exige más a los futuros ciudadanos: más conocimientos, habilidades, mejores resultados… Y, al final, esta mayor exigencia es asumida por los padres y no siempre bien trasladada a los hijos, ya que se quiere que lleguen a su futuro con la mochila lo más llena posible, tratando de eliminar cualquier obstáculo, error personal o intelectual que se interponga en su camino.

Parece que la actual crisis ha aumentado la preocupación por el futuro y ha disparado el miedo de los padres a que sus hijos se equivoquen y a que no sean capaces de alcanzar por sí solos todas las exigencias que la sociedad les demanda. Por eso, los padres de nueva generación intentan “sustituir” a sus hijos, “vivir su vida” por ellos para prevenir y anticipar todos estos problemas, “en lugar de acompañarles” en su proceso de maduración y crecimiento personal.

El filósofo José Antonio Marina apoya este planteamiento a través de estas palabras: “Estamos en una cultura del miedo. Hay un sentimiento de precariedad y provisionalidad, y una reacción, que es la sobreprotección, es pensar que el niño no va a saber desenvolverse”.

Por eso, hay cada vez más padres helicópteropadres apisonadorapadres guardaespaldas. Emprenden un camino de cuidados y de protección con muy buenas intenciones y con mucho cariño, pero también con el desconocimiento de que, en ese afán por controlarlo todo, acaban anulando la independencia y la autonomía de sus hijos. Y este es “uno de los mayores errores en la educación de los hijos”.

La Psicóloga Silvia Álava advierte que “los niños con padres sobreprotectores desarrollan menos competencias emocionales y a la larga son más inseguros”.

Javier Urra, Psicólogo y ex defensor del Menor de la Comunidad de Madrid, también constata que el fenómeno de la hiperprotección va en aumento.

A estos padres, que mantienen este estilo educativo, se les podría preguntar: “¿Qué es mejor? ¿Que su hijo de nueve años apruebe el trimestre de Matemáticas o Lengua o que aprenda que no cumplir con sus responsabilidades tiene unas determinadas consecuencias?” Al final, la sobreprotección tiene mucho que ver con el modo en que miramos la educación de los hijos. Si miramos solamente a corto plazo, a lo que es mejor para ellos hoy, nos acercamos más a esa sobreprotección. En cambio, si miramos más allá, a lo que será mejor para ellos el día de mañana, cuando tengan que tomar definitivamente las riendas de su futuro, estaremos más cerca de ser cada día mejores padres”.

“En cada momento del crecimiento de la persona, ésta debe pelear por sus propias batallas. Debemos darnos cuenta de que no ayudamos a nuestros hijos dándoles la solución, sino prestándoles el apoyo desde fuera. Si en la adolescencia los chicos no toman decisiones, nunca tomarán la iniciativa y esto producirá disfunciones sociales tremendas en todos los niveles”, concluye José Antonio Marina.

Múltiples estudios nos conducen a la conclusión de que los niños con padres sobreprotectores desarrollan menos competencias emocionales y a la larga son más inseguros. Y la inseguridad no conviene tomarla a broma, ya que hay que tener en cuenta que se manifestará a lo largo de la vida y durante todas sus etapas. Una niño, un adolescente o un adulto que no afronta su vida, que pospone las decisiones, que las toma de manera precipitada o que “depende” de distintas figuras para tomarlas puede tener, de manera sostenida y en efecto cascada a lo largo de su vida, gravísimas consecuencias.

La toma de decisiones y la solución de problemas complejos, en resumen, la autonomía en la infancia y la adolescencia, se aprende. Se aprende y se enseña. Por eso hay que favorecerlo en los hijos y los alumnos, y enseñarlo. No mantener su dependencia hacia nosotros.

Es necesario favorecer la diferenciación progresiva de las figuras adultas a fin de que vayan adquiriendo independencia y mecanismos psicológicos sólidos de afrontamiento de distintas situaciones en sus vidas por sí mismos. Si no, la inseguridad y la dependencia ganarán la batalla, y harán que vivan vidas tóxicas basadas en la inseguridad y la dependencia.

Sergio Algar | Psicólogo Col. Nº M-22702

Centro Psicológico Loreto Charques

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Control de la Impulsividad

¿Cómo ayudar a mi hij@ con TDAH a controlar la impulsividad?

Siguiendo en la misma línea de mi post anterior (20/04/2016) sobre cómo ayudar a niños en la gestión del tiempo, esta vez intentamos dar claves muy concretas para ayudar a mi hij@ a gestionar la impulsividad.

cuadro control impulsividad

Os dejamos también una infografía como en el artículo anterior:

infografía tdah

Renata Sarmento | Psicóloga Col. Nº M-25389

Centro Psicológico Loreto Charques

Referencias:

Arnáiz, B., Barbosa, M. y Sarmento-Henrique, R. (2014) I Escuela de Padres AAMNDAH ¿Cómo podemos ayudar e implicar a nuestro hijo en la escuela desde casa? Material no publicado. Garrido Landivar (2007) Programación de actividades para Ed. Especial. CEPE Orjales, I (1999) TDAH Manual para padres y educadores. CEPE Puig y Baldés (2003) Estrategias para entender y ayudar a niños con TDAH. CEAC. Valett (1980) Tratamiento de los problemas de aprendizaje. Ed. Cincel.

Cumpli-dos

Uno de los aspectos más importantes en las relaciones humanas, como ya he planteado en anteriores artículos,  es el tema de la comunicación.

Para ello hoy quiero hablar de un tipo de conductas que por más que resulten evidentes y seamos conscientes de su relevancia suelen ser difíciles tanto de realizar como de aceptar, me estoy refiriendo a los cumplidos. Y tan importante para una buena comunicación resulta tanto  el que uno lo sepa hacer como el que el otro lo sepa recibir. (cumpli-dos).

Los cumplidos se refieren a esas conductas verbales específicas que resaltan características positivas de una persona. Funcionan como refuerzos sociales y nos ayudan a hacer más agradables las interacciones con los demás.

Muchas veces damos por supuesto que los demás son conscientes de lo que les apreciamos o lo que representan para nosotros, pero es necesario verbalizar esas creencias de forma que se manifiesten en  conductas específicas. No podemos dar por hecho que ya saben lo que pensamos de ellos, se lo tenemos que transmitir y expresar.

Algunas de las razones por las que son importantes hacer cumplidos y expresar aprecio, (evidentemente siempre que sea sincero y esté justificado) son:

Los demás disfrutan de oír expresiones positivas, sinceras, sobre cómo nos sentimos respecto a ellos.

El hacer cumplidos ayuda a fortalecer y profundizar las relaciones entre dos personas.

Cuando se hacen cumplidos a los demás, es menos probable que se sientan olvidados o rechazados.

Cuando tengamos que expresar sentimientos negativos o defender nuestros derechos ante alguien, es menos probable que se produzca un enfrentamiento emocional  si estas conductas ocurren en una relación en la que previamente se ha hecho algún cumplido sobre otros aspectos de la conducta de esa persona.

La mayoría de nosotros no prestamos atención cuando las personas a nuestro alrededor actúan de manera que nos agradan. Sólo cuando hacen algo que nos disgusta prestamos atención especial para criticarles su conducta.

Hemos de  ser conscientes de varios aspectos a la hora de hacer y recibir cumplidos:

Las respuestas reforzadas se repiten. Es una cuestión básica del conductismo y de los principios de aprendizaje humano. Premio y castigo, acto y consecuencia.

Un reforzador social hace que aumenten aquellas conductas a las que siguen. Sin embrago, el ignorar la conducta que nos agrada (lo que en términos de condicionamiento  vendría a suponer un extinción de esa conducta) y el castigar aquello que no nos gusta es una manera muy poco eficaz de ayudar a los demás a que aprendan como queremos que nos traten.

El modo más frecuente de expresar admiración consiste en realizar una expresión positiva directa. Los cumplidos pueden hacerse generalmente sobre una conducta, sobre la apariencia de una persona o sobre las posesiones del otro. Es importante que seamos específicos a la hora de realizar un cumplido (es decir, que digamos exactamente lo que nos gusta de la otra persona y no hagamos afirmaciones genéricas) y también es de gran importancia que digamos el nombre de la otra persona al hacerlo.

Es preferible expresar los cumplidos en términos de nuestros propios sentimientos, en vez de en términos absolutos o de hechos. Utilizar los denominados “mensajes yo”, que no se camuflen las afirmaciones sin que quede de manifiesto que yo soy el que piensa o siente así directamente.  Es mejor decir  me gusta tu forma de hablar a decir hablas muy bien.

A mucha gente le resulta difícil aceptar los cumplidos directamente. Puede ser porque no saben que decir, por modestia, pero acaban negando la validez del cumplido, por lo que disminuyen la probabilidad de que se lo volvamos a hacer. Para que sean más fáciles de encajar, el que vaya seguido de una pregunta facilita su aceptación. Por ejemplo, el decir me gusta mucho como dibujas, ¿Quién te ha enseñado?

Las expresiones positivas se pueden hacer más creíbles también en función de diferentes aspectos.

Si habitualmente no hacemos cumplidos y queremos empezar a hacerlos, deberemos empezar a hacerlos puntualmente  e ir incrementándolos  paulatinamente.

Al principio es mejor expresarlos de manera conservadora, porque expresiones tan repentinas de afecto pueden ser sospechosas.

Es mejor  hacer estas expresiones positivas cuando no queramos nada de  la otra persona, porque si viene seguido de la petición de un favor es muy probable que no sea tenido en cuenta.

No es conveniente devolver el cumplido que nos han hecho respondiendo con otro igual, puede resultar obligado o algo superficial.

Al comenzar a hacer cumplidos a los demás es más probable que nosotros también los recibamos en mayor medida. Y es importante que cuando los recibamos sepamos reforzar a los demás.

No podemos responder a los cumplidos negándolos, ni cambiando de tema, ni rechazándolos (bien por vergüenza, por humildad, por un bajo concepto de nosotros mismos, por motivos emocionales…) Algo tan típico como “no es para tanto”, “de verdad que crees que soy guapo, ¡qué  va!”,  etc.

Debemos de saber aceptarlos y simplemente dándole  las gracias por lo que nos dice resulta ya  suficiente, el manifestarle al otro lo amable que es con sus palabras.

Muchos de nosotros tenemos creencias distorsionadas sobre lo que representa hacer o recibir cumplidos.

Pensamos que el hecho de hacer cumplidos a la gente va a suponer que piensen que queramos  algo de ellos o pueden pensar también que no soy sincero. También podemos pensar que en muchas ocasiones no es necesario hacerlo porque esa persona ya le pagan por lo que hace, podemos pensar que el hecho de aceptar un cumplido nos hace parecer engreídos, podemos sentirnos obligados a responder con algo agradable al otro también, podemos pensar que no nos los merecemos, etc.

Todos estas distorsiones cognitivas a cerca de lo que suponen los cumplidos hacen que no los vivamos con la naturalidad que deberíamos, haciendo de nuestras relaciones sociales un mundo más pobre y más gris.

Decid cosas bonitas a los demás y acoged con agradecimiento aquellas que os digan. No hagáis de vuestras relaciones una monotonía de comunicaciones insulsas donde sólo toman relevancia y significación las críticas y las defensas y ataques ante éstas.

Gracias a los dos.

Mariano de Vena Salvador – Psicólogo Col. Nº M-23785

Centro Psicológico Loreto Charques

Sí, tu hijo sí.

Lunes. Toca ir a clase y el día pinta aburrido.

El de mates nos pone examen después del recreo y no he estudiado este finde. Me han regalado un móvil y es la caña. Estuve jugando anoche hasta tardísimo, y hasta hablé con tíos que ni conocía. Se lo voy a contar a todos. Pero como suspenda el examen me lo van a quitar. No puede ser. Soy el primero de la clase que tiene móvil y no me lo van a quitar. O la lío. El empollón de delante me tiene que dejar copiar. Más le vale. O lo pagará caro.

Las 8:30. Ahí está, llorando como un nenaza. Pringao. Sólo le he puesto la zancadilla al entrar a clase y se ha dado contra la papelera y se ha caído. Ha estado genial. Todo el mundo se ha reído y aplaudido cuando le han saltado las gafas. Sabe que he sido yo, pero da igual, no se va a chivar.

Las 10. La profe de lengua está dando la chapa con los verbos irregulares o algo así. Paso. Es una mierda. Le he quitado la silla al pringao cuando se iba a sentar y se ha caído de culo. Ha sido increíble. Ha puesto tal cara que nos hemos reído todos. Y la profe le ha reñido por torpe. ¿Se puede ser más guay? Todos me miran. Me temen. Ja.

Las 10:45. Recreo. En el patio todos me rodean para ver mi móvil. Les llevo al baño para que no nos pille la profe que vigila el patio. Todos flipan y quieren verlo, tocarlo. Cuando les enseño las fotos de chicas… Les enseño que se pueden hacer fotos. Y compartirlas con otros. Fotos. ¿Y si le hacemos algo al pringao y…?

Las 11. Se nos ha ocurrido que si le llevamos al baño, le podemos bajar los pantalones y hacerle una foto. Brutal. Se tapaba la cara y los calzoncillos. Pero en la foto se ve que es él. Le hemos dejado sentado en el suelo mientras salíamos gritando: ¡¡A marginarlo!! Le he dado una patada al salir y le he dicho que o me deja copiar o se la paso a todo el mundo. A ver si tiene huevos.

11:30. El examen es muy difícil. Es de leer y pensar. Qué mierda. Pero el pringao se echa a un lado y me deja copiar. Luego le diré que si quiere tocar mi móvil. Es un buen premio.

Las 12:30. Comedor. El pringao cree que ahora somos amigos. Le he dicho que se venga a jugar. Es un juego guay. Se pone de espaldas y hay que darle pelotazos. Si uno falla le toca ligar. Pero no fallamos, ja, ja, ja. Lo malo es que cuando se ha dado la vuelta le he reventado la cara y las gafas. Sangra como un cerdo. A dirección.

Las 13:30. Mi padre llega cabreado. Le echa la bronca al director por molestarle. Tiene un curro importante. La culpa es del pringao que no se quitó las gafas. El director le dice no se que de bullying. Mi padre le dice “¿Mi hijo? No. Sólo tiene mucho carácter, como su padre”…

Las 16:30. El pringao no está. Se tuvo que ir al médico. Seguro que mañana vuelve… Pero mientras, aún tengo su foto. Cómo nos vamos a reír…

Esta puede ser una mañana más en la vida de un niño acosador. Siempre pensamos en los niños que son víctimas del bullying. Pero, ¿cómo son los agresores?

Hay una serie de indicadores que nos indican, valga la redundancia, que nuestro hijo podría ser uno de esos que le hace la vida imposible a otro niño:

Si es un niño que muestra reacciones agresivas con facilidad, sin mostrar empatía hacia los demás, sin aceptar nunca su culpa. No es responsable de sus actos. Siempre quiere tener la última palabra. Su relación con los compañeros se basa en mandar, en ostentar el poder. Su forma de resolver problemas es agresiva o violenta.

Si no respeta las normas con facilidad. Quiere hacer las cosas cómo y cuándo quiere. Tiene muy baja tolerancia a la frustración. No acepta un no. En casa le cuesta aceptar las normas. Trata de saltarse los castigos. Se muestra despótico con sus padres (con vosotros) y con sus hermanos.

Si es dominante con sus amigos. Le gusta reírse y hacer burla de los demás. Suelen ser blanco de sus “bromas” aquellos que son más débiles o si tienen alguna discapacidad.

Si en más de una ocasión os llaman del colegio por haber propinado empujones, golpes, ha hecho zancadillas, muchas veces de manera disimulada, a otros niños. Ha dado muestra de despreciar la autoridad de los profesores.

Si trae a casas cosas que no le pertenecen –cromos, útiles de escribir, pulseras…- o incluso dinero o alimentos que no son suyos.

Tal vez penséis que los chicos son los que más acosan a sus compañeros. Nada más lejos de la realidad. Esta es una conducta que equipara a chicos y chicas, tanto los que agreden física o verbalmente, que buscan aislar a otros niños y niñas. No cometáis el error de pensar que eso no sucede entre las niñas…

Y, sobre todo, nunca lo justifiquéis. No echéis la culpa a los profesores que tienen manía a vuestro hijo o hija. No culpéis al agredido por quejarse. No culpéis al colegio por tener que ir a reuniones por “cosas de niños”. Porque no lo son.

En casos extremos hay niños que llegan a acabar con su vida porque no soportan esta tortura diaria. Niños que cuando llega el domingo por la tarde sufren de ansiedad, de verdadero pánico porque se acerca el lunes y deben de volver al colegio.

Porque sí, vuestro hijo sí puede ser un agresor o agresora que le esté haciendo pasar por ese infierno, día tras día, a otros niños y niñas.

Si es vuestro caso, no miréis para otro lado… es hora de actuar.

César Benegas Bautista

Enlace: Cortometraje “Bullying”