La fiebre del “Candy Crush”

 

La evolución moderna de las tradicionales máquinas tragaperras se llama Candy Crush, y crea adicción.

Es un juego muy simple, pero tremendamente adictivo. Según algunos medios es jugado por 93 millones de personas cada día.

¿Qué ofrece este juego? Consiste en crear filas o columnas con tres caramelos del mismo color, y es muy fácil jugar. De hecho, sus creadores parten de la idea que un niño de edad preescolar pueda hacerlo. Inicialmente este juego permite ganar y pasar los niveles con bastante facilidad, proporcionando satisfacción y “enganche”.

Estos pequeños logros son comprendidos en el cerebro como mini-recompensas, que activan la liberación de dopamina. La dopamina es la encargada de informar al cerebro que se han hecho bien las cosas, proporcionando placer inmediato. Al experimentar esta sensación placentera de manera repetida, se genera el comienzo de la adicción, esto es, la dependencia al premio constante. La sensación de control que percibimos hace que pensemos que siempre podemos ganar, y también por ello seguimos jugando. Según algunos estudios de adicciones, es la clave de comenzar algunas peligrosas dependencias o adicciones.

Parece que la estrategia seguida por Candy Crush es la misma aplicada en las máquinas tragaperras. En ellas nunca se puede saber cuándo se va a ganar, pero se gana con la suficiente frecuencia como para querer volver a jugar de manera repetida.

Este tipo de premio, intermitente pero constante, sigue manteniendo activos los circuitos cerebrales dirigidos a la recompensa psíquica, al placer inmediato, generando dependencia de seguir experimentando el placer del éxito.

Otra característica fundamental del juego tiene que ver con el límite de vidas. Después de cinco derrotas, hay que esperar 30 minutos para que se regenere cada vida, lo que provoca que el jugador nunca se sienta satisfecho y siempre tenga ganas de más. El creador del juego también ha previsto que el jugador pueda seguir jugando sin esperar ese tiempo a través del pago, lo que abre de nuevo la posibilidad de reanudar un juego “cada vez más adictivo”.

Quizás lo más llamativo de este fenómeno es que Candy Crush ha iniciado una nueva tendencia de creación de videojuegos con características y mecanismos idénticos a los que se han mencionado, pero con un formato infanto-juvenil.

Juegos como “Clash Royale” y muchos otros, con un diseño y apariencia absolutamente infantil e inofensivo, ponen en práctica todos los peligrosos mecanismos iniciados por Candy Crush. Se tratan de videojuegos que han logrado una eficaz estética amable e inofensiva, pero que ocultan una evolución muy lograda, y también muy peligrosa, de juego adictivo “para niños”. Todo ello puede hacer creer a los padres que los niños juegan, se entretienen y no molestan, pero más allá de todo eso, los niños están construyendo “un cerebro adictivo” a las recompensas intermitentes sin el conocimiento de quien, a su lado, simplemente cree que juega. Precaución.

Sergio Algar | Psicólogo Col. Nº M-22702

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