La Buena Suerte

En estos días prenavideños, en los que el sorteo de la Lotería está a la vuelta de la esquina, todos nos deseamos suerte unos a otros. ¡Todos la queremos por supuesto! Y claro, también con el Año Nuevo.

Más allá de la suerte de que nos toque la lotería o con que las circunstancias de la vida nos sean favorables con el nuevo año, en este artículo queremos hablaros de la Buena Suerte con Mayúsculas.

Educadores y Familias tenemos la importante misión de transmitir y enseñar a los niños que la buena suerte depende de lo que haga uno mismo para conseguirla. ¡Y claro que en la vida hay circunstancias, que hay aspectos complejos que quedan muy lejos de nuestro alcance y que hay situaciones que quedan fuera de nuestra posibilidad de acción! Pero, como actitud vital, es determinante mantener la certeza de que siempre se puede hacer algo por mejorar el presente y poseer control sobre la situación personal que se vive.

Dentro de la tradición e investigación psicológica, se ha hablado diferencialmente de “locus (lugar) de control externo” frente al “locus de control interno”. Parece que los individuos nos diferenciamos porque unos mantienen una concepción general de sentir que se tiene control sobre la propia vida (control interno) frente a otros que perciben que la causalidad depende de parámetros externos e incontrolables (control externo). ¡Y esta es una variable importantísima que nos diferencia dentro de la especie!

Percibir que las cosas que me pasan ocurren por elementos externos incontrolables genera actitudes con la vida muy diferentes a cuando se piensa que lo que ocurre depende de elementos internos controlables por nosotros mismos. Si entendemos que las cosas ocurren y ocurrirán sin que nuestro control sobre ellas medie en ningún momento, es fácil caer en “actitudes pasivas o derrotistas”. Sin embargo, cuando de verdad se cree que siempre es posible hacer algo, generar cambios aunque sean pequeños, esta actitud posibilita mantener “conductas activas, optimistas y de progreso” hacia una nueva situación mejorable. Está ampliamente contrastado que este factor –mantener un locus de control externo- es uno de los más influyentes en muchas personas que sufren depresión.

Padres, Madres y Educadores; Es fundamental entender, vivenciar y aplicar este marco primero sobre vosotros mismos para poder transmitirlo después de manera eficaz a los niños y adolescentes a vuestro cargo a través de mensajes y conductas en el día a día. Los niños creerán a partir de ello más en el “azar” o “la suerte” o en “La Buena Suerte” con mayúsculas, la que uno se crea a sí mismo.

En el libro “La Buena Suerte” y en su versión infantil “El Bosque de la Sabiduría” el autor Alex Rovira nos aporta a modo de píldoras durante un relato estupendo las claves de lo que considera La Buena Suerte con mayúsculas (la que depende de nosotros mismos y nuestras propias acciones). Son estas:

-La suerte no dura demasiado tiempo, porque no depende de ti. La Buena Suerte la crea uno mismo, por eso dura siempre.

-Muchos son los que quieren tener Buena Suerte, pero pocos los que deciden ir a por ella.

-Si ahora no tienes Buena Suerte tal vez sea porque las circunstancias son las de siempre. Para que la Buena Suerte llegue, es conveniente crear nuevas circunstancias.

-Preparar circunstancias para la Buena Suerte no significa buscar solo el propio beneficio. Crear circunstancias para que otros también ganen atrae a la Buena Suerte.

-Si “dejas para mañana” la preparación de las circunstancias, la Buena Suerte quizás nunca llegue. Crear circunstancias requiere dar un primer paso… ¡Dalo hoy!

-Aún bajo las circunstancias aparentemente necesarias, a veces la Buena Suerte no llega. Busca en los pequeños detalles circunstancias aparentemente innecesarias… pero ¡imprescindibles!

-A los que solo creen en el azar, crear circunstancias les resulta absurdo. A los que se dedican a crear circunstancias, el azar no les preocupa.

-Nadie puede vender buena suerte. La buena suerte no se vende. Desconfía de los vendedores de suerte.

-Cuando ya hayas creado las circunstancias, ten paciencia, no abandones. Para que la Buena Suerte llegue, confía.

-Crear Buena Suerte es preparar las circunstancias a la oportunidad. Pero la oportunidad no es cuestión de suerte o azar: ¡Siempre está ahí!

-Crear Buena Suerte únicamente consiste en… ¡Crear circunstancias!

-Dado que crear Buena Suerte es crear circunstancias… La Buena Suerte solo depende de TI. A partir de hoy, ¡TU también puedes crear buena suerte!

La suerte “externa” es que nos toque la lotería. La suerte “interna” es la que depende de uno mismo y de mantener una actitud propositiva y activa hacia ella. Esta forma de entender la suerte se transmite de manera muy temprana a los niños. Se hace de muchas formas. Unas más consciente, otras más inconscientemente.

Más allá del Sorteo de Lotería de Navidad, y de lo que acontezca en el próximo año, solo nos queda desearos Buena Suerte a todos y Feliz Navidad.

Sergio Algar | Psicólogo del Centro Psicológico Loreto Charques

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La fiebre del “Candy Crush”

 

La evolución moderna de las tradicionales máquinas tragaperras se llama Candy Crush, y crea adicción.

Es un juego muy simple, pero tremendamente adictivo. Según algunos medios es jugado por 93 millones de personas cada día.

¿Qué ofrece este juego? Consiste en crear filas o columnas con tres caramelos del mismo color, y es muy fácil jugar. De hecho, sus creadores parten de la idea que un niño de edad preescolar pueda hacerlo. Inicialmente este juego permite ganar y pasar los niveles con bastante facilidad, proporcionando satisfacción y “enganche”.

Estos pequeños logros son comprendidos en el cerebro como mini-recompensas, que activan la liberación de dopamina. La dopamina es la encargada de informar al cerebro que se han hecho bien las cosas, proporcionando placer inmediato. Al experimentar esta sensación placentera de manera repetida, se genera el comienzo de la adicción, esto es, la dependencia al premio constante. La sensación de control que percibimos hace que pensemos que siempre podemos ganar, y también por ello seguimos jugando. Según algunos estudios de adicciones, es la clave de comenzar algunas peligrosas dependencias o adicciones.

Parece que la estrategia seguida por Candy Crush es la misma aplicada en las máquinas tragaperras. En ellas nunca se puede saber cuándo se va a ganar, pero se gana con la suficiente frecuencia como para querer volver a jugar de manera repetida.

Este tipo de premio, intermitente pero constante, sigue manteniendo activos los circuitos cerebrales dirigidos a la recompensa psíquica, al placer inmediato, generando dependencia de seguir experimentando el placer del éxito.

Otra característica fundamental del juego tiene que ver con el límite de vidas. Después de cinco derrotas, hay que esperar 30 minutos para que se regenere cada vida, lo que provoca que el jugador nunca se sienta satisfecho y siempre tenga ganas de más. El creador del juego también ha previsto que el jugador pueda seguir jugando sin esperar ese tiempo a través del pago, lo que abre de nuevo la posibilidad de reanudar un juego “cada vez más adictivo”.

Quizás lo más llamativo de este fenómeno es que Candy Crush ha iniciado una nueva tendencia de creación de videojuegos con características y mecanismos idénticos a los que se han mencionado, pero con un formato infanto-juvenil.

Juegos como “Clash Royale” y muchos otros, con un diseño y apariencia absolutamente infantil e inofensivo, ponen en práctica todos los peligrosos mecanismos iniciados por Candy Crush. Se tratan de videojuegos que han logrado una eficaz estética amable e inofensiva, pero que ocultan una evolución muy lograda, y también muy peligrosa, de juego adictivo “para niños”. Todo ello puede hacer creer a los padres que los niños juegan, se entretienen y no molestan, pero más allá de todo eso, los niños están construyendo “un cerebro adictivo” a las recompensas intermitentes sin el conocimiento de quien, a su lado, simplemente cree que juega. Precaución.

Sergio Algar | Psicólogo Col. Nº M-22702