Los 12 pasos hacia la libertad.

“Me llamo Manuel y soy alcohólico” –la voz de Manuel suena trémula, cansada y triste.

“Hola Manuel, bienvenido” –el grupo que le rodea pronuncia la frase con énfasis, con calidez, con solidaridad.

Hemos visto en el cine y en las series esta escena infinidad de veces. Pero en la vida real sucede cada día en miles de ciudades, de pueblos… Un grupo sentado en círculo en una sala donde hay una mesa con café y pastelitos. Nuestro protagonista llega silencioso y se sienta en un rincón. Tímido. Y en pocos minutos es uno más del grupo. Escucha y es escuchado. La vergüenza deja paso a la solidaridad. El miedo a encontrarse solo ante una botella se difumina porque ya no está solo, los demás han pasado por ello y allí están. Y cuando se va… está deseando regresar a otra reunión, decirles que lleva un día sin beber. Dos días… Tres… Una semana…

Un héroe.

Muchas personas están atrapadas en la maraña del alcoholismo. Muchas no lo saben. Muchas no lo quieren saber. Muchas lo niegan porque en realidad sólo bebe un poquito para relajarse antes de dormir. O unas cañas para que el trabajo se le haga más ligero. Esa botella escondida pero tan solo para que los hijos no la vean, porque no hay nada de lo que avergonzarse pero hay que darles ejemplo. Personas que no ven cómo los demás ven su andar inseguro, su mirada vidriosa, la sonrisa sin sentido, los cambios de humor y los súbitos arranques de ira.

¿Cómo saber si tienes un problema con el alcohol? Me gustaría hacerte unas preguntas de las que sólo tú sabes las verdaderas respuestas. A ti en el fondo no puedes engañarte:

¿Alguna vez te has preguntado si no estarás bebiendo demasiado?

¿Has trabajado, conducido, realizado alguna tarea bajo los efectos del alcohol?

¿Te has dado cuenta de si cada vez necesitas un poco más de alcohol para que te sientas relajado, embriagado?

¿Has llegado tarde o has faltado tarde al trabajo por haber bebido o por necesitar beber?

¿Bebes a escondidas, en esos momentos en los que crees que nadie te ve?

¿Has tenido que beber en ayunas ante un día que esperas de gran tensión?

¿Tienes que beber todos los días?

Son sólo algunas de las preguntas que podría hacerte… Pero falta la más importante: ¿te has sentido incómodo al leerlas? Desde estas líneas no pretendemos que te sientas mal, ni culpable. Sólo que puedas reflexionar, que decidas si tienes algún problema que, probablemente, tú familia ya ha observado y calla por miedo a tu reacción. Que tus compañeros comentan cuando tú no estás.

Si sientes que el alcohol está ocupando un lugar prioritario en tu vida es hora de dar el paso. Como tantos otros puedes encontrar gente que te ayude. Alcohólicos Anónimos (AA.AA.) son una opción. En la mayoría de los casos la mejor por el acompañamiento que tendrás durante las reuniones y fuera de ellas, con la figura del padrino.

Pero puede que prefieras una terapia individual.

En ambos casos será necesario que hagas dos cosas:

-Aceptar que tienes un problema con el alcohol, que puedes ser alcohólico.

-Tomar la firme decisión de que lo vas a dejar.

Nadie lo puede hacer por ti, pero sí que lo podemos hacer contigo. Sin grandes exigencias, paso a paso y, como dicen los de AA.AA: “Sólo por hoy trataré de pasar el día sin esperar resolver el problema de toda mi vida en un momento”.

Este momento a esta hora puedes dar el paso…

Sed felices…

César Benegas Bautista | Psicólogo en el Centro Psicológico Loreto Charques

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Mediación: la gran olvidada del sistema judicial.

Titulares como el de la condena a un padre por “abofetear” a su hija adolescentes o el del niño con discapacidad que está siendo juzgado por haber pegado una patada a su profesora nos han sorprendido en los últimos días. Más allá de quedarnos en la discusión de justificar o no el uso de la violencia en estas situaciones, nos gustaría centrarnos en las posibles alternativas a las condenas que se plantean en estos casos. Está claro que es muy arriesgado hablar de casos concretos solamente con la información aportada en los medios de comunicación pero nos gustaría acercarnos un poco más a las alternativas que nos pueden llegar a partir de los procesos de mediación. Para ello, hablamos con D. Juan Ignacio Gutiérrez Lisardo, psicólogo colegiado M-23304, experto en mediación familiar y para las organizaciones de la Institución de Mediación del Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid, quien amablemente nos cuenta acerca de su experiencia en procesos mediadores.

Renata Sarmento: – Como experto en mediación, ¿qué sientes cuando ves noticias de este tipo?

Juan Ignacio Gutiérrez Lisardo: Es muy interesante ese matiz: como experto en mediación. Como cualquier persona tengo mis posiciones al respecto de cada uno de estos asuntos que estarían, más o menos, alineadas con alguna de las partes en conflictos. Esa sería la primera reflexión: desde la mediación lo que hacemos es definir y analizar los conflictos que se nos plantean, trabajar con las partes en su gestión y ayudarlas a que alcancen por si mismas sus propios acuerdos. Pero, respondiendo a tu pregunta, siento un poco de pena de que terminen en los tribunales cuestiones que deberían tener una tramitación diferente, y que la mediación sería un magnífico recurso para abordar conflictos de este tipo.

R.S.: ¿Cómo se gestionarían estos casos desde la mediación?

J.I.G.L.: Lo primero que tenemos que tener en cuenta es que la mediación es voluntaria. Las partes deben decidir previamente y de forma voluntaria, insisto, acudir a mediación para gestionar su conflicto.

El principal problema que tiene la mediación es que es un recurso no demasiado bien conocido, incluso, me temo, por algunos jueces. En mi opinión, el caso del niño discapacitado podría haber sido abordado por un servicio de mediación sin salir del ámbito escolar, y el del padre y la hija es un conflicto familiar que debería tratar de gestionarse por profesionales de ese ámbito: el familiar.

Cada abordaje tendría sus peculiaridades iniciales desde la mediación. 

La mediación escolar se realiza en los centros educativos. Las partes tienen la oportunidad de conocer cómo afecta su comportamiento a los demás, que otras posibilidades hay para gestionar los conflictos, trabajar para encontrar las verdaderas raíces o causas de los problemas,… Para este caso concreto tendríamos que valorar, además, las posibles interferencias que pudiera plantearnos la discapacidad del menor, y habría que delimitar previamente cuales son las partes en conflicto: ¿estamos ante un conflicto entre un alumno y su profesora?, ¿unos padres y una profesora?, ¿unos padres y el centro educativo? Así, a bote pronto, creo que estas serían las primeras cuestiones a abordar, pero cada caso tiene sus peculiaridades. Los mediadores tenemos que tratar de ser creativos.

En cuanto al caso de violencia en el ámbito familiar, se podría haber recurrido a la mediación en dos momentos: antes de tener lugar la escena que se narra o una vez que el caso está en el juzgado. Las relaciones familiares tienen componentes afectivos y emocionales peculiares que deben ser gestionados con la ayuda de profesionales con formación específica cuando surgen los conflictos. La mediación puede ayudar a prevenir y evitar la escalada de conflictos más o menos latentes, y el ámbito familiar es probablemente el más típicamente asociado a la mediación. No olvidemos que nuestras primeras regulaciones sobre mediación lo son para el ámbito familiar. Una vez que estos casos entran en el ámbito judicial, los jueces pueden sugerir a las partes que se intente una mediación. Si las partes acceden, trabajarían conjuntamente en la búsqueda de acciones para la reparación de los daños objeto de la demanda y trasladarían al juez sus acuerdos.

R.S.: ¿Crees que la mediación está infrautilizada por nuestro sistema legal?

J.I.G.L.: Creo que hay una mezcla de desconocimiento y desconfianza. Aparecen opiniones, posiciones e intereses que tienen a veces la apariencia de contrapuestos, y esto complica un poco la implantación. Yo no creo que la mediación sea una panacea, la solución a todos los problemas a los que el sistema judicial no da respuestas satisfactorias, entre otras cosas porque mi posición es que la mediación es también parte de nuestro sistema judicial. Hay muchos profesionales muy bien formados que pueden ayudar a las personas que así lo decidan a tratar de gestionar sus conflictos por sí mismos.

R.S.: ¿Cuáles crees que son las ventajas de la mediación?

J.I.G.L.: Huyo de lo que considero argumentos de mal vendedor: el ahorro de tiempo y de dinero. Para mí las principales ventajas son la posibilidad de preservar las relaciones futuras de las partes y que ofrece a las personas la posibilidad de tomar sus decisiones de una forma más autónoma. Creo que deberíamos plantearnos seriamente cuales son las consecuencias de acudir a los tribunales para resolver cuestiones que podríamos abordar por nosotros mismos recurriendo a profesionales especializados en ayudarnos a hacerlo, y ahí es donde más tiene que decir la mediación.

R.S.: ¿En qué ámbitos puede utilizarse la mediación?

J.I.G.L.: Me gusta decir que cualquiera que esté sujeto a la libre disposición de las partes; pero también es un recurso útil en el ámbito penal, dentro de lo que llamamos justicia restaurativa.

R.S.: ¿Qué hay que hacer si una persona está en un conflicto (familiar, laboral, etc.) y cree que la mediación le puede ayudar?

J.I.G.L.: Ponerse en contacto con algún profesional para conseguir información. No me sentiría bien haciendo publicidad, así que propondría una fórmula sencilla: una búsqueda en internet. Escribir en el buscador “mediación” o “mediadores” y elegir. Lo normal es que se ofrezca una sesión informativa gratuita.

Renata Sarmento | Psicóloga en el Centro Psicológico Loreto Charques

Damos las gracias de forma especial a D. Juan Ignacio Gutiérrez Lisardo, psicólogo colegiado M-23304, experto en mediación familiar por atendernos.

Vuelta al cole para todos.

Tener que ir por primera vez al colegio o volver a él, puede ser una experiencia llena de entusiasmo, ilusión, ansiedad, alegría y estrés, tanto para los niños como para los padres.

Esta situación puede provocar miedo y ansiedad, sobre todo si se van a vivir situaciones  con cambios y con  incertidumbre, como conocer el nuevo colegio, profesores, nuevos compañeros, adquirir nuevas rutinas, etc. Además de tener que soportar la separación de sus padres o seres queridos.

Esta ansiedad o nerviosismo se puede ir transmitiendo los días previos al inicio del curso con llanto, dolores de estómago, nauseas, cambios repentinos de  conducta o problemas con  el apetito y con el sueño.

Si observas que tu hijo empieza a tener comportamientos  de este tipo  o aún sin tenerlos  quieres que tu hijo se adapte con mayor facilidad, es importante que tengas en cuenta una serie de aspectos:

Lo primero que podemos hacer es contar con los niños e incluirlos  en los preparativos previos. Hacerlos sentirse partícipes a la hora de ir a visitar el colegio, comprar el material escolar, elegir la ropa, las mochilas, etc. Hará que los niños se perciban como  los protagonistas y asocien el colegio con  pensamientos positivos. Además, si durante esos días les contamos nuestras experiencias vividas en la escuela, como que era lo que más nos gustaba hacer en el colegio, los amigos que hicimos o alguna anécdota divertida; el niño/a lo vivirá como una situación totalmente normalizada por la que todo el mundo ha pasado, incluso sus padres.

Tenemos que empatizar con ellos, con sus emociones, escuchar sus inquietudes y aceptar sus quejas, sin negar pero proponiendo una visión realista y positiva de la situación. Por ejemplo: es cierto que da mucha pereza tener que madrugar pero ya verás como luego te acostumbras y no te cuesta tanto como crees.

Introducir  una rutina en los  horarios  e ir generando hábitos. Durante el periodo vacacional estival, las horas de sueño y  las comidas se ven alteradas, por lo que es conveniente que en las dos semanas previas al inicio del colegio que los niños se vayan adaptando poco a poco a su nuevo horario. Es recomendable que cada día se vayan a la cama un poco antes y de ese modo se empiecen a levantar más temprano hasta adaptarse  a la hora en la que se van a tener que levantar durante el horario de clases. De esta forma, les iremos marcando unas rutinas y el primer día de colegio no será tan difícil  tener que combatir  también con el sueño. 

Es conveniente ir favoreciendo la relación de nuestros hijos con sus  iguales, invitando a algún amigo a casa o acudiendo a alguna actividad conjunta en la calle. De este modo, reencontrarse con más niños de su edad no le supondrá una situación estresante y le facilitaremos las cosas a la hora de sociabilizar con ellos.

Es normal que los padres nos encontremos nerviosos por la nueva etapa de nuestros hijos, pero nuestro nerviosismo no debe transmitirse, por lo que es importante mantenerse tranquilo y  transmitir serenidad. Si el niño percibe que sus padres están inseguros, vamos a potenciar  que él lo esté más. Por el contrario, si sus padres le transmiten  seguridad, haremos que el niño se pueda adaptar antes y no viva la vuelta al cole de manera amenazante. 

Si nos damos cuenta de que  llora, grita, nos abraza cuando lo dejamos en  el colegio, debemos mantenernos con fortaleza y actuar  con tranquilidad y serenidad. Como padres, es normal que no nos guste ver llorar a nuestros hijos y ver que lo están pasando mal, pero hemos de ser conscientes  que estamos haciendo lo adecuado y que ese sentimiento de abandono va a desaparecer.

La situación se irá normalizando si somos capaces de mantener la calma. Si por el contrario, nuestro hijo nos ve nerviosos, ve que lo vamos a buscar antes de la hora o nos lo volvemos a llevar a casa, ese sentimiento se lo transmitiremos  y será mucho más complicado hacerle entender ha de ir al colegio y su actitud  oposicionista se volverá más evidente, por lo que cada mañana viviremos situaciones tensas y nos sentiremos unos padres poco competentes al hacerle pasar por eso a nuestros hijos y no poder resolverlo. 

Antes de que vaya al colegio y después de que  salga, es positivo reforzar sus logros con palabras positivas: “Me siento  muy orgullosa/o de ti”, “Estoy muy contenta/o de ver lo bien que estás haciendo las cosas”, “Eres muy valiente afrontando las situaciones”, “Estamos muy orgullosos de ver que bien te estás portando en el cole”, etc.  Además es recomendable e importante ser puntuales a la hora de ir a recogerlos, ya que si no nos ve en ese momento, puede provocarle incertidumbre, nerviosismo y un cierto temor a sentirse abandonado. 

Al salir de clase, es muy positivo  dedicarle un tiempo para que tenga posibilidad de explicar y contarnos  todo lo que ha hecho durante el día y  cómo  se ha sentido. Tomar la merienda juntos, hacer los deberes o jugar juntos para compartir las nuevas experiencias. De esta manera, entre padres e hijos se generará  un mayor vínculo de confianza y comunicación.

Feliz vuelta al cole para los más pequeños y para los padres, que vuelven a volver.

Mariano de Vena Salvador | Psicólogo en el Centro Psicológico Loreto Charques

 

 

¿Por qué no estoy a gusto con mi cuerpo?

Por fin ha llegado el tan ansiado veranito… ha llegado la hora de ir a la piscina, a la playa y, claro, hay que ponerse el bikini, la ropa de baño, etc… En este momento, cuando tenemos el cuerpo más expuesto, nos damos cuenta de que hay muchos aspectos de nuestro cuerpo que nos gustaría cambiar. Resulta que nos parece que nos sobra de un lado, nos falta del otro, nos vemos horribles, empezamos a pensar en que nadie se fijará en nosotros, nos comparamos además con otras personas que consideramos que están “mejor” físicamente, y claro, nos sentimos mal.

Hoy hablaremos de la imagen corporal, que es la representación mental que cada individuo tiene de su propio cuerpo. Esta representación mental la hacemos basados en:

  • Las medidas que atribuimos a nuestro cuerpo.
  • Los pensamientos, sentimientos y valoraciones que nos provoca nuestro cuerpo, principalmente el tamaño corporal, el peso, determinadas partes del cuerpo que nos gustan más de nosotros o menos o cualquier otro aspecto de la apariencia física.
  • Las consecuencias de lo anterior (medidas, pensamientos, sentimientos y valoraciones), es decir debido a cómo percibo mi cuerpo y cómo me siento con el mismo hago cosas como ponerme ropa más ancha, pesarme habitualmente para ver si he bajado esos kilos de más, vestir de negro porque estiliza, evitar ir a la playa para no ponerme en bikini, no ponerme sandalias porque no me gustan mis pies, peinar mi pelo de una determinada manera porque así veo mi cara más fina, compararme constantemente con los demás, etc.).

Mostramos una imagen corporal negativa cuando:

  • Valoramos de una manera equivocada las formas corporales y vemos partes del cuerpo como no son realmente.
  • Nos convencemos de que solamente otras personas son atractivas, y valoramos estas medidas como éxito y valía personal.
  • Sentimos vergüenza y ansiedad por el cuerpo.
  • Nos sentimos incómodos y raros en el propio cuerpo. No nos aceptamos. Nos sentimos enajenados.

Cash  y Brown (1987) han desarrollado la conocida como “docena sucia” que recoge los pensamientos distorsionados más habituales con respecto a la apariencia:

  • La bella o la bestia: pensamiento todo/nada, blanco/negro. Me sale un grano en la nariz y pienso “estoy horrible”, “estoy asquerosa”.
  • El ideal irreal: me evalúo en función de un estándar irreal (por ejemplo, mujer escultural), de esta forma sobresalen mis defectos en todo su esplendor: “soy demasiado baja…”.
  • La comparación injusta: nos comparamos con gente real muy atractiva: “no me gusta probarme ropa en tiendas grandes porque ver a las dependientas me hace sentir gorda y fea”.
  • La lupa: nos centramos en un aspecto o en aspectos de nuestra apariencia que no nos gustan y exageramos su importancia. Esto es, simple y llanamente, atención selectiva.
  • La mente ciega: se ignoran o se minimizan aspectos favorables de nuestro cuerpo; como nos sentimos bien con ellos, no los tenemos en cuenta, pero sí nos centramos en otros que nos gustan menos. Muy relacionado con la forma en la que nos educan para ser modestos.
  • La fealdad radiante: la insatisfacción con un aspecto de la apariencia se generaliza a otras características físicas. A modo de ejemplo: me veo arrugas bajo los ojos y empiezo a ver signos de vejez por otras partes el cuerpo.
  • El juego de la culpa: esta es muy importante, sobre todo en mujeres jóvenes y adolescentes. Se refiere a atribuir decepciones, rechazos o acontecimientos negativos a un aspecto de la apariencia con el que se está insatisfecho: “no siente interés por mí por mi aspecto”.
  • La mala interpretación de la mente: como supongo o creo que soy poco atractivo (o tengo un defecto), también considero que los demás me ven así. Adivino lo que piensa la gente y en lo que se está fijando.
  • Prediciendo desgracias: esperar que el mal aspecto físico tenga efectos negativos en el futuro. Por ejemplo, un hombre obeso piensa “con mi físico nadie me tomará en serio como vendedor” o un hombre calvo piensa “sin pelo ninguna mujer se enamorará de mi”.
  • La belleza limitadora: no poder hacer cosas por la apariencia. La prohibición de nuestros comportamientos está motivada por las reacciones negativas que creemos que tendrá la gente. Una mujer con arrugas piensa “no puedo salir sin maquillar”, otra persona piensa “no puedo ir a la fiesta con este pelo”.
  • Sentirse feo: como me siento feo, debo ser feo. La interpretación se convierte en certeza y justificamos la “fealdad”: “con razón me siento fea, mira qué horrible estoy”.
  • El reflejo del malhumor: a veces el malhumor motivado por otras razones termina reflejándose en nuestra apariencia. Por ejemplo, una persona muy estresada por el trabajo que termina criticando su cuerpo mientras se prueba ropa.

Nadie es capaz de pensar que es una persona horriblemente fea y despreciable y aun así estar a gusto consigo mismo. Está claro que todos nosotros, en algún momento (o en muchos), hemos caído en alguno(s) de estos errores y, por lo tanto, nos hemos sentido insatisfechos con nuestra imagen. Un paso fundamental para conseguir mejorar la autoestima y sentirse mejor es reconocer este tipo de pensamientos distorsionados (que se generan de forma automática) para poder así rebatirlos cada vez que nuestra mente los ponga en marcha. A partir de la confrontación objetiva, poco a poco se irán desvaneciendo y podremos automatizar una forma más adecuada de pensar.

Renata Sarmento | Psicóloga Col. Nº M-25389

Referencias

Alonso, A. (2014). Las distorsiones cognitivas, nuestras propias limitaciones. Recuperado el 26 de Junio de 2017 desde http://imeoobesidad.com/blog/las-distorsiones-cognitivas-nuestras-propias-limitaciones/

Cash, T. F. & Brown, T. A. (1987). Body image in anorexia nervosa and bulimia nervosa. A review of the literature. Behavior Modification, 11(4), 487-521. doi:10.1177/01454455870114005

Quiles Marcos, Y. Taller de Imagen Corporal y Alimentación. Recuperado el 23 de Junio de 2017 desde http://cpa.umh.es/files/2008/04/capitulo-4-taller-de-imagen-corporal-y-alimentacion.pdf

Romo Donaire, A.M. Tema 1: La Imagen corporal. Material docente. Recuperado el 23 de junio de 2017 desde https://rua.ua.es/dspace/bitstream/10045/3560/1/PowerPoint%20-%20TEMA%201.pdf

Las cuatro habitaciones del cambio.

Entre las frases que se atribuyen a Darwin, hay una que es especialmente aguda: “Las especies que sobreviven no son las más fuertes, ni las más inteligentes; sino aquellas que se adaptan mejor al cambio”.

El cambio.

¿Por qué nos cuesta tanto cambiar? ¿Dar el paso de hacer cosas nuevas? ¿Arriesgarnos a actuar e incluso a equivocarnos? Incluso cuando sabemos que en la situación que nos encontramos no podemos permanecer mucho tiempo, podemos sentir cómo nos atenaza una cierta dosis de angustia que demora los pasos que sabemos que, tarde o temprano, tendremos que dar.

Llegados a este punto os recomiendo un relato magnífico de Michael Ende que se titula “La prisión de la libertad”, en la que una persona se encuentra en una estancia que tiene numerosas puertas y sólo tras una de ellas se encuentra la muerte esperándoles. Cada día que no tome la decisión de por qué puerta debe salir, desaparecerán puertas… pero mientras no le faltará nada… No les contaré cómo termina, pero sería curioso preguntaros qué haríais vosotros.

El proceso de cambio es algo único, personal e íntimo. Nos vemos influidos por lo que otros dicen, por la presión de las circunstancias. Pero a la hora de dar el paso nos encontramos en un momento de soledad.

El psicólogo Claes F. Janssen describe este proceso de cambio como el atravesar o pasar por cuatro estancias de una “casa”, dando pie a lo que se llamó la “teoría de las cuatro habitaciones del cambio”.

El tiempo que dedicamos a estar en una estancia u otra varía en función de las características de cada persona, de la importancia del cambio en sí mismo y del temor a lo que podamos perder de la situación de confort relativo de la que partimos.

changeLa primera estancia sería la del bienestar. Partimos de una situación de confort, a gusto con el momento vital en el que nos encontramos, con los logros adquiridos, disfrutamos de los triunfos y, en cierta manera, nos gustaría permanecer ahí toda la vida. Pero la vida es un perpetuo cambio. No podemos permanecer siempre en una misma situación si no que nos vemos obligados a evolucionar, aunque no nos guste. Y si no lo hacemos, nos enfrentaremos a una situación vital de angustia al ver cómo se pueden desintegrar los pilares de nuestra felicidad.

Eso nos lleva a la segunda estancia, la de la negación. Nos encontramos en una situación francamente incómoda. Nos damos cuenta de que… vale, las cosas nos van bien, pero hay que hacer cambios (no necesariamente grandes cosas: puede ser rehacer un Curriculum, plantearnos hacer un curso que nos abra a nuevas o más estables perspectivas laborales, realizar unas sesiones de coaching que mejoren ciertas cosas que no van del todo bien en nuestro trabajo, buscar una nueva casa, apuntarnos al gimnasio… las opciones son infinitas). Esta sensación de cambio necesario nos provoca un cierto estrés que, de no solucionarse, nos llevarán a padecer episodios de ansiedad pues queremos que las cosas vuelvan a ir bien, queremos que desaparezca la incertidumbre. Si nos quedamos en esta habitación, si nos resistimos a avanzar, somos candidatos a enfermar, pues la ansiedad puede pasar de ser algo puntual a cronificarse, con lo que salir de ella puede ser más complejo. Quedarse en ese territorio incierto no debería ser una opción.

Cuando damos el paso de cambiar penetramos en la tercera estancia. Es un momento de confusión. Tenemos una idea más o menos precisa de lo que queremos, pero se nos escapa el cómo lograrlo. Tenemos ganas de dar pasos. Pero, ¿qué pasos? Tenemos la necesidad de hacerlo. Pero, ¿qué sucede si nos equivocamos? No son pocas las personas que al pasar por esta fase siente una sensación de vértigo, de descontrol, de miedo. Si no la resolvemos la ansiedad pasa de ser un rasgo puntual a una patología que se acompaña de insomnio, problemas digestivos, angustia….

Es aquí cuando pasamos a la cuarta estancia. Resueltas las dudas del cómo hacer lo que hay que hacer para lograr lo que queremos lograr nos ponemos en acción de manera que alcancemos el cambio deseado y entramos en una nueva zona de confort en la que podamos relajarnos y disfrutar del logro.

Pasamos por estas cuatro fases cíclicamente. Es inevitable. Vivir es un constante evolucionar. Si tratamos de anclarnos a una situación, a unas circunstancias… es como esperar que el verano y las vacaciones duren eternamente: es imposible. Y negarnos a aceptarlo sólo nos traerá sufrimiento y angustia.

En ocasiones nos vemos atascados en esta toma de decisiones y es el momento en el que podemos aprovechar las herramientas del Coaching, que nos ayuda a encontrar la solución adecuada. Pero no esperéis que vuestro coach os de la solución porque su tarea es acompañaros y guiaros en la búsqueda de la solución más apropiada.

La clave de todo lo que os he contado: nada dura eternamente. La felicidad reside en que seamos capaces de adaptarnos a los cambios. No siempre es fácil encontrar la tecla exacta y precisa que nos lleve al ansiado cambio. En esos momentos debemos buscar ayuda, apoyo… y no dejarnos llevar por el caos, por la angustia, por el temor a que no haya salida.

Sed felices…

César Benegas Bautista | Psicólogo Col. Nº M-22317