El Chupete Digital.

A muchos de nuestros pequeños el chupete les ha servido para calmarse y a conciliar el sueño en algunos momentos. A una determinada edad los padres acostumbran a los niños a calmarse solos y el chupete deja de tener sentido.  Imaginemos por un momento un chico de quince años no puede dormir sin chupete y lo necesita para calmarse ¿Sorprendente, no?  Le voy a pedir que guarde esta imagen en su memoria a corto plazo. 

Algunos de nuestros infantes están aprendiendo a calmarse con el móvil de papá o mamá y necesitan “Pepa Pig”  o ¨Pocoyó” para comer cuando la comida de ese día no les motiva y acostumbran  a dormirse con la tablet.

Los dispositivos digitales van adquiriendo cada vez mayor protagonismo en sus vidas y van siendo una fuente inagotable de sensaciones agradables.  Ya no tienen que hacer el esfuerzo por no aburrirse. Cuando se van haciendo mayores y comienzan a socializar, tienen una sensación de omnipotencia si los amigos marcan con un “Like” en su foto de Instagram y se deprimen si no lo consiguen. Si no pueden dormir, siempre habrá algún “amigo” dispuesto a jugar a la “Play “on line.

Cuando los padres deciden que es hora de cortar con el teléfono y el chico se enfurece, le falta el aire y patalea como si no hubiera un mañana…

¿Conoce a alguien que le haya pasado algo así? ¿Le sorprende? 

Ahora volvamos a pensar en la imagen inicial. Si hemos estado usando durante quince años los dispositivos digitales a modo de chupete y no hemos educado en la búsqueda de alternativas para que aprenda a relacionarse, a calmarse y a divertirse puede que nos encontremos con lo que acabamos de describir. 

La idea no es suprimir el móvil, Internet y las redes sociales, sino enseñar a usarlos de otra manera desde que son pequeños. Detallo algunas claves que pueden ser indicadores de la necesidad de un cambio en la conducta de su hijo/a. 

  1. No sabe calmarse y estar relajado si no está delante de una pantalla.
  2. Necesita tener siempre al alcance un dispositivo electrónico aunque no lo vaya a usar justo en ese momento.
  3. Usa el móvil o la tablet en los momentos de comida y en los que debería estar durmiendo.
  4. Si no tiene wifi, o no puede acceder al teléfono se muestra muy irascible y presenta signos físicos como sudoración de las manos, taquicardia o sensación de ahogo.
  5. Muestra una preocupación muy recurrente en recibir aprobación (o no) en las redes sociales.
  6. Si alguno de los padres también se siente identificado con algunos de estos puntos puede ser un buen momento para hacer una pausa…

David Carlos González | Psicólogo del Centro Psicológico Loreto Charques

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Enseñar a los niños a tomar decisiones.

Por definición, “una tarea de decisión comienza cuando la persona advierte la discrepancia entre una situación real y una situación deseada, y tiene el nivel suficiente de motivación para lograr el estado deseado o meta”.

La investigación psicológica ha distinguido dos componentes importantes en toda decisión: uno racional y otro emocional. En el primero decidimos en base a “lo que es más conveniente”, y en el segundo el componente de elección y ejecución implica “compromiso y responsabilidad”. Como nuestra experiencia nos dice, no es infrecuente que, habiendo juzgado como preferible una alternativa, finalmente se elija y adopte la contraria.

El proceso de toma de decisiones consiste en una serie de pasos que nos llevan a afrontar una elección y una ejecución concreta. En muchísimas ocasiones este proceso ocurre dentro de nosotros de forma totalmente inconsciente. Nuestra intención a través de este artículo es hacer consciente el proceso, a fin de darnos cuenta como adultos como ocurre esta dinámica interior en nosotros mismos, para después trasladarla e instruirla en los niños.

Enseñar a tomar decisiones se ha convertido en un aspecto importantísimo en la educación de los niños y adolescentes. Lo cierto es que todavía no se ha sabido atajar de manera concreta en los colegios, y en casa “nos vamos apañando”. Teniendo en cuenta el mundo complejo que afrontamos, en el que las decisiones, razonamientos y solución de problemas están siempre presentes, no viene mal un pequeño apoyo o guía para poder entender como funciona nuestro cerebro racional y emocionalmente, y para poder apoyar lo mejor posible las decisiones de nuestros hijos y alumnos.

En general, el marco regulador de la toma de decisiones tal y como ha descrito la Psicología cognitiva y constructivista pasa por, y en este orden:

1-Ser capaz de captar o darnos cuenta de los problemas.

2-Ser capaz de recoger e interpretar informaciones.

3-Ser capaz de imaginar soluciones apropiadas.

4-Ser capaz de elegir la mejor.

5-Ser capaz de organizar la puesta en acción.

6-Ser capaz de controlar los resultados.

Cada uno de estos procesos requiere sensibilidad, práctica, perfeccionamiento y generalización a distintas situaciones. Que difícil, ¿verdad?

Esta demostrado que los procesos emocionales guían nuestra vida, y que este marco racional,  que aquí se plantea es más teoría que práctica en nuestras vidas. Bien por desconocimiento o falta de rigurosidad en su puesta en práctica, o simplemente por la sencillez del procedimiento que conlleva una práctica emocional en las decisiones y soluciones en el día a día frente al enfoque racional, el resultado suele ser Emociones (1)-Razonamiento (0). 

Sin embargo, una vez que somos conscientes de ello, somos más capaces de tomar decisiones y solucionar problemas “racionalmente”. Y esto es interesante que así sea en al menos las que son más importantes o trascendentes.

Como hemos dicho, es importante proporcionar a los niños de manera temprana un “marco racional” en sus vidas. Organizar y gestionar la información de esta forma les ayuda a reducir la impulsividad  y afrontar momentos más o menos importantes con garantías de reflexión. Ten en cuenta que como principal apoyo que para ellos tú eres, va a ser muy importante que les ayudes a identificar problemas (muchas veces viven en ellos de manera totalmente inconsciente), pensar soluciones u opciones, ponderar consecuencias y resultados, prever cual es la mejor de manera global para sus intereses. También apoyarles en la puesta en marcha, en la iniciación, arranque o desarrollo, y sobre todo finalizar satisfactoriamente todo el plan sin perderse por el camino, llevando a cabo los ajustes necesarios.

Piensa que si proporcionamos a los niños unas mínimas referencias en la toma de decisión van a ser más conscientes, autónomos, autorregulados y en definitiva, libres.

Por supuesto, es a partir de la adolescencia cuando el cerebro parece estar más preparado para autorregularse con planes de este tipo. Simplifica este plan si es preciso en edades más infantiles. Y si consigues plantearlo sin agobiar, tendrás mejores resultados, claro. Pretendemos al menos que cuentes con un soporte claro en tu interior para guiarlo y acompañarlo debidamente.

También en las aulas es altamente recomendable introducir estos aprendizajes en la hora de tutoría, acompañado del trabajo de aspectos relacionados con el propio conocimiento de aptitudes e intereses en los alumnos, a fin que puedan plantearse metas ambiciosas pero realistas. Cuanto más enseñemos a los niños y los adolescentes a guiarse por la razón, reduciremos la importancia y peso de sus impulsos o emociones poco controladas a la hora de tomar decisiones importantes, como pueden ser las elecciones vocacionales, de preferencia laboral, de índole personal, elección de pareja o estilo de vida. 

Por otra parte, también quiero destacar la importancia de prestar atención a nuestra intuición, aprendida, sentida y fruto de la experiencia. No entra en contradicción con la anteriormente descrito, todo lo contrario. En definitiva se trata de gestionar este mismo marco de elección que se ha descrito con algunos matices sensorio-emocionales, y tratando los procesos de manera más sutil, ágil e integrada, pudiéndose también enseñar a los niños.

Sergio Algar | Psicólogo en el Centro Psicológico Loreto Charques

Procrastinación: el arte de postergar.

El post de hoy versa sobre el arte de postergar, algo que en el ámbito del “coaching” se llama procrastinación. La procrastinación es la habilidad que tenemos todos (en mayor o menor medida) de ir dejando para después nuestras obligaciones porque siempre aparecen cosas “más importantes” (o eso nos decimos) que hacer. Nos comportamos así porque creemos que el día de mañana será más adecuado para poner en práctica lo planeado, porque entonces estaremos más inspirados, entonces nos saldrá mejor la tarea, entonces nos costará menos, etc. Lo que no nos damos cuenta es que TODO esto es MENTIRA y que pensar que el día de mañana será más adecuado sólo nos lleva a aplazar tareas que podrían terminarse cuanto antes.

Algunos ejemplos de las situaciones cotidianas en las que más solemos procrastinar:

  • Las tareas del día a día: ir a comprar, limpiar la casa, planchar, hacer las maletas para un viaje, ir al médico, cortarnos el pelo, etc.
  • Los típicos propósitos de cada año nuevo: dejar de fumar, hacer más ejercicio, hacer dieta, realizar mayor formación para mejorar en el trabajo, etc.
  • Resolver conflictos de pareja; dejamos para el último día preparar una fiesta de aniversario; o por ejemplo, cuando nos ha encargado algo relativamente complejo nuestro jefe, como sabemos que es una tarea que nos va a costar y que no nos apetece, vamos dando prioridad a otras (que no necesariamente son prioritarias) todo con tal de rehuir la obligación.

¿Pero y cuáles son las consecuencias de la procrastinación? La procrastinación genera sentimientos de ineficacia, de falta de control por parte de uno mismo, ansiedad, inseguridad, falta de autoestima, etc.

¿Y por qué lo hacemos? Hay varios motivos por los que procrastinamos. Uno de ellos es la búsqueda de la perfección: como no está perfecta la tarea o como ahora no la voy hacer de forma perfecta, no la empiezo y la mantengo como algo pendiente de forma indefinida. Otro de los motivos es por no entrar en conflicto con otros, por no tener que tomar una decisión desagradable. O simplemente por falta de motivación.

¿Qué podemos hacer para evitar procrastinar?

  1. Dividir la tarea en pasos más pequeños. La tendencia a procrastinar es menor si se plantea la tarea en términos muy concretos y específicos. 
  2. Hacer una planificación. Organizar la consecución de estas tareas más pequeñas en el tiempo. Planificar a medio y corto plazo, es decir, semanalmente y diariamente. Hacer una hoja diaria de tareas e ir eliminando aquello que vas haciendo.
  3. En tu hoja diaria de tareas, empieza siempre por las tareas más cortas y fáciles. Es decir, una llamada, un correo electrónico. Y poco a poco vas empezando tareas más complejas.
  4. Fijarnos plazos. Generar nuestros propios plazos ayuda a ver que todo tienen un final y que el tiempo no es infinito. La falta de plazos nos hace postergar porque genera la sensación de que “tienes tiempo”.
  5. Evita las distracciones: por el móvil en modo avión si necesitas terminar una tarea, evita empezar a rebuscar en internet y céntrate en tu tarea. Es necesario trabajar nuestro autocontrol para poder gestionar mejor la procrastinación.

Para finalizar, os dejo un vídeo que creo que ilustra muy bien lo que hemos comentado:

https://www.youtube.com/watch?v=arj7oStGLkU

Renata Sarmento | Psicóloga del Centro Psicológico Loreto Charques

Referencias

Sanz, E. ¿Qué es la procrastinación? https://www.muyinteresante.es/salud/articulo/ique-es-la-procrastinacion

 Nadal, M.V.  y  López Bueno, O. Cómo combatir la procrastinación. https://retina.elpais.com/retina/2017/04/17/talento/1492442684_361976.html

El desarrollo moral en los niños.

El desarrollo de la moralidad de un niño atraviesa distintas etapas e hitos. ¿Por qué?

La clave más importante viene dada por la maduración neurológica que se produce, que unida a su experiencia del mundo social, hacen que vaya adquiriendo y mostrando, poco a poco, y también de manera súbita, elementos más avanzados a la hora de comprender y afrontar lo que es correcto y lo que no es aceptable, es decir, lo que está bien y lo que está mal. 

Los Psicólogos más importantes en el estudio de esta materia son Piaget y Kohlberg. Kohlberg parte de unos estudios de Piaget que explicaban el desarrollo del razonamiento lógico en los niños, y a partir de ello, se interesa en los elementos del razonamiento moral,  llegando a la conclusión de que en su desarrollo hay tres grandes etapas o niveles. En cada una de ellas, y de manera progresiva, la potencia del razonamiento del niño progresa y se hace cada vez mayor, tanto intelectual como moralmente.

Etapas o niveles del desarrollo moral en los niños:

NIVEL 1. OBEDIENCIA AL PREMIO O AL CASTIGO.

Hasta los 5 años

Básicamente en este nivel el niño entiende “el bien y el mal” en base a la obediencia por el castigo o el premio que obtiene en base a sus comportamientos. Sus conexiones neuronales y su experiencia con el mundo es lo que por ahora le permiten alcanzar.

NIVEL 2. EL BIEN O EL MAL ES LO ESPERADO EN SU ENTORNO.

Hasta los 11 años.

Durante esta etapa se progresa desde el vivir de acuerdo con lo que las personas próximas esperan del niño en torno a lo que para ellos significa “ser bueno” hasta ir entendiendo y aceptando lo que implica un orden social y autoridad. Supone un avance ya que el niño no se mueve solamente por premio o castigo, sino que se comporta en base a lo que su entorno próximo espera de él.

NIVEL 3. MÁS AUTONOMÍA EN VALORAR LO BUENO Y LO MALO.

Desde la adolescencia hasta la edad adulta.

Durante esta última etapa que comienza durante la adolescencia y que culmina en la edad adulta, con diferencias en su desarrollo entre las distintas personas, ya que no todos logran las cotas más altas en este último nivel, el adolescente va entendiendo que la gente tiene distintos valores y reglas relativas al grupo. Estas reglas relativas deben ser normalmente respetadas. Sin embargo, algunas normas o valores del grupo que en algunas circunstancias o situaciones no parecen ser respetuosos con la libertad y los derechos más fundamentales. En estos casos el adolescente puede empezar a posicionarse de manera autónoma con respecto al grupo del que forma parte, analizar y valorar críticamente los valores que lo rigen, y posicionarse en favor o en contra de ellos. 

Este último nivel, el más complejo, progresa hasta unos principios éticos escogidos por uno mismo. De tal modo, cuando las leyes y acuerdos sociales no respetan los principios éticos universales (los derechos humanos), el adolescente o adulto entiende que debe actuar de acuerdo a estos principios universales de justicia, igualdad de los derechos humanos y respeto a la dignidad. Supone posicionarse de manera autónoma  en un cuestionamiento de lo que realmente “está bien o está mal”.

Este progreso moral del niño, del adolescente y del adulto, como decimos, requiere una madurez neurológica que se produce inexorablemente en estas edades marcadas, no antes. Previamente parece que el cerebro humano no está preparado para los niveles siguientes en cuestión de razonamiento moral. No existen conexiones neuronales complejas, maduras. Tampoco se han producido experiencias sociales suficientes para entender y manejar el mundo de una manera más completa y autónoma. 

Breve resumen y algunas conclusiones:

El pensamiento moral progresa por tanto desde principios de búsqueda del premio o evitación del castigo, a vivir conforme a lo esperado a un grupo de referencia y la adecuación social, finalizando en la última estación que es la de comprensión de leyes y derechos universales y actuar de forma autónoma en relación a ellos.

Es decir, el desarrollo moral pasa desde lo impuesto externamente hasta lo comprendido, aceptado y regulado internamente. Lo bueno y lo malo depende de la valoración interna; no de la anticipación a recibir un castigo o anhelo de un premio, o la constante adecuación al grupo de referencia. 

Algunas consideraciones a tener en cuenta en base a estas investigaciones pueden ser:

Aunque siempre se puede hablar y razonar con los niños, si conviene tener en cuenta ciertos “techos” reales en sus capacidades en los niños a la hora de comprender lo que está  bien y lo que está mal. En definitiva, según su edad, debe predominar un enfoque más sancionador o del premio -de regulación externa-, o uno más de base razonadora, de autorregulación interna, ya que está preparado para incorporarlo y ponerlo en práctica.

De manera progresiva, los niños y los adolescentes adquieren más riqueza y autonomía moral.

“Acompañémosles de la manera más adecuada en cada momento de su desarrollo moral” puede ser el resumen de este artículo.

Sergio Algar Villa | Psicólogo en el Centro Psicológico Loreto Charques

Niños tirano: El dolor de los padres.

Cuando los hijos se muestran como auténticos tiranos y resulta prácticamente imposible establecer la normalidad en sus afectos y los límites diarios, cierta normalidad y tranquilidad a la hora de motivarles o premiarles;

Cuando las normas mínimas de convivencia del hogar resultan un dolor constante y la agresividad se llega a convertir en rutina;

Cuando los hijos se muestran tremendamente caprichosos, inconformistas, beligerantes e inconsolables… pueden llegar a surgir enormes dudas y confusión en lo más profundo de sus padres.

La confusión y el dolor de los padres

En el caso de estas familias que lo han intentado todo con su hijo, que viven un constante tira y afloja, siempre tan extremo y dramático, se pueden generar sentimientos a veces contradictorios, tremendamente molestos al corazón y la conciencia, pero que son siempre humanos y que vienen dados por atravesar situaciones de una extrema gravedad y difícil control. Entonces, son momentos en los que un padre o una madre también requiere apoyo específico debido a la gravedad de las emociones y sentimientos que puede atravesar:

-Frustración e impotencia. Se quiere y no se puede. Se pretende entender adecuadamente a los hijos, poner nombre a lo que está pasando, y sobre todo, lograr el control que no termina por llegar.

-Ansiedad y miedo. Los nervios del “va a volver a ocurrir. Se va a poner hecho un bruto”. Está pasando delante de tus ojos, se está activando una bomba. Y cuando se repite varias veces, el ya no saber cuándo va a pasar y sentir verdadero miedo al siguiente estallido y terremoto en casa.

-Odio. Lo has intentado todo y no hay remedio. Puede sacar de las casillas a cualquiera, pero esos cualquiera siempre son los mismos: los padres. Tienes necesidad de descargar en él toda la responsabilidad y, un poquito si, lo llegas a odiar.

-Dudas, tristeza y depresión. ¿Lo estaré haciendo bien? ¿Es esto realmente lo que tengo que hacer como padre/madre? Es un asunto muy complicado, más allá de lo que pensabas, y llega la tristeza porque te sientes indefenso durante mucho tiempo sin encontrar soluciones útiles.

-Culpa. Es el no tener claro que toda la responsabilidad sea del niño, porque al fin y al cabo es eso, solo un niño. Te empiezas a sentir mal, creer que no eres buen padre o buena madre, porque crees que seguro que todo lo que está ocurriendo se podía desarrollar de otra forma y no estás siendo capaz.

El síndrome del emperador o del niño tirano se trata de un fenómeno complejo, en el que influyen aspectos sociales, culturales, genéticos y educativos. Como base en todo ello, niños que muestran agresividad muy grave y signos claros de muy baja empatía o conciencia más allá de si mismo.

Los padres de estos niños tienen una meta nada fácil en cuanto a educar, ya que viven bajo una constante presión, angustia y miedo las constantes reacciones desmesuradas de sus hijos. Tampoco les resulta nada fácil establecer el equilibrio entre la necesidad de contención de estos niños y transmitirles afecto y cariño.

La familia necesita contar en estos casos tan graves con herramientas y recursos amplios. Y si de verdad queremos empezar la casa por los cimientos, debemos detenernos en entender las propias emociones, las que estos niños, con sus comportamientos tan terribles generan en los propios padres.

Lo que sí parece claro desde el punto de vista del apoyo psicológico a las familias es que cuanto mejor se identifiquen, reconozcan en uno mismo como padre, madre o unidad familiar las emociones vividas, se elaboren y afronten de manera adecuada, más fácil será no caer en hábitos y prácticas poco aconsejables, originadas como decimos en sentimientos tóxicos y engorrosos que dificultan mucho avanzar, querer y educar estos niños tan difíciles.

La culpa, el desánimo, la indefensión o el miedo, vividos en su estado más crítico, pueden hacer que los padres y madres establezcan muchas veces patrones educativos bien de corte permisivo-evitativo por perder la perspectiva global de la situación, con lo que la problemática, lejos de solucionarse, se agudiza y cronifica en el tiempo. También ocurre la polarización en el hogar en la búsqueda de soluciones, pasar de la A a la Z en un minuto, lo que puede desorientar más al niño, además de generar conflictos serios en la pareja, otro aspecto que también repercute notablemente en la educación y crianza de estos niños.

Por tanto, los “cuidados del cuidador” llegan a ser en estos casos un punto imprescindible. La salud psíquica de los padres para afrontar situaciones diarias de vejación y maltrato requiere autocuidados conscientes y en la mayor parte de los casos, apoyo profesional. Os animamos mucho a que lo hagáis, por favor. 

Algunas pautas para afrontar al “pequeño tirano”

Contar con estrategias básicas en el afrontamiento del “niño rey” hará que os sintáis más seguros y no perdáis el norte, lo que repercutirá notablemente en interpretar y afrontar las situaciones de manera menos tóxica y dañina. No queremos perder la ocasión para recordaros algunos puntos clave:

-Establecer un buen apego.

-Tener claro que la autoridad no está en manos de los hijos.

-Establecer unos pocos límites, criterios que son incuestionables, y no abundar en su debate.

-Recordar que hay derechos y deberes.

-Establecer cierta austeridad ante juguetes, tecnología y moda con niños tan “exigentes”.

-No normalizar la violencia o tintes diversos de maltrato. Ser consciente de que ocurre. Actuar, pedir ayuda profesional.

-Proporcionar consecuencias morales a los niños.

-Exponer a experiencias altruistas.

-Fomentar la conciencia ampliada y la empatía.

Estos 3 últimos puntos están relacionados con la conciencia, la empatía y el razonamiento moral, y se pueden favorecer desde casa exponiendo a los niños a situaciones que conllevan estos elementos. El Psicólogo Javier Urra recomienda en estos casos llevar a los hijos a un hospital a ver a unos niños muy malitos, con enfermedades terminales o procesos oncológicos, para que puedan apreciar el “tú” en su dimensión más extrema, y sintonicen con un dolor real más allá de su “yo, yo y yo” egocentrista de estos niños y niñas.

Otras formas de transmitir moral a los niños es ir a ver a los abuelos enfermos aunque no apetezca, visitar algún familiar o amigo pachucho, todo con el fin de empatizar y expandir una conciencia moral limitada. Y esto también es educar, no solo limitarnos a informar, sino exponer vivencialmente a estos niños a contenidos morales significativos como son la empatía y la reciprocidad.

Estimadas familias; Muchísimo ánimo y “autocuidados”, junto con dosis de paciencia, persistencia, razón y corazón.

Sergio Algar | Psicólogo en el Centro Psicológico Loreto Charques

Cómo conseguir una comunicación asertiva con niños TDAH

En el post de hoy intentaré dar pautas concretas para conseguir una comunicación asertiva con nuestros hijos para así favorecer nuestras relaciones. Estas pautas podríamos resumirlas en: Qué, Cómo, Cuándo y Dónde.

QUÉ

Saber qué es lo que queremos decir o comunicar si vamos a felicitarle o recriminarle algún acto o conducta; si vamos a comunicarle alguna norma, los límites de dicha norma o las consecuencias de haber incumplido alguna; si se tiene que poner a realizar alguna tarea o no la ha realizado; etc.

CÓMO

  • Expresarnos de forma clara y precisa, señalando únicamente lo que queremos comunicar.
  • Importante decirlo de forma neutra y sin emitir juicios personales, es decir, será mejor señalar la situación objetiva (“Has tirado las pinturas, ten más cuidado”), que indicar cualquier juicio subjetivo (“Eres un torpe porque has tirado las pinturas”).                  
  • Es necesario indicarles qué puede ocurrir si realizan esa conducta mal, así como si la realizan bien, es decir, anticiparles las consecuencias de las acciones para que puedan elegir lo que más les convenga.
  • Cuando le queramos señalar algún aspecto de su conducta que no ha hecho de forma correcta, es muy conveniente utilizar el pronombre “yo” y no tanto el “tu”, es decir, deberemos ponernos nosotros como ejemplo y quizás no culpar directamente la conducta del niño con TDAH. Si en un momento dado, el niño está haciendo demasiado ruido en vez de señalarle “cállate”, haciendo hincapié en el propio niño; le diremos “me estoy sintiendo mal porque no me estas dejando escuchar lo que me está contando tu hermana”, haciendo un mayor hincapié en las consecuencias que están teniendo en los demás esa conducta.
  • Para conseguir también que el niño con TDAH sea más receptivo a lo que le queremos decir, podemos comenzar siempre destacando los aspectos positivos de su persona y de su conducta (dependiendo de lo que se le quiera comunicar) para posteriormente señalarles aquellos que se podrían mejorar (los negativos).

image_asertividad

Algunos ejemplos de comunicación asertiva:

  • Para un niño de 4-8 años: “Hoy me han gustado mucho tus abrazos pero mamá se ha puesto triste, no le ha gustado cuando te has enfadado tanto y has pegado una patada a tu hermana… Todos hemos terminado disgustados. La próxima vez que tu hermana te quite un juguete me gustaría que me lo dijeras, mamá tratará de solucionarlo y todos estaremos más contentos”.
  • Para un niño de 9-12 años: “Esta semana te has esforzado mucho en los deberes, pero todavía puedes mejorar en su presentación: has borrado mucho y los trabajos han quedado sucios. Me gustaría que la semana que viene te esforzarás en borrar menos y colorear sin presionar tanto, si lo haces vas a sacar una nota alta”.
  • Para un adolescente: “Me ha dolido cómo me has contestado cuando no te dejé salir… Tú te has quedado sin salir y los dos nos hemos quedado disgustados. Me gustaría que si ocurre lo mismo otro día intentes contar hasta tres y hables conmigo sobre lo que no estás de acuerdo. Si tienes razones o argumentos de peso yo estoy dispuesta a escucharte y negociar las cosas de otra forma”.

CUÁNDO

Será importante como ya hemos indicado y que no podemos olvidar, elegir el momento adecuado para mantener la conversación, sobre todo si lo que queremos decir es muy importante. Para ello deberemos tener en cuenta como ya hemos comentado la no existencia de cualquier tipo de interferencia, así como los estados emocionales en los que nos encontremos nosotros y el niño. No es muy eficaz intentar razonar en el momento de una rabieta o en un momento en el niño (o nosotros) estamos alterados.

DÓNDE

Tenemos que tener en cuenta en qué lugar se ha producido o se va a producir la acción a comentar, rectificar o castigar; analizar también delante de quien o quienes se ha producido dicha acción. En función de dichos factores examinaremos si el lugar en el que nos encontramos es el adecuado para hacer los comentarios pertinentes; si debemos retirarle a un lugar apartado o dejarlo para cuando lleguemos a casa. En cualquiera de los casos debemos elegir un lugar con un ambiente tranquilo y en donde nos podamos comunicar mejor con él.

Renata Sarmento | Psicóloga en el Centro Psicológico Loreto Charques

Referencias:

www.fundacioncadah.org

Abelló Planas, L., Martínez Cerón, G., Delgado, F. y Gortázar Díaz, P (2008) Habilidades de comunicación familiar. Ampliación del programa Construyendo Salud. Madrid: CEAPA

Pérez Pino, M. T. (2007) Diagnóstico del maestro asertivo en la atención de niños con déficit de atención e hiperactividad. I Encuentro Internacional de Educación Especial, Chiapas, México.