Atrapado por su pasado.

Había una película de Al Pacino en los noventa, Carlito´s way, que la tradujeron con este título en castellano, que hablaba sobre lo difícil que le resultaba a un narcotraficante criminal deshacerse de sus herencias pasadas para poder redimirse.

No os quiero hablar ni de mafias ni de redención, como escribía en el último artículo las experiencias significativas del inicio de la vida nunca vuelven a ocurrir, pero sus efectos se mantienen y dejan huella.

Los residuos del pasado contribuyen activamente en el presente, operan insidiosamente para transformar las nuevas experiencias de estímulos en línea con el pasado.

Hoy quería escribiros sobre los procesos que perpetúan estas huellas del pasado.

Uno de los procesos de perpetuación es el que se denomina constricción protectora.

Los recuerdos dolorosos del pasado se mantienen fuera de la conciencia, proceso al que nos referimos como represión. El individuo desarrolla un área de maniobras protectoras conscientes e inconscientes para disminuir la probabilidad de que estas experiencias perturbadoras ocurran en un futuro.

Sin embargo, a causa de estos esfuerzos protectores la persona estrecha o limita su mundo.

La represión reduce la ansiedad haciendo que el individuo aleje sus fuentes internas de malestar de la conciencia, aunque por otra parte, le impide desaprender estos sentimientos o le obstaculiza el aprendizaje de nuevas formas, potencialmente más constructivas.

Por ejemplo, una chica muy inteligente y atractiva de 15 años se había aislado progresivamente de las actividades escolares y sociales; durante varios años había tenido un problema en casa, que culminó en un conocido escándalo que implicaba a sus padres. Pese a que era bien considerada por sus profesores y compañeros, que se esforzaban por mostrar su continua aceptación, su vergüenza y temor al ridículo social la condujeron a un aislamiento creciente  y a fantasías de que sería humillada dondequiera que fuera. Como consecuencia de sus acciones protectoras, la chica preservaba sus recuerdos inalterados del pasado; además, éstos persistían y la forzaban a tomar un camino que impedía su resolución. Sus maniobras constrictivas y sus  límites para protegerse,  limitaban a su vez el poder gozar de recompensas vitales positivas.

Algunos procesos no sólo conservan el pasado sino que transforman el presente en línea con el pasado. Una vez que las personas adquieren un sistema para tener expectativas, responden con una creciente alerta a elementos amenazadores similares en su situación vital, es el denominado proceso de sensibilización reactiva.

Por ejemplo, las personas que desarrollan ansiedad corporal se hacen hipocondriacos, es decir, están hipervigilantes ante los procesos fisiológicos que muchas  personas experimentan pero ignoran.

Al hilo de esta sensibilización se crea la noción de constructos personales, que hacen que las personas adquieran unas actitudes cognitivas anticipatorias como consecuencia no sólo de las formas amenazadoras, sino de todas las formas de experiencia pasada; así, una persona que ha aprendido a creer que todo el mundo le odia tenderá a interpretar los comentarios incidentales y totalmente inocuos de los demás en línea con esta premisa.

Este proceso de distorsión tiene un efecto insidiosamente acumulativo y espiral. Cuando las personas construyen de forma errónea la realidad con el fin de que corrobore sus expectativas, intensifican su miseria.

Las personas a causa de esta distorsión, experimentan subjetivamente eventos neutros como si fueran realmente amenazadores.

Otro proceso genera una tendencia de las personas a reaccionar ante nuevos estímulos de manera similar a la que reaccionaron en el pasado, proceso que podemos llamar generalización del comportamiento.

Por ejemplo, imaginemos que un niño aprendió a retraerse y a aislarse de una madre muy punitiva. El niño podría tener una profesora algo firme, de características físicas similares a las de su madre, lo que podría distorsionar su percepción, haciéndola un duplicado de su  madre. Entonces reaccionaría  ante la profesora como había aprendido a reaccionar ante la madre.

Se produce una transferencia de los comportamientos pasados a situaciones nuevas, es una tendencia a percibir y reaccionar ante los eventos presentes como si fueran duplicados del pasado.

Por ejemplo, un chico de 20 años cuyas experiencias pasadas le llevaron a anticipar reacciones punitivas de sus padres puede estar hipervigilante ante los signos de rechazo de los demás. Como consecuencia de su suspicacia, distorsionará comentarios inocuos, considerándolos indicadores de hostilidad. Cuando se prepara para defenderse y afrontar la hostilidad que le espera, congela su gesto, fija la mirada fríamente y hace unos cuantos comentarios negativos hacía sí mismo. Este mensaje que transmite es percibido por los demás como poco amigable y hostil, por lo que los demás le expresan abiertamente sentimientos de poco afecto y empiezan a aislarse y a mostrar una hostilidad real, ya no imaginada. El hecho de experimentar de forma objetiva este rechazo le lleva a ser más suspicaz y arrogante, perpetuando el círculo vicioso.

Estos comportamientos repetitivos persistentes también pueden aplicarse a recursos intrapsíquicos, son las denominadas compulsiones de repetición. Se refiere a la tendencia inconsciente a reconstruir fracasos o decepciones del pasado para intentar su desactivación, a pesar de su repetida inutilidad como estrategia.

Por ejemplo, la rivalidad entre dos hermanas generaba intensos sentimientos hostiles y destructivos en la hermana mayor de 21 años. Esos sentimientos se ventilaban a través de maniobras maliciosas, algunas de las cuales eran satisfactorias en ciertos momentos, pero nunca totalmente gratificantes; es decir el impulso de deshacer, humillar e incluso destruir a la hermana más pequeña mantenía una lucha sólo parcialmente agnada. En situaciones interpersonales nuevas, la hermana mayor recreaba la relación con su hermana, sólo para repetir las maniobras de depreciación y humillación que había utilizado con su hermana en el pasado. Sin embargo, estas relaciones cumplían parcialmente sus necesidades, porque el objeto real u odiado era su hermana, y nunca alcanzó el objetivo que realmente buscaba, es decir la destrucción total de su competidora. Repetía compulsivamente, en una relación tras otra, los mismos patrones de comportamiento destructivo que había a prendido den el pasado.

Como para el protagonista de la película, resulta muy difícil deshacerse de estas huellas del pasado, que tendemos a perpetuar a través de nuestros procesos de afrontamiento y de interpretación,  para que formen parte de nosotros y nos acompañen a lo largo de nuestra vida.

Mariano de Vena Salvador | Psicólogo Col. Nº M-23785

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Emociones al límite.

Muchas veces escucho decir a los adolescentes frases del estilo de “este/a  tío/a es mazo bipolar… o incluso autoreferenciales, “creo que yo soy bipolar”, haciendo referencia a los bruscos cambios que se producen a lo largo de un mismo día o en pequeños periodos de tiempo en su estado de ánimo o en su equilibrio emocional y la forma de relacionarse con los demás.

No se están refiriendo al trastorno bipolar tal y como lo presenta el DSM-V, pero es algo que casi toso el mundo en la sociedad tiene en su cabeza como puede llegar a ser alguien con  este tipo de trastorno, sin embargo mucha menos gente se hace a la idea de un trastorno que es muy poco mencionado fuera del ámbito clínico o psicológico, pero que sin embargo es mucho más frecuente de lo que el lenguaje popular contempla, me estoy refiriendo al trastorno límite de la personalidad o TLP.

El término límite parece que indica un nivel de gravedad y no una descripción. Más que límite se podría hablar de ambivalente, inestable, impulsivo, incluso quijotesco… pero la acepción límite es la que la psiquiatría y la psicología han elegido.

La principal característica de esta personalidad es la intensidad y la variabilidad de los estados de ánimo. Los límites tienden a experimentar largos periodos de abatimiento y desilusión, interrumpidos ocasionalmente por breves episodios de irritabilidad, actos autodestructivos  y cólera impulsiva. Estos estados de ánimo son imprevisibles y parecen estar desencadenados menos por sucesos externos que por factores internos.

Desde los primeros médicos de la historia se han reconocido la coexistencia en una sola persona de emociones intensas y distintas como la euforia, la irritabilidad y la depresión.

Ya Hipócrates describía de forma muy vívida la ira impulsiva, la manía y la melancolía, señalando que estos hechizos eran oscilantes y que probablemente las personalidades estaban sujetas a ellos.

Aunque los pacientes límite presentan una gran variedad de síntomas clínicos, algunos elementos distintivos se mantienen constantes.

Manifiesta unos niveles de energía inusitados con arranques de impulsividad inesperados y súbitos. Se producen cambios repentinos y endógenos de sus impulsos  y sus controles inhibitorios. Esto pone en peligro constantemente la activación y el equilibrio emocional, llegando a provocar comportamientos recurrentes de automutilación o suicidio.

Aunque necesita atención y afecto, es imprevisiblemente contrario, manipulador y voluble, suscitando con frecuencia el rechazo más que el apoyo. Reacciona de forma frenética al temor al abandono y la soledad, pero de forma iracunda y autolesiva.

Sus percepciones o pensamientos sobre lo que está ocurriendo cambian muy rápidamente, al igual que sus emociones contrarias y los pensamientos conflictivos sobre sí mismo y sobre los demás, pasando del amor a la ira y a la culpa. Provoca en los otros, reacciones vacilantes y contradictorias, debido a sus propios comportamientos, y crea a su vez un “feedback” social confuso y conflictivo.

Experimenta  las  confusiones  propias  de un sentido  de la  identidad  inmaduro, nebuloso o cambiante, que suelen acompañarse de sentimientos de vacío. Busca redimir sus acciones precipitadas y cambiar sus autopresentaciones con expresiones de arrepentimiento y comportamientos autopunitivos.

Las representaciones internas que tienen han sido creadas de forma rudimentaria y extemporánea, y se componen de aprendizajes repetidamente abortados que dan lugar a recuerdos conflictivos, actitudes discordantes, necesidades contradictorias, emociones contrarias, impulsos descontrolados y estrategias inadecuadas para resolver los conflictos.

En situaciones de estrés, la persona con TLP retrocede hacia niveles de tolerancia de la ansiedad, control de los impulsos y adaptación social, que son muy primitivos desde el punto de vista del desarrollo. Entre los adolescentes se observa a partir de sus comportamientos inmaduros, cuando no infantiles, en el momento en que son incapaces de afrontar las exigencias y los conflictos de la vida adulta.

Las estructuras internas que existen en el TLP están divididas y tienen una configuración conflictiva, en la que falta consistencia y congruencia. Los niveles de conciencia suelen variar y provocan movimientos rápidos de un lado a otro de la frontera que separa las percepciones, los recuerdos y los afectos contrarios. Esto produce cismas periódicos en los que se tambalean el orden y la cohesión psíquicos, provocando periódicamente episodios psicóticos relacionados con el estrés.

La persona con TLP no consigue adaptar su estado de ánimo inestable a la realidad externa. Experimenta cambios acusados desde la normalidad a la depresión o la excitación, o pasa por periodos de abatimiento y apatía en los que se intercalan episodios de ira intensa e inapropiada y breves momentos de ansiedad y euforia.

Si todavía no os hacéis una idea clara de este tipo de trastorno, el maravilloso mundo audiovisual del cine nos facilita que pongamos carne y voz a esta personalidad. Hay unas cuantas películas relacionadas con personas con TLP. Os recomiendo dos en especial, con muchos matices diferentes en cada una de ellas:

Inocencia interrumpida, por la que ganó el Óscar a la mejor actriz de reparto Angelina Jolie, junto a una soberbia interpretación como protagonista de  Wynona Ryder.

La española, La herida, galardonada con un Goya para una magistral Marian Álvarez, y otro para su novel y talentoso director, Fernando Franco.

Que disfrutéis de una buena salud mental y del buen cine a cerca de su ausencia.

En caso contrario, acudir a un psicólogo o desplazaros hasta un cine, aliviarán parte de vuestro malestar.

Mariano de Vena Salvador | Psicólogo Col. Nº M-23785

Mi sofá es tu casa.

Hace un par de semanas ha vuelto a la parrilla televisiva el programa de entrevistas que se hizo famoso por sus estrambóticos sofás, me refiero al programa de Risto Mejide, Chester in love.

Ya no se redecoran sofás y el equipo ya no viaja a lugares que conecten con la vida del entrevistado. Ahora es un programa con plató, dos grandes pantallas y público.

Bertín Osborne después de triunfar con En tu casa o en la mía en la televisión pública, firmó esta pasada primavera un millonario acuerdo con mediaset para seguir con ese formato en Mi casa es la tuya.

¿Por qué triunfan este tipo de programas, por qué tantos invitados aceptan asistir a ellos, sin dinero de por medio?

Es un estilo muy diferente el que tiene cada presentador, son dos personalidades muy distintas, pero tienen una cosa en común, intentan sacar el lado emocional del invitado, juegan con la complicidad de la persona para hacerle sentir cómodo y que se rompan las barreras de los personajes, de los famosos y se llegue al lado más humano, al lado emocional de cada uno de  ellos.

Ninguno de los dos es periodista, ninguno intenta hacer un manejo formal de la información y no hacen uso de un rigor periodístico, ambos intentan hacer una radiografía emocional de sus invitados, a través de la confianza y la comodidad que les quieren ofrecer.

Se tienen que ganar al entrevistado, hacerle ver que están jugando a su favor, que le están ayudando a vender su imagen más humana. A través de ello se puede conseguir que el público, que por uno u otro motivo no tenga muy buen concepto de él, llegue a ver el lado humano bondadoso y emotivo que lleva dentro.

El nuevo formato de Mejide en esta ocasión no intenta hacer un recorrido vital o de la trayectoria profesional de la persona, plantea ahora en packs de 3 invitados de forma consecutiva por programa, el abordaje de temas tan intensos y transcendentes como el amor, Dios, el sexo, el dinero, la fama… con lo que se dirige más a aspectos concretos de la  personalidad del sujeto.

El Risto borde y desafiante que le hizo saltar a la fama, se queda a un lado, saca su lado más sensible y sensato, para poder acercarse más a las personas y  poder empatizar más con sus invitados.

Y ahí está la clave, en la empatía y en la escucha que ambos presentadores quieren ejercer, para generar ese espacio de comodidad que les permita sonsacar aspectos inauditos de los entrevistados.

El Viajando con Chester que presentaba Pepa Bueno, no cuajó en el espectador tal vez por esto, por ser demasiado informativo, por mantener  una posición más aséptica y menos emocional que la que puede generar el publicista catalán.

El programa de Bertín intenta hacer más ese recorrido humano a través de los recuerdos y las emociones de la vida de las personas, jugando más con la espontaneidad y el aire campechano que transmite el aristócrata seductor. La empatía y la escucha también se perciben en su relación con sus  invitados. Tal vez lo tenga más fácil que Risto, puesto que Bertín  parte con la ventaja de conocer bien o ser amigo de muchos de los que asisten a su programa.

De esta manera los entrevistados de estos programas transmiten emoción  y cercanía a los espectadores, humanizan al famoso, generando una imagen más bondadosa y más entrañable de la que pueden transmitir en su faceta pública o en otras apariciones televisivas.

Conversaciones directas, que desnudan al personaje y dejan ver a  la persona.

Políticamente incorrectas en muchas ocasiones, resaltan de la corrección política y la artificialidad en la que la televisión nos sumerge en pleno siglo XXI.

Salvando mucho las distancias y la categoría profesional  (ojalá volviera este monstruo de la comunicación), consiguen algo que ya consiguió en sus diferentes andaduras profesionales radiofónicas y televisivas,  el inigualable Jesús Quintero.

La emoción vende, lo humano vende, aquello que ponga en una posición de cercanía con el resto de los mortales a personajes públicos y famosos, hace que el interés del espectador incremente notablemente y que les veamos más cerca de algo que todos compartimos por ser de la especie humana, la emoción y la capacidad  de expresarla.

Tal vez por este deseo de conocer y poder saber de las emociones y las formas de relacionarse  de los demás, tengan tanto éxito los programas del corazón, los realities, los grandes hermanos y demás fauna y flora televisa, pero eso ya es otra historia…

Estoy deseando ver el próximo domingo a Risto, con el tema principal del sexo y con Sánchez Dragó, una directora de cine porno y Sor Lucía de invitados.

Mariano de Vena Salvador | Psicólogo Col. Nº M-23785

Centro Psicológico Loreto Charques

 

Narcisos, barras y estrellas.

Narciso es hijo del dios del Cefiso y de la ninfa Liríope. Al nacer, sus padres consultaron al adivino Tiresias, el cual les respondió que el niño  «viviría hasta viejo si no se contemplaba a sí mismo».

Llegado a la edad viril, Narciso fue objeto de la pasión de numerosísimas doncellas y ninfas, pero siempre permanecía insensible. Finalmente, la ninfa Eco se enamoró de él, pero no consiguió más que las otras. Desesperada, se retiró a un lugar solitario, donde adelgazó tanto, que de toda su persona sólo quedó una voz lastimera.

Las doncellas despreciadas por Narciso piden venganza al cielo. Némesis las escucha y hace que, en un día muy caluroso, después de una cacería, Narciso se incline sobre una fuente para calmar la sed. Ve allí la imagen de su rostro, tan bello, que se enamora de él en el acto, e insensible ya al resto del mundo, se deja morir, inclinado sobre su imagen.

Aun en el Éstige trata de contemplar los amados rasgos. En el lugar de su muerte, brotó una flor, a la que se dio su nombre: el narciso.

Todo el mundo habrá oído hablar del Narcisismo o habrá dicho a alguien alguna vez que es muy narcisista o estará familiarizado con este término asociado a la vanidad.

Pero no es lo mismo hablar de esto en estos términos que hablar del trastorno de narcisista de personalidad. (TNP)

Para hablar de un trastorno de la personalidad se deben cumplir los siguientes aspectos:

A. Un patrón permanente de experiencia interna y de comportamiento que se aparta acusadamente de las expectativas de la cultura del sujeto. Este patrón se manifiesta en dos (o más) de las áreas siguientes:

  1. Cognición (p. ej., formas de percibir e interpretarse a uno mismo, a los demás y a los acontecimientos)
  2. Afectividad (p. ej., la gama, intensidad, labilidad y adecuación de la respuesta emocional)
  3. Actividad interpersonal.
  4. Control de los impulsos.

 

B. Este patrón persistente es inflexible y se extiende a una amplia gama de situaciones personales y sociales.

C. Este patrón persistente provoca malestar clínicamente significativo o deterioro social, laboral o de otras áreas importantes de la actividad del individuo.

D. El patrón es estable y de larga duración, y su inicio se remonta al menos a la adolescencia o al principio de la edad adulta.

E. El patrón persistente no es atribuible a una manifestación o a una consecuencia de otro trastorno mental.

F. El patrón persistente no es debido a los efectos fisiológicos directos de una sustancia (p. ej., una droga, un medicamento) ni a una enfermedad médica (p. ej., traumatismo craneal).

En el caso del Trastorno Narcisista de Personalidad, estaríamos hablando de un patrón general de grandiosidad (en la imaginación o en el comportamiento), una necesidad de admiración y una falta de empatía, que empiezan al principio de la edad adulta y que se dan en diversos contextos, como lo indican cinco (o más) de los siguientes ítems según los criterios del  Manual diagnóstico y estadístico de los Trastornos Mentales de La asociación estadounidense de psiquiatría (el DSM-V de la APA):

  • Tiene un grandioso sentido de autoimportancia (p. ej., exagera los logros y capacidades, espera ser reconocido como superior, sin unos logros proporcionados).
  • Está preocupado por fantasías de éxito ilimitado, poder, brillantez, belleza o amor imaginarios.
  • Cree que es “especial” y único y que sólo puede ser comprendido por, o sólo puede relacionarse con otras personas (o instituciones) que son especiales o de alto status.
  • Exige una admiración excesiva.
  • Es muy pretencioso, por ejemplo, expectativas irrazonables de recibir un trato de favor especial o de que se cumplan automáticamente sus expectativas.
  • Es interpersonalmente explotador, por ejemplo, saca provecho de los demás para alcanzar sus propias metas.
  • Carece de empatía: es reacio a reconocer o identificarse con los sentimientos y necesidades de los demás.
  • Frecuentemente envidia a los demás o cree que los demás le envidian a él.
  • Presenta comportamientos o actitudes arrogantes o soberbias.

¿Os hacéis a la idea de alguien así, como puede llegar a ser?

¿Os imagináis que llegara a conseguir el mayor poder que puede alcanzar una persona sobre la Tierra? ¿Os imagináis que tuviera la llave para los intereses de la mayoría de pueblos del planeta?

No imaginéis más, ya está aquí, el “señor” Donald John Trump.

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Hace poco leí a Howard Gardner, psicólogo de la Universidad de Harvard, habla sobre Trump diciendo de él que es “notablemente narcisista”. Otro psicólogo, George Simon, dice que Trump es tan representativo que guarda vídeos suyos para explicar en sus clases qué es el narcisismo.

Un trastorno de personalidad, como decía con anterioridad, es un patrón de comportamiento anormal que la persona no cambia, incluso a pesar de sus consecuencias emocionales y personales.

Muchos narcisistas se muestran encantadores y carismáticos en un primer contacto y pueden conseguir grandes niveles de popularidad en el corto plazo. Sin embargo, con el tiempo la gente se cansa de ellos por su egocentrismo.

Las personas con TPN son muy convincentes porque van a decir o hacer lo que sea necesario para ganar y obtener poder. No se preocupan en absoluto por los demás, por lo que no se sienten mal por engañar. Para ellos no se trata de un buen liderazgo, sino más bien de auto-mejora. Los principios éticos no son importantes para ellos, como descubrieron algunos países europeos durante la Segunda Guerra Mundial, y pueda descubrir ahora de nuevo EE.UU.

No es tan difícil saber si un líder es sabio y ético. El mejor predictor del comportamiento futuro es el comportamiento pasado. En el caso de los Estados Unidos, un individuo que ha quebrado a cuatro empresas y empobrecido a muchos inversores, no es ni sabio ni ético.

Unido a este TNP, el perfil del presidente tiene una combinación extraña de muy alta extroversión con una muy baja agradabilidad. Trump es socialmente dominante, incapaz de quedarse quieto y una persona que realmente disfruta con la competición que le proporciona el trabajo.

Todos los rasgos dibujan a una persona agresiva y competitiva siempre dispuesta a ganar y a luchar. Cueste lo que cueste. Sea por lo que sea.

Imaginaros lo que tienen que odiar a Hillary Clinton y también qué  tipo de perfil tiene y  qué  política estaba haciendo, pero bueno eso ya es otra historia…

Con la sarta de barbaridades que ha prometido  el amigo del implantado tupé pajizo teñido (que resultan imposibles) esperemos que, haciendo uso de dos películas estadounidenses, entre Todos los hombres del presidente nos encontremos con Algunos hombres buenos

Que las doncellas y ninfas (y otras tantas masas de población) despreciadas y maltratadas por este Narciso del siglo XXI,  le lleven hasta la fuente que calme su insaciable sed y proyecte su imagen al  más oscuro ostracismo político y social.

Que cuando Dios bendiga a América, nos pille al resto confesados…

Mucho ánimo y un beso en este triste día, en especial para mis amigos de la Tierra de las oportunidade$ y para mis amigos del fronterizo Pueblo mexicano.

Mariano de Vena Salvador | Psicólogo Col. Nº M-23785

Centro Psicológico Loreto Charques

Más allá de la obediencia.

Estuve viendo el otro día una película estrenada a finales de agosto en nuestro país que trata sobre uno de los experimentos más famosos en el ámbito de la psicología social de la historia.

La película se titula Experimenter: La historia de Stanley Milgram.

El experimento realizado por Milgram en los años 60 en Estados Unidos, investiga a cerca del grado de obediencia y de sumisión del ser humano en determinadas circunstancias.

En este estudio a través de un ejercicio de memorizar parejas de palabras se instruía a un sujeto experimental, considerado como maestro, para que cada vez que el otro participante fallara, considerado como alumno, que era un compinche del experimento. Se le proporcionara una descarga eléctrica, comenzando por una de 30 voltios, incrementando en 15 voltios cada descarga posterior, hasta llegar a una opción máxima de 450 voltios.

No era mi intención  en un principio destripar la película a aquel que quiera verla, pero resulta necesario incidir en cuestiones relevantes, así que si alguien quiere verla sin ninguna influencia mejor que deje de leer,  aunque supongo que quien fuera a ver Titanic también sabía que el barco se hundía…

La mayoría de los psiquiatras y expertos en cuestiones de psicología social y comportamiento humano consideraban que casi nadie llegaría hasta el final del experimento, hasta proporcionar las descargas de 450 voltios.

Antes de empezar el experimento, a los sujetos que activaban las descargas se les suministraba una de 45 voltios, que generaba ya cierto grado de molestia.

A medida que el experimento avanzaba, el participante escuchaba como el alumno pedía ser liberado o incluso se quejaba de una enfermedad del corazón. Una vez alcanzado el nivel de 300 voltios, el alumno golpeaba la pared y exigía ser puesto en libertad.

Más allá de este punto, el alumno se quedaba en completo silencio y se negaba a responder más preguntas. El experimentador entonces instruyó a los participantes para tratar este silencio como una respuesta incorrecta y administrar una descarga adicional.

La mayoría de los participantes preguntaron al investigador si debían continuar. El experimentador daba entonces una serie de instrucciones para empujar al participante a seguir con las descargas:

“Por favor continúe.” “El experimento requiere que usted continúe.” “Es absolutamente esencial que usted continúe.” “No tienes otra opción, hay que seguir adelante.”

No sé que estará pensando ahora el lector, pero imagino que con la consideración positiva que tenemos de nosotros mismos, pensareis que en esas situaciones de incertidumbre ante el silencio, ante  la posible muerte del otro sujeto…

Pues bien, el sesenta y cinco por ciento de las personas en este experimento llegaron hasta el final.

Pero, ¿cómo podemos llegar a ser tan crueles?  ¿Cómo el género humano es capaz de llegar a semejantes situaciones de infringir dolor? ¿Qué nos hace comportarnos de una manera tan sádica?

El experimento lo que pone a prueba es el grado de obediencia del ser humano. Uno de los motivos que lleva a Milgram a realizar este experimento es el comportamiento de obediencia y de complicidad llevado a cabo por muchas personas durante el holocausto en la II G.M.

Durante el experimento una serie de factores hace que sea más sencillo el obedecer de esta manera, como fueron:

La presencia física de una figura de autoridad aumentó dramáticamente el cumplimiento de las órdenes.

El hecho de que el estudio fue patrocinado por una institución académica de prestigio como Yale, llevó a muchos participantes a creer que el experimento debía ser seguro.

La selección de las categorías de profesor y alumno parecían aleatorias. Los participantes asumieron que el experimentador era competente y experto.

Los choques se describieron como dolorosos, pero no como peligrosos.

El profesor Milgram elaboró dos teorías que explicaban sus resultados:

La primera es la teoría del conformismo, basada en el trabajo de Solomon Asch, que describe la relación fundamental entre el grupo de referencia y la persona individual. Un sujeto que no tiene la habilidad ni el conocimiento para tomar decisiones, particularmente en una crisis, transferirá la toma de decisiones al grupo y su jerarquía. El grupo es el modelo de comportamiento de la persona.

La segunda es la teoría de la cosificación (agentic state), donde, según Milgram, la esencia de la obediencia consiste en el hecho de que una persona se mira a sí misma como un instrumento que realiza los deseos de otra persona y por lo tanto no se considera a sí mismo responsable de sus actos. Una vez que esta transformación de la percepción personal ha ocurrido en el individuo, todas las características esenciales de la obediencia ocurren. Este es el fundamento del respeto militar a la autoridad: los soldados seguirán, obedecerán y ejecutarán órdenes e instrucciones dictadas por los superiores, con el entendimiento de que la responsabilidad de sus actos recae en el mando de sus superiores jerárquicos.

Cuántas veces hemos escuchado aquello de “yo sólo hago mi trabajo”, “es mi obligación”, “solamente cumplo ordenes, yo soy un mandao”

Nos acabamos convirtiendo en borregos sumisos y peleles sin conciencia, seres deshumanizados y sin consideración hacia nuestro  prójimo, marionetas de un sistema.

Es cierto que en muchas ocasiones es de forma sutil  y sin darnos cuenta de estas influencias, pero lo duro, lo que realmente resulta dramático es pensar, que aún sabiéndolo,  en numerosas ocasiones, nos conformamos y nos acomodamos a algo que aún pareciéndonos miserable, acabamos tolerando y mirando hacia otro lado.

Cuidado con lo que te conformas y sobre todo cuidado con quien te comparas para conformarte, cuidado con aquel o aquello que te cosifica, cuidado…

Que cada uno busque sus propios ejemplos de obediencia ciega y su tolerancia ante los abusos y las manipulaciones que sufrimos por parte de aquellos que ejercen autoridad sobre nosotros. 

Allá cada uno con su conciencia y con su grado de alienación y sumisión ante ciertas costumbres y hábitos de una sociedad enferma.

Mariano de Vena Salvador | Psicólogo Col. Nº M-23785

No apto para menores

No podéis negarlo. Cuando veis este rótulo u otros similares inmediatamente pensáis que lo que va detrás serán escenas de sexo o de violencia extrema. Muchos incluso sientan la curiosidad de echar un ojo a ver qué hay ahí…

Entonces necesito que os hagáis una pregunta: ¿por qué dejáis a vuestros hijos viendo series o películas, jugando a juegos que dejan bien claro que son para una edad que no les corresponde?

Normalmente suelo escuchar respuestas del tipo “todos lo hacen” o “mi hijo no va a ser un marginado por no poder hacer lo que otros hacen”…

Pero, ¿qué les hace esto a vuestros hijos? ¿Os lo habéis `preguntado?

Esta misma semana en horario infantil se me ocurrió poner un canal de televisión al azar durante sesenta minutos. En ese tiempo vi detonar una bomba que mataba a decenas de personas, tiroteos en los que conté alrededor de cuarenta muertos a lo que hay que añadir una violación. Todo esto sazonado con un vocabulario no precisamente adecuado… Si un niño está viendo la televisión alrededor de 4 ó 5 horas diarias… ¿calculáis la cantidad de escenas violentas que ven? Un adulto tiene la capacidad de comprender que todo eso es un montaje televisivo. Un niño no. Para un niño aquello puede ser REAL. Y cada día su tolerancia a la violencia se hace mayor, le afecta menos. ¿Significa esto que la televisión les va a volver potenciales asesinos o agresores? No. Pero sí les hace vulnerables a reaccionar de manera violenta a imitación de esas personas que admira.

Y no sólo es violencia. Hay series camufladas de ser humorísticas y que en realidad manejan un humor chabacano, un uso de la sexualidad burdo y obsceno, aunque no sea… visible. Esas series son seguidas por muchos menores que aprenden de esos personajes, reciben una educación sexual y afectiva cargada de estereotipos en los que acaban creyendo.

Y de repente llegan los videojuegos.

Y cada vez son más realistas. Cuando aparecieron eran poco más que unos píxeles que se agitaban en formas humanoides cuadriculadas y las balas o rayos eran cubitos que se movían muy, muy despacio. Hoy manejan AK-47, lanzallamas, lanzacohetes, bombas, espadas, hachas… Se utilizan gafas 3D, se juega a matar en grupo. Los juegos se convierten en partidas interminables que acaban obsesionando a los niños que, dado el nivel de agresividad que desarrollan, cuando se les dice que dejen la consola, sus reacciones pueden ser desproporcionadas, violentas. Y como verdaderos adictos suplican, chantajean, imploran, amenazan… lo que sea para poder “jugar un rato más, sólo un poco más”, “si me quieres, sabrías que necesito jugar con mis amigos. Ellos siguen ahí y yo no”. “¿Por qué me haces esto?”

Bien. Llegado este momento hay que preguntarse: ¿qué hacemos?

Lo primero aceptar que eso está ahí. ¿Es mala la televisión? No. ¿Son malos los videojuegos? No. Pero cada edad requiere una programación y unos juegos que se adecuen al nivel madurativo del niño. Hace unos días un niño me contaba que llevaba varios días sin dormir tras jugar a un juego en el móvil de su madre. El juego en concreto llevaba el símbolo PEGI 18, lo que implica: “La clasificación de adulto se aplica cuando el nivel de violencia alcanza tal grado que se convierte en representación de violencia brutal o incluye elementos de tipos específicos de violencia. La violencia brutal es el concepto más difícil de definir, ya que en muchos casos puede ser muy subjetiva pero, por lo general, puede definirse como la representación de violencia que produce repugnancia en el espectador” (*). ¿Creéis que a este niño le merecía la pena sufrir de terribles pesadillas a cambio de tener tema de conversación con otros niños?

Creemos que los niños de hoy en día están más capacitados que nosotros para el cyber universo. Pero no es así. Sólo tienen más tiempo y han empezado a hacerlo antes.

No podemos dejar a los niños solos ante la televisión o con una consola.

No podemos dejarles jugar a juegos inapropiados

Debemos estimular otras formas de diversión. Parece que tenemos pánico a que se aburran. Pero la mayoría de los niños, a los pocos minutos de decirnos aquello de “me aburro”, acaban cogiendo cosas que tienen a su alrededor y jugando con ellas, fantasean, inventas historias. Si les colocamos ante una pantalla, ésta imagina por ellos, rellena los huecos necesarios de soledad y reflexión tan importantes para el desarrollo madurativo de los niños.

Recordad: Sentido común.

Y para cualquier duda no dudéis en contactar con nosotros.

Sed felices…

César Benegas Bautista | Psicólogo Col. Nº M-22317

(*) El sistema de clasificación por edades PEGI está destinado a garantizar que el contenido de los productos de entretenimiento, como son las películas, los vídeos, los DVD y los videojuegos, llevan una marca que indica claramente el grupo de edad para el que son más apropiados. Las clasificaciones por edades orientan a los consumidores (especialmente a los padres) y les ayudan a tomar la decisión sobre si deben comprar o no un producto concreto. Para informarse de manera más adecuada os recomiendo que echéis un ojo a esta página web. http://www.pegi.info/es/index/id/96/

Cine, vacío emocional y vida.

Hace unos pocos días he tenido la oportunidad de ver una película titulada Anomalisa, estrenada en España en Febrero de 2016. Se trata de la segunda película como director de uno de los mejores guionistas que ha dado los últimos años Hollywood, Charlie Kaufman.

El film nos cuenta la historia de un hombre, que se dedica a motivar empresarios y que escribe libros de superación personal, cuya vida está marcada por la monotonía y el vacío emocional, sumido en una crisis de mediana edad, incapaz de ayudarse a sí mismo.

El protagonista acude a Cincinnati para dar una conferencia sobre su libro de autoayuda.

La película refleja la monotonía, la apatía y desgana que abunda en la sociedad actual.

Habla sobre el vacío emocional, sobre la soledad, sobre la incomunicación entre las personas, sobre la superficialidad en los vínculos afectivos, sobre el problema de identidad en las personas… Una vida solamente adaptada a nuestro trabajo, qué es el ser humano y qué significa estar vivo…

Se trata de una película en formato de animación, una stop-motion, pero que transmite  realidad y emoción en el más humano de los formatos.

Esta producción me hizo recordar y volver a visionar la maravillosa Lost in Translation (2003) de Sofía Coppola.

La cinta de Coppola nos habla de una estrella de cine estadounidense de unos cincuenta años, en decadencia, que está en Tokio filmando un anuncio de whisky. En el hotel coincide con una veinteañera recién graduada en filosofía, que acompaña a su marido, que está realizando un reportaje de fotografía.

Ambos personajes se sienten perdidos en la situación vital que están atravesando.

No se trata de hacer una crítica cinematográfica ni una apología de estas dos películas, tampoco de rivalizar con el existencialismo sartriano, pretendo que lleguen a hacernos pensar y ser capaces de analizar ciertas cosas que todos nos planteamos y vivimos en muchos momentos.

Ambas películas hacen reflexionar sobre lo que es necesario para poder llegar a enamorarnos, sobre la complicidad, sobre qué es lo que hace que podamos llegar a tener química con otra persona (pienso que no solo en el aspecto sentimental de un vinculo de pareja, sino también en el de la amistad.)

¿Sentirse deseado incrementa el deseo que sentimos hacia quien nos expresa ese interés? ¿Es necesario percibir el deseo en el otro para que podamos llegar a enamorarnos de otra persona?

En la sociedad actual, donde los problemas de la incomunicación, de la falta de empatía, del anonimato y deshumanización que transmiten las grandes ciudades donde habita gran parte del planeta, se hace necesario poder llegar a pensar sobre qué hace que las relaciones humanas y las personas de forma individual puedan llegar a sentirse plenas.

Una sociedad con un exceso de formas de comunicación, una hipertrofia comunicativa  y sin embargo el sentimiento de soledad y desconcierto crece entre nosotros.

En las dos películas los personajes protagonistas sufren crisis personales que les transmite el aspecto de seres solitarios.

¿Qué hace que las personas nos sintamos comprendidas, que nos sintamos importantes para nosotros mismos y para el resto del círculo social que nos rodea?

En muchas ocasiones lo que parece poder llegar a sonar como preocupación hacia el otro no atiende más que a una pura y formal cortesía interesada.

¿Qué es lo que hace que se diferencie esa cortesía y empatía “de oficina” de un interés y una preocupación real y desinteresada hacia el otro? Aunque en ocasiones ni se esfuerzan las comunicaciones para fingir mostrar  interés  o un mínimo de cortesía.

Hay una conversación telefónica en Lost in Translation entre el protagonista y su mujer en la que él le transmite sus preocupaciones y la mujer le pregunta: “¿tengo que preocuparme?”, a lo que él responde: “solo si quieres”, y ella continúa la conversación diciendo: “tengo cosas que hacer, tengo que colgar…”

¿Qué nos produce el sentimiento de soledad y de insatisfacción en nuestras relaciones?

¿Por qué es tan común sentirnos perdidos en muchos momentos de nuestra vida?

Los personajes de estas películas sienten ese vacío emocional, esa indiferencia en sus relaciones, esa sensación de estar perdidos en un mundo que gira a su alrededor del cual no se sienten partícipes.

Las relaciones que muestran una escucha activa, una empatía que se perciba como espontánea y sincera, una comunicación no verbal más cálida y cercana, una expresión de emociones y afectos tanto verbal como física más frecuente y directa, el saber recibir e interpretar las emociones que el otro nos expresa, aprender a percibir las demandas emocionales del otro y atender a esas demandas, tener un buen control emocional, fomentar nuestra autoestima, tener capacidad de motivarnos, saber manejar el tono de voz y las formas en que comunicamos lo que decimos… Hay muchos factores que influyen en estos aspectos que hacen que sintamos las relaciones como plenas y podamos evitar la vacuidad emocional.

No quiero tratar sobre cómo se cultiva y se crece en estos aspectos, quiero hacer hincapié en que reflexionemos sobre nuestro grado de satisfacción emocional y de plenitud con nosotros mismos y nos preguntemos qué cosas no sentimos que funcionan en nuestra identidad personal, en nuestras relaciones cercanas, hacernos conscientes de ello y ser capaces de afrontar nuestra realidad nos hará ser más fuertes y posibilitará que podamos crecer y llenar nuestra existencia.

No dejéis de ver estas películas si queréis reflexionar y profundizar sobre estos temas. Eso sí, no son aptas para todo tipo de paladares, abstenerse fans de Vin Diesel.

Mariano de Vena Salvador | Psicólogo Col. Nº M-23785

Centro Psicológico Loreto Charques