Mediación: la gran olvidada del sistema judicial.

Titulares como el de la condena a un padre por “abofetear” a su hija adolescentes o el del niño con discapacidad que está siendo juzgado por haber pegado una patada a su profesora nos han sorprendido en los últimos días. Más allá de quedarnos en la discusión de justificar o no el uso de la violencia en estas situaciones, nos gustaría centrarnos en las posibles alternativas a las condenas que se plantean en estos casos. Está claro que es muy arriesgado hablar de casos concretos solamente con la información aportada en los medios de comunicación pero nos gustaría acercarnos un poco más a las alternativas que nos pueden llegar a partir de los procesos de mediación. Para ello, hablamos con D. Juan Ignacio Gutiérrez Lisardo, psicólogo colegiado M-23304, experto en mediación familiar y para las organizaciones de la Institución de Mediación del Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid, quien amablemente nos cuenta acerca de su experiencia en procesos mediadores.

Renata Sarmento: – Como experto en mediación, ¿qué sientes cuando ves noticias de este tipo?

Juan Ignacio Gutiérrez Lisardo: Es muy interesante ese matiz: como experto en mediación. Como cualquier persona tengo mis posiciones al respecto de cada uno de estos asuntos que estarían, más o menos, alineadas con alguna de las partes en conflictos. Esa sería la primera reflexión: desde la mediación lo que hacemos es definir y analizar los conflictos que se nos plantean, trabajar con las partes en su gestión y ayudarlas a que alcancen por si mismas sus propios acuerdos. Pero, respondiendo a tu pregunta, siento un poco de pena de que terminen en los tribunales cuestiones que deberían tener una tramitación diferente, y que la mediación sería un magnífico recurso para abordar conflictos de este tipo.

R.S.: ¿Cómo se gestionarían estos casos desde la mediación?

J.I.G.L.: Lo primero que tenemos que tener en cuenta es que la mediación es voluntaria. Las partes deben decidir previamente y de forma voluntaria, insisto, acudir a mediación para gestionar su conflicto.

El principal problema que tiene la mediación es que es un recurso no demasiado bien conocido, incluso, me temo, por algunos jueces. En mi opinión, el caso del niño discapacitado podría haber sido abordado por un servicio de mediación sin salir del ámbito escolar, y el del padre y la hija es un conflicto familiar que debería tratar de gestionarse por profesionales de ese ámbito: el familiar.

Cada abordaje tendría sus peculiaridades iniciales desde la mediación. 

La mediación escolar se realiza en los centros educativos. Las partes tienen la oportunidad de conocer cómo afecta su comportamiento a los demás, que otras posibilidades hay para gestionar los conflictos, trabajar para encontrar las verdaderas raíces o causas de los problemas,… Para este caso concreto tendríamos que valorar, además, las posibles interferencias que pudiera plantearnos la discapacidad del menor, y habría que delimitar previamente cuales son las partes en conflicto: ¿estamos ante un conflicto entre un alumno y su profesora?, ¿unos padres y una profesora?, ¿unos padres y el centro educativo? Así, a bote pronto, creo que estas serían las primeras cuestiones a abordar, pero cada caso tiene sus peculiaridades. Los mediadores tenemos que tratar de ser creativos.

En cuanto al caso de violencia en el ámbito familiar, se podría haber recurrido a la mediación en dos momentos: antes de tener lugar la escena que se narra o una vez que el caso está en el juzgado. Las relaciones familiares tienen componentes afectivos y emocionales peculiares que deben ser gestionados con la ayuda de profesionales con formación específica cuando surgen los conflictos. La mediación puede ayudar a prevenir y evitar la escalada de conflictos más o menos latentes, y el ámbito familiar es probablemente el más típicamente asociado a la mediación. No olvidemos que nuestras primeras regulaciones sobre mediación lo son para el ámbito familiar. Una vez que estos casos entran en el ámbito judicial, los jueces pueden sugerir a las partes que se intente una mediación. Si las partes acceden, trabajarían conjuntamente en la búsqueda de acciones para la reparación de los daños objeto de la demanda y trasladarían al juez sus acuerdos.

R.S.: ¿Crees que la mediación está infrautilizada por nuestro sistema legal?

J.I.G.L.: Creo que hay una mezcla de desconocimiento y desconfianza. Aparecen opiniones, posiciones e intereses que tienen a veces la apariencia de contrapuestos, y esto complica un poco la implantación. Yo no creo que la mediación sea una panacea, la solución a todos los problemas a los que el sistema judicial no da respuestas satisfactorias, entre otras cosas porque mi posición es que la mediación es también parte de nuestro sistema judicial. Hay muchos profesionales muy bien formados que pueden ayudar a las personas que así lo decidan a tratar de gestionar sus conflictos por sí mismos.

R.S.: ¿Cuáles crees que son las ventajas de la mediación?

J.I.G.L.: Huyo de lo que considero argumentos de mal vendedor: el ahorro de tiempo y de dinero. Para mí las principales ventajas son la posibilidad de preservar las relaciones futuras de las partes y que ofrece a las personas la posibilidad de tomar sus decisiones de una forma más autónoma. Creo que deberíamos plantearnos seriamente cuales son las consecuencias de acudir a los tribunales para resolver cuestiones que podríamos abordar por nosotros mismos recurriendo a profesionales especializados en ayudarnos a hacerlo, y ahí es donde más tiene que decir la mediación.

R.S.: ¿En qué ámbitos puede utilizarse la mediación?

J.I.G.L.: Me gusta decir que cualquiera que esté sujeto a la libre disposición de las partes; pero también es un recurso útil en el ámbito penal, dentro de lo que llamamos justicia restaurativa.

R.S.: ¿Qué hay que hacer si una persona está en un conflicto (familiar, laboral, etc.) y cree que la mediación le puede ayudar?

J.I.G.L.: Ponerse en contacto con algún profesional para conseguir información. No me sentiría bien haciendo publicidad, así que propondría una fórmula sencilla: una búsqueda en internet. Escribir en el buscador “mediación” o “mediadores” y elegir. Lo normal es que se ofrezca una sesión informativa gratuita.

Renata Sarmento | Psicóloga en el Centro Psicológico Loreto Charques

Damos las gracias de forma especial a D. Juan Ignacio Gutiérrez Lisardo, psicólogo colegiado M-23304, experto en mediación familiar por atendernos.

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Las otras víctimas.

Acababa de llegar a Madrid, tras haber estado aislado del mundo por las montañas del norte de España, caminando rumbo a Santiago. Mi mente estaba aún perdida en el recuerdo de bosques mágicos, de animales que se acercaban curiosos a que les acariciases (desde caballos a perrillos que recorren los caminos saludando a los peregrinos), de personas llegadas de todo el mundo y que te regalaban su compañía, su humanidad, su solidaridad, su cariño…

La mente y el alma renacidas en su fe en la Humanidad.

Entonces ocurrió. Barcelona. Cambrils. En mi cabeza no cabían la muerte y la destrucción que veía en la televisión. Luego las llamadas a los amigos que estaban pasando unos días allí. Todos estaban bien. Habían pasado hacía poco por las Ramblas. Ayer mismo, me dijo mi amigo Borja. Ayer mismo.

Pero todos estaban bien.

No es verdad. Ha habido víctimas directas, que sufrieron en sus carnes las heridas de la irracionalidad humana. Víctimas directas que vivieron a unos pocos metros o desde sus ventanas lo que estaba pasando. Víctimas directas que vieron desde sus televisiones o escucharon en sus emisoras de radio lo que estaba pasando. Víctimas directas que habían sobrevivido en Bruselas, en Manchester, en París, en Alepo, en Londres, en Boston… Víctimas directas que viajaron y revivieron como si fuera hoy mismo el infierno del 11M en Madrid. Todos ellos han vivido de manera traumática los atentados de Cataluña.

No sé si os habréis fijado –lo han dicho casi de refilón- que cientos de personas buscaron apoyo psicológico en los días posteriores. Sentían angustia. Sentían un dolor que no podían explicar. Una tristeza profunda. Y no tenían ni familia ni amigos ni conocidos entre las víctimas.

No hace falta.

Son humanos, personas que empatizan con los que sufren. Personas a las que los medios de comunicación y las redes sociales han bombardeado con imágenes de dolor, de muerte, de sufrimiento.

Desde aquí quisiera hacer una llamada a aquellos que sólo quieren ser los primeros en poner las imágenes más macabras. Pensadlo antes. No puede ser que hubiera personas que pensaran primero en hacerse un selfie con las víctimas de fondo en lugar de correr a ayudar. Pensadlo. Pensad en el efecto que tienen esos vídeos, esas fotos…

Y a aquellos que lo habéis pasado mal… aún no estando allí. Aquellos que tenéis pesadillas y que experimentáis angustia. No dejéis que ese sufrimiento se enquiste en vosotros… o podéis ser candidatos a episodios depresivos, a padecer de estrés postraumático… Los psicólogos (no sólo los de emergencias) estamos ahí para ayudaros, para prevenir futuras complicaciones.

Y ojalá que nunca más vuelvan a atacar nuestra libertad, nuestra paz, que tanto nos ha costado conseguir.

Sed felices…

César Benegas Bautista | Psicólogo en el Centro Psicológico Loreto Charques

¿Por qué no estoy a gusto con mi cuerpo?

Por fin ha llegado el tan ansiado veranito… ha llegado la hora de ir a la piscina, a la playa y, claro, hay que ponerse el bikini, la ropa de baño, etc… En este momento, cuando tenemos el cuerpo más expuesto, nos damos cuenta de que hay muchos aspectos de nuestro cuerpo que nos gustaría cambiar. Resulta que nos parece que nos sobra de un lado, nos falta del otro, nos vemos horribles, empezamos a pensar en que nadie se fijará en nosotros, nos comparamos además con otras personas que consideramos que están “mejor” físicamente, y claro, nos sentimos mal.

Hoy hablaremos de la imagen corporal, que es la representación mental que cada individuo tiene de su propio cuerpo. Esta representación mental la hacemos basados en:

  • Las medidas que atribuimos a nuestro cuerpo.
  • Los pensamientos, sentimientos y valoraciones que nos provoca nuestro cuerpo, principalmente el tamaño corporal, el peso, determinadas partes del cuerpo que nos gustan más de nosotros o menos o cualquier otro aspecto de la apariencia física.
  • Las consecuencias de lo anterior (medidas, pensamientos, sentimientos y valoraciones), es decir debido a cómo percibo mi cuerpo y cómo me siento con el mismo hago cosas como ponerme ropa más ancha, pesarme habitualmente para ver si he bajado esos kilos de más, vestir de negro porque estiliza, evitar ir a la playa para no ponerme en bikini, no ponerme sandalias porque no me gustan mis pies, peinar mi pelo de una determinada manera porque así veo mi cara más fina, compararme constantemente con los demás, etc.).

Mostramos una imagen corporal negativa cuando:

  • Valoramos de una manera equivocada las formas corporales y vemos partes del cuerpo como no son realmente.
  • Nos convencemos de que solamente otras personas son atractivas, y valoramos estas medidas como éxito y valía personal.
  • Sentimos vergüenza y ansiedad por el cuerpo.
  • Nos sentimos incómodos y raros en el propio cuerpo. No nos aceptamos. Nos sentimos enajenados.

Cash  y Brown (1987) han desarrollado la conocida como “docena sucia” que recoge los pensamientos distorsionados más habituales con respecto a la apariencia:

  • La bella o la bestia: pensamiento todo/nada, blanco/negro. Me sale un grano en la nariz y pienso “estoy horrible”, “estoy asquerosa”.
  • El ideal irreal: me evalúo en función de un estándar irreal (por ejemplo, mujer escultural), de esta forma sobresalen mis defectos en todo su esplendor: “soy demasiado baja…”.
  • La comparación injusta: nos comparamos con gente real muy atractiva: “no me gusta probarme ropa en tiendas grandes porque ver a las dependientas me hace sentir gorda y fea”.
  • La lupa: nos centramos en un aspecto o en aspectos de nuestra apariencia que no nos gustan y exageramos su importancia. Esto es, simple y llanamente, atención selectiva.
  • La mente ciega: se ignoran o se minimizan aspectos favorables de nuestro cuerpo; como nos sentimos bien con ellos, no los tenemos en cuenta, pero sí nos centramos en otros que nos gustan menos. Muy relacionado con la forma en la que nos educan para ser modestos.
  • La fealdad radiante: la insatisfacción con un aspecto de la apariencia se generaliza a otras características físicas. A modo de ejemplo: me veo arrugas bajo los ojos y empiezo a ver signos de vejez por otras partes el cuerpo.
  • El juego de la culpa: esta es muy importante, sobre todo en mujeres jóvenes y adolescentes. Se refiere a atribuir decepciones, rechazos o acontecimientos negativos a un aspecto de la apariencia con el que se está insatisfecho: “no siente interés por mí por mi aspecto”.
  • La mala interpretación de la mente: como supongo o creo que soy poco atractivo (o tengo un defecto), también considero que los demás me ven así. Adivino lo que piensa la gente y en lo que se está fijando.
  • Prediciendo desgracias: esperar que el mal aspecto físico tenga efectos negativos en el futuro. Por ejemplo, un hombre obeso piensa “con mi físico nadie me tomará en serio como vendedor” o un hombre calvo piensa “sin pelo ninguna mujer se enamorará de mi”.
  • La belleza limitadora: no poder hacer cosas por la apariencia. La prohibición de nuestros comportamientos está motivada por las reacciones negativas que creemos que tendrá la gente. Una mujer con arrugas piensa “no puedo salir sin maquillar”, otra persona piensa “no puedo ir a la fiesta con este pelo”.
  • Sentirse feo: como me siento feo, debo ser feo. La interpretación se convierte en certeza y justificamos la “fealdad”: “con razón me siento fea, mira qué horrible estoy”.
  • El reflejo del malhumor: a veces el malhumor motivado por otras razones termina reflejándose en nuestra apariencia. Por ejemplo, una persona muy estresada por el trabajo que termina criticando su cuerpo mientras se prueba ropa.

Nadie es capaz de pensar que es una persona horriblemente fea y despreciable y aun así estar a gusto consigo mismo. Está claro que todos nosotros, en algún momento (o en muchos), hemos caído en alguno(s) de estos errores y, por lo tanto, nos hemos sentido insatisfechos con nuestra imagen. Un paso fundamental para conseguir mejorar la autoestima y sentirse mejor es reconocer este tipo de pensamientos distorsionados (que se generan de forma automática) para poder así rebatirlos cada vez que nuestra mente los ponga en marcha. A partir de la confrontación objetiva, poco a poco se irán desvaneciendo y podremos automatizar una forma más adecuada de pensar.

Renata Sarmento | Psicóloga Col. Nº M-25389

Referencias

Alonso, A. (2014). Las distorsiones cognitivas, nuestras propias limitaciones. Recuperado el 26 de Junio de 2017 desde http://imeoobesidad.com/blog/las-distorsiones-cognitivas-nuestras-propias-limitaciones/

Cash, T. F. & Brown, T. A. (1987). Body image in anorexia nervosa and bulimia nervosa. A review of the literature. Behavior Modification, 11(4), 487-521. doi:10.1177/01454455870114005

Quiles Marcos, Y. Taller de Imagen Corporal y Alimentación. Recuperado el 23 de Junio de 2017 desde http://cpa.umh.es/files/2008/04/capitulo-4-taller-de-imagen-corporal-y-alimentacion.pdf

Romo Donaire, A.M. Tema 1: La Imagen corporal. Material docente. Recuperado el 23 de junio de 2017 desde https://rua.ua.es/dspace/bitstream/10045/3560/1/PowerPoint%20-%20TEMA%201.pdf

Chemsex… cuando la sexualidad no basta.

La sexualidad es algo maravilloso. Durante demasiado tiempo se ha visto limitada, coartada, haciéndola parecer como algo pecaminoso, sucio… Con la evolución cultural la sexualidad llegó de una manera más natural a la gente, sobre todo a los por entonces más jóvenes. Hasta que llegó el SIDA, como un fantasma aterrador que marcó a toda una generación, que obligó a que aprendiéramos de prevención de la infecciones de transmisión sexual (ITS). Hoy en día, aunque aún no hay una cura para el VIH/SIDA, sí que su contagio se ha visto controlado y cada año tenemos mejores noticias sobre la disminución del número de contagios.

Pero aún sigue ahí.

Posiblemente la educación sexual de las nuevas generaciones se ha visto más enfocada a prevenir esos contagios así como a frenar el número de casos de embarazos no deseados. Y ese enfoque ha olvidado enseñar la otra parte fundamental de la sexualidad que no es sólo su disfrute, si no las emociones implicadas.

Tal vez ese sea uno de los motivos por los que los jóvenes llegan antes a descubrir su propia sexualidad y explorarla. Aprenden –muchas veces a través de la pornografía o de la prostitución (sobre todo en el caso de los hombres)- el cómo se hace y no reflexionan el para qué. Y con ello no digo que haya que controlar o refrenar esa sexualidad. Pero sí que hay que educar de manera que se planteen por qué lo hacen. En más de un caso nos hemos encontrado con chicos y chicas que han tenido sexo… porque había que tenerlo, por presión de sus iguales, de sus parejas, o de lo que creen que se espera que hagan.

Eso puede llevar a que la sexualidad pierda parte de su sentido y por eso se trivializa… Y lo trivial lleva al aburrimiento y la rutina.

Y para salir de esa rutina y a la vez seguir a la moda y no ser un “marginado” que está fuera del grupo… muchos se lanzan a la práctica del CHEMSEX.

El CHEMSEX es un término que proviene inicialmente de la cultura anglosajona y que define una experiencia en la que bajo el influjo del consumo de sustancias químicas, drogas, a la vez se mantienen relaciones sexuales durante largos periodos de tiempo –más allá de lo normal en una persona sana en condiciones naturales-. Por así decirlo, forzando la máquina de manera artificial. Aunque inicialmente era una práctica minoritaria, se ha extendido por todo el mundo y ha llegado también a España. Como antaño se convocaban las fiestas rave, de manera discreta, por medio del boca oído, en la actualidad se realizan las convocatorias de estos encuentros sexuales por medios de Apps en los teléfonos móviles.

El uso de drogas para mantener relaciones sexuales no es algo nuevo, ni remotamente. Se ha dado a lo largo de la historia en prácticamente todas las culturas y empleando todo tipo de sustancias. Siempre buscando durar más, tener más parejas sexuales… y, lo que más enganchaba, poderlo contar a su grupo.

En eso no hemos cambiado mucho.

Lo que ha cambiado es la irrupción de la metanfetamina, llamada por nombres como batu, blade, cristy, cristal, vidrio, hielo caliente, cuarzo, shabu, shards, stove top, super hielo, tina, ventana, meta, tiza… Y el peligro radica primero en que su efecto adictivo es muy intenso, por lo que muchas personas se enganchan, desarrollando una dependencia física y psicológica. De ella sabemos:

-La metanfetamina es un potente estimulante del sistema nervioso central. Sus efectos son más potentes que la anfetamina porque atraviesa muy fácilmente la barrera hematoencefálica.

-Aunque tiene indicación terapéutica para el tratamiento de la narcolepsia y del TDAH, también se usa en espacios de fiesta (en menor medida que la anfetamina, dependiendo de la zona geográfica).

-Su uso recreativo suele ser por la vía esnifada o oral, pero hay un uso fumado o inyectado que en España es muy minoritario. Por vía nasal y fumada los efectos aparecen casi inmediatamente, mientras que si se consume oralmente los efectos tardan una media hora en aparecer.

-Los efectos principales de la metanfetamina son la sensación de energía y euforia, con incremento en el nivel de alerta y rendimiento intelectual, disminución de la necesidad de dormir y comer y dilatación pupilar. En las primeras tomas el efecto puede parecerse más al MDMA que a otro estimulante, debido a que aparecen efectos de apertura intelectual acompañadas de euforia (*).

Y es en esa combinación de euforia, de falsa percepción de control, de ser capaz de interactuar fácilmente con cualquiera el que hace que, cuando las personas que se reúnen para practicar el CHEMSEX, puedan perder la percepción del riesgo de lo que están haciendo y surge el riesgo a las ITS, no sólo por el intercambio sexual de fluidos, sino también por la vía de administración.

¿Cuál es nuestro papel como padres y como educadores? Debemos dar una correcta educación sexual que conciencie a los más jóvenes de los riesgos de una sexualidad mal llevada (muchas chicas, por ejemplo, no saben ni lo que es el VPH, o virus del papiloma humano, cómo se contagia y los riesgos que conlleva). Pero también debemos enseñar lo bueno de la sexualidad, que somos dueños de ella y no debemos dejarnos llevar o presionar por lo que otros quieran o nos pidan que hagamos.

La sexualidad es maravillosa.

Libre, consciente y controlada… dentro de lo posible.

Sed felices.

César Benegas Bautista | Psicólogo Col. Nº M-22317

Enlace relacionado:

http://www.20minutos.es/noticia/3054603/0/perdido-miedo-contraer-sifilis-gonorrea/

(*) Fuente: https://energycontrol.org

¡Si dudas del Tdah, hazte voluntario!

Año viene y año va volvemos a la polémica sobre la existencia real del Trastorno por Déficit de Atención con/sin Hiperactividad (TDAH). Entre los que dicen que tan sólo es un niño movido, con mucha energía, pasando por aquellos que aseguran que es un problema de educación (es decir que la culpa es de los padres y madres) a aquellos que dicen que es algo inventado por la industria farmacéutica. Todos emiten estos comentarios sin malas intenciones (¿o no?) pero no se dan cuenta (¿o sí?) del daño que hacen a las personas que padecen TDAH y a sus familias.

Esta situación me recuerda las primeras explicaciones que se dieron a los orígenes del autismo: la culpa era de las madres nevera. Esta teoría justificaba el trastorno por la falta de una vinculación adecuada entre madre-hijo. ¿Nos podemos hacer una idea de lo duro que puede llegar a ser para una madre tener un hijo con unas características particulares y ser culpabilizada por ello sin razón? Afortunadamente, Leo Kanner, que en un primer momento defendió la teoría de las madres nevera, terminó por desecharla y empezó a restar de responsabilidad a las madres porque se dio cuenta de que los hermanos de los niños con autismo educados por las mismas madres no presentaban dicho trastorno. Felizmente, a día de hoy esta teoría está completamente superada y hoy sabemos que el autismo es un trastorno del neurodesarrollo que afecta a la comunicación y a la socialización.

Volviendo al tema que hoy nos ocupa, el TDAH, estoy deseando que llegue el momento en que no tengamos que estar justificando constantemente su existencia y que superemos de una vez la idea de que el TDAH es un trastorno inventado.  La verdad es que lo ponga en duda una persona que no haya tenido la oportunidad de estudiar (como la vecina del quinto), puedo llegar a comprenderlo, pero que emitan juicios como “es un invento de la psiquiatría norteamericana para vender medicación” o “el TDAH es una moda” doctores de reconocido prestigio, dice muy poco acerca de su “supuesto” prestigio.

Podemos discutir sobre la adecuación de los criterios diagnósticos, podemos y debemos mejorar y aclarar la evaluación para no dar falsos positivos y no caer en el sobrediagnóstico, podemos y debemos investigar para conocer qué tipo de intervención es la más adecuada (medicación sí/no/cuándo/qué medida y/o terapia cognitiva-conductual, etc.). Sin embargo, negar la existencia del trastorno lo único que nos lleva es a la inacción y a no dar respuesta a una realidad existente.

De acuerdo con Orjales (2017) el TDAH es un trastorno complejo cuyas manifestaciones clínicas, en intensidad y desadaptación, son el reflejo de una posible alteración orgánica modulada por la influencia del ambiente (es decir, la educación, la intervención y el entrenamiento recibidos por el sujeto hasta el momento) que, en cierta medida, contribuye a frenar o a potenciar los síntomas. Por lo tanto, no se trata de un invento de la industria farmacéutica, o una moda, o tan sólo falta de una educación ajustada. El TDAH existe y es una de las patologías más frecuentes en la infancia y, de su diagnóstico y de la intervención temprana, depende que no derive en trastornos severos de conducta, abandono escolar, trastornos del estado de ánimo, muertes prematuras y/o adicciones y problemas con la justicia. El TDAH va mucho más allá y tiene muchas más implicaciones para las personas que lo sufren y sus familias.

El diagnóstico del TDAH se debe hacer en base a los criterios de la Asociación Americana de Psiquiatría  (APA)  recogidos en el DSM (Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders) en su versión número 5. El DSM-5 es el producto de más de 10 años de estudios científicos de cientos de expertos internacionales en todos los aspectos de la salud mental. El trabajo define y clasifica los trastornos mentales con el fin de mejorar los diagnósticos, el tratamiento y la investigación. Para ser diagnosticado con TDAH, el DSM-5 exige:  

·         Determinar la intensidad de los síntomas

·         Determinar la cronicidad de los síntomas

·         Descartar la existencia de factores ambientales

·         Determinar el nivel de desadaptación

·         Establecer el diagnóstico diferencial (para determinar si hay trastornos comórbidos u otro trastorno que explique mejor los síntomas)

Si hay una entidad en la que coinciden expertos internacionales en unos criterios y síntomas, que han revisado estudios científicos ¿es realmente plausible que sigamos negando su existencia? Insisto en que podemos y debemos seguir investigando para mejorar nuestro conocimiento en cuanto a detección, diagnóstico e intervención. Pero lo que no parece lógico es seguir insistiendo en negar las evidencias.

Yo no me cansaré de desmentir todos los mitos y “bulos” que corren por la red y que salen de personas que desconocen por completo la realidad de los afectados por el TDAH y sus familias. Por eso, desde aquí lanzo una propuesta a las asociaciones y a las personas que dudan acerca de la existencia del TDAH. ¿Por qué no organizamos un voluntariado para todos aquellos que dudan de la existencia del TDAH? Propongo la campaña: ¡Si dudas del TDAH, hazte voluntario! Como creo es una cuestión de desconocimiento, el mejor remedio para ello es la información y el acercamiento al día a día de las personas con TDAH y sus familias. Informando y sensibilizando seremos capaces de desterrar del todo las teorías basadas en la desinformación.

Renata Sarmento | Psicóloga Col. Nº M-25389

Para saber más:

Para Todos La 2 – El TDAH https://www.youtube.com/watch?v=Rnmx9hYERrc

Madrid Conesa, F. (2016) TDAH: ¿Existe? Cuaderno de Pedagogía, 463, 82-87. http://feaadah.org/admin/archivo/docdow.php?id=756

Referencias

Orjales, I. (2017) Comentarios respecto al TDAH. Recuperado el 25 de Mayo de 2017 desde http://feaadah.org/es/difusion/650 .

¿Se puede adivinar el futuro?

Cuenta la historia que el tarot más antiguo del que hay constancia física se debe a la obra de Filippo María Visconti, el último duque de Milán de la dinastía Visconti. Por lo que es conocido como Tarot Visconti. Se dice de él que fue un político de raza… pero consumido por un temor supersticioso que le llevaba a una continua consulta a todo tipo de ocultistas, nigromantes y astrólogos. No hay un acuerdo sobre si fue realizado como regalo para la boda de su hija… O con fines adivinatorios más particulares.

Otras fuentes afirman que el tarot provendría de Egipto, posiblemente de algún seguidor del culto al dios único Atón, alrededor del año 1450 a.C., tal vez en un afán de dejar por escrito, de manera oculta o esotérica, sus creencias de la existencia en un dios único, que luego fueron prohibidas y perseguidas. Para que les ubiquemos en el tiempo, hablamos del padre del famoso faraón Tut-anj-Amón, más conocido para la posteridad como Tutankamon, el faraón niño…

Podría seguir contándoos las teorías, las leyendas, historias de secretos y de místicas ya olvidadas, que son de lo más fascinantes. Pero lo que hoy queremos tratar no es su origen, si no de qué hablamos cuando en la actualidad hablamos del tarot.

Como tal, el tarot sería una baraja, un mazo de cartas, compuesto por 22 arcanos mayores y 56 arcanos menores. El nombre de cada carta es naipe, que vendría del árabe “naïf” y su significado se podría traducir como emisario o mensajero. (Hay un libro estupendo sobre el tema del místico sufi Idries Shah Syed, de lo más recomendable). Cada cultura a lo largo de los siglos ha buscado cómo contactar con las fuerzas de la naturaleza, con los dioses… y preguntarles por aquello que más incertidumbre nos genera: el futuro y la toma de decisiones. Que nos señalen el camino. Que elijan por nosotros.

El vidente que emplea el tarot busca predecir el futuro mediante la interpretación de las cartas que han de ser extraídas siguiendo un ritual previo de purificación y de limpieza física de manos y rostro, de la elección de una serie de cartas –cuyo número varía en función de la pregunta-, que han de ser desplegadas siguiendo unas figuras rituales que, para algunos, buscarían obtener la forma del árbol de las sefirot o árbol de la vida de la Cábala. Como podéis ver hay un profundo trasfondo metafísico en todo esto. A finales del siglo XX hubo un despuntar de los cultos “wiccanos” (dicho de una manera muy simplificada, el culto a la madre tierra y a sus potencias) que empleaban entre otras mancias (o magias adivinatorias) el tarot.

¿Puede cualquier persona usar el tarot?

La verdad es que sí. Pero los “verdaderos” iniciados os alertarían que hacen falta muchos años de estudio, meditación y entrenamiento para tener un dominio de este arte. Y aún así… os dirán que el tarot realmente es una manera de buscar un mayor desarrollo interior, que del futuro sólo se pueden intuir posibles caminos, pero lo que va a suceder de verdad… queda más allá del alcance de “meros humanos”. Usarlo… cualquiera puede. Saber lo que se hace… no tanto.

Imaginaos por un momento que un vidente os dice que vais a aprobar el carné de conducir. Lo que realmente dice es que intuye que estás en una situación vital propicia. Pero si no hay un esfuerzo, un estudio diario y un autocuidado (como descansar la noche antes) esas palabras se quedarían sólo en eso: palabras. Y no olvidemos que es una intuición. Y a veces un deseo de que nos pasen cosas buenas.

El uso del tarot es seguido por millones de personas en el mundo, hasta el punto de convertirse en un pingüe negocio. Podéis ver en la televisión toda una serie de canales dedicados expresamente a emitir una programación en la que una serie de hombres y mujeres atienden –previo pago de la llamada… y no suele ser precisamente económica- llamada tras llamada, sin descanso, de personas a las que les dicen lo que les va a suceder.

Pero…

¿Esas personas saben lo que hacen? ¿Podemos hacer caso de desconocidos que nos dicen si tal persona va a padecer una grave enfermedad –y lo hacen con más seguridad de la que tienen los propios médicos- o si vamos a tener una oferta de trabajo? ¿Podemos ponernos sin más reflexión en sus manos? Si el futuro fuera predecible de esa manera… ¿por qué los que usan esa predicción no la emplean para sí mismos, para enriquecerse, para obtener puestos de trabajo cómodos y sobradamente remunerados?

La respuesta es sencilla: porque no pueden.

¿Por qué les preguntamos entonces?

Porque nos asusta el futuro y cuando la ansiedad nos asalta, cuando enfermamos, cuando perdemos el trabajo o al amor de nuestra vida… necesitamos cualquier salvavidas, que nos dé la esperanza necesaria para no ahogarnos en el miedo. Porque el miedo paraliza, confunde, nos lleva a tomar decisiones precipitadas… Y creemos que en las palabras de estos videntes hallaremos paz y un sentido.

Lo que es cuestionable es si “saber” el futuro es la mejor manera de afrontarlo o si una esperanza errónea puede dirigirnos a un destino con el que nada tenemos que ver. Y no menos importante: si sabemos lo que nos va a pasar… ¿no perdería la vida parte de su sentido de descubrimiento, de aventura (no siempre sencilla)?

En próximas entradas quiero que profundicemos en el tema, porque no me cabe duda de que muchos de vosotros conocéis a alguien a quien le han adivinado el futuro. Y eso tiene una explicación que, puedo aseguraros, os puede sorprender…

¿No va de eso la magia?

Sed felices…

César Benegas Bautista | Psicólogo Col. Nº M-22317

Centro Psicológico Loreto Charques

Serotonina, depresión y 5-Htp

La depresión es el resultado final de la interacción de múltiples factores constitucionales, evolutivos ambientales e interpersonales, que modifican las pautas de neurotransmisión entre los hemisferios cerebrales y el sistema límbico, y alteran de manera reversible los circuitos cerebrales de recompensa y castigo.

El principal sustrato neuroquímico de esta alteración es una desregulación de las monoaminas neurotransmisoras noradrenalina y serotonina y, posiblemente, también de la acetilcolina y de las endorfinas.

La disfunción central de la neurotransmisión, además de su repercusión en la conducta, origina alteraciones neurovegetativas y endocrinas, sobre todo en la secreción de cortisol, hormona tiroidea y hormona del crecimiento.

El estado depresivo influye a su vez en relaciones interpersonales, el entorno y las pautas de gratificación, creando situaciones depresógenas con experiencias de pérdida, indefensión y estrés, que influyen de nuevo negativamente en la actividad de los neurotransmisores, cerrando así un circulo vicioso de retroalimentación positiva, que tiende a mantener indefinidamente el proceso.

La serotonina, o 5-hidoxitriptamina, procede del metabolismo de un aminoácido esencial que debe ser forzosamente ingerido por la dieta, el triptófano. La enzima triptófano-hidroxilasa convierte el triptófano en 5-hidroxiltriptófano (5-HTP), y éste por dercarboxilación, se convierte en serotonina.

Las funciones de la serotonina en la regulación de la homeostasis son múltiples e importantes, modulando en general la estimulación excesiva y ejerciendo un efecto inhibitorio sobre la conducta.

Los déficit de serotonina han sido asociados con la regulación de numerosos sistemas neurobiológicos, incluyendo el sueño, el apetito, la actividad sexual, los ritmos circadianos, la  memoria, el aprendizaje, la regulación de la temperatura, la función cardiovascular, la contracción muscular y la regulación endocrina.

Su papel en la depresión se relaciona con la actividad catecolaminérgica,  a través de la “hipótesis permisiva de la depresión” según la cual un déficit funcional de la transmisión serotoninérgica predispone a un trastorno afectivo, presentándose un estado depresivo si la neurotransmisión catecolaminérgica está también deficitaria, mientras que si por el contrario está aumentada la manifestación clínica es de tipo maníaco.

La mayoría de los fármacos antidepresivos que se recetan en la actualidad son Inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS). Su mecanismo de acción se centra en incrementar los niveles extracelulares de serotonina al inhibir su recaptación hacia la célula presináptica, por lo que aumenta la cantidad de serotonina en la hendidura sináptica para unirse con el receptor postsináptico.

Pero no quería hablar de los tratamientos con los psicofármacos ISRS,  sino de cómo a través de sustancias naturales podemos regular los niveles de serotonina en el cuerpo.

El cuerpo produce 5-HTP cómo hemos dicho anteriormente a través del  aminoácido L-triptófano, aunque es difícil de conseguir un efecto significativo a través de los alimentos.

Tienen triptófano alimentos como el queso, las legumbres, los cereales, los frutos secos, el cacao, frutas como el plátano, el mango y la piña; y sobre todo los alimentos ricos en proteínas, carne, pescado, marisco, huevos, etc.

Podemos incorporar a nuestra dieta mediante el 5-HTP en forma de  suplemento alimenticio, al igual que hacemos con las vitaminas o los minerales.

El 5-HTP es un suplemento  natural y una gran alternativa a los medicamentos para aumentar los niveles de serotonina en el cerebro. El 5-HTP (L-5-hidroxitriptófano), recupera de forma directa los niveles de serotonina al ser absorbido por el torrente sanguíneo, cruzar fácilmente la barrera hematoencefálica y producir un equilibro óptimo de la serotonina en el cerebro.

El 5-HTP ha demostrado ser más eficaz que el L-triptófano ya que, químicamente hablando, está más próximo a la serotonina. Esta sustancia se encuentra de forma natural en las semillas de la planta llamada Griffonia simplicifolia. 

Es una planta trepadora arbustifoide que procede de las llanuras y sabanas de algunos países africanos, principalmente los de la parte occidental, donde sus habitantes lo han utilizado como medicina, pero sobre todo como alimento de forma ancestral. Contiene un 12 % de 5-HTP. 

Desde los años 70  se están estudiando los efectos del 5-HTP al ser incorporado al mercado en numerosos países.

Entre los efectos positivos que se van investigando destacan en el tratamiento de problemas de insomnio, depresión, ansiedad, obesidad, migrañas y cefaleas tensionales y fibromialgia. 

Los estudios han demostrado que el 5-HTP mejora la calidad del sueño, prolonga la fase REM y proporciona un sueño más profundo, pero sin alterar el tiempo total de sueño.

La capacidad del 5-HTP, para mejorar el sueño incluye la regulación de la hormona melatonina, una hormona que muchas personas toman para poder dormir. Pero el 5-HTP ha demostrado ser mucho más eficaz para producir un sueño reparador, ya que favorece la liberación de melatonina por la glándula pineal en el cerebro.

Un gran avance en el  tratamiento para la depresión fue el desarrollo de ISRS, como mencionaba anteriormente, sin embargo  El 5-HTP puede convertirse en una alternativa natural, siendo una sustancia que  penetra fácilmente en el cerebro, donde se convierte en serotonina.

Uno de los más ensayos clínicos más impresionantes se realizó en 90 pacientes que sufrían una depresión con “resistencia al tratamiento”. Estos pacientes no respondían a tratamientos anteriores, incluyendo todos los antidepresivos conocidos y la terapia electroconvulsiva. Estos pacientes resistentes al tratamiento recibieron 5-HTP en una dosis promedio de 200 mg por día, con una variación entre de 50 a 600 mg por día.

De entre todos los pacientes estudiados, 43 de entre 99 de ellos eliminaros completamente la sintomatología depresiva, otros 8 de ellos presentaron una mejora significativa.

Uno de los mayores obstáculos en el éxito de las dietas de pérdida de peso es la tendencia a la ansiedad después de seguir la dieta. Aquí es donde el 5-HTP entra en juego.

Se ha demostrado que el deseo de comer hidratos de carbono y el ataque de los antojos alimenticios obedecen  a los bajos niveles de serotonina. Por lo tanto, el aumento de los niveles de serotonina en el cerebro puede contribuir al éxito de una dieta para perder grasa.

Como se valoró en un estudio sobre esta fibromialgia  y la migraña, el aumento de los niveles de serotonina podría tener un efecto directo en la reducción y la transmisión de las señales del dolor. Cuando se produce un nivel más elevado de serotonina menos propenso se es a la molestia.

Mariano de Vena Salvador | Psicólogo Col. Nº M-23785

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