Niños tirano: El dolor de los padres.

Cuando los hijos se muestran como auténticos tiranos y resulta prácticamente imposible establecer la normalidad en sus afectos y los límites diarios, cierta normalidad y tranquilidad a la hora de motivarles o premiarles;

Cuando las normas mínimas de convivencia del hogar resultan un dolor constante y la agresividad se llega a convertir en rutina;

Cuando los hijos se muestran tremendamente caprichosos, inconformistas, beligerantes e inconsolables… pueden llegar a surgir enormes dudas y confusión en lo más profundo de sus padres.

La confusión y el dolor de los padres

En el caso de estas familias que lo han intentado todo con su hijo, que viven un constante tira y afloja, siempre tan extremo y dramático, se pueden generar sentimientos a veces contradictorios, tremendamente molestos al corazón y la conciencia, pero que son siempre humanos y que vienen dados por atravesar situaciones de una extrema gravedad y difícil control. Entonces, son momentos en los que un padre o una madre también requiere apoyo específico debido a la gravedad de las emociones y sentimientos que puede atravesar:

-Frustración e impotencia. Se quiere y no se puede. Se pretende entender adecuadamente a los hijos, poner nombre a lo que está pasando, y sobre todo, lograr el control que no termina por llegar.

-Ansiedad y miedo. Los nervios del “va a volver a ocurrir. Se va a poner hecho un bruto”. Está pasando delante de tus ojos, se está activando una bomba. Y cuando se repite varias veces, el ya no saber cuándo va a pasar y sentir verdadero miedo al siguiente estallido y terremoto en casa.

-Odio. Lo has intentado todo y no hay remedio. Puede sacar de las casillas a cualquiera, pero esos cualquiera siempre son los mismos: los padres. Tienes necesidad de descargar en él toda la responsabilidad y, un poquito si, lo llegas a odiar.

-Dudas, tristeza y depresión. ¿Lo estaré haciendo bien? ¿Es esto realmente lo que tengo que hacer como padre/madre? Es un asunto muy complicado, más allá de lo que pensabas, y llega la tristeza porque te sientes indefenso durante mucho tiempo sin encontrar soluciones útiles.

-Culpa. Es el no tener claro que toda la responsabilidad sea del niño, porque al fin y al cabo es eso, solo un niño. Te empiezas a sentir mal, creer que no eres buen padre o buena madre, porque crees que seguro que todo lo que está ocurriendo se podía desarrollar de otra forma y no estás siendo capaz.

El síndrome del emperador o del niño tirano se trata de un fenómeno complejo, en el que influyen aspectos sociales, culturales, genéticos y educativos. Como base en todo ello, niños que muestran agresividad muy grave y signos claros de muy baja empatía o conciencia más allá de si mismo.

Los padres de estos niños tienen una meta nada fácil en cuanto a educar, ya que viven bajo una constante presión, angustia y miedo las constantes reacciones desmesuradas de sus hijos. Tampoco les resulta nada fácil establecer el equilibrio entre la necesidad de contención de estos niños y transmitirles afecto y cariño.

La familia necesita contar en estos casos tan graves con herramientas y recursos amplios. Y si de verdad queremos empezar la casa por los cimientos, debemos detenernos en entender las propias emociones, las que estos niños, con sus comportamientos tan terribles generan en los propios padres.

Lo que sí parece claro desde el punto de vista del apoyo psicológico a las familias es que cuanto mejor se identifiquen, reconozcan en uno mismo como padre, madre o unidad familiar las emociones vividas, se elaboren y afronten de manera adecuada, más fácil será no caer en hábitos y prácticas poco aconsejables, originadas como decimos en sentimientos tóxicos y engorrosos que dificultan mucho avanzar, querer y educar estos niños tan difíciles.

La culpa, el desánimo, la indefensión o el miedo, vividos en su estado más crítico, pueden hacer que los padres y madres establezcan muchas veces patrones educativos bien de corte permisivo-evitativo por perder la perspectiva global de la situación, con lo que la problemática, lejos de solucionarse, se agudiza y cronifica en el tiempo. También ocurre la polarización en el hogar en la búsqueda de soluciones, pasar de la A a la Z en un minuto, lo que puede desorientar más al niño, además de generar conflictos serios en la pareja, otro aspecto que también repercute notablemente en la educación y crianza de estos niños.

Por tanto, los “cuidados del cuidador” llegan a ser en estos casos un punto imprescindible. La salud psíquica de los padres para afrontar situaciones diarias de vejación y maltrato requiere autocuidados conscientes y en la mayor parte de los casos, apoyo profesional. Os animamos mucho a que lo hagáis, por favor. 

Algunas pautas para afrontar al “pequeño tirano”

Contar con estrategias básicas en el afrontamiento del “niño rey” hará que os sintáis más seguros y no perdáis el norte, lo que repercutirá notablemente en interpretar y afrontar las situaciones de manera menos tóxica y dañina. No queremos perder la ocasión para recordaros algunos puntos clave:

-Establecer un buen apego.

-Tener claro que la autoridad no está en manos de los hijos.

-Establecer unos pocos límites, criterios que son incuestionables, y no abundar en su debate.

-Recordar que hay derechos y deberes.

-Establecer cierta austeridad ante juguetes, tecnología y moda con niños tan “exigentes”.

-No normalizar la violencia o tintes diversos de maltrato. Ser consciente de que ocurre. Actuar, pedir ayuda profesional.

-Proporcionar consecuencias morales a los niños.

-Exponer a experiencias altruistas.

-Fomentar la conciencia ampliada y la empatía.

Estos 3 últimos puntos están relacionados con la conciencia, la empatía y el razonamiento moral, y se pueden favorecer desde casa exponiendo a los niños a situaciones que conllevan estos elementos. El Psicólogo Javier Urra recomienda en estos casos llevar a los hijos a un hospital a ver a unos niños muy malitos, con enfermedades terminales o procesos oncológicos, para que puedan apreciar el “tú” en su dimensión más extrema, y sintonicen con un dolor real más allá de su “yo, yo y yo” egocentrista de estos niños y niñas.

Otras formas de transmitir moral a los niños es ir a ver a los abuelos enfermos aunque no apetezca, visitar algún familiar o amigo pachucho, todo con el fin de empatizar y expandir una conciencia moral limitada. Y esto también es educar, no solo limitarnos a informar, sino exponer vivencialmente a estos niños a contenidos morales significativos como son la empatía y la reciprocidad.

Estimadas familias; Muchísimo ánimo y “autocuidados”, junto con dosis de paciencia, persistencia, razón y corazón.

Sergio Algar | Psicólogo en el Centro Psicológico Loreto Charques

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Cómo conseguir una comunicación asertiva con niños TDAH

En el post de hoy intentaré dar pautas concretas para conseguir una comunicación asertiva con nuestros hijos para así favorecer nuestras relaciones. Estas pautas podríamos resumirlas en: Qué, Cómo, Cuándo y Dónde.

QUÉ

Saber qué es lo que queremos decir o comunicar si vamos a felicitarle o recriminarle algún acto o conducta; si vamos a comunicarle alguna norma, los límites de dicha norma o las consecuencias de haber incumplido alguna; si se tiene que poner a realizar alguna tarea o no la ha realizado; etc.

CÓMO

  • Expresarnos de forma clara y precisa, señalando únicamente lo que queremos comunicar.
  • Importante decirlo de forma neutra y sin emitir juicios personales, es decir, será mejor señalar la situación objetiva (“Has tirado las pinturas, ten más cuidado”), que indicar cualquier juicio subjetivo (“Eres un torpe porque has tirado las pinturas”).                  
  • Es necesario indicarles qué puede ocurrir si realizan esa conducta mal, así como si la realizan bien, es decir, anticiparles las consecuencias de las acciones para que puedan elegir lo que más les convenga.
  • Cuando le queramos señalar algún aspecto de su conducta que no ha hecho de forma correcta, es muy conveniente utilizar el pronombre “yo” y no tanto el “tu”, es decir, deberemos ponernos nosotros como ejemplo y quizás no culpar directamente la conducta del niño con TDAH. Si en un momento dado, el niño está haciendo demasiado ruido en vez de señalarle “cállate”, haciendo hincapié en el propio niño; le diremos “me estoy sintiendo mal porque no me estas dejando escuchar lo que me está contando tu hermana”, haciendo un mayor hincapié en las consecuencias que están teniendo en los demás esa conducta.
  • Para conseguir también que el niño con TDAH sea más receptivo a lo que le queremos decir, podemos comenzar siempre destacando los aspectos positivos de su persona y de su conducta (dependiendo de lo que se le quiera comunicar) para posteriormente señalarles aquellos que se podrían mejorar (los negativos).

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Algunos ejemplos de comunicación asertiva:

  • Para un niño de 4-8 años: “Hoy me han gustado mucho tus abrazos pero mamá se ha puesto triste, no le ha gustado cuando te has enfadado tanto y has pegado una patada a tu hermana… Todos hemos terminado disgustados. La próxima vez que tu hermana te quite un juguete me gustaría que me lo dijeras, mamá tratará de solucionarlo y todos estaremos más contentos”.
  • Para un niño de 9-12 años: “Esta semana te has esforzado mucho en los deberes, pero todavía puedes mejorar en su presentación: has borrado mucho y los trabajos han quedado sucios. Me gustaría que la semana que viene te esforzarás en borrar menos y colorear sin presionar tanto, si lo haces vas a sacar una nota alta”.
  • Para un adolescente: “Me ha dolido cómo me has contestado cuando no te dejé salir… Tú te has quedado sin salir y los dos nos hemos quedado disgustados. Me gustaría que si ocurre lo mismo otro día intentes contar hasta tres y hables conmigo sobre lo que no estás de acuerdo. Si tienes razones o argumentos de peso yo estoy dispuesta a escucharte y negociar las cosas de otra forma”.

CUÁNDO

Será importante como ya hemos indicado y que no podemos olvidar, elegir el momento adecuado para mantener la conversación, sobre todo si lo que queremos decir es muy importante. Para ello deberemos tener en cuenta como ya hemos comentado la no existencia de cualquier tipo de interferencia, así como los estados emocionales en los que nos encontremos nosotros y el niño. No es muy eficaz intentar razonar en el momento de una rabieta o en un momento en el niño (o nosotros) estamos alterados.

DÓNDE

Tenemos que tener en cuenta en qué lugar se ha producido o se va a producir la acción a comentar, rectificar o castigar; analizar también delante de quien o quienes se ha producido dicha acción. En función de dichos factores examinaremos si el lugar en el que nos encontramos es el adecuado para hacer los comentarios pertinentes; si debemos retirarle a un lugar apartado o dejarlo para cuando lleguemos a casa. En cualquiera de los casos debemos elegir un lugar con un ambiente tranquilo y en donde nos podamos comunicar mejor con él.

Renata Sarmento | Psicóloga en el Centro Psicológico Loreto Charques

Referencias:

www.fundacioncadah.org

Abelló Planas, L., Martínez Cerón, G., Delgado, F. y Gortázar Díaz, P (2008) Habilidades de comunicación familiar. Ampliación del programa Construyendo Salud. Madrid: CEAPA

Pérez Pino, M. T. (2007) Diagnóstico del maestro asertivo en la atención de niños con déficit de atención e hiperactividad. I Encuentro Internacional de Educación Especial, Chiapas, México.

 

Generación Selfie.

Vivimos tan acostumbrados a hacer fotos con la cámara de nuestro teléfono móvil que ya casi ni nos acordamos de que hace muy poco tiempo no era así, ya que ha sido de manera muy reciente cuando los móviles han comenzado a incorporar cámara fotográfica de gran calidad.

Esta accesibilidad a la cámara de fotos, unida a un fenómeno también muy reciente como son las redes sociales, ha ido conduciendo a que muchas personas sientan la constante necesidad de documentar todo lo que sucede en sus vidas.

El término “Generación Selfie” se está empezando a utilizar para referirnos a la generación que vivimos, la que trata de mostrar todo el tiempo la propia imagen y estilo de vida en redes sociales, lo que conlleva, en los casos más extremos, un tipo más de adicción compulsiva de las que vivimos durante esta década.

Bien sea a través de mensajes o de fotografías, mostramos quienes somos, nuestra vida, detalles incluso muy íntimos, que aunque cuenten con barreras y filtros de difusión selectiva, no deja de ser al fin y al cabo “vivir en un constante escaparate”.

El refinamiento y grado de perfección que buscan algunas personas en la proyección de su “imagen social” les hace dedicar gran número de horas al día en construir un halo en torno a la idealización de la historia de vida, ya que fotografiar de manera constante, la búsqueda de escenarios sugerentes, la redacción en torno a sí mismo y atender todas las redes de las que forma parte conlleva no solo tiempo, sino pensamiento en torno a lo que se quiere ser y lo que se quiere que los demás vean. Este fenómeno genera en muchas ocasiones  una distancia con el presente “real” y unido a ello distintas formas de ansiedad, obsesión incluso adicción.

En definitiva; queremos “ser”, pero sobre todo queremos mostrar y “ser vistos”. Parece que el selfie compulsivo añade más plástico a nuestra sociedad. ¡Como si ya no tuviéramos bastante!

Los adolescentes han aterrizado en este fenómeno anestésicamente, ya que han nacido prácticamente insertos en él. Los adultos que hemos vivido fuera de esta nueva ola todavía podemos mantener cierto distanciamiento y observación critica del fenómeno. Pero la generación selfie ha entendido la imagen y las redes sociales como algo normal e inofensivo, y es más vulnerable a no comprender adecuadamente la magnitud y daños de un mal uso de “la propia imagen en redes sociales”.

Como con todo, dosis de sentido común y equilibrio, que en este caso quizás se puede traducir en un uso moderado y crítico de la imagen que se proyecta en el caso de adolescentes y adultos. Eso si, precaución en los  adolescentes desde todos los ámbitos, ya que su desarrollo psíquico está en marcha, y ponderar desde tan temprano el mundo en base a la imagen, la estética y el referente externo puede traer consecuencias no gratas tanto a corto como a medio plazo. Aspectos como la seguridad todavía no son bien entendidos en estas edades, y requieren de la supervisión y apoyo por parte de los padres y también la escuela.

Sergio Algar | Psicólogo en el Centro Psicológico Loreto Charques

Mediación: la gran olvidada del sistema judicial.

Titulares como el de la condena a un padre por “abofetear” a su hija adolescentes o el del niño con discapacidad que está siendo juzgado por haber pegado una patada a su profesora nos han sorprendido en los últimos días. Más allá de quedarnos en la discusión de justificar o no el uso de la violencia en estas situaciones, nos gustaría centrarnos en las posibles alternativas a las condenas que se plantean en estos casos. Está claro que es muy arriesgado hablar de casos concretos solamente con la información aportada en los medios de comunicación pero nos gustaría acercarnos un poco más a las alternativas que nos pueden llegar a partir de los procesos de mediación. Para ello, hablamos con D. Juan Ignacio Gutiérrez Lisardo, psicólogo colegiado M-23304, experto en mediación familiar y para las organizaciones de la Institución de Mediación del Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid, quien amablemente nos cuenta acerca de su experiencia en procesos mediadores.

Renata Sarmento: – Como experto en mediación, ¿qué sientes cuando ves noticias de este tipo?

Juan Ignacio Gutiérrez Lisardo: Es muy interesante ese matiz: como experto en mediación. Como cualquier persona tengo mis posiciones al respecto de cada uno de estos asuntos que estarían, más o menos, alineadas con alguna de las partes en conflictos. Esa sería la primera reflexión: desde la mediación lo que hacemos es definir y analizar los conflictos que se nos plantean, trabajar con las partes en su gestión y ayudarlas a que alcancen por si mismas sus propios acuerdos. Pero, respondiendo a tu pregunta, siento un poco de pena de que terminen en los tribunales cuestiones que deberían tener una tramitación diferente, y que la mediación sería un magnífico recurso para abordar conflictos de este tipo.

R.S.: ¿Cómo se gestionarían estos casos desde la mediación?

J.I.G.L.: Lo primero que tenemos que tener en cuenta es que la mediación es voluntaria. Las partes deben decidir previamente y de forma voluntaria, insisto, acudir a mediación para gestionar su conflicto.

El principal problema que tiene la mediación es que es un recurso no demasiado bien conocido, incluso, me temo, por algunos jueces. En mi opinión, el caso del niño discapacitado podría haber sido abordado por un servicio de mediación sin salir del ámbito escolar, y el del padre y la hija es un conflicto familiar que debería tratar de gestionarse por profesionales de ese ámbito: el familiar.

Cada abordaje tendría sus peculiaridades iniciales desde la mediación. 

La mediación escolar se realiza en los centros educativos. Las partes tienen la oportunidad de conocer cómo afecta su comportamiento a los demás, que otras posibilidades hay para gestionar los conflictos, trabajar para encontrar las verdaderas raíces o causas de los problemas,… Para este caso concreto tendríamos que valorar, además, las posibles interferencias que pudiera plantearnos la discapacidad del menor, y habría que delimitar previamente cuales son las partes en conflicto: ¿estamos ante un conflicto entre un alumno y su profesora?, ¿unos padres y una profesora?, ¿unos padres y el centro educativo? Así, a bote pronto, creo que estas serían las primeras cuestiones a abordar, pero cada caso tiene sus peculiaridades. Los mediadores tenemos que tratar de ser creativos.

En cuanto al caso de violencia en el ámbito familiar, se podría haber recurrido a la mediación en dos momentos: antes de tener lugar la escena que se narra o una vez que el caso está en el juzgado. Las relaciones familiares tienen componentes afectivos y emocionales peculiares que deben ser gestionados con la ayuda de profesionales con formación específica cuando surgen los conflictos. La mediación puede ayudar a prevenir y evitar la escalada de conflictos más o menos latentes, y el ámbito familiar es probablemente el más típicamente asociado a la mediación. No olvidemos que nuestras primeras regulaciones sobre mediación lo son para el ámbito familiar. Una vez que estos casos entran en el ámbito judicial, los jueces pueden sugerir a las partes que se intente una mediación. Si las partes acceden, trabajarían conjuntamente en la búsqueda de acciones para la reparación de los daños objeto de la demanda y trasladarían al juez sus acuerdos.

R.S.: ¿Crees que la mediación está infrautilizada por nuestro sistema legal?

J.I.G.L.: Creo que hay una mezcla de desconocimiento y desconfianza. Aparecen opiniones, posiciones e intereses que tienen a veces la apariencia de contrapuestos, y esto complica un poco la implantación. Yo no creo que la mediación sea una panacea, la solución a todos los problemas a los que el sistema judicial no da respuestas satisfactorias, entre otras cosas porque mi posición es que la mediación es también parte de nuestro sistema judicial. Hay muchos profesionales muy bien formados que pueden ayudar a las personas que así lo decidan a tratar de gestionar sus conflictos por sí mismos.

R.S.: ¿Cuáles crees que son las ventajas de la mediación?

J.I.G.L.: Huyo de lo que considero argumentos de mal vendedor: el ahorro de tiempo y de dinero. Para mí las principales ventajas son la posibilidad de preservar las relaciones futuras de las partes y que ofrece a las personas la posibilidad de tomar sus decisiones de una forma más autónoma. Creo que deberíamos plantearnos seriamente cuales son las consecuencias de acudir a los tribunales para resolver cuestiones que podríamos abordar por nosotros mismos recurriendo a profesionales especializados en ayudarnos a hacerlo, y ahí es donde más tiene que decir la mediación.

R.S.: ¿En qué ámbitos puede utilizarse la mediación?

J.I.G.L.: Me gusta decir que cualquiera que esté sujeto a la libre disposición de las partes; pero también es un recurso útil en el ámbito penal, dentro de lo que llamamos justicia restaurativa.

R.S.: ¿Qué hay que hacer si una persona está en un conflicto (familiar, laboral, etc.) y cree que la mediación le puede ayudar?

J.I.G.L.: Ponerse en contacto con algún profesional para conseguir información. No me sentiría bien haciendo publicidad, así que propondría una fórmula sencilla: una búsqueda en internet. Escribir en el buscador “mediación” o “mediadores” y elegir. Lo normal es que se ofrezca una sesión informativa gratuita.

Renata Sarmento | Psicóloga en el Centro Psicológico Loreto Charques

Damos las gracias de forma especial a D. Juan Ignacio Gutiérrez Lisardo, psicólogo colegiado M-23304, experto en mediación familiar por atendernos.

Vuelta al cole para todos.

Tener que ir por primera vez al colegio o volver a él, puede ser una experiencia llena de entusiasmo, ilusión, ansiedad, alegría y estrés, tanto para los niños como para los padres.

Esta situación puede provocar miedo y ansiedad, sobre todo si se van a vivir situaciones  con cambios y con  incertidumbre, como conocer el nuevo colegio, profesores, nuevos compañeros, adquirir nuevas rutinas, etc. Además de tener que soportar la separación de sus padres o seres queridos.

Esta ansiedad o nerviosismo se puede ir transmitiendo los días previos al inicio del curso con llanto, dolores de estómago, nauseas, cambios repentinos de  conducta o problemas con  el apetito y con el sueño.

Si observas que tu hijo empieza a tener comportamientos  de este tipo  o aún sin tenerlos  quieres que tu hijo se adapte con mayor facilidad, es importante que tengas en cuenta una serie de aspectos:

Lo primero que podemos hacer es contar con los niños e incluirlos  en los preparativos previos. Hacerlos sentirse partícipes a la hora de ir a visitar el colegio, comprar el material escolar, elegir la ropa, las mochilas, etc. Hará que los niños se perciban como  los protagonistas y asocien el colegio con  pensamientos positivos. Además, si durante esos días les contamos nuestras experiencias vividas en la escuela, como que era lo que más nos gustaba hacer en el colegio, los amigos que hicimos o alguna anécdota divertida; el niño/a lo vivirá como una situación totalmente normalizada por la que todo el mundo ha pasado, incluso sus padres.

Tenemos que empatizar con ellos, con sus emociones, escuchar sus inquietudes y aceptar sus quejas, sin negar pero proponiendo una visión realista y positiva de la situación. Por ejemplo: es cierto que da mucha pereza tener que madrugar pero ya verás como luego te acostumbras y no te cuesta tanto como crees.

Introducir  una rutina en los  horarios  e ir generando hábitos. Durante el periodo vacacional estival, las horas de sueño y  las comidas se ven alteradas, por lo que es conveniente que en las dos semanas previas al inicio del colegio que los niños se vayan adaptando poco a poco a su nuevo horario. Es recomendable que cada día se vayan a la cama un poco antes y de ese modo se empiecen a levantar más temprano hasta adaptarse  a la hora en la que se van a tener que levantar durante el horario de clases. De esta forma, les iremos marcando unas rutinas y el primer día de colegio no será tan difícil  tener que combatir  también con el sueño. 

Es conveniente ir favoreciendo la relación de nuestros hijos con sus  iguales, invitando a algún amigo a casa o acudiendo a alguna actividad conjunta en la calle. De este modo, reencontrarse con más niños de su edad no le supondrá una situación estresante y le facilitaremos las cosas a la hora de sociabilizar con ellos.

Es normal que los padres nos encontremos nerviosos por la nueva etapa de nuestros hijos, pero nuestro nerviosismo no debe transmitirse, por lo que es importante mantenerse tranquilo y  transmitir serenidad. Si el niño percibe que sus padres están inseguros, vamos a potenciar  que él lo esté más. Por el contrario, si sus padres le transmiten  seguridad, haremos que el niño se pueda adaptar antes y no viva la vuelta al cole de manera amenazante. 

Si nos damos cuenta de que  llora, grita, nos abraza cuando lo dejamos en  el colegio, debemos mantenernos con fortaleza y actuar  con tranquilidad y serenidad. Como padres, es normal que no nos guste ver llorar a nuestros hijos y ver que lo están pasando mal, pero hemos de ser conscientes  que estamos haciendo lo adecuado y que ese sentimiento de abandono va a desaparecer.

La situación se irá normalizando si somos capaces de mantener la calma. Si por el contrario, nuestro hijo nos ve nerviosos, ve que lo vamos a buscar antes de la hora o nos lo volvemos a llevar a casa, ese sentimiento se lo transmitiremos  y será mucho más complicado hacerle entender ha de ir al colegio y su actitud  oposicionista se volverá más evidente, por lo que cada mañana viviremos situaciones tensas y nos sentiremos unos padres poco competentes al hacerle pasar por eso a nuestros hijos y no poder resolverlo. 

Antes de que vaya al colegio y después de que  salga, es positivo reforzar sus logros con palabras positivas: “Me siento  muy orgullosa/o de ti”, “Estoy muy contenta/o de ver lo bien que estás haciendo las cosas”, “Eres muy valiente afrontando las situaciones”, “Estamos muy orgullosos de ver que bien te estás portando en el cole”, etc.  Además es recomendable e importante ser puntuales a la hora de ir a recogerlos, ya que si no nos ve en ese momento, puede provocarle incertidumbre, nerviosismo y un cierto temor a sentirse abandonado. 

Al salir de clase, es muy positivo  dedicarle un tiempo para que tenga posibilidad de explicar y contarnos  todo lo que ha hecho durante el día y  cómo  se ha sentido. Tomar la merienda juntos, hacer los deberes o jugar juntos para compartir las nuevas experiencias. De esta manera, entre padres e hijos se generará  un mayor vínculo de confianza y comunicación.

Feliz vuelta al cole para los más pequeños y para los padres, que vuelven a volver.

Mariano de Vena Salvador | Psicólogo en el Centro Psicológico Loreto Charques

 

 

No es chivarse, ¡es pedir ayuda!

En ocasiones los niños cambian su carácter sin motivo aparente. Sospechamos que algo pasa, y no sabemos exactamente qué es. Están más callados de lo normal, más irascibles, pierden el apetito, no descansan bien… Muchas veces esto se les pasa, sin más. Otras persiste. 

No es cuestión de alarmarte, sino de que te preguntes si puede haber alguien que le esté molestando, sea de la forma que sea. Un lugar muy frecuente es “el patio del recreo”. 

Nos encontramos con muchos niños que no saben afrontar la situación. Dentro de su cabecita surge de una u otra forma el qué hacer: “Me defiendo, me aparto, se lo digo a un mayor… No se… Decírselo a un  profesor es chivarse, y luego va a ser peor…”

Resulta por ello necesario enseñar a los niños fórmulas para manejar mejor estas situaciones. Y tú como padre o madre puedes introducirlo de forma natural en la conversación con él.

Las habilidades de resolución de conflictos de manera pacífica y asertiva contemplan un conjunto amplio de competencias. Pretendemos proporcionar a continuación un marco simplificado para que los niños sepan de manera esquemática qué es lo que va antes y qué es lo que va después. Simplificar las cosas ayuda a que se acuerden, y al mismo tiempo guarda una cronología psicológica y pedagógica aceptable para ser enseñada por el adulto. 

Primero: Ignorar y evitar el conflicto. A veces dar poca importancia a algo menor es la mejor solución. No hacer caso e irte a otra parte. Seguramente el alumno problemático en cuestión, al no tener respuesta ni sentir reacción en su víctima, dejará de molestarle. Se trata de ignorar y también transmitir que quiere que le deje en paz y que no quiere líos. 

Después: Afrontar proporcionalmente o defenderse. Hay que enseñar y transmitir a los niños la importancia de que defenderse  es algo que solo hay que hacer tras haber puesto en marcha mecanismos para ignorar o evitar pacíficamente el conflicto. Llegado el momento, este mensaje de afrontamiento es importante, ya que se da valor a la necesidad de resolver por sí mismo las cosas, y al mismo tiempo le proporciona control sobre la situación. Es decir, no le deja en una posición de invalidez, desprotección, ni de que tengan que resolverle todo los demás enseguida. Cabe decir que responder puntualmente a una agresión debe ser siempre proporcional, tanto en lo verbal como en lo físico. Enseñar a tu hijo a defenderse mínimamente dada una situación compleja, a zafarse o liberarse de una situación agresiva (que no a atacar) es un elemento más que contempla la asertividad dentro de la enseñanza de  habilidades sociales que le van a ser útiles para la vida, y trata de que sea capaz de defender sus derechos más básicos y libertades. 

Finalmente: Pedir ayuda.  Resulta importante aclarar a los niños que cuando alguien le molesta de manera recurrente, él ya ha puesto en práctica todas las estrategias de solución de conflictos mencionadas y la situación sigue persistiendo, es fundamental poner en conocimiento del adulto (profes y padres) lo que ocurre para que nos echen una mano a solucionar una situación claramente desigual, en la que él ya ha hecho todo lo que está a su alcance para solucionarla de manera asertiva y autónoma. Y esto “no es chivarse, sino que se trata de pedir ayuda”. Se puede hacer, y se debe hacer. Se lo debemos aclarar a los niños, ya que “pueden sentirse culpables por acusar a su acosador”, al mismo tiempo que “desprotegidos e indefensos” si no se les apoya debidamente en este proceso. Piensa que también pueden vivirlo de manera triste y con vergüenza, para empezar porque ponen al descubierto que son objeto de burla, que hagan lo que hagan no funciona. Debemos hablar con ellos para aclararles que es legítimo y adecuado hablar de esta situación de abuso por parte de otro niño que no tiene ningún complejo en ser eso, un abusón que recurre a la agresividad verbal, física, la descalificación en sus múltiples manifestaciones. También puedes aclararles que es normal que se sientan así, que no es agradable sentirse atacado por otra persona y hacer saber a alguien que no van bien las cosas, pero ese sentimiento va a pasar pronto al entender que ellos no han hecho nada malo, y que “el abusón ha sido quien no lo ha hecho bien”. Si no lo hacemos así y no lo explicamos adecuadamente, el niño más indefenso puede sentirse mal “pidiendo ayuda” y finalmente no ponga en marcha este mecanismo que, dado el momento, es importante que lo haga. Y quizás lo que es más relevante; es fundamental que el niño capte nuestra más sincera empatía, no tanto enfado ni preocupación, sino comprensión, aceptación y cariño, porque si no puede asociar que contar las cosas genera en el adulto enfado y preocupación, y posiblemente no va a ser cómodo para él volver a contar nada más. 

Recuerda:

  1. Genera en tu hijo mecanismos para pasar o ignorar algunas primeras conductas hacia él, así como de aviso de querer evitar un conflicto.

Primeramente, ignorar, no hacer caso a una descalificación menor puede resultar adecuado, porque este perfil de alumno agresor acude a víctimas fácilmente reactivas. También de poner en conocimiento del agresor que no quiere problemas y que le deje en paz.

  1. Genera en tu hijo mecanismos de autodefensa.

Cuando las conductas de agresión se repiten, el niño debe defenderse. No comenzar la agresión, sino al menos apartarla y mostrar recursos de autodefensa. Es legítimo, y debe hacerse.

  1. Favorece el que, si las conductas hacia él persisten, tu hijo sienta confianza, tranquilidad y el menor sentimiento de culpa en transmitirlo a los adultos pidiendo ayuda.

Hay que aclarar que el culpable es el niño que se mete con ellos, que él no está haciendo nada malo. Se llama pedir ayuda, no chivarse, y los niños, tras haber agotado otros recursos de evitación, afrontamiento autónomo pacífico y de asertividad, deben recurrir al adulto para “no normalizar una situación que no es normal”, ya que si sigue produciéndose impunemente puede tener efectos muy destructivos para la autoestima de los niños y en general su desarrollo psíquico.

Sergio Algar Villa | Psicólogo Col. Nº M-22702

¡Si dudas del Tdah, hazte voluntario!

Año viene y año va volvemos a la polémica sobre la existencia real del Trastorno por Déficit de Atención con/sin Hiperactividad (TDAH). Entre los que dicen que tan sólo es un niño movido, con mucha energía, pasando por aquellos que aseguran que es un problema de educación (es decir que la culpa es de los padres y madres) a aquellos que dicen que es algo inventado por la industria farmacéutica. Todos emiten estos comentarios sin malas intenciones (¿o no?) pero no se dan cuenta (¿o sí?) del daño que hacen a las personas que padecen TDAH y a sus familias.

Esta situación me recuerda las primeras explicaciones que se dieron a los orígenes del autismo: la culpa era de las madres nevera. Esta teoría justificaba el trastorno por la falta de una vinculación adecuada entre madre-hijo. ¿Nos podemos hacer una idea de lo duro que puede llegar a ser para una madre tener un hijo con unas características particulares y ser culpabilizada por ello sin razón? Afortunadamente, Leo Kanner, que en un primer momento defendió la teoría de las madres nevera, terminó por desecharla y empezó a restar de responsabilidad a las madres porque se dio cuenta de que los hermanos de los niños con autismo educados por las mismas madres no presentaban dicho trastorno. Felizmente, a día de hoy esta teoría está completamente superada y hoy sabemos que el autismo es un trastorno del neurodesarrollo que afecta a la comunicación y a la socialización.

Volviendo al tema que hoy nos ocupa, el TDAH, estoy deseando que llegue el momento en que no tengamos que estar justificando constantemente su existencia y que superemos de una vez la idea de que el TDAH es un trastorno inventado.  La verdad es que lo ponga en duda una persona que no haya tenido la oportunidad de estudiar (como la vecina del quinto), puedo llegar a comprenderlo, pero que emitan juicios como “es un invento de la psiquiatría norteamericana para vender medicación” o “el TDAH es una moda” doctores de reconocido prestigio, dice muy poco acerca de su “supuesto” prestigio.

Podemos discutir sobre la adecuación de los criterios diagnósticos, podemos y debemos mejorar y aclarar la evaluación para no dar falsos positivos y no caer en el sobrediagnóstico, podemos y debemos investigar para conocer qué tipo de intervención es la más adecuada (medicación sí/no/cuándo/qué medida y/o terapia cognitiva-conductual, etc.). Sin embargo, negar la existencia del trastorno lo único que nos lleva es a la inacción y a no dar respuesta a una realidad existente.

De acuerdo con Orjales (2017) el TDAH es un trastorno complejo cuyas manifestaciones clínicas, en intensidad y desadaptación, son el reflejo de una posible alteración orgánica modulada por la influencia del ambiente (es decir, la educación, la intervención y el entrenamiento recibidos por el sujeto hasta el momento) que, en cierta medida, contribuye a frenar o a potenciar los síntomas. Por lo tanto, no se trata de un invento de la industria farmacéutica, o una moda, o tan sólo falta de una educación ajustada. El TDAH existe y es una de las patologías más frecuentes en la infancia y, de su diagnóstico y de la intervención temprana, depende que no derive en trastornos severos de conducta, abandono escolar, trastornos del estado de ánimo, muertes prematuras y/o adicciones y problemas con la justicia. El TDAH va mucho más allá y tiene muchas más implicaciones para las personas que lo sufren y sus familias.

El diagnóstico del TDAH se debe hacer en base a los criterios de la Asociación Americana de Psiquiatría  (APA)  recogidos en el DSM (Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders) en su versión número 5. El DSM-5 es el producto de más de 10 años de estudios científicos de cientos de expertos internacionales en todos los aspectos de la salud mental. El trabajo define y clasifica los trastornos mentales con el fin de mejorar los diagnósticos, el tratamiento y la investigación. Para ser diagnosticado con TDAH, el DSM-5 exige:  

·         Determinar la intensidad de los síntomas

·         Determinar la cronicidad de los síntomas

·         Descartar la existencia de factores ambientales

·         Determinar el nivel de desadaptación

·         Establecer el diagnóstico diferencial (para determinar si hay trastornos comórbidos u otro trastorno que explique mejor los síntomas)

Si hay una entidad en la que coinciden expertos internacionales en unos criterios y síntomas, que han revisado estudios científicos ¿es realmente plausible que sigamos negando su existencia? Insisto en que podemos y debemos seguir investigando para mejorar nuestro conocimiento en cuanto a detección, diagnóstico e intervención. Pero lo que no parece lógico es seguir insistiendo en negar las evidencias.

Yo no me cansaré de desmentir todos los mitos y “bulos” que corren por la red y que salen de personas que desconocen por completo la realidad de los afectados por el TDAH y sus familias. Por eso, desde aquí lanzo una propuesta a las asociaciones y a las personas que dudan acerca de la existencia del TDAH. ¿Por qué no organizamos un voluntariado para todos aquellos que dudan de la existencia del TDAH? Propongo la campaña: ¡Si dudas del TDAH, hazte voluntario! Como creo es una cuestión de desconocimiento, el mejor remedio para ello es la información y el acercamiento al día a día de las personas con TDAH y sus familias. Informando y sensibilizando seremos capaces de desterrar del todo las teorías basadas en la desinformación.

Renata Sarmento | Psicóloga Col. Nº M-25389

Para saber más:

Para Todos La 2 – El TDAH https://www.youtube.com/watch?v=Rnmx9hYERrc

Madrid Conesa, F. (2016) TDAH: ¿Existe? Cuaderno de Pedagogía, 463, 82-87. http://feaadah.org/admin/archivo/docdow.php?id=756

Referencias

Orjales, I. (2017) Comentarios respecto al TDAH. Recuperado el 25 de Mayo de 2017 desde http://feaadah.org/es/difusion/650 .