El Chupete Digital.

A muchos de nuestros pequeños el chupete les ha servido para calmarse y a conciliar el sueño en algunos momentos. A una determinada edad los padres acostumbran a los niños a calmarse solos y el chupete deja de tener sentido.  Imaginemos por un momento un chico de quince años no puede dormir sin chupete y lo necesita para calmarse ¿Sorprendente, no?  Le voy a pedir que guarde esta imagen en su memoria a corto plazo. 

Algunos de nuestros infantes están aprendiendo a calmarse con el móvil de papá o mamá y necesitan “Pepa Pig”  o ¨Pocoyó” para comer cuando la comida de ese día no les motiva y acostumbran  a dormirse con la tablet.

Los dispositivos digitales van adquiriendo cada vez mayor protagonismo en sus vidas y van siendo una fuente inagotable de sensaciones agradables.  Ya no tienen que hacer el esfuerzo por no aburrirse. Cuando se van haciendo mayores y comienzan a socializar, tienen una sensación de omnipotencia si los amigos marcan con un “Like” en su foto de Instagram y se deprimen si no lo consiguen. Si no pueden dormir, siempre habrá algún “amigo” dispuesto a jugar a la “Play “on line.

Cuando los padres deciden que es hora de cortar con el teléfono y el chico se enfurece, le falta el aire y patalea como si no hubiera un mañana…

¿Conoce a alguien que le haya pasado algo así? ¿Le sorprende? 

Ahora volvamos a pensar en la imagen inicial. Si hemos estado usando durante quince años los dispositivos digitales a modo de chupete y no hemos educado en la búsqueda de alternativas para que aprenda a relacionarse, a calmarse y a divertirse puede que nos encontremos con lo que acabamos de describir. 

La idea no es suprimir el móvil, Internet y las redes sociales, sino enseñar a usarlos de otra manera desde que son pequeños. Detallo algunas claves que pueden ser indicadores de la necesidad de un cambio en la conducta de su hijo/a. 

  1. No sabe calmarse y estar relajado si no está delante de una pantalla.
  2. Necesita tener siempre al alcance un dispositivo electrónico aunque no lo vaya a usar justo en ese momento.
  3. Usa el móvil o la tablet en los momentos de comida y en los que debería estar durmiendo.
  4. Si no tiene wifi, o no puede acceder al teléfono se muestra muy irascible y presenta signos físicos como sudoración de las manos, taquicardia o sensación de ahogo.
  5. Muestra una preocupación muy recurrente en recibir aprobación (o no) en las redes sociales.
  6. Si alguno de los padres también se siente identificado con algunos de estos puntos puede ser un buen momento para hacer una pausa…

David Carlos González | Psicólogo del Centro Psicológico Loreto Charques

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Enseñar a los niños a tomar decisiones.

Por definición, “una tarea de decisión comienza cuando la persona advierte la discrepancia entre una situación real y una situación deseada, y tiene el nivel suficiente de motivación para lograr el estado deseado o meta”.

La investigación psicológica ha distinguido dos componentes importantes en toda decisión: uno racional y otro emocional. En el primero decidimos en base a “lo que es más conveniente”, y en el segundo el componente de elección y ejecución implica “compromiso y responsabilidad”. Como nuestra experiencia nos dice, no es infrecuente que, habiendo juzgado como preferible una alternativa, finalmente se elija y adopte la contraria.

El proceso de toma de decisiones consiste en una serie de pasos que nos llevan a afrontar una elección y una ejecución concreta. En muchísimas ocasiones este proceso ocurre dentro de nosotros de forma totalmente inconsciente. Nuestra intención a través de este artículo es hacer consciente el proceso, a fin de darnos cuenta como adultos como ocurre esta dinámica interior en nosotros mismos, para después trasladarla e instruirla en los niños.

Enseñar a tomar decisiones se ha convertido en un aspecto importantísimo en la educación de los niños y adolescentes. Lo cierto es que todavía no se ha sabido atajar de manera concreta en los colegios, y en casa “nos vamos apañando”. Teniendo en cuenta el mundo complejo que afrontamos, en el que las decisiones, razonamientos y solución de problemas están siempre presentes, no viene mal un pequeño apoyo o guía para poder entender como funciona nuestro cerebro racional y emocionalmente, y para poder apoyar lo mejor posible las decisiones de nuestros hijos y alumnos.

En general, el marco regulador de la toma de decisiones tal y como ha descrito la Psicología cognitiva y constructivista pasa por, y en este orden:

1-Ser capaz de captar o darnos cuenta de los problemas.

2-Ser capaz de recoger e interpretar informaciones.

3-Ser capaz de imaginar soluciones apropiadas.

4-Ser capaz de elegir la mejor.

5-Ser capaz de organizar la puesta en acción.

6-Ser capaz de controlar los resultados.

Cada uno de estos procesos requiere sensibilidad, práctica, perfeccionamiento y generalización a distintas situaciones. Que difícil, ¿verdad?

Esta demostrado que los procesos emocionales guían nuestra vida, y que este marco racional,  que aquí se plantea es más teoría que práctica en nuestras vidas. Bien por desconocimiento o falta de rigurosidad en su puesta en práctica, o simplemente por la sencillez del procedimiento que conlleva una práctica emocional en las decisiones y soluciones en el día a día frente al enfoque racional, el resultado suele ser Emociones (1)-Razonamiento (0). 

Sin embargo, una vez que somos conscientes de ello, somos más capaces de tomar decisiones y solucionar problemas “racionalmente”. Y esto es interesante que así sea en al menos las que son más importantes o trascendentes.

Como hemos dicho, es importante proporcionar a los niños de manera temprana un “marco racional” en sus vidas. Organizar y gestionar la información de esta forma les ayuda a reducir la impulsividad  y afrontar momentos más o menos importantes con garantías de reflexión. Ten en cuenta que como principal apoyo que para ellos tú eres, va a ser muy importante que les ayudes a identificar problemas (muchas veces viven en ellos de manera totalmente inconsciente), pensar soluciones u opciones, ponderar consecuencias y resultados, prever cual es la mejor de manera global para sus intereses. También apoyarles en la puesta en marcha, en la iniciación, arranque o desarrollo, y sobre todo finalizar satisfactoriamente todo el plan sin perderse por el camino, llevando a cabo los ajustes necesarios.

Piensa que si proporcionamos a los niños unas mínimas referencias en la toma de decisión van a ser más conscientes, autónomos, autorregulados y en definitiva, libres.

Por supuesto, es a partir de la adolescencia cuando el cerebro parece estar más preparado para autorregularse con planes de este tipo. Simplifica este plan si es preciso en edades más infantiles. Y si consigues plantearlo sin agobiar, tendrás mejores resultados, claro. Pretendemos al menos que cuentes con un soporte claro en tu interior para guiarlo y acompañarlo debidamente.

También en las aulas es altamente recomendable introducir estos aprendizajes en la hora de tutoría, acompañado del trabajo de aspectos relacionados con el propio conocimiento de aptitudes e intereses en los alumnos, a fin que puedan plantearse metas ambiciosas pero realistas. Cuanto más enseñemos a los niños y los adolescentes a guiarse por la razón, reduciremos la importancia y peso de sus impulsos o emociones poco controladas a la hora de tomar decisiones importantes, como pueden ser las elecciones vocacionales, de preferencia laboral, de índole personal, elección de pareja o estilo de vida. 

Por otra parte, también quiero destacar la importancia de prestar atención a nuestra intuición, aprendida, sentida y fruto de la experiencia. No entra en contradicción con la anteriormente descrito, todo lo contrario. En definitiva se trata de gestionar este mismo marco de elección que se ha descrito con algunos matices sensorio-emocionales, y tratando los procesos de manera más sutil, ágil e integrada, pudiéndose también enseñar a los niños.

Sergio Algar | Psicólogo en el Centro Psicológico Loreto Charques

¡Ultreia!

Si hay algo que la gente hace cada año es prometerse que va a dar un cambio en su vida. Está el habitual curso de inglés… O perder unos cuantos kilos… O incluso hacer el viaje soñado…

Y como todos sabemos es algo que jamás hacemos. Porque son promesas que repetimos cada año, poco más que un deseo en el que en realidad no creemos pero que quisiéramos hacer.

Pero, ¿está mal hacerse promesas? Para nada.

La clave está en que esa promesa debe ser un reto que debemos superar, que nos haga mejores. De ahí el título de este blog que abre este año 2018: ULTREIA. Que viene a significar algo así como “sigue adelante”… o incluso “un poco más allá”. Se lo decían los peregrinos del Camino de Santiago hace siglos (ahora es más usual el “¡buen camino!” con el que se dan ánimos unos a otros).

Sigue. Continúa. No te rindas.

Porque el peor error que podemos cometer en esta vida es el de rendirnos cuando sabemos que debemos cambiar, que las cosas que nos pasan no nos hacen felices. Rendirnos cuando nos decimos que somos demasiado mayores. Rendirnos cuando pensamos que no hay salida. Rendirnos cuando nos decimos que no podemos dar un paso más, que la vida pesa mucho, que hemos gastado nuestras fuerzas e ilusiones.

Caminaba por una etapa rumbo a Santiago. Era especialmente dura. O eso me decía a mí mismo. Montaña tras montaña, colina tras colina, bosques que parecían no tener fin, el calor y la sed. Pensé: “¿Y si me cojo un taxi y me vuelvo a casa? ¿Qué pinto yo aquí?”. Entonces tres simpáticas señoras –la más joven de unos 70 años- pasaron a mi lado, me ofrecieron agua y me dijeron que qué envidiable mi juventud y mis fuerzas, que los pocos kilómetros que quedaban eran cuesta abajo… Me eché a reír y me uní al club. Lo que unos minutos antes me parecía un imposible acabó siendo un paseo maravilloso en el que relatamos nuestras hazañas, nuestras ampollas y dolores y sobre todo… cómo imaginábamos la llegada.

Sí, todos hemos pensado en rendirnos en algún momento. Hemos perdido la fe en lo que somos capaces de hacer. Y muchas veces la solución estaba ahí delante, en la gente que nos rodea, en los amigos y conocidos. Y a veces en la propia Vida que nos lleva de un lado para otro de manera que no podemos ni imaginar.

El trabajo que realizamos los psicólogos es tantas veces parecido a esto que os cuento. Recibimos a gente que llega sin esperanza. Escuchamos. Analizamos todos los ángulos del problema. Y ayudamos a quien nos consulta a encontrarse a sí mismo y a la solución al problema que traían. 

A veces no es fácil. Proponemos una batalla contra nuestros miedos y nuestras inseguridades. Pero si insistimos encontramos la respuesta, la solución. Y seguimos nuestros Caminos.

A veces es tan sencillo que muchas personas encuentran ese Camino el primer día y no nos volvemos a ver.

Pero lo que importa es que comprendamos que la mayoría de los problemas que se nos presentan en la vida tienen solución… si nos paramos a pensar, si nos tomamos un descanso si es necesario y seguimos adelante… si nos apoyamos en los demás…

Dime, ¿cuál será tu reto este año? ¿Qué problema personal quieres solucionar? Venga, ¡¡ultreia!!, manos a la obra.

Te mereces ser feliz…

Buen Camino… y FELIZ 2018.

César Benegas Bautista | Psicólogo en el Centro Psicológico Loreto Charques

La Buena Suerte

En estos días prenavideños, en los que el sorteo de la Lotería está a la vuelta de la esquina, todos nos deseamos suerte unos a otros. ¡Todos la queremos por supuesto! Y claro, también con el Año Nuevo.

Más allá de la suerte de que nos toque la lotería o con que las circunstancias de la vida nos sean favorables con el nuevo año, en este artículo queremos hablaros de la Buena Suerte con Mayúsculas.

Educadores y Familias tenemos la importante misión de transmitir y enseñar a los niños que la buena suerte depende de lo que haga uno mismo para conseguirla. ¡Y claro que en la vida hay circunstancias, que hay aspectos complejos que quedan muy lejos de nuestro alcance y que hay situaciones que quedan fuera de nuestra posibilidad de acción! Pero, como actitud vital, es determinante mantener la certeza de que siempre se puede hacer algo por mejorar el presente y poseer control sobre la situación personal que se vive.

Dentro de la tradición e investigación psicológica, se ha hablado diferencialmente de “locus (lugar) de control externo” frente al “locus de control interno”. Parece que los individuos nos diferenciamos porque unos mantienen una concepción general de sentir que se tiene control sobre la propia vida (control interno) frente a otros que perciben que la causalidad depende de parámetros externos e incontrolables (control externo). ¡Y esta es una variable importantísima que nos diferencia dentro de la especie!

Percibir que las cosas que me pasan ocurren por elementos externos incontrolables genera actitudes con la vida muy diferentes a cuando se piensa que lo que ocurre depende de elementos internos controlables por nosotros mismos. Si entendemos que las cosas ocurren y ocurrirán sin que nuestro control sobre ellas medie en ningún momento, es fácil caer en “actitudes pasivas o derrotistas”. Sin embargo, cuando de verdad se cree que siempre es posible hacer algo, generar cambios aunque sean pequeños, esta actitud posibilita mantener “conductas activas, optimistas y de progreso” hacia una nueva situación mejorable. Está ampliamente contrastado que este factor –mantener un locus de control externo- es uno de los más influyentes en muchas personas que sufren depresión.

Padres, Madres y Educadores; Es fundamental entender, vivenciar y aplicar este marco primero sobre vosotros mismos para poder transmitirlo después de manera eficaz a los niños y adolescentes a vuestro cargo a través de mensajes y conductas en el día a día. Los niños creerán a partir de ello más en el “azar” o “la suerte” o en “La Buena Suerte” con mayúsculas, la que uno se crea a sí mismo.

En el libro “La Buena Suerte” y en su versión infantil “El Bosque de la Sabiduría” el autor Alex Rovira nos aporta a modo de píldoras durante un relato estupendo las claves de lo que considera La Buena Suerte con mayúsculas (la que depende de nosotros mismos y nuestras propias acciones). Son estas:

-La suerte no dura demasiado tiempo, porque no depende de ti. La Buena Suerte la crea uno mismo, por eso dura siempre.

-Muchos son los que quieren tener Buena Suerte, pero pocos los que deciden ir a por ella.

-Si ahora no tienes Buena Suerte tal vez sea porque las circunstancias son las de siempre. Para que la Buena Suerte llegue, es conveniente crear nuevas circunstancias.

-Preparar circunstancias para la Buena Suerte no significa buscar solo el propio beneficio. Crear circunstancias para que otros también ganen atrae a la Buena Suerte.

-Si “dejas para mañana” la preparación de las circunstancias, la Buena Suerte quizás nunca llegue. Crear circunstancias requiere dar un primer paso… ¡Dalo hoy!

-Aún bajo las circunstancias aparentemente necesarias, a veces la Buena Suerte no llega. Busca en los pequeños detalles circunstancias aparentemente innecesarias… pero ¡imprescindibles!

-A los que solo creen en el azar, crear circunstancias les resulta absurdo. A los que se dedican a crear circunstancias, el azar no les preocupa.

-Nadie puede vender buena suerte. La buena suerte no se vende. Desconfía de los vendedores de suerte.

-Cuando ya hayas creado las circunstancias, ten paciencia, no abandones. Para que la Buena Suerte llegue, confía.

-Crear Buena Suerte es preparar las circunstancias a la oportunidad. Pero la oportunidad no es cuestión de suerte o azar: ¡Siempre está ahí!

-Crear Buena Suerte únicamente consiste en… ¡Crear circunstancias!

-Dado que crear Buena Suerte es crear circunstancias… La Buena Suerte solo depende de TI. A partir de hoy, ¡TU también puedes crear buena suerte!

La suerte “externa” es que nos toque la lotería. La suerte “interna” es la que depende de uno mismo y de mantener una actitud propositiva y activa hacia ella. Esta forma de entender la suerte se transmite de manera muy temprana a los niños. Se hace de muchas formas. Unas más consciente, otras más inconscientemente.

Más allá del Sorteo de Lotería de Navidad, y de lo que acontezca en el próximo año, solo nos queda desearos Buena Suerte a todos y Feliz Navidad.

Sergio Algar | Psicólogo del Centro Psicológico Loreto Charques

El desarrollo moral en los niños.

El desarrollo de la moralidad de un niño atraviesa distintas etapas e hitos. ¿Por qué?

La clave más importante viene dada por la maduración neurológica que se produce, que unida a su experiencia del mundo social, hacen que vaya adquiriendo y mostrando, poco a poco, y también de manera súbita, elementos más avanzados a la hora de comprender y afrontar lo que es correcto y lo que no es aceptable, es decir, lo que está bien y lo que está mal. 

Los Psicólogos más importantes en el estudio de esta materia son Piaget y Kohlberg. Kohlberg parte de unos estudios de Piaget que explicaban el desarrollo del razonamiento lógico en los niños, y a partir de ello, se interesa en los elementos del razonamiento moral,  llegando a la conclusión de que en su desarrollo hay tres grandes etapas o niveles. En cada una de ellas, y de manera progresiva, la potencia del razonamiento del niño progresa y se hace cada vez mayor, tanto intelectual como moralmente.

Etapas o niveles del desarrollo moral en los niños:

NIVEL 1. OBEDIENCIA AL PREMIO O AL CASTIGO.

Hasta los 5 años

Básicamente en este nivel el niño entiende “el bien y el mal” en base a la obediencia por el castigo o el premio que obtiene en base a sus comportamientos. Sus conexiones neuronales y su experiencia con el mundo es lo que por ahora le permiten alcanzar.

NIVEL 2. EL BIEN O EL MAL ES LO ESPERADO EN SU ENTORNO.

Hasta los 11 años.

Durante esta etapa se progresa desde el vivir de acuerdo con lo que las personas próximas esperan del niño en torno a lo que para ellos significa “ser bueno” hasta ir entendiendo y aceptando lo que implica un orden social y autoridad. Supone un avance ya que el niño no se mueve solamente por premio o castigo, sino que se comporta en base a lo que su entorno próximo espera de él.

NIVEL 3. MÁS AUTONOMÍA EN VALORAR LO BUENO Y LO MALO.

Desde la adolescencia hasta la edad adulta.

Durante esta última etapa que comienza durante la adolescencia y que culmina en la edad adulta, con diferencias en su desarrollo entre las distintas personas, ya que no todos logran las cotas más altas en este último nivel, el adolescente va entendiendo que la gente tiene distintos valores y reglas relativas al grupo. Estas reglas relativas deben ser normalmente respetadas. Sin embargo, algunas normas o valores del grupo que en algunas circunstancias o situaciones no parecen ser respetuosos con la libertad y los derechos más fundamentales. En estos casos el adolescente puede empezar a posicionarse de manera autónoma con respecto al grupo del que forma parte, analizar y valorar críticamente los valores que lo rigen, y posicionarse en favor o en contra de ellos. 

Este último nivel, el más complejo, progresa hasta unos principios éticos escogidos por uno mismo. De tal modo, cuando las leyes y acuerdos sociales no respetan los principios éticos universales (los derechos humanos), el adolescente o adulto entiende que debe actuar de acuerdo a estos principios universales de justicia, igualdad de los derechos humanos y respeto a la dignidad. Supone posicionarse de manera autónoma  en un cuestionamiento de lo que realmente “está bien o está mal”.

Este progreso moral del niño, del adolescente y del adulto, como decimos, requiere una madurez neurológica que se produce inexorablemente en estas edades marcadas, no antes. Previamente parece que el cerebro humano no está preparado para los niveles siguientes en cuestión de razonamiento moral. No existen conexiones neuronales complejas, maduras. Tampoco se han producido experiencias sociales suficientes para entender y manejar el mundo de una manera más completa y autónoma. 

Breve resumen y algunas conclusiones:

El pensamiento moral progresa por tanto desde principios de búsqueda del premio o evitación del castigo, a vivir conforme a lo esperado a un grupo de referencia y la adecuación social, finalizando en la última estación que es la de comprensión de leyes y derechos universales y actuar de forma autónoma en relación a ellos.

Es decir, el desarrollo moral pasa desde lo impuesto externamente hasta lo comprendido, aceptado y regulado internamente. Lo bueno y lo malo depende de la valoración interna; no de la anticipación a recibir un castigo o anhelo de un premio, o la constante adecuación al grupo de referencia. 

Algunas consideraciones a tener en cuenta en base a estas investigaciones pueden ser:

Aunque siempre se puede hablar y razonar con los niños, si conviene tener en cuenta ciertos “techos” reales en sus capacidades en los niños a la hora de comprender lo que está  bien y lo que está mal. En definitiva, según su edad, debe predominar un enfoque más sancionador o del premio -de regulación externa-, o uno más de base razonadora, de autorregulación interna, ya que está preparado para incorporarlo y ponerlo en práctica.

De manera progresiva, los niños y los adolescentes adquieren más riqueza y autonomía moral.

“Acompañémosles de la manera más adecuada en cada momento de su desarrollo moral” puede ser el resumen de este artículo.

Sergio Algar Villa | Psicólogo en el Centro Psicológico Loreto Charques

Niños tirano: El dolor de los padres.

Cuando los hijos se muestran como auténticos tiranos y resulta prácticamente imposible establecer la normalidad en sus afectos y los límites diarios, cierta normalidad y tranquilidad a la hora de motivarles o premiarles;

Cuando las normas mínimas de convivencia del hogar resultan un dolor constante y la agresividad se llega a convertir en rutina;

Cuando los hijos se muestran tremendamente caprichosos, inconformistas, beligerantes e inconsolables… pueden llegar a surgir enormes dudas y confusión en lo más profundo de sus padres.

La confusión y el dolor de los padres

En el caso de estas familias que lo han intentado todo con su hijo, que viven un constante tira y afloja, siempre tan extremo y dramático, se pueden generar sentimientos a veces contradictorios, tremendamente molestos al corazón y la conciencia, pero que son siempre humanos y que vienen dados por atravesar situaciones de una extrema gravedad y difícil control. Entonces, son momentos en los que un padre o una madre también requiere apoyo específico debido a la gravedad de las emociones y sentimientos que puede atravesar:

-Frustración e impotencia. Se quiere y no se puede. Se pretende entender adecuadamente a los hijos, poner nombre a lo que está pasando, y sobre todo, lograr el control que no termina por llegar.

-Ansiedad y miedo. Los nervios del “va a volver a ocurrir. Se va a poner hecho un bruto”. Está pasando delante de tus ojos, se está activando una bomba. Y cuando se repite varias veces, el ya no saber cuándo va a pasar y sentir verdadero miedo al siguiente estallido y terremoto en casa.

-Odio. Lo has intentado todo y no hay remedio. Puede sacar de las casillas a cualquiera, pero esos cualquiera siempre son los mismos: los padres. Tienes necesidad de descargar en él toda la responsabilidad y, un poquito si, lo llegas a odiar.

-Dudas, tristeza y depresión. ¿Lo estaré haciendo bien? ¿Es esto realmente lo que tengo que hacer como padre/madre? Es un asunto muy complicado, más allá de lo que pensabas, y llega la tristeza porque te sientes indefenso durante mucho tiempo sin encontrar soluciones útiles.

-Culpa. Es el no tener claro que toda la responsabilidad sea del niño, porque al fin y al cabo es eso, solo un niño. Te empiezas a sentir mal, creer que no eres buen padre o buena madre, porque crees que seguro que todo lo que está ocurriendo se podía desarrollar de otra forma y no estás siendo capaz.

El síndrome del emperador o del niño tirano se trata de un fenómeno complejo, en el que influyen aspectos sociales, culturales, genéticos y educativos. Como base en todo ello, niños que muestran agresividad muy grave y signos claros de muy baja empatía o conciencia más allá de si mismo.

Los padres de estos niños tienen una meta nada fácil en cuanto a educar, ya que viven bajo una constante presión, angustia y miedo las constantes reacciones desmesuradas de sus hijos. Tampoco les resulta nada fácil establecer el equilibrio entre la necesidad de contención de estos niños y transmitirles afecto y cariño.

La familia necesita contar en estos casos tan graves con herramientas y recursos amplios. Y si de verdad queremos empezar la casa por los cimientos, debemos detenernos en entender las propias emociones, las que estos niños, con sus comportamientos tan terribles generan en los propios padres.

Lo que sí parece claro desde el punto de vista del apoyo psicológico a las familias es que cuanto mejor se identifiquen, reconozcan en uno mismo como padre, madre o unidad familiar las emociones vividas, se elaboren y afronten de manera adecuada, más fácil será no caer en hábitos y prácticas poco aconsejables, originadas como decimos en sentimientos tóxicos y engorrosos que dificultan mucho avanzar, querer y educar estos niños tan difíciles.

La culpa, el desánimo, la indefensión o el miedo, vividos en su estado más crítico, pueden hacer que los padres y madres establezcan muchas veces patrones educativos bien de corte permisivo-evitativo por perder la perspectiva global de la situación, con lo que la problemática, lejos de solucionarse, se agudiza y cronifica en el tiempo. También ocurre la polarización en el hogar en la búsqueda de soluciones, pasar de la A a la Z en un minuto, lo que puede desorientar más al niño, además de generar conflictos serios en la pareja, otro aspecto que también repercute notablemente en la educación y crianza de estos niños.

Por tanto, los “cuidados del cuidador” llegan a ser en estos casos un punto imprescindible. La salud psíquica de los padres para afrontar situaciones diarias de vejación y maltrato requiere autocuidados conscientes y en la mayor parte de los casos, apoyo profesional. Os animamos mucho a que lo hagáis, por favor. 

Algunas pautas para afrontar al “pequeño tirano”

Contar con estrategias básicas en el afrontamiento del “niño rey” hará que os sintáis más seguros y no perdáis el norte, lo que repercutirá notablemente en interpretar y afrontar las situaciones de manera menos tóxica y dañina. No queremos perder la ocasión para recordaros algunos puntos clave:

-Establecer un buen apego.

-Tener claro que la autoridad no está en manos de los hijos.

-Establecer unos pocos límites, criterios que son incuestionables, y no abundar en su debate.

-Recordar que hay derechos y deberes.

-Establecer cierta austeridad ante juguetes, tecnología y moda con niños tan “exigentes”.

-No normalizar la violencia o tintes diversos de maltrato. Ser consciente de que ocurre. Actuar, pedir ayuda profesional.

-Proporcionar consecuencias morales a los niños.

-Exponer a experiencias altruistas.

-Fomentar la conciencia ampliada y la empatía.

Estos 3 últimos puntos están relacionados con la conciencia, la empatía y el razonamiento moral, y se pueden favorecer desde casa exponiendo a los niños a situaciones que conllevan estos elementos. El Psicólogo Javier Urra recomienda en estos casos llevar a los hijos a un hospital a ver a unos niños muy malitos, con enfermedades terminales o procesos oncológicos, para que puedan apreciar el “tú” en su dimensión más extrema, y sintonicen con un dolor real más allá de su “yo, yo y yo” egocentrista de estos niños y niñas.

Otras formas de transmitir moral a los niños es ir a ver a los abuelos enfermos aunque no apetezca, visitar algún familiar o amigo pachucho, todo con el fin de empatizar y expandir una conciencia moral limitada. Y esto también es educar, no solo limitarnos a informar, sino exponer vivencialmente a estos niños a contenidos morales significativos como son la empatía y la reciprocidad.

Estimadas familias; Muchísimo ánimo y “autocuidados”, junto con dosis de paciencia, persistencia, razón y corazón.

Sergio Algar | Psicólogo en el Centro Psicológico Loreto Charques