Vuelta al cole para todos.

Tener que ir por primera vez al colegio o volver a él, puede ser una experiencia llena de entusiasmo, ilusión, ansiedad, alegría y estrés, tanto para los niños como para los padres.

Esta situación puede provocar miedo y ansiedad, sobre todo si se van a vivir situaciones  con cambios y con  incertidumbre, como conocer el nuevo colegio, profesores, nuevos compañeros, adquirir nuevas rutinas, etc. Además de tener que soportar la separación de sus padres o seres queridos.

Esta ansiedad o nerviosismo se puede ir transmitiendo los días previos al inicio del curso con llanto, dolores de estómago, nauseas, cambios repentinos de  conducta o problemas con  el apetito y con el sueño.

Si observas que tu hijo empieza a tener comportamientos  de este tipo  o aún sin tenerlos  quieres que tu hijo se adapte con mayor facilidad, es importante que tengas en cuenta una serie de aspectos:

Lo primero que podemos hacer es contar con los niños e incluirlos  en los preparativos previos. Hacerlos sentirse partícipes a la hora de ir a visitar el colegio, comprar el material escolar, elegir la ropa, las mochilas, etc. Hará que los niños se perciban como  los protagonistas y asocien el colegio con  pensamientos positivos. Además, si durante esos días les contamos nuestras experiencias vividas en la escuela, como que era lo que más nos gustaba hacer en el colegio, los amigos que hicimos o alguna anécdota divertida; el niño/a lo vivirá como una situación totalmente normalizada por la que todo el mundo ha pasado, incluso sus padres.

Tenemos que empatizar con ellos, con sus emociones, escuchar sus inquietudes y aceptar sus quejas, sin negar pero proponiendo una visión realista y positiva de la situación. Por ejemplo: es cierto que da mucha pereza tener que madrugar pero ya verás como luego te acostumbras y no te cuesta tanto como crees.

Introducir  una rutina en los  horarios  e ir generando hábitos. Durante el periodo vacacional estival, las horas de sueño y  las comidas se ven alteradas, por lo que es conveniente que en las dos semanas previas al inicio del colegio que los niños se vayan adaptando poco a poco a su nuevo horario. Es recomendable que cada día se vayan a la cama un poco antes y de ese modo se empiecen a levantar más temprano hasta adaptarse  a la hora en la que se van a tener que levantar durante el horario de clases. De esta forma, les iremos marcando unas rutinas y el primer día de colegio no será tan difícil  tener que combatir  también con el sueño. 

Es conveniente ir favoreciendo la relación de nuestros hijos con sus  iguales, invitando a algún amigo a casa o acudiendo a alguna actividad conjunta en la calle. De este modo, reencontrarse con más niños de su edad no le supondrá una situación estresante y le facilitaremos las cosas a la hora de sociabilizar con ellos.

Es normal que los padres nos encontremos nerviosos por la nueva etapa de nuestros hijos, pero nuestro nerviosismo no debe transmitirse, por lo que es importante mantenerse tranquilo y  transmitir serenidad. Si el niño percibe que sus padres están inseguros, vamos a potenciar  que él lo esté más. Por el contrario, si sus padres le transmiten  seguridad, haremos que el niño se pueda adaptar antes y no viva la vuelta al cole de manera amenazante. 

Si nos damos cuenta de que  llora, grita, nos abraza cuando lo dejamos en  el colegio, debemos mantenernos con fortaleza y actuar  con tranquilidad y serenidad. Como padres, es normal que no nos guste ver llorar a nuestros hijos y ver que lo están pasando mal, pero hemos de ser conscientes  que estamos haciendo lo adecuado y que ese sentimiento de abandono va a desaparecer.

La situación se irá normalizando si somos capaces de mantener la calma. Si por el contrario, nuestro hijo nos ve nerviosos, ve que lo vamos a buscar antes de la hora o nos lo volvemos a llevar a casa, ese sentimiento se lo transmitiremos  y será mucho más complicado hacerle entender ha de ir al colegio y su actitud  oposicionista se volverá más evidente, por lo que cada mañana viviremos situaciones tensas y nos sentiremos unos padres poco competentes al hacerle pasar por eso a nuestros hijos y no poder resolverlo. 

Antes de que vaya al colegio y después de que  salga, es positivo reforzar sus logros con palabras positivas: “Me siento  muy orgullosa/o de ti”, “Estoy muy contenta/o de ver lo bien que estás haciendo las cosas”, “Eres muy valiente afrontando las situaciones”, “Estamos muy orgullosos de ver que bien te estás portando en el cole”, etc.  Además es recomendable e importante ser puntuales a la hora de ir a recogerlos, ya que si no nos ve en ese momento, puede provocarle incertidumbre, nerviosismo y un cierto temor a sentirse abandonado. 

Al salir de clase, es muy positivo  dedicarle un tiempo para que tenga posibilidad de explicar y contarnos  todo lo que ha hecho durante el día y  cómo  se ha sentido. Tomar la merienda juntos, hacer los deberes o jugar juntos para compartir las nuevas experiencias. De esta manera, entre padres e hijos se generará  un mayor vínculo de confianza y comunicación.

Feliz vuelta al cole para los más pequeños y para los padres, que vuelven a volver.

Mariano de Vena Salvador | Psicólogo en el Centro Psicológico Loreto Charques

 

 

Anuncios

Las otras víctimas.

Acababa de llegar a Madrid, tras haber estado aislado del mundo por las montañas del norte de España, caminando rumbo a Santiago. Mi mente estaba aún perdida en el recuerdo de bosques mágicos, de animales que se acercaban curiosos a que les acariciases (desde caballos a perrillos que recorren los caminos saludando a los peregrinos), de personas llegadas de todo el mundo y que te regalaban su compañía, su humanidad, su solidaridad, su cariño…

La mente y el alma renacidas en su fe en la Humanidad.

Entonces ocurrió. Barcelona. Cambrils. En mi cabeza no cabían la muerte y la destrucción que veía en la televisión. Luego las llamadas a los amigos que estaban pasando unos días allí. Todos estaban bien. Habían pasado hacía poco por las Ramblas. Ayer mismo, me dijo mi amigo Borja. Ayer mismo.

Pero todos estaban bien.

No es verdad. Ha habido víctimas directas, que sufrieron en sus carnes las heridas de la irracionalidad humana. Víctimas directas que vivieron a unos pocos metros o desde sus ventanas lo que estaba pasando. Víctimas directas que vieron desde sus televisiones o escucharon en sus emisoras de radio lo que estaba pasando. Víctimas directas que habían sobrevivido en Bruselas, en Manchester, en París, en Alepo, en Londres, en Boston… Víctimas directas que viajaron y revivieron como si fuera hoy mismo el infierno del 11M en Madrid. Todos ellos han vivido de manera traumática los atentados de Cataluña.

No sé si os habréis fijado –lo han dicho casi de refilón- que cientos de personas buscaron apoyo psicológico en los días posteriores. Sentían angustia. Sentían un dolor que no podían explicar. Una tristeza profunda. Y no tenían ni familia ni amigos ni conocidos entre las víctimas.

No hace falta.

Son humanos, personas que empatizan con los que sufren. Personas a las que los medios de comunicación y las redes sociales han bombardeado con imágenes de dolor, de muerte, de sufrimiento.

Desde aquí quisiera hacer una llamada a aquellos que sólo quieren ser los primeros en poner las imágenes más macabras. Pensadlo antes. No puede ser que hubiera personas que pensaran primero en hacerse un selfie con las víctimas de fondo en lugar de correr a ayudar. Pensadlo. Pensad en el efecto que tienen esos vídeos, esas fotos…

Y a aquellos que lo habéis pasado mal… aún no estando allí. Aquellos que tenéis pesadillas y que experimentáis angustia. No dejéis que ese sufrimiento se enquiste en vosotros… o podéis ser candidatos a episodios depresivos, a padecer de estrés postraumático… Los psicólogos (no sólo los de emergencias) estamos ahí para ayudaros, para prevenir futuras complicaciones.

Y ojalá que nunca más vuelvan a atacar nuestra libertad, nuestra paz, que tanto nos ha costado conseguir.

Sed felices…

César Benegas Bautista | Psicólogo en el Centro Psicológico Loreto Charques

¿Por qué no estoy a gusto con mi cuerpo?

Por fin ha llegado el tan ansiado veranito… ha llegado la hora de ir a la piscina, a la playa y, claro, hay que ponerse el bikini, la ropa de baño, etc… En este momento, cuando tenemos el cuerpo más expuesto, nos damos cuenta de que hay muchos aspectos de nuestro cuerpo que nos gustaría cambiar. Resulta que nos parece que nos sobra de un lado, nos falta del otro, nos vemos horribles, empezamos a pensar en que nadie se fijará en nosotros, nos comparamos además con otras personas que consideramos que están “mejor” físicamente, y claro, nos sentimos mal.

Hoy hablaremos de la imagen corporal, que es la representación mental que cada individuo tiene de su propio cuerpo. Esta representación mental la hacemos basados en:

  • Las medidas que atribuimos a nuestro cuerpo.
  • Los pensamientos, sentimientos y valoraciones que nos provoca nuestro cuerpo, principalmente el tamaño corporal, el peso, determinadas partes del cuerpo que nos gustan más de nosotros o menos o cualquier otro aspecto de la apariencia física.
  • Las consecuencias de lo anterior (medidas, pensamientos, sentimientos y valoraciones), es decir debido a cómo percibo mi cuerpo y cómo me siento con el mismo hago cosas como ponerme ropa más ancha, pesarme habitualmente para ver si he bajado esos kilos de más, vestir de negro porque estiliza, evitar ir a la playa para no ponerme en bikini, no ponerme sandalias porque no me gustan mis pies, peinar mi pelo de una determinada manera porque así veo mi cara más fina, compararme constantemente con los demás, etc.).

Mostramos una imagen corporal negativa cuando:

  • Valoramos de una manera equivocada las formas corporales y vemos partes del cuerpo como no son realmente.
  • Nos convencemos de que solamente otras personas son atractivas, y valoramos estas medidas como éxito y valía personal.
  • Sentimos vergüenza y ansiedad por el cuerpo.
  • Nos sentimos incómodos y raros en el propio cuerpo. No nos aceptamos. Nos sentimos enajenados.

Cash  y Brown (1987) han desarrollado la conocida como “docena sucia” que recoge los pensamientos distorsionados más habituales con respecto a la apariencia:

  • La bella o la bestia: pensamiento todo/nada, blanco/negro. Me sale un grano en la nariz y pienso “estoy horrible”, “estoy asquerosa”.
  • El ideal irreal: me evalúo en función de un estándar irreal (por ejemplo, mujer escultural), de esta forma sobresalen mis defectos en todo su esplendor: “soy demasiado baja…”.
  • La comparación injusta: nos comparamos con gente real muy atractiva: “no me gusta probarme ropa en tiendas grandes porque ver a las dependientas me hace sentir gorda y fea”.
  • La lupa: nos centramos en un aspecto o en aspectos de nuestra apariencia que no nos gustan y exageramos su importancia. Esto es, simple y llanamente, atención selectiva.
  • La mente ciega: se ignoran o se minimizan aspectos favorables de nuestro cuerpo; como nos sentimos bien con ellos, no los tenemos en cuenta, pero sí nos centramos en otros que nos gustan menos. Muy relacionado con la forma en la que nos educan para ser modestos.
  • La fealdad radiante: la insatisfacción con un aspecto de la apariencia se generaliza a otras características físicas. A modo de ejemplo: me veo arrugas bajo los ojos y empiezo a ver signos de vejez por otras partes el cuerpo.
  • El juego de la culpa: esta es muy importante, sobre todo en mujeres jóvenes y adolescentes. Se refiere a atribuir decepciones, rechazos o acontecimientos negativos a un aspecto de la apariencia con el que se está insatisfecho: “no siente interés por mí por mi aspecto”.
  • La mala interpretación de la mente: como supongo o creo que soy poco atractivo (o tengo un defecto), también considero que los demás me ven así. Adivino lo que piensa la gente y en lo que se está fijando.
  • Prediciendo desgracias: esperar que el mal aspecto físico tenga efectos negativos en el futuro. Por ejemplo, un hombre obeso piensa “con mi físico nadie me tomará en serio como vendedor” o un hombre calvo piensa “sin pelo ninguna mujer se enamorará de mi”.
  • La belleza limitadora: no poder hacer cosas por la apariencia. La prohibición de nuestros comportamientos está motivada por las reacciones negativas que creemos que tendrá la gente. Una mujer con arrugas piensa “no puedo salir sin maquillar”, otra persona piensa “no puedo ir a la fiesta con este pelo”.
  • Sentirse feo: como me siento feo, debo ser feo. La interpretación se convierte en certeza y justificamos la “fealdad”: “con razón me siento fea, mira qué horrible estoy”.
  • El reflejo del malhumor: a veces el malhumor motivado por otras razones termina reflejándose en nuestra apariencia. Por ejemplo, una persona muy estresada por el trabajo que termina criticando su cuerpo mientras se prueba ropa.

Nadie es capaz de pensar que es una persona horriblemente fea y despreciable y aun así estar a gusto consigo mismo. Está claro que todos nosotros, en algún momento (o en muchos), hemos caído en alguno(s) de estos errores y, por lo tanto, nos hemos sentido insatisfechos con nuestra imagen. Un paso fundamental para conseguir mejorar la autoestima y sentirse mejor es reconocer este tipo de pensamientos distorsionados (que se generan de forma automática) para poder así rebatirlos cada vez que nuestra mente los ponga en marcha. A partir de la confrontación objetiva, poco a poco se irán desvaneciendo y podremos automatizar una forma más adecuada de pensar.

Renata Sarmento | Psicóloga Col. Nº M-25389

Referencias

Alonso, A. (2014). Las distorsiones cognitivas, nuestras propias limitaciones. Recuperado el 26 de Junio de 2017 desde http://imeoobesidad.com/blog/las-distorsiones-cognitivas-nuestras-propias-limitaciones/

Cash, T. F. & Brown, T. A. (1987). Body image in anorexia nervosa and bulimia nervosa. A review of the literature. Behavior Modification, 11(4), 487-521. doi:10.1177/01454455870114005

Quiles Marcos, Y. Taller de Imagen Corporal y Alimentación. Recuperado el 23 de Junio de 2017 desde http://cpa.umh.es/files/2008/04/capitulo-4-taller-de-imagen-corporal-y-alimentacion.pdf

Romo Donaire, A.M. Tema 1: La Imagen corporal. Material docente. Recuperado el 23 de junio de 2017 desde https://rua.ua.es/dspace/bitstream/10045/3560/1/PowerPoint%20-%20TEMA%201.pdf

Atrapado por su pasado.

Había una película de Al Pacino en los noventa, Carlito´s way, que la tradujeron con este título en castellano, que hablaba sobre lo difícil que le resultaba a un narcotraficante criminal deshacerse de sus herencias pasadas para poder redimirse.

No os quiero hablar ni de mafias ni de redención, como escribía en el último artículo las experiencias significativas del inicio de la vida nunca vuelven a ocurrir, pero sus efectos se mantienen y dejan huella.

Los residuos del pasado contribuyen activamente en el presente, operan insidiosamente para transformar las nuevas experiencias de estímulos en línea con el pasado.

Hoy quería escribiros sobre los procesos que perpetúan estas huellas del pasado.

Uno de los procesos de perpetuación es el que se denomina constricción protectora.

Los recuerdos dolorosos del pasado se mantienen fuera de la conciencia, proceso al que nos referimos como represión. El individuo desarrolla un área de maniobras protectoras conscientes e inconscientes para disminuir la probabilidad de que estas experiencias perturbadoras ocurran en un futuro.

Sin embargo, a causa de estos esfuerzos protectores la persona estrecha o limita su mundo.

La represión reduce la ansiedad haciendo que el individuo aleje sus fuentes internas de malestar de la conciencia, aunque por otra parte, le impide desaprender estos sentimientos o le obstaculiza el aprendizaje de nuevas formas, potencialmente más constructivas.

Por ejemplo, una chica muy inteligente y atractiva de 15 años se había aislado progresivamente de las actividades escolares y sociales; durante varios años había tenido un problema en casa, que culminó en un conocido escándalo que implicaba a sus padres. Pese a que era bien considerada por sus profesores y compañeros, que se esforzaban por mostrar su continua aceptación, su vergüenza y temor al ridículo social la condujeron a un aislamiento creciente  y a fantasías de que sería humillada dondequiera que fuera. Como consecuencia de sus acciones protectoras, la chica preservaba sus recuerdos inalterados del pasado; además, éstos persistían y la forzaban a tomar un camino que impedía su resolución. Sus maniobras constrictivas y sus  límites para protegerse,  limitaban a su vez el poder gozar de recompensas vitales positivas.

Algunos procesos no sólo conservan el pasado sino que transforman el presente en línea con el pasado. Una vez que las personas adquieren un sistema para tener expectativas, responden con una creciente alerta a elementos amenazadores similares en su situación vital, es el denominado proceso de sensibilización reactiva.

Por ejemplo, las personas que desarrollan ansiedad corporal se hacen hipocondriacos, es decir, están hipervigilantes ante los procesos fisiológicos que muchas  personas experimentan pero ignoran.

Al hilo de esta sensibilización se crea la noción de constructos personales, que hacen que las personas adquieran unas actitudes cognitivas anticipatorias como consecuencia no sólo de las formas amenazadoras, sino de todas las formas de experiencia pasada; así, una persona que ha aprendido a creer que todo el mundo le odia tenderá a interpretar los comentarios incidentales y totalmente inocuos de los demás en línea con esta premisa.

Este proceso de distorsión tiene un efecto insidiosamente acumulativo y espiral. Cuando las personas construyen de forma errónea la realidad con el fin de que corrobore sus expectativas, intensifican su miseria.

Las personas a causa de esta distorsión, experimentan subjetivamente eventos neutros como si fueran realmente amenazadores.

Otro proceso genera una tendencia de las personas a reaccionar ante nuevos estímulos de manera similar a la que reaccionaron en el pasado, proceso que podemos llamar generalización del comportamiento.

Por ejemplo, imaginemos que un niño aprendió a retraerse y a aislarse de una madre muy punitiva. El niño podría tener una profesora algo firme, de características físicas similares a las de su madre, lo que podría distorsionar su percepción, haciéndola un duplicado de su  madre. Entonces reaccionaría  ante la profesora como había aprendido a reaccionar ante la madre.

Se produce una transferencia de los comportamientos pasados a situaciones nuevas, es una tendencia a percibir y reaccionar ante los eventos presentes como si fueran duplicados del pasado.

Por ejemplo, un chico de 20 años cuyas experiencias pasadas le llevaron a anticipar reacciones punitivas de sus padres puede estar hipervigilante ante los signos de rechazo de los demás. Como consecuencia de su suspicacia, distorsionará comentarios inocuos, considerándolos indicadores de hostilidad. Cuando se prepara para defenderse y afrontar la hostilidad que le espera, congela su gesto, fija la mirada fríamente y hace unos cuantos comentarios negativos hacía sí mismo. Este mensaje que transmite es percibido por los demás como poco amigable y hostil, por lo que los demás le expresan abiertamente sentimientos de poco afecto y empiezan a aislarse y a mostrar una hostilidad real, ya no imaginada. El hecho de experimentar de forma objetiva este rechazo le lleva a ser más suspicaz y arrogante, perpetuando el círculo vicioso.

Estos comportamientos repetitivos persistentes también pueden aplicarse a recursos intrapsíquicos, son las denominadas compulsiones de repetición. Se refiere a la tendencia inconsciente a reconstruir fracasos o decepciones del pasado para intentar su desactivación, a pesar de su repetida inutilidad como estrategia.

Por ejemplo, la rivalidad entre dos hermanas generaba intensos sentimientos hostiles y destructivos en la hermana mayor de 21 años. Esos sentimientos se ventilaban a través de maniobras maliciosas, algunas de las cuales eran satisfactorias en ciertos momentos, pero nunca totalmente gratificantes; es decir el impulso de deshacer, humillar e incluso destruir a la hermana más pequeña mantenía una lucha sólo parcialmente agnada. En situaciones interpersonales nuevas, la hermana mayor recreaba la relación con su hermana, sólo para repetir las maniobras de depreciación y humillación que había utilizado con su hermana en el pasado. Sin embargo, estas relaciones cumplían parcialmente sus necesidades, porque el objeto real u odiado era su hermana, y nunca alcanzó el objetivo que realmente buscaba, es decir la destrucción total de su competidora. Repetía compulsivamente, en una relación tras otra, los mismos patrones de comportamiento destructivo que había a prendido den el pasado.

Como para el protagonista de la película, resulta muy difícil deshacerse de estas huellas del pasado, que tendemos a perpetuar a través de nuestros procesos de afrontamiento y de interpretación,  para que formen parte de nosotros y nos acompañen a lo largo de nuestra vida.

Mariano de Vena Salvador | Psicólogo Col. Nº M-23785

Chemsex… cuando la sexualidad no basta.

La sexualidad es algo maravilloso. Durante demasiado tiempo se ha visto limitada, coartada, haciéndola parecer como algo pecaminoso, sucio… Con la evolución cultural la sexualidad llegó de una manera más natural a la gente, sobre todo a los por entonces más jóvenes. Hasta que llegó el SIDA, como un fantasma aterrador que marcó a toda una generación, que obligó a que aprendiéramos de prevención de la infecciones de transmisión sexual (ITS). Hoy en día, aunque aún no hay una cura para el VIH/SIDA, sí que su contagio se ha visto controlado y cada año tenemos mejores noticias sobre la disminución del número de contagios.

Pero aún sigue ahí.

Posiblemente la educación sexual de las nuevas generaciones se ha visto más enfocada a prevenir esos contagios así como a frenar el número de casos de embarazos no deseados. Y ese enfoque ha olvidado enseñar la otra parte fundamental de la sexualidad que no es sólo su disfrute, si no las emociones implicadas.

Tal vez ese sea uno de los motivos por los que los jóvenes llegan antes a descubrir su propia sexualidad y explorarla. Aprenden –muchas veces a través de la pornografía o de la prostitución (sobre todo en el caso de los hombres)- el cómo se hace y no reflexionan el para qué. Y con ello no digo que haya que controlar o refrenar esa sexualidad. Pero sí que hay que educar de manera que se planteen por qué lo hacen. En más de un caso nos hemos encontrado con chicos y chicas que han tenido sexo… porque había que tenerlo, por presión de sus iguales, de sus parejas, o de lo que creen que se espera que hagan.

Eso puede llevar a que la sexualidad pierda parte de su sentido y por eso se trivializa… Y lo trivial lleva al aburrimiento y la rutina.

Y para salir de esa rutina y a la vez seguir a la moda y no ser un “marginado” que está fuera del grupo… muchos se lanzan a la práctica del CHEMSEX.

El CHEMSEX es un término que proviene inicialmente de la cultura anglosajona y que define una experiencia en la que bajo el influjo del consumo de sustancias químicas, drogas, a la vez se mantienen relaciones sexuales durante largos periodos de tiempo –más allá de lo normal en una persona sana en condiciones naturales-. Por así decirlo, forzando la máquina de manera artificial. Aunque inicialmente era una práctica minoritaria, se ha extendido por todo el mundo y ha llegado también a España. Como antaño se convocaban las fiestas rave, de manera discreta, por medio del boca oído, en la actualidad se realizan las convocatorias de estos encuentros sexuales por medios de Apps en los teléfonos móviles.

El uso de drogas para mantener relaciones sexuales no es algo nuevo, ni remotamente. Se ha dado a lo largo de la historia en prácticamente todas las culturas y empleando todo tipo de sustancias. Siempre buscando durar más, tener más parejas sexuales… y, lo que más enganchaba, poderlo contar a su grupo.

En eso no hemos cambiado mucho.

Lo que ha cambiado es la irrupción de la metanfetamina, llamada por nombres como batu, blade, cristy, cristal, vidrio, hielo caliente, cuarzo, shabu, shards, stove top, super hielo, tina, ventana, meta, tiza… Y el peligro radica primero en que su efecto adictivo es muy intenso, por lo que muchas personas se enganchan, desarrollando una dependencia física y psicológica. De ella sabemos:

-La metanfetamina es un potente estimulante del sistema nervioso central. Sus efectos son más potentes que la anfetamina porque atraviesa muy fácilmente la barrera hematoencefálica.

-Aunque tiene indicación terapéutica para el tratamiento de la narcolepsia y del TDAH, también se usa en espacios de fiesta (en menor medida que la anfetamina, dependiendo de la zona geográfica).

-Su uso recreativo suele ser por la vía esnifada o oral, pero hay un uso fumado o inyectado que en España es muy minoritario. Por vía nasal y fumada los efectos aparecen casi inmediatamente, mientras que si se consume oralmente los efectos tardan una media hora en aparecer.

-Los efectos principales de la metanfetamina son la sensación de energía y euforia, con incremento en el nivel de alerta y rendimiento intelectual, disminución de la necesidad de dormir y comer y dilatación pupilar. En las primeras tomas el efecto puede parecerse más al MDMA que a otro estimulante, debido a que aparecen efectos de apertura intelectual acompañadas de euforia (*).

Y es en esa combinación de euforia, de falsa percepción de control, de ser capaz de interactuar fácilmente con cualquiera el que hace que, cuando las personas que se reúnen para practicar el CHEMSEX, puedan perder la percepción del riesgo de lo que están haciendo y surge el riesgo a las ITS, no sólo por el intercambio sexual de fluidos, sino también por la vía de administración.

¿Cuál es nuestro papel como padres y como educadores? Debemos dar una correcta educación sexual que conciencie a los más jóvenes de los riesgos de una sexualidad mal llevada (muchas chicas, por ejemplo, no saben ni lo que es el VPH, o virus del papiloma humano, cómo se contagia y los riesgos que conlleva). Pero también debemos enseñar lo bueno de la sexualidad, que somos dueños de ella y no debemos dejarnos llevar o presionar por lo que otros quieran o nos pidan que hagamos.

La sexualidad es maravillosa.

Libre, consciente y controlada… dentro de lo posible.

Sed felices.

César Benegas Bautista | Psicólogo Col. Nº M-22317

Enlace relacionado:

http://www.20minutos.es/noticia/3054603/0/perdido-miedo-contraer-sifilis-gonorrea/

(*) Fuente: https://energycontrol.org

No es chivarse, ¡es pedir ayuda!

En ocasiones los niños cambian su carácter sin motivo aparente. Sospechamos que algo pasa, y no sabemos exactamente qué es. Están más callados de lo normal, más irascibles, pierden el apetito, no descansan bien… Muchas veces esto se les pasa, sin más. Otras persiste. 

No es cuestión de alarmarte, sino de que te preguntes si puede haber alguien que le esté molestando, sea de la forma que sea. Un lugar muy frecuente es “el patio del recreo”. 

Nos encontramos con muchos niños que no saben afrontar la situación. Dentro de su cabecita surge de una u otra forma el qué hacer: “Me defiendo, me aparto, se lo digo a un mayor… No se… Decírselo a un  profesor es chivarse, y luego va a ser peor…”

Resulta por ello necesario enseñar a los niños fórmulas para manejar mejor estas situaciones. Y tú como padre o madre puedes introducirlo de forma natural en la conversación con él.

Las habilidades de resolución de conflictos de manera pacífica y asertiva contemplan un conjunto amplio de competencias. Pretendemos proporcionar a continuación un marco simplificado para que los niños sepan de manera esquemática qué es lo que va antes y qué es lo que va después. Simplificar las cosas ayuda a que se acuerden, y al mismo tiempo guarda una cronología psicológica y pedagógica aceptable para ser enseñada por el adulto. 

Primero: Ignorar y evitar el conflicto. A veces dar poca importancia a algo menor es la mejor solución. No hacer caso e irte a otra parte. Seguramente el alumno problemático en cuestión, al no tener respuesta ni sentir reacción en su víctima, dejará de molestarle. Se trata de ignorar y también transmitir que quiere que le deje en paz y que no quiere líos. 

Después: Afrontar proporcionalmente o defenderse. Hay que enseñar y transmitir a los niños la importancia de que defenderse  es algo que solo hay que hacer tras haber puesto en marcha mecanismos para ignorar o evitar pacíficamente el conflicto. Llegado el momento, este mensaje de afrontamiento es importante, ya que se da valor a la necesidad de resolver por sí mismo las cosas, y al mismo tiempo le proporciona control sobre la situación. Es decir, no le deja en una posición de invalidez, desprotección, ni de que tengan que resolverle todo los demás enseguida. Cabe decir que responder puntualmente a una agresión debe ser siempre proporcional, tanto en lo verbal como en lo físico. Enseñar a tu hijo a defenderse mínimamente dada una situación compleja, a zafarse o liberarse de una situación agresiva (que no a atacar) es un elemento más que contempla la asertividad dentro de la enseñanza de  habilidades sociales que le van a ser útiles para la vida, y trata de que sea capaz de defender sus derechos más básicos y libertades. 

Finalmente: Pedir ayuda.  Resulta importante aclarar a los niños que cuando alguien le molesta de manera recurrente, él ya ha puesto en práctica todas las estrategias de solución de conflictos mencionadas y la situación sigue persistiendo, es fundamental poner en conocimiento del adulto (profes y padres) lo que ocurre para que nos echen una mano a solucionar una situación claramente desigual, en la que él ya ha hecho todo lo que está a su alcance para solucionarla de manera asertiva y autónoma. Y esto “no es chivarse, sino que se trata de pedir ayuda”. Se puede hacer, y se debe hacer. Se lo debemos aclarar a los niños, ya que “pueden sentirse culpables por acusar a su acosador”, al mismo tiempo que “desprotegidos e indefensos” si no se les apoya debidamente en este proceso. Piensa que también pueden vivirlo de manera triste y con vergüenza, para empezar porque ponen al descubierto que son objeto de burla, que hagan lo que hagan no funciona. Debemos hablar con ellos para aclararles que es legítimo y adecuado hablar de esta situación de abuso por parte de otro niño que no tiene ningún complejo en ser eso, un abusón que recurre a la agresividad verbal, física, la descalificación en sus múltiples manifestaciones. También puedes aclararles que es normal que se sientan así, que no es agradable sentirse atacado por otra persona y hacer saber a alguien que no van bien las cosas, pero ese sentimiento va a pasar pronto al entender que ellos no han hecho nada malo, y que “el abusón ha sido quien no lo ha hecho bien”. Si no lo hacemos así y no lo explicamos adecuadamente, el niño más indefenso puede sentirse mal “pidiendo ayuda” y finalmente no ponga en marcha este mecanismo que, dado el momento, es importante que lo haga. Y quizás lo que es más relevante; es fundamental que el niño capte nuestra más sincera empatía, no tanto enfado ni preocupación, sino comprensión, aceptación y cariño, porque si no puede asociar que contar las cosas genera en el adulto enfado y preocupación, y posiblemente no va a ser cómodo para él volver a contar nada más. 

Recuerda:

  1. Genera en tu hijo mecanismos para pasar o ignorar algunas primeras conductas hacia él, así como de aviso de querer evitar un conflicto.

Primeramente, ignorar, no hacer caso a una descalificación menor puede resultar adecuado, porque este perfil de alumno agresor acude a víctimas fácilmente reactivas. También de poner en conocimiento del agresor que no quiere problemas y que le deje en paz.

  1. Genera en tu hijo mecanismos de autodefensa.

Cuando las conductas de agresión se repiten, el niño debe defenderse. No comenzar la agresión, sino al menos apartarla y mostrar recursos de autodefensa. Es legítimo, y debe hacerse.

  1. Favorece el que, si las conductas hacia él persisten, tu hijo sienta confianza, tranquilidad y el menor sentimiento de culpa en transmitirlo a los adultos pidiendo ayuda.

Hay que aclarar que el culpable es el niño que se mete con ellos, que él no está haciendo nada malo. Se llama pedir ayuda, no chivarse, y los niños, tras haber agotado otros recursos de evitación, afrontamiento autónomo pacífico y de asertividad, deben recurrir al adulto para “no normalizar una situación que no es normal”, ya que si sigue produciéndose impunemente puede tener efectos muy destructivos para la autoestima de los niños y en general su desarrollo psíquico.

Sergio Algar Villa | Psicólogo Col. Nº M-22702

¡Si dudas del Tdah, hazte voluntario!

Año viene y año va volvemos a la polémica sobre la existencia real del Trastorno por Déficit de Atención con/sin Hiperactividad (TDAH). Entre los que dicen que tan sólo es un niño movido, con mucha energía, pasando por aquellos que aseguran que es un problema de educación (es decir que la culpa es de los padres y madres) a aquellos que dicen que es algo inventado por la industria farmacéutica. Todos emiten estos comentarios sin malas intenciones (¿o no?) pero no se dan cuenta (¿o sí?) del daño que hacen a las personas que padecen TDAH y a sus familias.

Esta situación me recuerda las primeras explicaciones que se dieron a los orígenes del autismo: la culpa era de las madres nevera. Esta teoría justificaba el trastorno por la falta de una vinculación adecuada entre madre-hijo. ¿Nos podemos hacer una idea de lo duro que puede llegar a ser para una madre tener un hijo con unas características particulares y ser culpabilizada por ello sin razón? Afortunadamente, Leo Kanner, que en un primer momento defendió la teoría de las madres nevera, terminó por desecharla y empezó a restar de responsabilidad a las madres porque se dio cuenta de que los hermanos de los niños con autismo educados por las mismas madres no presentaban dicho trastorno. Felizmente, a día de hoy esta teoría está completamente superada y hoy sabemos que el autismo es un trastorno del neurodesarrollo que afecta a la comunicación y a la socialización.

Volviendo al tema que hoy nos ocupa, el TDAH, estoy deseando que llegue el momento en que no tengamos que estar justificando constantemente su existencia y que superemos de una vez la idea de que el TDAH es un trastorno inventado.  La verdad es que lo ponga en duda una persona que no haya tenido la oportunidad de estudiar (como la vecina del quinto), puedo llegar a comprenderlo, pero que emitan juicios como “es un invento de la psiquiatría norteamericana para vender medicación” o “el TDAH es una moda” doctores de reconocido prestigio, dice muy poco acerca de su “supuesto” prestigio.

Podemos discutir sobre la adecuación de los criterios diagnósticos, podemos y debemos mejorar y aclarar la evaluación para no dar falsos positivos y no caer en el sobrediagnóstico, podemos y debemos investigar para conocer qué tipo de intervención es la más adecuada (medicación sí/no/cuándo/qué medida y/o terapia cognitiva-conductual, etc.). Sin embargo, negar la existencia del trastorno lo único que nos lleva es a la inacción y a no dar respuesta a una realidad existente.

De acuerdo con Orjales (2017) el TDAH es un trastorno complejo cuyas manifestaciones clínicas, en intensidad y desadaptación, son el reflejo de una posible alteración orgánica modulada por la influencia del ambiente (es decir, la educación, la intervención y el entrenamiento recibidos por el sujeto hasta el momento) que, en cierta medida, contribuye a frenar o a potenciar los síntomas. Por lo tanto, no se trata de un invento de la industria farmacéutica, o una moda, o tan sólo falta de una educación ajustada. El TDAH existe y es una de las patologías más frecuentes en la infancia y, de su diagnóstico y de la intervención temprana, depende que no derive en trastornos severos de conducta, abandono escolar, trastornos del estado de ánimo, muertes prematuras y/o adicciones y problemas con la justicia. El TDAH va mucho más allá y tiene muchas más implicaciones para las personas que lo sufren y sus familias.

El diagnóstico del TDAH se debe hacer en base a los criterios de la Asociación Americana de Psiquiatría  (APA)  recogidos en el DSM (Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders) en su versión número 5. El DSM-5 es el producto de más de 10 años de estudios científicos de cientos de expertos internacionales en todos los aspectos de la salud mental. El trabajo define y clasifica los trastornos mentales con el fin de mejorar los diagnósticos, el tratamiento y la investigación. Para ser diagnosticado con TDAH, el DSM-5 exige:  

·         Determinar la intensidad de los síntomas

·         Determinar la cronicidad de los síntomas

·         Descartar la existencia de factores ambientales

·         Determinar el nivel de desadaptación

·         Establecer el diagnóstico diferencial (para determinar si hay trastornos comórbidos u otro trastorno que explique mejor los síntomas)

Si hay una entidad en la que coinciden expertos internacionales en unos criterios y síntomas, que han revisado estudios científicos ¿es realmente plausible que sigamos negando su existencia? Insisto en que podemos y debemos seguir investigando para mejorar nuestro conocimiento en cuanto a detección, diagnóstico e intervención. Pero lo que no parece lógico es seguir insistiendo en negar las evidencias.

Yo no me cansaré de desmentir todos los mitos y “bulos” que corren por la red y que salen de personas que desconocen por completo la realidad de los afectados por el TDAH y sus familias. Por eso, desde aquí lanzo una propuesta a las asociaciones y a las personas que dudan acerca de la existencia del TDAH. ¿Por qué no organizamos un voluntariado para todos aquellos que dudan de la existencia del TDAH? Propongo la campaña: ¡Si dudas del TDAH, hazte voluntario! Como creo es una cuestión de desconocimiento, el mejor remedio para ello es la información y el acercamiento al día a día de las personas con TDAH y sus familias. Informando y sensibilizando seremos capaces de desterrar del todo las teorías basadas en la desinformación.

Renata Sarmento | Psicóloga Col. Nº M-25389

Para saber más:

Para Todos La 2 – El TDAH https://www.youtube.com/watch?v=Rnmx9hYERrc

Madrid Conesa, F. (2016) TDAH: ¿Existe? Cuaderno de Pedagogía, 463, 82-87. http://feaadah.org/admin/archivo/docdow.php?id=756

Referencias

Orjales, I. (2017) Comentarios respecto al TDAH. Recuperado el 25 de Mayo de 2017 desde http://feaadah.org/es/difusion/650 .

Vida temprana, aprendizaje y olvido.

Muchas veces nos preguntamos las influencias que tienen las experiencias de los recién nacidos y de los primeros años de la vida en el desarrollo de la personalidad del individuo, y por tanto la prevención o la potenciación de determinados trastornos psicológicos.

Los comportamientos y actitudes adquiridos no suelen ser fijos ni permanentes. Lo que se ha aprendido puede modificarse o desaparecer en las condiciones adecuadas, proceso que se denomina extinción.

La extinción conlleva normalmente la exposición a experiencias que son similares a las situaciones del aprendizaje inicial, pero que permiten nuevos aprendizajes. Es decir, que los antiguos hábitos de comportamiento cambian cuando aprendizajes nuevos interfieren con lo que se ha aprendido y lo sustituyen.

Pero, ¿qué ocurre si las condiciones del aprendizaje original no pueden duplicarse fácilmente?

Según la teoría del aprendizaje por contigüidad, el que no se den las situaciones que interfieran con los hábitos anteriores implica que éstos se mantendrán sin modificar y persistirán en el tiempo.

Entonces si nos cuestionamos: ¿se experimentan los acontecimientos en la vida temprana de tal manera que sean difíciles de reproducir, y por tanto, resistentes a la extinción? Un examen de estas condiciones en la infancia nos dice que la respuesta es que .

Desde una perspectiva biológica, el niño pequeño es un organismo primitivo, el sistema nervioso infantil está incompleto; el niño percibe el mundo desde puntos de vista momentáneos y cambiantes, y es incapaz de discriminar e identificar muchos de los elementos de la experiencia.

Lo que el niño ve y aprende del entorno a través de sistemas perceptuales y cognitivos infantiles no volverá a experimentarlo de la misma forma después.

El mundo presimbólico de los niños dura hasta los 4 ó 5 años, momento en el que agrupan y simbolizan los objetos y los acontecimientos de una forma estable que es bastante diferente con respecto a la de la infancia temprana.

Una vez que estas percepciones han tomado formas discriminativas, los niños no pueden duplicar durante más tiempo las experiencias perceptivamente amorfas, presimbólicas y difusamente incipientes de sus años iniciales.

Incapaces de reproducir estas experiencias tempranas en la vida posterior, los niños no podrán extinguir lo que han aprendido en respuesta a ello; al dejar de percibir los sucesos como los sintieron inicialmente, no pueden sustituirlas reacciones tempranas por las nuevas. Estos aprendizajes tempranos persistirán, por tanto, como sentimientos, actitudes y expectativas que afloran penetrantemente de una manera vaga y difusa.

El desarrollo de patrones desviados, que influirán futuramente en el desarrollo de un trastorno de la personalidad, se puede estar empezando a forjar en estos primeros aprendizajes.

Además, en esta etapa presimbólica su mundo de objetos, personas y acontecimientos está conectado de una manera poco clara y aleatoria; aprenden a asociar objetos y sujetos que no tienen relaciones intrínsecas; se fusionan de forma errónea conjuntos de estímulos concurrentes.

Por ejemplo, cuando un niño pequeño experimenta temor como respuesta a la voz cruel del padre, puede aprender a temer no solo la voz, sino también el contexto, la atmósfera, los cuadros, los muebles, y los olores, una gama total de objetos incidentales que, por azar, estaban presentes en ese momento.

Incapaz de discriminar el estímulo concreto que le causó el temor, conecta su malestar aleatoriamente a todos los estímulos asociados, de modo que cada uno de ellos pasa a ser un precipitante de esos sentimientos.

Las asociaciones al azar de la vida temprana no pueden duplicarse cuando el niño desarrolla la capacidad para el pensamiento y la percepción lógicos.

La generalización es algo también inevitable en el aprendizaje temprano. Todos los hombres son papás, todos los animales de cuatro patas son perritos, todas las comidas son ñam ñam…

Imaginemos que una niña de dos años es atemorizada por un perro cocker. Debido a la capacidad discriminativa burda que existe a esa edad, esta experiencia le ha condicionado el temor a los perros, los gatos y otros animales pequeños.

Volvamos a imaginar que después se expone agradable y repetidamente a un perro cocker. Como consecuencia de esta experiencia, la niña habrá extinguido su temor, pero sólo a los perros cocker y no a los perros en general, ni a los gatos o a otros animales pequeños.

Cuando la niña sea más mayor, su capacidad de discriminación hará que los cocker sean agradables, pero no los perros en general.

Estas condiciones que refiero con anterioridad, ese aprendizaje en la etapa presimbólica, esa aleatoriedad de relacionar objetos, acontecimientos y personas y por último esa generalización entre estímulos similares, explican en gran medida la extraordinaria dificultad para reexperimentar los acontecimientos de la vida temprana y olvidar los sentimientos, comportamientos y las actitudes generados por ellos.

Mariano de Vena Salvador | Psicólogo Col. Nº M-23785

¿Se puede adivinar el futuro?

Cuenta la historia que el tarot más antiguo del que hay constancia física se debe a la obra de Filippo María Visconti, el último duque de Milán de la dinastía Visconti. Por lo que es conocido como Tarot Visconti. Se dice de él que fue un político de raza… pero consumido por un temor supersticioso que le llevaba a una continua consulta a todo tipo de ocultistas, nigromantes y astrólogos. No hay un acuerdo sobre si fue realizado como regalo para la boda de su hija… O con fines adivinatorios más particulares.

Otras fuentes afirman que el tarot provendría de Egipto, posiblemente de algún seguidor del culto al dios único Atón, alrededor del año 1450 a.C., tal vez en un afán de dejar por escrito, de manera oculta o esotérica, sus creencias de la existencia en un dios único, que luego fueron prohibidas y perseguidas. Para que les ubiquemos en el tiempo, hablamos del padre del famoso faraón Tut-anj-Amón, más conocido para la posteridad como Tutankamon, el faraón niño…

Podría seguir contándoos las teorías, las leyendas, historias de secretos y de místicas ya olvidadas, que son de lo más fascinantes. Pero lo que hoy queremos tratar no es su origen, si no de qué hablamos cuando en la actualidad hablamos del tarot.

Como tal, el tarot sería una baraja, un mazo de cartas, compuesto por 22 arcanos mayores y 56 arcanos menores. El nombre de cada carta es naipe, que vendría del árabe “naïf” y su significado se podría traducir como emisario o mensajero. (Hay un libro estupendo sobre el tema del místico sufi Idries Shah Syed, de lo más recomendable). Cada cultura a lo largo de los siglos ha buscado cómo contactar con las fuerzas de la naturaleza, con los dioses… y preguntarles por aquello que más incertidumbre nos genera: el futuro y la toma de decisiones. Que nos señalen el camino. Que elijan por nosotros.

El vidente que emplea el tarot busca predecir el futuro mediante la interpretación de las cartas que han de ser extraídas siguiendo un ritual previo de purificación y de limpieza física de manos y rostro, de la elección de una serie de cartas –cuyo número varía en función de la pregunta-, que han de ser desplegadas siguiendo unas figuras rituales que, para algunos, buscarían obtener la forma del árbol de las sefirot o árbol de la vida de la Cábala. Como podéis ver hay un profundo trasfondo metafísico en todo esto. A finales del siglo XX hubo un despuntar de los cultos “wiccanos” (dicho de una manera muy simplificada, el culto a la madre tierra y a sus potencias) que empleaban entre otras mancias (o magias adivinatorias) el tarot.

¿Puede cualquier persona usar el tarot?

La verdad es que sí. Pero los “verdaderos” iniciados os alertarían que hacen falta muchos años de estudio, meditación y entrenamiento para tener un dominio de este arte. Y aún así… os dirán que el tarot realmente es una manera de buscar un mayor desarrollo interior, que del futuro sólo se pueden intuir posibles caminos, pero lo que va a suceder de verdad… queda más allá del alcance de “meros humanos”. Usarlo… cualquiera puede. Saber lo que se hace… no tanto.

Imaginaos por un momento que un vidente os dice que vais a aprobar el carné de conducir. Lo que realmente dice es que intuye que estás en una situación vital propicia. Pero si no hay un esfuerzo, un estudio diario y un autocuidado (como descansar la noche antes) esas palabras se quedarían sólo en eso: palabras. Y no olvidemos que es una intuición. Y a veces un deseo de que nos pasen cosas buenas.

El uso del tarot es seguido por millones de personas en el mundo, hasta el punto de convertirse en un pingüe negocio. Podéis ver en la televisión toda una serie de canales dedicados expresamente a emitir una programación en la que una serie de hombres y mujeres atienden –previo pago de la llamada… y no suele ser precisamente económica- llamada tras llamada, sin descanso, de personas a las que les dicen lo que les va a suceder.

Pero…

¿Esas personas saben lo que hacen? ¿Podemos hacer caso de desconocidos que nos dicen si tal persona va a padecer una grave enfermedad –y lo hacen con más seguridad de la que tienen los propios médicos- o si vamos a tener una oferta de trabajo? ¿Podemos ponernos sin más reflexión en sus manos? Si el futuro fuera predecible de esa manera… ¿por qué los que usan esa predicción no la emplean para sí mismos, para enriquecerse, para obtener puestos de trabajo cómodos y sobradamente remunerados?

La respuesta es sencilla: porque no pueden.

¿Por qué les preguntamos entonces?

Porque nos asusta el futuro y cuando la ansiedad nos asalta, cuando enfermamos, cuando perdemos el trabajo o al amor de nuestra vida… necesitamos cualquier salvavidas, que nos dé la esperanza necesaria para no ahogarnos en el miedo. Porque el miedo paraliza, confunde, nos lleva a tomar decisiones precipitadas… Y creemos que en las palabras de estos videntes hallaremos paz y un sentido.

Lo que es cuestionable es si “saber” el futuro es la mejor manera de afrontarlo o si una esperanza errónea puede dirigirnos a un destino con el que nada tenemos que ver. Y no menos importante: si sabemos lo que nos va a pasar… ¿no perdería la vida parte de su sentido de descubrimiento, de aventura (no siempre sencilla)?

En próximas entradas quiero que profundicemos en el tema, porque no me cabe duda de que muchos de vosotros conocéis a alguien a quien le han adivinado el futuro. Y eso tiene una explicación que, puedo aseguraros, os puede sorprender…

¿No va de eso la magia?

Sed felices…

César Benegas Bautista | Psicólogo Col. Nº M-22317

Centro Psicológico Loreto Charques

Bromas “pesadas”.

Youtube se ha convertido en el canal favorito para compartir vídeos. Cada minuto se suben 300 horas de vídeo a este portal, y viene a ser, durante los 10 años que lleva operativo, uno de los hobbies más habituales de grandes y pequeños.

Durante este tiempo, hemos visto como ha proliferado un tipo de grabación muy particular, sobre todo entre los adolescentes. Podemos decir que nos encontramos en la era de “grabar lo divertido y subirlo”, esto es así. Se ha establecido, lo hemos normalizado, y se hace muchas veces con muy poca conciencia de sus consecuencias, ya que en gran parte de las ocasiones se busca la carcajada rápida de quien vea el vídeo y se recurre a gastar “bromas pesadas” que son controvertidas y poco éticas, ya que quien las recibe seguro que no le hace ninguna gracia. Muchos jóvenes todavía no saben que algunas cosas que graban no son divertidas, no se deben filmar y mucho menos difundir o compartir abiertamente. Todos hemos visto en las noticias grabaciones de cómo algunos alumnos se burlan del profesor, de otro compañero del instituto, y un largo etcétera, provocando situaciones muy desagradables intencionadamente, todo con fin de generar burla abiertamente sin ningún tipo de sonrojo. Más bien todo lo contrario, ya que sienten orgullo de haberlo hecho.

Pero todavía llama más la atención cuando son los adultos quienes no distinguen las fronteras entre lo que es socialmente aceptable y lo que no lo es a todas luces. Esta misma semana me he enterado de que corre un vídeo en el que se ve a unas personas mayores bajando las escaleras mecánicas del metro por el sentido equivocado de la marcha, lo que les genera una situación muy incómoda, ya que durante largo rato parece que no son capaces de solucionar esta situación dada su avanzada edad y deterioro. No he querido verlo. Me ha parecido tan denigrante que he preferido no hacerlo. Pero al parecer, la persona que lo graba, no solo no acude a auxiliar a dos personas que precisan ayuda en una situación claramente complicada para ellos. Se detiene además a grabarlo, y después, se honra en difundirlo públicamente.

Estamos aquí. Hemos llegado a confundir de tal manera las cosas que nos pensamos que todo nos puede provocar risa, incluso aunque rebase con creces las líneas morales más básicas. Por definición, divertirse o broma es aquello en que las dos partes ríen, no solo una. Me indigna. Cada vez más parece que tenemos que estar riendo todo el tiempo, que todo es relativo, que da igual y no pasa nada. ¡¡Si pasa!!

Me ha dolido mucho el corazón cuando durante estos días se ha hecho público el maltrato que unos padres estadounidenses “youtubers” (así se llaman ahora) han ejercido sobre sus hijos a través de “bromas” que les “gastaban” y después subían a youtube con las que después se lucraban. Generaban frustración de forma totalmente injustificada en los menores, situaciones totalmente injustas e incomprensibles para un niño.

Pensar que este tipo de grabación puede entenderse como “una broma” y que pueda resultar divertida a alguien, y más proviniendo de un padre, me resulta trágico.

Pensar de verdad en querer hacer reír a alguien generando dolor en tu propio hijo es algo que cuesta comprender. No es de extrañar que a estos padres les hayan quitado la custodia de sus hijos. Desde luego algo así no es divertido. Ni debe ser generado intencionalmente. Ni debe ser grabado. Ni debe ser difundido.  Terrible.

Sergio Algar Villa | Psicólogo Col. Nº M-22702 

Centro Psicológico Loreto Charques

Acoso escolar: Condenados a entendernos.

Este no es un post para decir qué es el acoso escolar. Esta vez nos gustaría plantear que a pesar del establecimiento de protocolos de actuación (tan necesarios) todavía seguimos necesitando el sentido común (tan escaso a veces) de todos los profesionales involucrados en casos de sospecha de acoso.

1. Es evidente la necesidad de establecer protocolos de actuación para saber qué hacer y para que hagamos todos lo mismo en todas las ocasiones en las que hay una sospecha de acoso. Sin embargo, hay algunos aspectos importantes que me gustaría aclarar a respecto del protocolo de actuación.Es necesario actuar ante la sospecha. Los padres (que normalmente son los que activan el protocolo de acoso) no tienen la obligación de estar seguros de que su hijo está sufriendo acoso para acudir al colegio e intentar abrir un protocolo. Tampoco hay que intentar abrir el protocolo a la primera de cambio. Se trata de que los padres tengan suficientes evidencias de que a su hijo algo le está pasando en el colegio. Los padres, en general, no se dedican a abrir protocolos de acoso para fastidiar.

2. La obligación de la “investigación” para saber si hay o no hay acoso recae en el colegio, puesto que es el ambiente donde el niño está supuestamente sufriendo el acoso. Y aquí nos encontramos con un gran problema: algunos profesionales se sienten atacados cuando los padres intentan abrir un protocolo. Parece que les están diciendo que están haciendo mal su trabajo. Y la primera respuesta suele ser: NO, no hay acoso. Esto a los padres, les genera muchas dudas acerca de la atención/vigilancia que el niño está recibiendo en el colegio. Os pongo dos situaciones reales:

a) Ejemplo 1. Hace unos meses, una mamá me llama desesperada porque su hijo de 6 años estaba teniendo pesadillas, no quería ir al colegio, había vuelto a hacerse pis por las noches, etc. Investigando un poco, algunos compañeros decían que unos niños mayores le pegaban a su hijo en el patio. Tras un episodio de ataque de pánico para no entrar en el colegio, la madre acude a la dirección del centro para abrir un protocolo de acoso. Me puse en contacto con la tutora, que muy amablemente me dijo que ella no había visto nada, que estaba pendiente pero que me invitaba a ir al colegio, a observar durante el patio o en cualquier otro momento. Afortunadamente hemos trabajado con este niño y desde el colegio también se pusieron los medios para que este alumno estuviera mejor. Y así fue, lo hemos logrado, juntos. El niño ya va al colegio contento. Hasta el momento no se ha determinado si hubo o no acoso, pero lo importante es que en la actualidad el niño se encuentra bien.

b) Ejemplo 2. Niño de 5 años que llega con moratones a casa, dice que algunos niños le pegan y le hacen daño en el colegio. Los padres solicitan abrir un protocolo de acoso. Los profesionales que están de forma directa con el niño dicen que NO hay acoso, que no hay nada, que el niño se comporta de forma normal y que los moratones se los ha hecho fuera del colegio. En una tutoría, perdidos en la burocracia del protocolo, no se llega a ninguna parte. Se pide que estén más pendientes del niño, pero la respuesta es que el niño tiene la misma vigilancia que tiene cualquier otro. Pero entonces ¿qué medidas se están tomando cuando se abre un protocolo de acoso? Reuniones, reuniones con todo “quisqui” pero ¿y al niño? ¿Quién le presta atención al niño? ¿Quién le ayuda al niño?

Estos dos ejemplos, me parecen bastante claros de cómo cada comunidad educativa incorpora el protocolo en su práctica diaria. El profesional A me dice: “No he visto nada pero acércate a ver si identificas algo que a nosotros se nos escapa. El profesional B: “Estamos haciendo todo lo que está en el protocolo, estamos en periodo de observación (desde hace 3 semanas)”. Y mientras tanto el niño sigue sin querer ir al colegio y sigue manifestando que algunos “compañeritos” le hacen daño.

Desde luego, no todos los protocolos abiertos terminan en casos de acoso, pero lo que SÍ hay que tener en cuenta es que todo protocolo abierto es un niño que necesita ayuda de forma directa e inmediata.

3. El hecho de actuar ante la sospecha genera falsos positivos. Es decir, muchos de los protocolos abiertos se terminan cerrando sin que se compruebe la situación de acoso. Sí, efectivamente, quizás nos pasemos de alarmistas pero es mejor pasarse de alarmista antes de que un niño tenga su vida convertida en un infierno.

4. En este sentido, los colegios (más concretamente, los profesionales) no deben sentir vergüenza de actuar ante un protocolo de acoso, al revés, hay que entenderlo como una respuesta ante la demanda de los padres. No hay que esconder o culpabilizar a los padres. Los profesionales no se tienen que sentir cuestionados cuando se abre un protocolo de acoso. Los padres si tienen la sospecha fundada de que sus hijos están sufriendo acoso deben acudir al colegio y si la respuesta de sus profesionales es NO VEO NADA/ESTO NO ES ASÍ/SON COSAS DE NIÑOS/ESTÁIS VIENDO COSAS DONDE NO LAS HAY, la relación de confianza se queda tocada. Si, al contrario, la respuesta de los profesionales es NO LO HABÍAMOS IDENTIFICADO/ESTAREMOS PENDIENTES/OBSERVAREMOS MÁS DETENIDAMENTE, la relación de confianza puede que se consolide.

En los casos de sospecha de acoso (y en muchos otros) estamos condenados a entendernos familias y profesionales de la educación. Es imprescindible la aplicación del protocolo pero también del sentido común. No nos queda otra. Y si lo hacemos, seguro que nuestros alumnos/pacientes se sentirán muchos más arropados.

Una buena manera de fomentar este entendimiento entre padres y profesionales es a través del método Kiva.

Renata Sarmento | Psicóloga Col. Nº M-25389

Serotonina, depresión y 5-Htp

La depresión es el resultado final de la interacción de múltiples factores constitucionales, evolutivos ambientales e interpersonales, que modifican las pautas de neurotransmisión entre los hemisferios cerebrales y el sistema límbico, y alteran de manera reversible los circuitos cerebrales de recompensa y castigo.

El principal sustrato neuroquímico de esta alteración es una desregulación de las monoaminas neurotransmisoras noradrenalina y serotonina y, posiblemente, también de la acetilcolina y de las endorfinas.

La disfunción central de la neurotransmisión, además de su repercusión en la conducta, origina alteraciones neurovegetativas y endocrinas, sobre todo en la secreción de cortisol, hormona tiroidea y hormona del crecimiento.

El estado depresivo influye a su vez en relaciones interpersonales, el entorno y las pautas de gratificación, creando situaciones depresógenas con experiencias de pérdida, indefensión y estrés, que influyen de nuevo negativamente en la actividad de los neurotransmisores, cerrando así un circulo vicioso de retroalimentación positiva, que tiende a mantener indefinidamente el proceso.

La serotonina, o 5-hidoxitriptamina, procede del metabolismo de un aminoácido esencial que debe ser forzosamente ingerido por la dieta, el triptófano. La enzima triptófano-hidroxilasa convierte el triptófano en 5-hidroxiltriptófano (5-HTP), y éste por dercarboxilación, se convierte en serotonina.

Las funciones de la serotonina en la regulación de la homeostasis son múltiples e importantes, modulando en general la estimulación excesiva y ejerciendo un efecto inhibitorio sobre la conducta.

Los déficit de serotonina han sido asociados con la regulación de numerosos sistemas neurobiológicos, incluyendo el sueño, el apetito, la actividad sexual, los ritmos circadianos, la  memoria, el aprendizaje, la regulación de la temperatura, la función cardiovascular, la contracción muscular y la regulación endocrina.

Su papel en la depresión se relaciona con la actividad catecolaminérgica,  a través de la “hipótesis permisiva de la depresión” según la cual un déficit funcional de la transmisión serotoninérgica predispone a un trastorno afectivo, presentándose un estado depresivo si la neurotransmisión catecolaminérgica está también deficitaria, mientras que si por el contrario está aumentada la manifestación clínica es de tipo maníaco.

La mayoría de los fármacos antidepresivos que se recetan en la actualidad son Inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS). Su mecanismo de acción se centra en incrementar los niveles extracelulares de serotonina al inhibir su recaptación hacia la célula presináptica, por lo que aumenta la cantidad de serotonina en la hendidura sináptica para unirse con el receptor postsináptico.

Pero no quería hablar de los tratamientos con los psicofármacos ISRS,  sino de cómo a través de sustancias naturales podemos regular los niveles de serotonina en el cuerpo.

El cuerpo produce 5-HTP cómo hemos dicho anteriormente a través del  aminoácido L-triptófano, aunque es difícil de conseguir un efecto significativo a través de los alimentos.

Tienen triptófano alimentos como el queso, las legumbres, los cereales, los frutos secos, el cacao, frutas como el plátano, el mango y la piña; y sobre todo los alimentos ricos en proteínas, carne, pescado, marisco, huevos, etc.

Podemos incorporar a nuestra dieta mediante el 5-HTP en forma de  suplemento alimenticio, al igual que hacemos con las vitaminas o los minerales.

El 5-HTP es un suplemento  natural y una gran alternativa a los medicamentos para aumentar los niveles de serotonina en el cerebro. El 5-HTP (L-5-hidroxitriptófano), recupera de forma directa los niveles de serotonina al ser absorbido por el torrente sanguíneo, cruzar fácilmente la barrera hematoencefálica y producir un equilibro óptimo de la serotonina en el cerebro.

El 5-HTP ha demostrado ser más eficaz que el L-triptófano ya que, químicamente hablando, está más próximo a la serotonina. Esta sustancia se encuentra de forma natural en las semillas de la planta llamada Griffonia simplicifolia. 

Es una planta trepadora arbustifoide que procede de las llanuras y sabanas de algunos países africanos, principalmente los de la parte occidental, donde sus habitantes lo han utilizado como medicina, pero sobre todo como alimento de forma ancestral. Contiene un 12 % de 5-HTP. 

Desde los años 70  se están estudiando los efectos del 5-HTP al ser incorporado al mercado en numerosos países.

Entre los efectos positivos que se van investigando destacan en el tratamiento de problemas de insomnio, depresión, ansiedad, obesidad, migrañas y cefaleas tensionales y fibromialgia. 

Los estudios han demostrado que el 5-HTP mejora la calidad del sueño, prolonga la fase REM y proporciona un sueño más profundo, pero sin alterar el tiempo total de sueño.

La capacidad del 5-HTP, para mejorar el sueño incluye la regulación de la hormona melatonina, una hormona que muchas personas toman para poder dormir. Pero el 5-HTP ha demostrado ser mucho más eficaz para producir un sueño reparador, ya que favorece la liberación de melatonina por la glándula pineal en el cerebro.

Un gran avance en el  tratamiento para la depresión fue el desarrollo de ISRS, como mencionaba anteriormente, sin embargo  El 5-HTP puede convertirse en una alternativa natural, siendo una sustancia que  penetra fácilmente en el cerebro, donde se convierte en serotonina.

Uno de los más ensayos clínicos más impresionantes se realizó en 90 pacientes que sufrían una depresión con “resistencia al tratamiento”. Estos pacientes no respondían a tratamientos anteriores, incluyendo todos los antidepresivos conocidos y la terapia electroconvulsiva. Estos pacientes resistentes al tratamiento recibieron 5-HTP en una dosis promedio de 200 mg por día, con una variación entre de 50 a 600 mg por día.

De entre todos los pacientes estudiados, 43 de entre 99 de ellos eliminaros completamente la sintomatología depresiva, otros 8 de ellos presentaron una mejora significativa.

Uno de los mayores obstáculos en el éxito de las dietas de pérdida de peso es la tendencia a la ansiedad después de seguir la dieta. Aquí es donde el 5-HTP entra en juego.

Se ha demostrado que el deseo de comer hidratos de carbono y el ataque de los antojos alimenticios obedecen  a los bajos niveles de serotonina. Por lo tanto, el aumento de los niveles de serotonina en el cerebro puede contribuir al éxito de una dieta para perder grasa.

Como se valoró en un estudio sobre esta fibromialgia  y la migraña, el aumento de los niveles de serotonina podría tener un efecto directo en la reducción y la transmisión de las señales del dolor. Cuando se produce un nivel más elevado de serotonina menos propenso se es a la molestia.

Mariano de Vena Salvador | Psicólogo Col. Nº M-23785

www.centropsicologicoloretocharques.com

El refuerzo positivo.

Esta es una de las expresiones que los psicólogos empleamos más habitualmente: el refuerzo. Refuerza lo positivo de tu hijo, de tu pareja, de tus amigos… Pero, ¿qué queremos decir con ello? Reforzar en positivo es señalar aquello que una persona hace bien y reconocérselo, ya sea públicamente o en privado. Esto hace que la persona se sienta bien, reconocido y satisfecho, lo que genera un estado emocional que le lleva a querer repetir esa actitud o a obrar de la misma manera. A quién no le gusta que sus jefes o sus compañeros le digan aquello de “buen trabajo”. O que sus familiares le digan “pero qué bien cocinas”, “qué bien se te dan esas cosas”, “papá me encanta cómo eres”…

Son expresiones que nos hacen sentirnos muy bien. Y como nos gusta esa sensación trataremos de conseguirla otra vez.

Pero hoy quisiera que nos centrásemos en los niños, pues –como ya os dijimos una vez- su autoestima se empieza a forjar con los comentarios que hacemos (o dejamos de hacer) desde su más tierna infancia. Es más, afinando el tema, quiero que reflexionéis sobre tres formas de elogiar a los niños que, lejos de forjar un carácter fuerte, una personalidad que resista la frustración y una conducta que le lleve a querer mejorar… suelen logra exactamente lo contrario.

  1. La exageración y la mentira.

Algunas personas tienen una tendencia a exagerar los elogios. Frases que se les dicen a los hijos del tipo “eres el mejor”, “vas a ser un Messi”, “ya quisieran los demás parecerse a ti”, “campeón”… Dichos de manera puntual y en un contexto de alegría… tienen un gran efecto. Pero dichos de manera rutinaria, o cuando el niño sabe perfectamente que exageramos o mentimos (son niños, no son tontos) generan sentimientos contradictorios: “mis padres me mienten”, “creen que soy más de lo que de verdad soy”, “mis padres esperan de mí que sea un genio”, “voy a defraudar a mis padres”… Estos elogios pueden tener un efecto contraproducente en los niños, pueden hacer que nos oculten la verdad (no dar las notas porque pueden defraudaros, ocultaros que han discutido o se han peleado con un compañero)… Y a la vez puede ocurrir algo horrible (psicológicamente hablando): que se lo crean, que vayan por ahí pavoneándose, creyéndose los mejores. Y cuando descubren que no lo son…

  1. Elogiar lo que hace bien… sin esfuerzo.

Esto es un error importante que da lugar a muchos problemas. Hay niños que tienen unas capacidades admirables para hacer ciertas cosas, para estudiar, para los deportes. Y es bueno decírselo. Pero lo que es más importante es elogiar el esfuerzo. ¿Por qué? Porque eso es lo que realmente tiene mérito y lo que en un futuro le llevará a alguna parte pero, sobre todo, a sentirse orgulloso de sí mismo. Podemos correr el riesgo de que el niño, felicitado por aquello que no le supone un esfuerzo, se duerma en los laureles.

No hace mucho tiempo conocí a una niña con unas dotes espectaculares para anotar canastas desde cualquier ángulo. Al principio con eso bastaba. Pero no entrenaba para coger fondo físico como las demás, para aguantar un partido entero y poco a poco, como no hacía equipo… fue quedándose en el banquillo y finalmente ni siquiera convocada. El trabajo continuado es lo que va a contar, lo que va a influir realmente en el resultado. Aunque sea muy inteligente y muy dotado físicamente, si no se esfuerza, tarde o temprano se quedará “fuera de juego”.

  1. La sobreexigencia.

Hace unos meses tuve a un niño en consulta. Estaba triste. Sus uñas mordisqueadas una y otra vez. Tenso. Se trataba de un niño brillante, con unas notas muy buenas. Al cabo de un rato me dice: “Mis padres están contentos porque tengo las notas más altas de la clase, pero mi padre me ha dicho que no basta, que él sacaba dieces y no sólo nueves o nueves y medio”. Elogiamos; pero no basta. Exigimos que lo que va bien… vaya perfecto. ¿Para qué? Los niños no necesitan que les comparemos y menos con nosotros. Los niños no entienden que les digamos muy bien, pero no basta. Los niños están alcanzando unos niveles de estrés, en ocasiones, insoportables. Dejemos que los niños sean niños, que vayan alcanzando los logros marcando su propio paso. No digo que no se les exija. Que no se les supervise. Sino que lo hagamos con sentido común. Y que cuando hagamos les reconozcamos un logro… lo hagamos sin condiciones, sin ese sí pero.

Como veis lo que os digo es algo que padres y madres ya saben. Pero a veces se nos olvida fácilmente. Hay que elogiar sin exagerar, sin tratar de hacer que se sientan lo que no son, sin compararles con nadie. Es bueno por lo que hace, por que se esfuerza por ser mejor… y estamos encantados y orgullosos de ellos. Y ellos… felices…

Y nosotros… más.

Sed felices.

César Benegas Bautista | Psicólogo Col. Nº M-22317

www.centropsicologicoloretocharques.com

Neuroeducación.

Escuchamos en los medios que nuestro cerebro es el órgano más complejo conocido. Y esto es así porque se encarga de regular, desde los instintos a las emociones, hasta los aspectos que consideramos más sofisticados y complejos de nuestro razonamiento y comportamiento.

Sabemos además desde hace décadas que el cerebro es “plástico”. ¿Qué significa esto? Pues que al tratarse de un órgano vivo, es dinámico y se transforma de manera constante según la estimulación que recibe, sobre todo durante las primeras etapas de la vida. De manera más concreta, y tratando de aclararlo, las neuronas que componen nuestro cerebro –las células que lo forman- se pueden relacionar entre sí de una manera más rica o empobrecida dependiendo del ambiente de estímulos que se le proporciona a un niño, a un adolescente o a un adulto.

Parece entonces que, dependiendo del contexto que se proporciona al niño, así se estimula más o menos, mejor o peor su cerebro, el cual establece y refuerza conexiones útiles y elimina otras menos provechosas.

En resumen; una mejor estimulación favorece un cerebro también mejor conectado y de adecuado y optimizado funcionamiento/rendimiento.

¿Qué nos es útil de todo esto de cara a la educación de los hijos?

Como padres es importante considerar y valorar cada experiencia de aprendizaje que se proporciona a los hijos. Desde este enfoque “neuroeducativo” se pone en valor que cada experiencia conlleva estímulos al cerebro, lo cual favorece un cerebro interconectado, dinámico y vivo, o bien un cerebro desconectado, estático y muerto dependiendo de la calidad de las experiencias que le proporcionemos al niño.

En pocas palabras, y pretendiendo acercar la neurociencia en la educación de los hijos recientemente bautizada como “neuroeducación”, se trata de mantener a tu hijo “activo mentalmente” a través de que preste atención a su entorno, use su memoria de manera constructiva y útil, tome decisiones y resuelva problemas que estén a su alcance. En definitiva, incluirle de manera activa y resolutiva en la vida que le rodea, que sea más autónomo y responsable en sus posibilidades, llevándole a preguntas que le hagan comprender mejor todo lo que pasa por sus sentidos, evitando las respuestas precipitadas, más bien favoreciendo preguntas,  y tratar de evitar así su estancia “pasiva” en este mundo, logrando con ello proporcionarle claves y anclajes en la construcción de su propio conocimiento y aprendizaje.

Es de sentido común pensar que un cerebro que permanece atento y activo se convierte en resolutivo automáticamente. También de manera contraria, un cerebro inatento e inactivo se hace dependiente en la resolución y el auxilio que los demás le puedan prestar. 

Algunas claves en Neuroeducación o de “cerebro activo y conectado”: 

Dotar a los niños y adolescentes de responsabilidades acordes a su edad y capacidad para que incremente su autonomía y “procesamiento activo” de la información que le rodea.

Incluirle en la resolución de problemas y toma de decisiones dentro de su escala infantil, adolescente o preadulta. No sacarle todas las castañas del fuego, lo que conllevaría sobreprotección y que el cerebro habite “cómoda y pasivamente”.

Potenciar la comprensión del mundo que le rodea. No evitar hablar de temas porque no esté preparado. Incluir de manera relevante la comprensión social, aspectos de empatía y dotar de una adecuada relevancia el aspecto emocional de lo que ocurre a su alrededor, bases importantes para que llegue a ser un ciudadano de verdad comprometido y responsable.

Sergio Algar | Psicólogo Col. Nº M-22702

Mitos y verdades sobre el Autismo.

Aprovechando la resaca del Día Mundial de Concienciación sobre el Autismo que se celebró el pasado día 2 de Abril de 2017, traemos a nuestro blog algunas aclaraciones acerca de este trastorno, tan desconocido para muchos.

Los niños con TEA están enfermos. El autismo NO es una enfermedad. El término Trastorno del Espectro del Autismo (TEA) hace referencia a un conjunto amplio de condiciones que afectan al neurodesarrollo y al funcionamiento cerebral, dando lugar a dificultades en la comunicación e interacción social, así como en la flexibilidad del pensamiento y de la conducta. No lleva asociado ningún rasgo en la apariencia externa específico, y sólo se manifiesta al nivel de comportamientos. Al no ser una enfermedad, no tiene una cura, pero sí es susceptible de mejora a través de la intervención y el abordaje integral del trastorno.

Los niños con autismo no son capaces de sentir emociones. Esta es una de las afirmaciones más comunes entre aquellos que no conocen a personas con autismo. Esto es absolutamente falso. Está claro que en los TEA una de las alteraciones se da a nivel emocional, pero sobre todo de comprensión de la interacción con respecto a los demás. Las personas con autismo sienten amor, cariño, rabia, enfado, como cualquier otra persona. Quizás, en algunos momentos pueden no saber controlar esta emoción, pero son cuestiones a trabajar con la intervención.

Las personas con TEA no se relacionan. Este es otro mito muy extendido. No es verdad. Otra de las áreas afectadas en los TEA es la de las interacciones sociales, esto no significa que no puedan relacionarse pero es verdad que pueden tener una manera particular de hacerlo.

Los niños con autismo no hablan. Los TEA  se presentan de manera distinta en cada caso. Por lo que las necesidades individuales son muy heterogéneas. Tenemos desde niños que adquieren el habla (a veces con algo de retraso) hasta niños que se comunican utilizando los Sistemas Alternativos/Aumentativos de Comunicación.

El niño tiene autismo porque su madre no le ha dado afecto y no se ha establecido un vínculo adecuado. Afortunadamente esta idea se ha descartado y estamos ya seguros al 100% que esto no es así. En la actualidad no es posible determinar una causa única que explique la aparición de los Trastornos del Espectro del Autismo (TEA), pero sí la fuerte implicación genética. La gran variabilidad presente en este tipo de trastornos apunta también a la relevancia que puede tener la interacción entre los distintos genes y diferentes factores ambientales en el desarrollo de los TEA, aunque aún es necesaria mucha investigación al respecto.

El origen del autismo está en las vacunas. No existe evidencia científica de que ninguna vacuna esté implicada en la fisiopatología del autismo. Como hemos señalado previamente, El autismo es un trastorno de base genética en el que es muy probable que estén implicados múltiples factores epigenéticos ambientales. Sin embargo, se requieren más estudios para dilucidar cuáles y en qué medida.

Renata Sarmento | Psicóloga Col. Nº M-25389

Referencias

Artigas-Pallarés J. Autismo y vacunas: ¿punto final? Rev Neurol 2010; 50 (Supl 3): S91-9.

Cornago, A. (2011) Algunos mitos sobre el autismo. Recuperado el 04/04/2017 desde  https://autismodiario.org/2011/02/09/algunos-mitos-sobre-el-autismo/

http://autismomadrid.es/que-es-el-autismo/mitos-sobre-el-autismo/

http://diamundialautismo.com/entender-el-autismo/

Emociones al límite.

Muchas veces escucho decir a los adolescentes frases del estilo de “este/a  tío/a es mazo bipolar… o incluso autoreferenciales, “creo que yo soy bipolar”, haciendo referencia a los bruscos cambios que se producen a lo largo de un mismo día o en pequeños periodos de tiempo en su estado de ánimo o en su equilibrio emocional y la forma de relacionarse con los demás.

No se están refiriendo al trastorno bipolar tal y como lo presenta el DSM-V, pero es algo que casi toso el mundo en la sociedad tiene en su cabeza como puede llegar a ser alguien con  este tipo de trastorno, sin embargo mucha menos gente se hace a la idea de un trastorno que es muy poco mencionado fuera del ámbito clínico o psicológico, pero que sin embargo es mucho más frecuente de lo que el lenguaje popular contempla, me estoy refiriendo al trastorno límite de la personalidad o TLP.

El término límite parece que indica un nivel de gravedad y no una descripción. Más que límite se podría hablar de ambivalente, inestable, impulsivo, incluso quijotesco… pero la acepción límite es la que la psiquiatría y la psicología han elegido.

La principal característica de esta personalidad es la intensidad y la variabilidad de los estados de ánimo. Los límites tienden a experimentar largos periodos de abatimiento y desilusión, interrumpidos ocasionalmente por breves episodios de irritabilidad, actos autodestructivos  y cólera impulsiva. Estos estados de ánimo son imprevisibles y parecen estar desencadenados menos por sucesos externos que por factores internos.

Desde los primeros médicos de la historia se han reconocido la coexistencia en una sola persona de emociones intensas y distintas como la euforia, la irritabilidad y la depresión.

Ya Hipócrates describía de forma muy vívida la ira impulsiva, la manía y la melancolía, señalando que estos hechizos eran oscilantes y que probablemente las personalidades estaban sujetas a ellos.

Aunque los pacientes límite presentan una gran variedad de síntomas clínicos, algunos elementos distintivos se mantienen constantes.

Manifiesta unos niveles de energía inusitados con arranques de impulsividad inesperados y súbitos. Se producen cambios repentinos y endógenos de sus impulsos  y sus controles inhibitorios. Esto pone en peligro constantemente la activación y el equilibrio emocional, llegando a provocar comportamientos recurrentes de automutilación o suicidio.

Aunque necesita atención y afecto, es imprevisiblemente contrario, manipulador y voluble, suscitando con frecuencia el rechazo más que el apoyo. Reacciona de forma frenética al temor al abandono y la soledad, pero de forma iracunda y autolesiva.

Sus percepciones o pensamientos sobre lo que está ocurriendo cambian muy rápidamente, al igual que sus emociones contrarias y los pensamientos conflictivos sobre sí mismo y sobre los demás, pasando del amor a la ira y a la culpa. Provoca en los otros, reacciones vacilantes y contradictorias, debido a sus propios comportamientos, y crea a su vez un “feedback” social confuso y conflictivo.

Experimenta  las  confusiones  propias  de un sentido  de la  identidad  inmaduro, nebuloso o cambiante, que suelen acompañarse de sentimientos de vacío. Busca redimir sus acciones precipitadas y cambiar sus autopresentaciones con expresiones de arrepentimiento y comportamientos autopunitivos.

Las representaciones internas que tienen han sido creadas de forma rudimentaria y extemporánea, y se componen de aprendizajes repetidamente abortados que dan lugar a recuerdos conflictivos, actitudes discordantes, necesidades contradictorias, emociones contrarias, impulsos descontrolados y estrategias inadecuadas para resolver los conflictos.

En situaciones de estrés, la persona con TLP retrocede hacia niveles de tolerancia de la ansiedad, control de los impulsos y adaptación social, que son muy primitivos desde el punto de vista del desarrollo. Entre los adolescentes se observa a partir de sus comportamientos inmaduros, cuando no infantiles, en el momento en que son incapaces de afrontar las exigencias y los conflictos de la vida adulta.

Las estructuras internas que existen en el TLP están divididas y tienen una configuración conflictiva, en la que falta consistencia y congruencia. Los niveles de conciencia suelen variar y provocan movimientos rápidos de un lado a otro de la frontera que separa las percepciones, los recuerdos y los afectos contrarios. Esto produce cismas periódicos en los que se tambalean el orden y la cohesión psíquicos, provocando periódicamente episodios psicóticos relacionados con el estrés.

La persona con TLP no consigue adaptar su estado de ánimo inestable a la realidad externa. Experimenta cambios acusados desde la normalidad a la depresión o la excitación, o pasa por periodos de abatimiento y apatía en los que se intercalan episodios de ira intensa e inapropiada y breves momentos de ansiedad y euforia.

Si todavía no os hacéis una idea clara de este tipo de trastorno, el maravilloso mundo audiovisual del cine nos facilita que pongamos carne y voz a esta personalidad. Hay unas cuantas películas relacionadas con personas con TLP. Os recomiendo dos en especial, con muchos matices diferentes en cada una de ellas:

Inocencia interrumpida, por la que ganó el Óscar a la mejor actriz de reparto Angelina Jolie, junto a una soberbia interpretación como protagonista de  Wynona Ryder.

La española, La herida, galardonada con un Goya para una magistral Marian Álvarez, y otro para su novel y talentoso director, Fernando Franco.

Que disfrutéis de una buena salud mental y del buen cine a cerca de su ausencia.

En caso contrario, acudir a un psicólogo o desplazaros hasta un cine, aliviarán parte de vuestro malestar.

Mariano de Vena Salvador | Psicólogo Col. Nº M-23785