¿Qué puedo hacer para tener hij@s Inteligentes emocionalmente?

Ahora la pregunta que nos ocupa es: y yo, como padre / madre, ¿qué puedo hacer para tener hij@(s) inteligentes emocionalmente? 

Una de las formas más conocidas y extendidas de aprendizaje es: el modelado. Es decir, los niños aprenden de lo que ven. Por lo tanto, no vale decir: no se dicen palabrotas, cuando de nuestra boca de 5 palabras, 4 podrían ser dichas de manera más educada. En primer lugar, hay que dar ejemplo. Si tu hijo ve que afrontas una situación estresante de forma agresiva (acordaros que para ser agresivo no hace falta la agresión física, se puede ser agresivo de muchas maneras), es muy probable que él responda de una manera similar cuando se enfrente a una situación estresante. Por lo tanto, antes de intentar fomentar en nuestros hij@s la inteligencia emocional, es importante que hagamos un ejercicio de introspección y pensemos en nuestro nivel de inteligencia emocional. No podemos querer enseñar chino si no sabemos chino ¿verdad? Pues aquí pasa lo mismo, no podemos fomentar habilidades de las que carecemos. No podemos pretender que nuestro hijo reaccione de forma ajustada cuando esté enfadado si nosotros GRITAMOS, REPROCHAMOS, decimos las mayores barbaridades. Decir a un niño dándole una colleja: “¡esto no se hace!” ¿No os parece paradójico? No podemos decir “NO PEGUES”, pegándole. Con esto queremos decir, que antes de enseñar algo, tenemos que saber nuestro nivel de conocimiento de ese algo. Parece lógico ¿no? 

Una vez que seamos conscientes de nuestros puntos fuertes y débiles (y dispuestos a trabajar, sobretodo, para mejorar estos últimos), podemos:

  • Ayudar a nuestro hijo a hacerse una imagen positiva de sí mismo. Decir “eres tonto” “no eres capaz”, “eres malo” son frases PROHIBIDAS si queremos lograr este objetivo. Esta imagen positiva debe además ser ajustada a la realidad, no hace falta decir que lo hace todo perfecto porque NO ES VERDAD. 

  • Ayúdale a  etiquetar lo que siente: “Estás muy enfadado, si quieres mamá/papá te puede ayudar a tranquilizarte; “¡Qué contento estás! me encanta cuando estás así de contento”; “¿qué ha pasado? ¿Te ha pegado este niño? ¿cómo te sientes? ¿Qué podemos hacer para que él no te vuelva a pegar?” De esta manera, estaremos promoviendo que sea más reflexivo sobre las cosas que hace, siente y sus consecuencias. 

  • Habla con tu hij@ sin que sienta que está en un interrogatorio. Una vez más preséntate como modelo en la conversación. Si quieres que te cuente lo que ha hecho en el cole, háblale tú de lo que has hecho en el trabajo y de cómo ha ido tu día: “estoy muy contento porque he hecho algo que me ha salido muy bien”; “estoy un poco enfadado porque mi jefe me ha dicho que he hecho mal una cosa”. 

  • Es importante decir NO. Hay cosas que no se pueden conseguir en determinados momentos, e independientemente de la reacción del niño de irritación/furia/rabia, no podemos cambiar nuestro parecer. Eso sí, hay que decir que NO cuando estamos seguros de ello, cada NO que se convierte en un sí ante el comportamiento inadecuado (es decir, rabieta) es un NO que no ha cumplido su valor educativo. Ahora bien, si el NO inicial se convierte en un SÍ por un proceso de negociación, esto es MUY POSITIVO para padres e hijos. Es verdad que hay que guardar los “NO” rotundos para situaciones muy específicas, pero es importante que los niños aprendan a recibir un NO como respuesta, de esta manera les estaremos ayudando a tolerar el hecho de no conseguir algo que piden o esperan, al fin y al cabo “no todo se puede conseguir en la vida”. En cualquier caso, hay que ayudarles a sobrellevar esta decepción y empatizar con él. No niegues su emoción, puede que para ti, esta decepción sea una tontería pero para él NO, por lo tanto, puedes decirle “yo te entiendo, pero ahora esto no puede ser de la manera que tú quieres”         

 
Parece claro que para que nuestros hijos sean inteligentes emocionalmente, en primer lugar tenemos que hacerles de modelo, nos guste o no. Y posiblemente estaréis pensando: “ya, pero es muy fácil hablar o la teoría es muy fácil…” Estoy completamente de acuerdo, nadie ha dicho que ser padres/madres y hacerlo bien sea una tarea fácil y por eso estamos aquí para ayudaros en este camino y hacerlo más llevadero y placentero. 

Seguiremos hablando de eso en próximos posts y os dejo una imagen que vale más que mil palabras… ¿qué os parece? ¿os suena de algo?

Renata Sarmento | Psicóloga colegiada M-25389

Centro Psicológico Loreto Charques

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La fiebre del “Candy Crush”

 

La evolución moderna de las tradicionales máquinas tragaperras se llama Candy Crush, y crea adicción.

Es un juego muy simple, pero tremendamente adictivo. Según algunos medios es jugado por 93 millones de personas cada día.

¿Qué ofrece este juego? Consiste en crear filas o columnas con tres caramelos del mismo color, y es muy fácil jugar. De hecho, sus creadores parten de la idea que un niño de edad preescolar pueda hacerlo. Inicialmente este juego permite ganar y pasar los niveles con bastante facilidad, proporcionando satisfacción y “enganche”.

Estos pequeños logros son comprendidos en el cerebro como mini-recompensas, que activan la liberación de dopamina. La dopamina es la encargada de informar al cerebro que se han hecho bien las cosas, proporcionando placer inmediato. Al experimentar esta sensación placentera de manera repetida, se genera el comienzo de la adicción, esto es, la dependencia al premio constante. La sensación de control que percibimos hace que pensemos que siempre podemos ganar, y también por ello seguimos jugando. Según algunos estudios de adicciones, es la clave de comenzar algunas peligrosas dependencias o adicciones.

Parece que la estrategia seguida por Candy Crush es la misma aplicada en las máquinas tragaperras. En ellas nunca se puede saber cuándo se va a ganar, pero se gana con la suficiente frecuencia como para querer volver a jugar de manera repetida.

Este tipo de premio, intermitente pero constante, sigue manteniendo activos los circuitos cerebrales dirigidos a la recompensa psíquica, al placer inmediato, generando dependencia de seguir experimentando el placer del éxito.

Otra característica fundamental del juego tiene que ver con el límite de vidas. Después de cinco derrotas, hay que esperar 30 minutos para que se regenere cada vida, lo que provoca que el jugador nunca se sienta satisfecho y siempre tenga ganas de más. El creador del juego también ha previsto que el jugador pueda seguir jugando sin esperar ese tiempo a través del pago, lo que abre de nuevo la posibilidad de reanudar un juego “cada vez más adictivo”.

Quizás lo más llamativo de este fenómeno es que Candy Crush ha iniciado una nueva tendencia de creación de videojuegos con características y mecanismos idénticos a los que se han mencionado, pero con un formato infanto-juvenil.

Juegos como “Clash Royale” y muchos otros, con un diseño y apariencia absolutamente infantil e inofensivo, ponen en práctica todos los peligrosos mecanismos iniciados por Candy Crush. Se tratan de videojuegos que han logrado una eficaz estética amable e inofensiva, pero que ocultan una evolución muy lograda, y también muy peligrosa, de juego adictivo “para niños”. Todo ello puede hacer creer a los padres que los niños juegan, se entretienen y no molestan, pero más allá de todo eso, los niños están construyendo “un cerebro adictivo” a las recompensas intermitentes sin el conocimiento de quien, a su lado, simplemente cree que juega. Precaución.

Sergio Algar | Psicólogo Col. Nº M-22702

Cuando el amor es demasiado.

Ahora qué está de tan moda 50 sombras de Grey (esa saga de novelas y de adaptaciones cinematográficas, donde su éxito comercial está siendo inversamente proporcional a su calidad artística, donde lo insustancial y lo superficial son los verdaderos protagonistas) y se habla tanto por los bares y portales de sumisión, dominancia y demás vínculos en la pareja, me gustaría hablar sobre uno de los conceptos que pueden generar más malestar dentro de los vínculos afectivos. No voy a hablar de sadismo, fetichismo, masoquismo ni demás parafilias, no. Siento no complaceros con ello, voy a hablar de la dependencia emocional. 

Determinadas personas, generalmente mujeres, padecen esta dependencia. 

La dependencia emocional es la necesidad extrema de carácter afectivo que una persona siente hacia su pareja a lo largo de las diferentes relaciones. En otras palabras, estaríamos hablando de amar demasiado (y demasiado mal). 

Cuando estar enamorado significa sufrir, cuando la mayoría de nuestras conversaciones con amigas/os son acerca de nuestra pareja, cuando disculpamos su mal humor, cuando leemos un libro de autoayuda y subrayamos todo aquello que ayudaría a nuestra pareja, cuando nuestra relación perjudica nuestro bienestar emocional e incluso nuestra salud y nuestra integridad física… en estas y otras muchas situaciones estamos amando demasiado, como decía Willy DeVille, demasiado corazón. 

Estamos hablando de un proceso similar a una adicción, la adicción a las relaciones de pareja, sería un trastorno de la personalidad caracterizado por el establecimiento continuado de relaciones de pareja tan intensas como las adicciones. 

Supone un problema, una patología dentro de la vinculación afectiva. Las personas solemos tener una actitud básica de desvinculación o vinculación afectiva. Es decir, solemos  ser más dados a las relaciones o menos. Evidentemente esta actitud es algo dinámico, que puede cambiar con el tiempo  y que también depende del contexto. No es lo mismo el grado de vinculación que se tiene de adolescente que de adulto, ni el que se tiene con un camarero que con un hijo. 

Dentro de estas dos áreas habría un grado de desvinculación extrema y un grado de vinculación extrema, siendo deseable no irse hacia ninguno de estos polos y quedarse en un grado de vinculación deseable. Es decir, una persona que se vincula adecuadamente a los demás, deseando su presencia, preocupándose  por ellos y sabiéndose querido, pero sin perder su individualidad y disfrutando también de las situaciones de soledad o intimidad. 

Entonces la normalidad y la dependencia emocional estarían dentro de un mismo continúo, por lo que dentro de la dependencia emocional también habría diferentes grados de patología.  

Los dependientes emocionales (D.E.) con respecto a la relación de pareja se caracterizan por: 

  • Una necesidad excesiva del otro, deseo constante de acceso hacia él. Los dependientes definen esta necesidad cómo hambre de pareja.  Es cómo el ansia que tiene un drogadicto a una sustancia (lo que se conoce como craving).  Si estamos viendo la TV y él se levanta tengo que preguntarle a donde va, si  me molesta que quede con sus amigos, si todo el tiempo libre tengo que estar con él…

  • Deseos de exclusividad en la relación. El dependiente se aísla de su entorno para dedicarse a su pareja y anhela que su pareja haga lo mismo. Un dependiente lo definiría cómo:  “Yo soy yo para él y él es sólo para mí, nosotros nos bastamos mutuamente.”

  • Prioridad de la pareja sobre cualquier otra cosa. La pareja es lo más importante, el centro y sentido de su existencia, por encima de ella misma o de sus hijos. Cada vez empiezan a juntarse con menos gente, abandonan a sus amigos, anteponen a la familia de su pareja a la suya… ”Mi último pensamiento de la noche es para él y mi primer pensamiento de la mañana también.”

  • Idealización del objeto. La fascinación del D.E. hacia su pareja sería algo muy parecido a lo que siente un  fan adolescente por su ídolo. Representa todo aquello que él D.E. no tiene: seguridad en sí mismo, autoaprecio, y una posición de superioridad hacia los demás.

  • Relaciones basadas en la sumisión y en la subordinación. La sumisión es el regalo que el D.E. da a su pareja, aquello que le ofrece junto a su admiración. Solo se hará lo que él quiera, uno es sumiso y otro dominante llegando a desencadenarse una espiral de dolor y humillaciones de la que resulta muy difícil salir.

  • Historia de relaciones de pareja desequilibradas. Es cómo una sucesión de relaciones tormentosas y desequilibradas desde que se empiezan a tener desde la adolescencia normalmente.

  • Miedo a la ruptura. Por muy horrenda que sea la relación, por muy humillante, y vejatoria que sea, lo peor que puede ocurrir con diferencia es que la relación se rompa.

  • Asunción del sistema de creencias de la pareja. No sólo a nivel de gustos o aficiones, sino ideas sobre la superioridad de la pareja, la inferioridad del dependiente  y el tipo de relación que llevan. 

No sólo dentro de la relación de pareja se observan unas características diferenciales cómo las anteriormente mencionadas, sino que también dentro de sus relaciones sociales se observa: 

  • Un deseo de exclusividad hacia otras personas significativas. Absorben a otras personas, amigos o familiares, necesitando que estén a su disposición constantemente.

  • Necesidad de agradar. Están siempre pendientes de su entorno buscando agarrarse a él, intentando ser aceptados y bien recibidos, con la constante amenaza de ser rechazados.

  • Déficit de habilidades sociales. Esta necesidad de agradar y miedo al rechazo genera evidentemente una falta de asertividad, que hace que no valore sus derechos y que las demás personas se aprovechen de él. 

También a nivel personal, es muy característico que se observe en el dependiente: 

  • Baja autoestima. Su miedo atroz a la soledad. Viven los sentimientos que se dirigen a sí mismos con una gran intensidad, donde el autodesprecio, el autorrechazo, el odio hacia sí mismos son frecuentes. Es decir, todo lo contrario a  los sentimientos que dirigen a sus objetos.

  • Miedo e intolerancia a la soledad. Que genera una necesidad de afecto constante hacia la pareja y el retomar una relación inmediatamente después de una ruptura.

  • Estado de ánimo negativo y comorbilidades frecuentes. Aparentan infelicidad y angustia independientemente de las circunstancias,  salvo la excepción de cuando empiezan a conocer a alguien y el inicio de una relación. 

El objeto (se conoce así la pareja) del dependiente suele ser  fácilmente idealizable, narcisista, explotador y suele tener algún trastorno de la personalidad. 

Las fases por las que sigue las relaciones de pareja de los dependientes suelen ser: 

Euforia. Es una ilusión desmedida que se tiene desde los primeros contactos iniciales hasta los periodos iniciales de la relación. Tiene la sensación de haber encontrado a su salvador, a quién le va a liberar de su soledad y su malestar emocional. Son los pocos periodos de vida donde los dependientes son felices. 

Subordinación. Se asienta la relación, el D.E. asume su rol de subordinación, que la otra parte potenciará aun más. Subordinación en todos los ámbitos que podamos imaginar, en lo social, lo personal, lo económico, lo sexual. La aceptación de tener un  inferior o irrelevante   en la  pareja. Ambos miembros interiorizan sus papeles, pasando a ser lógicos, naturales e indiscutibles. 

Deterioro.  Exacerbación de la anterior. Mayor grado de sumisión y de dominación. Aquí la dominación y explotación del objeto llegan a unos puntos en los que el dependiente sufre inmensamente. 

Burlas, degradaciones sexuales, menosprecios hirientes, falta de compromiso, malos tratos… 

El dependiente  sufre ansiedad y  depresión, pero las rupturas suelen venir propiciadas por el cansancio del objeto, y aun así, el D.E. suele suplicar reanudar la relación, al menos hasta que aparezca otra persona. 

Ruptura y síndrome de abstinencia. En contra de lo que dicta el sentido común, la ruptura no suele suceder por una reacción casi de supervivencia del  D.E. Suele ser el objeto, y no por considerar la situación insoportable o por compasión con el dependiente, sino porque su desprecio hacia él es de tal magnitud, que ya no le soporta. 

Relación de transición. La lucha contra el dolor y los sentimientos de desprecio y abandono que le produce la soledad  le lleva a  buscar a otra persona, con la única función de mitigar el dolor producido por la abstinencia o esa  soledad. Estas relaciones no siguen los mismos patrones de sumisión y admiración, son más bien frías, funcionales, sin pasión, llegando el dependiente a manifestar que lo hace porque no aguanta estar solo. 

Recomienzo. El dependiente encuentra a otra persona con las características pertinentes para convertirse en el nuevo objeto…y  ya sabéis como continua la historia, como Bill Murray  en el día de la marmota. 

Un placer amig@s, deseo que la dependencia y la vinculación no os generen  ninguno de estos sufrimientos, y si queréis sufrir,  pues id al cine a ver 50 sombras de Grey, que ya es una experiencia bastante masoquista en sí misma. 

Mariano de Vena Salvador | Psicólogo Nº de Col. M-23785

Centro Psicológico Loreto Charques

¿Es posible educar sin decir NO?

La ardua tarea de ser padres implica innúmeras responsabilidades. Los pilares básicos del desarrollo descansan en: la seguridad, la autonomía y el control. Parece lógico que dar cariño, afecto y proporcionar un ambiente relajado en el hogar. Además, fomentar la autonomía del niño, que el mismo sienta que puede hacer cosas es otra pieza de este puzle. Otra de las tareas de los padres y madres es establecer unas normas de convivencia en casa.

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Los niños necesitan afecto, necesitan que alguien les quiera y les cuide. Además necesitan también ser educados en estas normas sociales y para ello necesitan que desde el afecto, el cariño y la comprensión establezcamos algunos límites a sus comportamientos. Los límites no deben ser vistos como prohibiciones sin ton ni son, sino más bien como una forma de educar siempre desde la comprensión de la etapa del desarrollo en el que se encuentra el niño. Parece absurdo pedir que un niño de 2 años aguante sentado toda la sobremesa mientras los adultos hablan y hablan. Pretender que el niño se “porte bien” (que esté quieto, sentado y sin dar la lata) en estas circunstancias es desconocer las necesidades de movimiento, de curiosidad y de exploración del niño.

Podemos entender el proceso de educar a un hijo como un camino en el que tenemos que ser “compañeros”, tanto la pareja como nuestros hijos, toda la familia somos compañeros en este viaje.  Para recorrer este camino juntos de una forma placentera, podemos establecer unas normas ajustadas a la etapa del desarrollo de nuestros hijos, no para sentirnos que somos la autoridad, sino para ayudar en el proceso de socialización de nuestros hijos. Estas normas y límites deben ser ajustados a sus necesidades como personas en desarrollo. Desde luego, en todo este proceso, el cariño, el afecto y la comprensión deben ser también nuestros compañeros.

¿Por qué son importantes los límites?

  • Los niños no están preparados para tomar determinadas decisiones
  • Las normas aportan orden y, por lo tanto, les permiten a los niños predecir lo que va a ocurrir
  • Aportan seguridad y confianza
  • Contribuyen a fomentar el autocontrol, la autonomía y la responsabilidad

Pero claro, no es tan fácil decir que NO o poner límites, y ¿por qué es tan difícil?

  • Porque no queremos hacerle daño al niño
  • No queremos que pase un mal rato
  • No podemos escucharle llorar
  • No queremos causarle un trauma al niño
  • Porque tenemos miedo a ser autoritarios
  • Porque nos cuesta decir NO
  • Por miedo a que el niño deje de querernos

Entender que el establecimiento de normas y límites es uno de los pilares del bienestar emocional, y por lo tanto, es necesario para el proceso de socialización del niño, nos aporta una visión más proactiva en cuanto a la educación de nuestros hijos.

Renata Sarmento | Psicóloga Nº de Col. M-25389

Fuente: http://escueladepadressanse.blogspot.com.es/2015_11_01_archive.html

 

 

 

Solos ante la muerte.

Alguien escribió una vez que sólo hay una verdad totalmente cierta: vamos a morir. Todos. No excepciones. No hay súplica, amenaza o precio que cambie esta verdad. 

Es una frase muy dura. Tanto como cierta. Desde que nacemos nos preparan para vivir la vida, para afrontar problemas educativos, laborales, sentimentales. Nos enseñan a estudiar. Nos enseñan a buscar trabajo. A conservarlo. Nos enseñan a tener buenas habilidades sociales, a tener éxito entre los demás. Nos enseñan a ser padres. Nos enseñan a manejar complejos artilugios electrónicos que hacen nuestra vida más sencilla y entretenida. Una vida de trabajo y ocio. Una vida con pocos espacios para detenernos y pensar. Pero no nos enseñan a morir. 

La muerte es un tabú. La muerte nos es ajena. Antes se moría en casa, rodeados de la familia, si se tenía, y de los amigos, de los objetos con los que se había convivido durante años, los olores, la luz, las paredes que veíamos cada amanecer. La muerte era una etapa más en nuestras vidas. 

Cuanto más sofisticada se ha vuelto nuestra vida más nos alejamos de la naturaleza. Y la naturaleza es un eterno ciclo de vida y muerte. Si nos paráramos a observar un año, un simple año, es un ciclo completo del nacimiento que supone la primavera, la madurez del verano, el envejecer del otoño y el morir del invierno. Una y otra vez. 

La vida de una persona, independientemente de su edad, de su cultura, de sus creencias, está sembrada de separaciones y de pérdidas. Y de todas ellas la más temida es la muerte. 

Hasta la muerte “esperada” nos afecta como si nada hubiéramos sabido de ello. 

¿Por qué? ¿Por qué no hablamos de la muerte? Los psicólogos muchas veces tenemos que tratar ese tema con nuestros pacientes. A veces escuchamos súplicas (“no quiero morir, tengo miedo”). Como si fuera algo evitable. Como si no estuviéramos muriéndonos ya, en este momento en el que yo escribo estas palabras y tú las estás leyendo. ¿Por qué hemos hecho que la muerte, además de lo duro que es perder a alguien para siempre, deba ser algo amargo? 

Si queremos que ese dolor no sea tan agudo, tan destructivo, no debemos esperar a que llegue el día. Debemos empezar ya mismo, ser capaces de hablar de la muerte con normalidad, sin miedo a que hablar de ella la atraiga o a que sea algo morboso. Si podemos hablar de ella empezamos a prepararnos para ese día. No seremos tan vulnerables. Tanto los que se quedan como los que se van podrán hacerlo en paz. 

Esta nueva entrada al blog quiero que sirva como una introducción, que despierte en vosotros (y en nosotros mismos) la necesidad de hacer algo, de cambiar. 

Ahora bien, ¿qué debemos hacer cuando le llegue la muerte a una persona cercana, importante para nosotros? ¿Cómo ayudamos? ¿Qué decimos? 

Lo primero es no frenar los sentimientos de la persona que ha perdido a un ser querido (recordad que podemos ser nosotros mismos). Hay que dejar salir la tristeza, no impedir que lloren, no decir aquello de “ya está, ya pasó, no llores más”. Porque no pasó. Porque el dolor está ahí. La persona que está comenzando el duelo, que está empezando a reaccionar ante la muerte debe hablar de ello, expresar el dolor a su manera, no a la nuestra. Respetando sus creencias. Sus miedos. Hablando del vacío que siente. Incluso de la culpa. Resulta bueno hablar de la persona que se ha ido, de lo bueno y de lo malo, de su vida y de su muerte. Es un paso para empezar a aceptar su partida. 

Después de unos días hay que volver a la vida. El dolor sigue. Pero nuestras vida también. Es bueno retomar horarios y rutinas (hora de levantarse, horas de hacer las comidas, de ducharse, de acostarse…). Esas pequeñas rutinas nos llevan a regresar. Aceptando que al inicio habrá recaídas en ese dolor, oleadas de nostalgia y de pena, ganas y necesidad de llorar, que pueden aparecer en cualquier momento. Cambios de humor. Ira. Desesperación. 

Debemos apoyarnos en otros y desahogarnos. Pedir ayuda. No hay que ser héroes pues si el dolor y la pena se quedan dentro, si no lo exteriorizamos, si no pasamos por las diferentes etapas del duelo… enfermaremos. Unos de mente, otros de cuerpo, muchos de ambos. 

Como amigos, como familiares estaremos atentos a que no descuide su alimentación, su sueño, su higiene. Que no se automedique… ni tampoco animarles a que se tome esto o aquello que a nosotros nos ha podido hacer bien en un momento dado. Eso ya lo hará su médico. Que no se esconda tras las brumas del alcohol u otras sustancias (que pueden ser de lo más tentadoras porque aplacan el dolor… pero tras ello sólo habrá un problema aún mayor). 

Cuando se sienta con fuerza podrá regresar a su trabajo o a su quehacer diario. Poco a poco. No cargándose de responsabilidades. 

Es bueno, se tenga fe en alguna creencia o no, realizar una ceremonia de despedida en la que se pueda decir adiós, dejar marchar al que ya se ha ido. Nos permite tener un punto de partida para comenzar una nueva vida. 

Durante meses, quizá años, sentiremos el zarpazo del dolor, de echar de menos a esa persona a nuestro lado. Pero cada vez será menor. Lo que no cambiará es el amor o el cariño que sentimos. El respeto. El recuerdo de lo que nos dejaron compartir con ellos. 

Sólo un consejo más. Amad. Quered a los que os importan y tenéis a vuestro lado. Decídselo o hacédselo saber. Ahora. 

Y… vivid, sobre todo vivir y hacedlo intensamente, aceptando que, como todo, algún día llegará a su fin. No podemos temer lo que es inevitable. Tan solo aceptarlo. 

César Benegas Bautista | Psicólogo – Nº de Colegiado: M-22317

Centro Psicológico Loreto Charques

Más allá de la obediencia.

Estuve viendo el otro día una película estrenada a finales de agosto en nuestro país que trata sobre uno de los experimentos más famosos en el ámbito de la psicología social de la historia.

La película se titula Experimenter: La historia de Stanley Milgram.

El experimento realizado por Milgram en los años 60 en Estados Unidos, investiga a cerca del grado de obediencia y de sumisión del ser humano en determinadas circunstancias.

En este estudio a través de un ejercicio de memorizar parejas de palabras se instruía a un sujeto experimental, considerado como maestro, para que cada vez que el otro participante fallara, considerado como alumno, que era un compinche del experimento. Se le proporcionara una descarga eléctrica, comenzando por una de 30 voltios, incrementando en 15 voltios cada descarga posterior, hasta llegar a una opción máxima de 450 voltios.

No era mi intención  en un principio destripar la película a aquel que quiera verla, pero resulta necesario incidir en cuestiones relevantes, así que si alguien quiere verla sin ninguna influencia mejor que deje de leer,  aunque supongo que quien fuera a ver Titanic también sabía que el barco se hundía…

La mayoría de los psiquiatras y expertos en cuestiones de psicología social y comportamiento humano consideraban que casi nadie llegaría hasta el final del experimento, hasta proporcionar las descargas de 450 voltios.

Antes de empezar el experimento, a los sujetos que activaban las descargas se les suministraba una de 45 voltios, que generaba ya cierto grado de molestia.

A medida que el experimento avanzaba, el participante escuchaba como el alumno pedía ser liberado o incluso se quejaba de una enfermedad del corazón. Una vez alcanzado el nivel de 300 voltios, el alumno golpeaba la pared y exigía ser puesto en libertad.

Más allá de este punto, el alumno se quedaba en completo silencio y se negaba a responder más preguntas. El experimentador entonces instruyó a los participantes para tratar este silencio como una respuesta incorrecta y administrar una descarga adicional.

La mayoría de los participantes preguntaron al investigador si debían continuar. El experimentador daba entonces una serie de instrucciones para empujar al participante a seguir con las descargas:

“Por favor continúe.” “El experimento requiere que usted continúe.” “Es absolutamente esencial que usted continúe.” “No tienes otra opción, hay que seguir adelante.”

No sé que estará pensando ahora el lector, pero imagino que con la consideración positiva que tenemos de nosotros mismos, pensareis que en esas situaciones de incertidumbre ante el silencio, ante  la posible muerte del otro sujeto…

Pues bien, el sesenta y cinco por ciento de las personas en este experimento llegaron hasta el final.

Pero, ¿cómo podemos llegar a ser tan crueles?  ¿Cómo el género humano es capaz de llegar a semejantes situaciones de infringir dolor? ¿Qué nos hace comportarnos de una manera tan sádica?

El experimento lo que pone a prueba es el grado de obediencia del ser humano. Uno de los motivos que lleva a Milgram a realizar este experimento es el comportamiento de obediencia y de complicidad llevado a cabo por muchas personas durante el holocausto en la II G.M.

Durante el experimento una serie de factores hace que sea más sencillo el obedecer de esta manera, como fueron:

La presencia física de una figura de autoridad aumentó dramáticamente el cumplimiento de las órdenes.

El hecho de que el estudio fue patrocinado por una institución académica de prestigio como Yale, llevó a muchos participantes a creer que el experimento debía ser seguro.

La selección de las categorías de profesor y alumno parecían aleatorias. Los participantes asumieron que el experimentador era competente y experto.

Los choques se describieron como dolorosos, pero no como peligrosos.

El profesor Milgram elaboró dos teorías que explicaban sus resultados:

La primera es la teoría del conformismo, basada en el trabajo de Solomon Asch, que describe la relación fundamental entre el grupo de referencia y la persona individual. Un sujeto que no tiene la habilidad ni el conocimiento para tomar decisiones, particularmente en una crisis, transferirá la toma de decisiones al grupo y su jerarquía. El grupo es el modelo de comportamiento de la persona.

La segunda es la teoría de la cosificación (agentic state), donde, según Milgram, la esencia de la obediencia consiste en el hecho de que una persona se mira a sí misma como un instrumento que realiza los deseos de otra persona y por lo tanto no se considera a sí mismo responsable de sus actos. Una vez que esta transformación de la percepción personal ha ocurrido en el individuo, todas las características esenciales de la obediencia ocurren. Este es el fundamento del respeto militar a la autoridad: los soldados seguirán, obedecerán y ejecutarán órdenes e instrucciones dictadas por los superiores, con el entendimiento de que la responsabilidad de sus actos recae en el mando de sus superiores jerárquicos.

Cuántas veces hemos escuchado aquello de “yo sólo hago mi trabajo”, “es mi obligación”, “solamente cumplo ordenes, yo soy un mandao”

Nos acabamos convirtiendo en borregos sumisos y peleles sin conciencia, seres deshumanizados y sin consideración hacia nuestro  prójimo, marionetas de un sistema.

Es cierto que en muchas ocasiones es de forma sutil  y sin darnos cuenta de estas influencias, pero lo duro, lo que realmente resulta dramático es pensar, que aún sabiéndolo,  en numerosas ocasiones, nos conformamos y nos acomodamos a algo que aún pareciéndonos miserable, acabamos tolerando y mirando hacia otro lado.

Cuidado con lo que te conformas y sobre todo cuidado con quien te comparas para conformarte, cuidado con aquel o aquello que te cosifica, cuidado…

Que cada uno busque sus propios ejemplos de obediencia ciega y su tolerancia ante los abusos y las manipulaciones que sufrimos por parte de aquellos que ejercen autoridad sobre nosotros. 

Allá cada uno con su conciencia y con su grado de alienación y sumisión ante ciertas costumbres y hábitos de una sociedad enferma.

Mariano de Vena Salvador | Psicólogo Col. Nº M-23785

¿Y si mi hijo no consiguiese hablar como los demás?

¿Los sistemas alternativos de comunicación (SAC) reducen la posibilidad de que un niño adquiera el lenguaje oral? 

El principal objetivo de un niño que tiene retraso del habla y del lenguaje, es que tenga un medio de comunicación con el máximo éxito posible, para evitar situaciones de frustración o de indefensión cuando no le entienden. La finalidad es incrementar la cantidad y calidad de las interacciones comunicativas aunque para ello demos uso de un SAC. 

Siguiendo la definición de Javier Tamarit (1989), los Sistemas Alternativos de Comunicación (SAC),  consisten en unos instrumentos de intervención logopédica/ educativa destinados a las personas con alteraciones diversas de la comunicación y/o el lenguaje, cuyo objetivo es la enseñanza, mediante procedimientos específicos de instrucción, de un conjunto estructurado de códigos no vocales, necesitados o no de soporte físico, los cuales, mediante esos mismos u otros procedimientos específicos de instrucción, permiten funciones de representación y sirven para llevar a cabo actos de comunicación (funcional, espontáneamente y generalizable), por sí solos o en conjunción a otros códigos no- vocales. 

El lenguaje de un niño no es solo la expresión de sonidos y frases, sino que conlleva implícito otros aspectos importantes como es la comunicación, que se puede producir en otros niveles además del lingüístico, como son los signos, gestos, etc. 

Los sistemas alternativos y aumentativos de comunicación (SAC), ofrecen un soporte al habla o forma alternativa a la expresión oral, cuando ésta no es posible. No hay que dar tanta importancia a la modalidad o manera de expresión que se adquiera, ya que lo primordial es la comunicación con el entorno que rodea al niño. 

Algunos puntos importantes a resaltar serían los siguientes: 

1) En el caso de los niños con deficiencia mental, que inevitablemente conlleva un bajo cociente intelectual, se ha podido observar y demostrar que son capaces de aprender por sí mismos, un lenguaje alternativo al lenguaje oral, además de otras muchas capacidades que lleva implícito este aprendizaje. Esto nos hace pensar que a pesar de su bajo CI, pueden llegar a adquirir este nivel de conocimiento, por lo que no nos tenemos que obsesionar ni centrar en el bajo cognitivo que dan ante los test estandarizados. 

2) Tenemos que tener también en cuenta, que existe una gran variabilidad entre los sujetos (si se trata de niños que han tenido una lesión orgánica, una alteración genética, un accidente…) pero en muchos casos de retrasos del habla, el lenguaje expresivo suele ser inferior al lenguaje comprensivo, por lo que tenemos que aprovechar esta capacidad de comprensión que tienen y enseñarles técnicas de comunicación que pueden llegar a adquirir. 

3) Tener muy claro la importancia de la atención temprana (estimulación al niño en el periodo de 0 a 3 años), ya que son edades en las que la plasticidad del cerebro juega un papel muy importante. Cuanto más tarde se lleven a cabo las intervenciones, en cualquier área del desarrollo, los resultados se desarrollarán de manera más lenta y si nos pasamos de una determinada edad,  los resultados podrían ser muy escasos. Por tanto, desde el primer momento de la detección del problema, se hace casi imprescindible el hecho de comenzar con técnicas de estimulación. 

4) El principal objetivo de los niños, con o sin cualquier tipo de discapacidad mental y/o física, es que tengan un medio de comunicación con el máximo éxito posible y no centrarnos solo en la adquisición del lenguaje oral. Tener claro, que con los sistemas alternativos de comunicación, el lenguaje oral ni desaparece ni se retrasa sino que potencian su aparición. 

5) Es muy importante resaltar la participación del entorno del niño y que tanto en el colegio como en su casa, estén de acuerdo con la aplicación de estos sistemas, para que todos colaboren en su intervención, ya que esta generalización de situación de aprendizaje, resulta imprescindible para que los niños aprendan. 

Loreto Charques GonzálezDirectora // Psicóloga Col. Nº.: M-19071