Autocontrol

Algunas claves para mejorarlo y entrenarlo en los Niños y los Adolescentes.

Tiene sentido que hagamos una especial mención, dentro de la educación afectivo emocional de los niños y adolescentes, a un elemento que ha ido tomando un progresivo y creciente interés social como es el control de los propios impulsos.

El autocontrol emocional es la capacidad que tenemos las personas para controlar nuestras emociones y nuestros impulsos ante determinadas situaciones.

Este control de nuestras emociones y de nuestros impulsos se va produciendo de manera progresiva, de modo que conforme vamos creciendo como personas, debido a la influencia social y la educación, iremos teniendo un mayor control de nuestra conducta.

Aun siendo más normal en niños que en adultos la falta de autocontrol, no todos los niños reaccionan igual ante determinados estímulos, de manera que mientras algunos reaccionan de forma más controlada, otros en cambio tienen reacciones excesivas e impulsivas. A veces estas reacciones excesivas, tienen un origen neurológico y/o están asociadas a las hiperactividad, lo cual debe ser valorado por especialistas.

En general los niños que tienen poco autocontrol, suelen ser niños que se frustran muy fácilmente, son irritables, rebeldes y nerviosos, lloran con frecuencia y a menudo se pelean. Estas conductas pueden ir acompañadas de agresividad, pero no en todos los casos estos niños son agresivos.

En estas reacciones de falta de control emocional influyen dos variables fundamentales: por una parte la carga genética, es decir el temperamento que ha heredado, y por otra la carga ambiental, es decir, educación que recibe de casa, modelos a imitar, compañeros de juegos, televisión, etc. que van formando su carácter.

Tanto en casa como en el colegio, se deben seguir unas pautas educativas que contribuirán sin duda a mejorar estas conductas.

Pautas escolares

  • Sentarlo cerca del profesor y rodeado de niños tranquilos.
  • Establecer unas normas claras de convivencia en clase.
  • Darle órdenes simples y breves estableciendo contacto visual.
  • Alternar el trabajo de pupitre con otras actividades que le permitan levantarse y moverse un poco.
  • Reforzarle y alabarle sus buenos comportamientos, haciéndole ver que no llama nuestra atención sólo cuando se porta mal.
  • Evitar humillarlo o etiquetarlo.
  • Tener contacto permanente con la familia para establecer criterios y normas de actuación comunes tanto en casa como en el colegio.
  • Entrenarlo en habilidades sociales con un programa elaborado en colaboración con la familia.

Pautas familiares

  • Normas claras y bien definidas.
  • Ambiente relajado, sereno y sin gritos.
  • Cumplir siempre los premios y castigos.
  • Felicitarlo y elogiarlo cuando su comportamiento sea el correcto.
  • Ofrecerle modelos de reacciones tranquilas cuando las cosas no nos salgan como pensábamos. El enfado es normal, lo que hay que hacer es aprender a manejarlo.
  • No dejarse manipular por sus caprichos.
  • Ante reacciones de rabietas no hacerle excesivo caso; dejarle que se calme y después hablar con él.
  • Fomentar sus habilidades y capacidades para que aumente su autoestima.
  • Realizar ejercicios de relajación.
  • Inculcarle valores acerca del respeto, la amistad, el diálogo, etc.

El control de los impulsos se enseña y se aprende.

El ambiente que favorezcas a tu hijo o alumno, con un grado mayor o menor de estructura en los puntos anteriormente descritos, determinará el grado de percepción de control que adquirirá en relación a sus propias conductas, y contribuirá a moldear un carácter más “tranquilo” o más “inquieto”.

Sergio Algar

Centro Psicológico Loreto Charques

REFERENCIAS: Cantero Muñoz, N. y Páez López, A. “Había una vez… una abeja”. Ed. CEPE

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