¿Qué sabes sobre la depresión y su tratamiento?

Nos gustaría conocer ¿Qué sabes sobre la depresión y su tratamiento? Accede al siguiente enlace y descúbrelo:

https://www.onlinequizcreator.com/es/que-sabes-sobre-la-depresion-y-su-tratamiento/quiz-330463

Sabemos que hay muchas ideas equivocadas sobre qué es la depresión y cómo tratarla. Por ello, hemos realizado este sencillo test basado en dos artículos publicados recientemente en la Revista Papeles del Psicólogo:

Sanz, J. y García-Vera, M.P (2017) Ideas equivocadas sobre la depresión y su tratamiento (I). Papeles del Psicólogo, 38 (2), pp. 169-176. Doi: https://doi.org/10.23923/pap.psicol2017.2833

Sanz, J. y García-Vera, M.P (2017) Ideas equivocadas sobre la depresión y su tratamiento (II). Papeles del Psicólogo, 38 (2), pp. 177-184. Doi: https://doi.org/10.23923/pap.psicol2017.2833

Atrévete a contestar a las preguntas y averiguar si tus ideas son equivocadas o no.

En cualquier caso, estamos a tu disposición para cualquier consulta: www.centropsicologicoloretocharques.com 

Renata Sarmento | Psicóloga en el Centro Psicológico Loreto Charques

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Onironautas (Un viaje a través de la realidad).

Cuando llegan estas fechas en las que tradición y modernidad se funden en lo que llamamos Halloween… me tienta tratar algún tema que nos lleve a ese mundo de lo anormal… paranormal. Pocos temas son tan fascinantes como el mundo de los sueños. La literatura científica sobre ellos es muy extensa. Su fisiología explicada desde la neurología. Tenemos aparatos capaces de medir su frecuencia y su calidad. Son algo cotidiano, basta con echarse a dormir y en un rato dormimos y soñamos. Aunque muchas veces no logremos recordarlos. Cada noche soñamos varias veces. Los sueños son capaces de alegrarnos o entristecernos, han estado detrás de creaciones musicales, literarias, científicas. Son inspiradores. Y escapan a nuestro control. Se desvanecen al poco de despertar salvo que sean lo suficientemente intensos.

Pero hay un grupo de personas de las que se dice que son capaces de vivir plenamente esos sueños.

Los onironautas, descritos como aquellos que sienten que son capaces de viajar a través de los sueños, que pueden manejarlos a voluntad, que pueden viajar a otras supuestas realidades, capaces de mantener un estado que describen como muy similar al de la vigilia. De una manera que les cuesta explicar con palabras dicen ser capaces de cambiar de lugar, de momento temporal, de sexo, redefinen el sueño, le dan las formas que desean…

¿Tiene esto explicación?

A lo largo de la historia se ha hablado de seres que podían traspasar la barrera de los sueños, generando ilusiones y pesadillas. Han recibido muchos nombres: íncubos y súcubos, el terrible Iblis islámico, el Tandim de la cultura Bon al sur de la cordillera del Himalaya. Podría seguir. Leyendas. Y, ¿qué son las leyendas? Una manera de explicar lo que no entendemos, lo que tememos, lo que ansiamos que exista. Al sur de Méjico conviven varias culturas cuyo origen se remonta a muchos siglos atrás. Actualmente la mayoría de sus miembros han sido absorbidos por la civilización, alejándose de sus creencias. Pero entre ellos aún existen unas personas, calificables como elegidos (detectados por un maestro que les instruye). Son los nguales. Un día puedo hablaros de ellos. Os fascinará. Pero lo curioso es que entre sus rituales está el de adiestrar a sus adeptos en el manejo dentro de los sueños. Les explican que durante el sueño se puede estar tan activo y consciente como si estuvieran despiertos. El primer ejercicio… buscar sus manos mientras sueñan ¿Leyenda? Los monjes tibetanos dicen ser capaces de controlar las ilusiones de la mente, generar estados alterados de conciencia, controlar lo que sienten mientras duermen e incluso proyectar parte de su mente a otros lugares, a otros tiempos. ¿Leyenda?

No en vano lo que dicen poder lograr es un estado similar a la sugestión hipnótica, en la que podemos generar ilusiones, sensaciones y modificarlas para crear un estado mental que nos ayude a superar ciertos problemas psicológicos.

¿Son entonces los onironautas personas que por algún motivo han descubierto la manera de controlar esas fantasías, esas ilusiones que genera el cerebro? Podría ser.

Los sueños –no su fisiología- siguen siendo un enigma maravilloso muy difícil de desentrañar por lo difíciles que son de analizar. Tal vez estas personas sean la llave que abra la puerta de su estudio. Pero para ello debemos ser capaces de crear métodos de estudio y análisis eficaces.

Pero… ¿y si se trata de algo… paranormal? ¿Y si su estudio es imposible? Entonces, como cada año cuando llegan estas fechas, seguirán reuniéndose con amigos y familias, en muchos lugares del planeta, alrededor de una cena, de un fuego que aleje a las sombras, se contarán historias maravillosas o aterradoras… Contarán sus sueños y seguirán sintiendo que están viviendo una experiencia única…

Y el misterio seguirá ahí fuera.

Fascinante.

Sed felices…

César Benegas Bautista | Psicólogo en el Centro Psicológico Loreto Charques

Niños tirano: El dolor de los padres.

Cuando los hijos se muestran como auténticos tiranos y resulta prácticamente imposible establecer la normalidad en sus afectos y los límites diarios, cierta normalidad y tranquilidad a la hora de motivarles o premiarles;

Cuando las normas mínimas de convivencia del hogar resultan un dolor constante y la agresividad se llega a convertir en rutina;

Cuando los hijos se muestran tremendamente caprichosos, inconformistas, beligerantes e inconsolables… pueden llegar a surgir enormes dudas y confusión en lo más profundo de sus padres.

La confusión y el dolor de los padres

En el caso de estas familias que lo han intentado todo con su hijo, que viven un constante tira y afloja, siempre tan extremo y dramático, se pueden generar sentimientos a veces contradictorios, tremendamente molestos al corazón y la conciencia, pero que son siempre humanos y que vienen dados por atravesar situaciones de una extrema gravedad y difícil control. Entonces, son momentos en los que un padre o una madre también requiere apoyo específico debido a la gravedad de las emociones y sentimientos que puede atravesar:

-Frustración e impotencia. Se quiere y no se puede. Se pretende entender adecuadamente a los hijos, poner nombre a lo que está pasando, y sobre todo, lograr el control que no termina por llegar.

-Ansiedad y miedo. Los nervios del “va a volver a ocurrir. Se va a poner hecho un bruto”. Está pasando delante de tus ojos, se está activando una bomba. Y cuando se repite varias veces, el ya no saber cuándo va a pasar y sentir verdadero miedo al siguiente estallido y terremoto en casa.

-Odio. Lo has intentado todo y no hay remedio. Puede sacar de las casillas a cualquiera, pero esos cualquiera siempre son los mismos: los padres. Tienes necesidad de descargar en él toda la responsabilidad y, un poquito si, lo llegas a odiar.

-Dudas, tristeza y depresión. ¿Lo estaré haciendo bien? ¿Es esto realmente lo que tengo que hacer como padre/madre? Es un asunto muy complicado, más allá de lo que pensabas, y llega la tristeza porque te sientes indefenso durante mucho tiempo sin encontrar soluciones útiles.

-Culpa. Es el no tener claro que toda la responsabilidad sea del niño, porque al fin y al cabo es eso, solo un niño. Te empiezas a sentir mal, creer que no eres buen padre o buena madre, porque crees que seguro que todo lo que está ocurriendo se podía desarrollar de otra forma y no estás siendo capaz.

El síndrome del emperador o del niño tirano se trata de un fenómeno complejo, en el que influyen aspectos sociales, culturales, genéticos y educativos. Como base en todo ello, niños que muestran agresividad muy grave y signos claros de muy baja empatía o conciencia más allá de si mismo.

Los padres de estos niños tienen una meta nada fácil en cuanto a educar, ya que viven bajo una constante presión, angustia y miedo las constantes reacciones desmesuradas de sus hijos. Tampoco les resulta nada fácil establecer el equilibrio entre la necesidad de contención de estos niños y transmitirles afecto y cariño.

La familia necesita contar en estos casos tan graves con herramientas y recursos amplios. Y si de verdad queremos empezar la casa por los cimientos, debemos detenernos en entender las propias emociones, las que estos niños, con sus comportamientos tan terribles generan en los propios padres.

Lo que sí parece claro desde el punto de vista del apoyo psicológico a las familias es que cuanto mejor se identifiquen, reconozcan en uno mismo como padre, madre o unidad familiar las emociones vividas, se elaboren y afronten de manera adecuada, más fácil será no caer en hábitos y prácticas poco aconsejables, originadas como decimos en sentimientos tóxicos y engorrosos que dificultan mucho avanzar, querer y educar estos niños tan difíciles.

La culpa, el desánimo, la indefensión o el miedo, vividos en su estado más crítico, pueden hacer que los padres y madres establezcan muchas veces patrones educativos bien de corte permisivo-evitativo por perder la perspectiva global de la situación, con lo que la problemática, lejos de solucionarse, se agudiza y cronifica en el tiempo. También ocurre la polarización en el hogar en la búsqueda de soluciones, pasar de la A a la Z en un minuto, lo que puede desorientar más al niño, además de generar conflictos serios en la pareja, otro aspecto que también repercute notablemente en la educación y crianza de estos niños.

Por tanto, los “cuidados del cuidador” llegan a ser en estos casos un punto imprescindible. La salud psíquica de los padres para afrontar situaciones diarias de vejación y maltrato requiere autocuidados conscientes y en la mayor parte de los casos, apoyo profesional. Os animamos mucho a que lo hagáis, por favor. 

Algunas pautas para afrontar al “pequeño tirano”

Contar con estrategias básicas en el afrontamiento del “niño rey” hará que os sintáis más seguros y no perdáis el norte, lo que repercutirá notablemente en interpretar y afrontar las situaciones de manera menos tóxica y dañina. No queremos perder la ocasión para recordaros algunos puntos clave:

-Establecer un buen apego.

-Tener claro que la autoridad no está en manos de los hijos.

-Establecer unos pocos límites, criterios que son incuestionables, y no abundar en su debate.

-Recordar que hay derechos y deberes.

-Establecer cierta austeridad ante juguetes, tecnología y moda con niños tan “exigentes”.

-No normalizar la violencia o tintes diversos de maltrato. Ser consciente de que ocurre. Actuar, pedir ayuda profesional.

-Proporcionar consecuencias morales a los niños.

-Exponer a experiencias altruistas.

-Fomentar la conciencia ampliada y la empatía.

Estos 3 últimos puntos están relacionados con la conciencia, la empatía y el razonamiento moral, y se pueden favorecer desde casa exponiendo a los niños a situaciones que conllevan estos elementos. El Psicólogo Javier Urra recomienda en estos casos llevar a los hijos a un hospital a ver a unos niños muy malitos, con enfermedades terminales o procesos oncológicos, para que puedan apreciar el “tú” en su dimensión más extrema, y sintonicen con un dolor real más allá de su “yo, yo y yo” egocentrista de estos niños y niñas.

Otras formas de transmitir moral a los niños es ir a ver a los abuelos enfermos aunque no apetezca, visitar algún familiar o amigo pachucho, todo con el fin de empatizar y expandir una conciencia moral limitada. Y esto también es educar, no solo limitarnos a informar, sino exponer vivencialmente a estos niños a contenidos morales significativos como son la empatía y la reciprocidad.

Estimadas familias; Muchísimo ánimo y “autocuidados”, junto con dosis de paciencia, persistencia, razón y corazón.

Sergio Algar | Psicólogo en el Centro Psicológico Loreto Charques

Generación Selfie.

Vivimos tan acostumbrados a hacer fotos con la cámara de nuestro teléfono móvil que ya casi ni nos acordamos de que hace muy poco tiempo no era así, ya que ha sido de manera muy reciente cuando los móviles han comenzado a incorporar cámara fotográfica de gran calidad.

Esta accesibilidad a la cámara de fotos, unida a un fenómeno también muy reciente como son las redes sociales, ha ido conduciendo a que muchas personas sientan la constante necesidad de documentar todo lo que sucede en sus vidas.

El término “Generación Selfie” se está empezando a utilizar para referirnos a la generación que vivimos, la que trata de mostrar todo el tiempo la propia imagen y estilo de vida en redes sociales, lo que conlleva, en los casos más extremos, un tipo más de adicción compulsiva de las que vivimos durante esta década.

Bien sea a través de mensajes o de fotografías, mostramos quienes somos, nuestra vida, detalles incluso muy íntimos, que aunque cuenten con barreras y filtros de difusión selectiva, no deja de ser al fin y al cabo “vivir en un constante escaparate”.

El refinamiento y grado de perfección que buscan algunas personas en la proyección de su “imagen social” les hace dedicar gran número de horas al día en construir un halo en torno a la idealización de la historia de vida, ya que fotografiar de manera constante, la búsqueda de escenarios sugerentes, la redacción en torno a sí mismo y atender todas las redes de las que forma parte conlleva no solo tiempo, sino pensamiento en torno a lo que se quiere ser y lo que se quiere que los demás vean. Este fenómeno genera en muchas ocasiones  una distancia con el presente “real” y unido a ello distintas formas de ansiedad, obsesión incluso adicción.

En definitiva; queremos “ser”, pero sobre todo queremos mostrar y “ser vistos”. Parece que el selfie compulsivo añade más plástico a nuestra sociedad. ¡Como si ya no tuviéramos bastante!

Los adolescentes han aterrizado en este fenómeno anestésicamente, ya que han nacido prácticamente insertos en él. Los adultos que hemos vivido fuera de esta nueva ola todavía podemos mantener cierto distanciamiento y observación critica del fenómeno. Pero la generación selfie ha entendido la imagen y las redes sociales como algo normal e inofensivo, y es más vulnerable a no comprender adecuadamente la magnitud y daños de un mal uso de “la propia imagen en redes sociales”.

Como con todo, dosis de sentido común y equilibrio, que en este caso quizás se puede traducir en un uso moderado y crítico de la imagen que se proyecta en el caso de adolescentes y adultos. Eso si, precaución en los  adolescentes desde todos los ámbitos, ya que su desarrollo psíquico está en marcha, y ponderar desde tan temprano el mundo en base a la imagen, la estética y el referente externo puede traer consecuencias no gratas tanto a corto como a medio plazo. Aspectos como la seguridad todavía no son bien entendidos en estas edades, y requieren de la supervisión y apoyo por parte de los padres y también la escuela.

Sergio Algar | Psicólogo en el Centro Psicológico Loreto Charques

Mediación: la gran olvidada del sistema judicial.

Titulares como el de la condena a un padre por “abofetear” a su hija adolescentes o el del niño con discapacidad que está siendo juzgado por haber pegado una patada a su profesora nos han sorprendido en los últimos días. Más allá de quedarnos en la discusión de justificar o no el uso de la violencia en estas situaciones, nos gustaría centrarnos en las posibles alternativas a las condenas que se plantean en estos casos. Está claro que es muy arriesgado hablar de casos concretos solamente con la información aportada en los medios de comunicación pero nos gustaría acercarnos un poco más a las alternativas que nos pueden llegar a partir de los procesos de mediación. Para ello, hablamos con D. Juan Ignacio Gutiérrez Lisardo, psicólogo colegiado M-23304, experto en mediación familiar y para las organizaciones de la Institución de Mediación del Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid, quien amablemente nos cuenta acerca de su experiencia en procesos mediadores.

Renata Sarmento: – Como experto en mediación, ¿qué sientes cuando ves noticias de este tipo?

Juan Ignacio Gutiérrez Lisardo: Es muy interesante ese matiz: como experto en mediación. Como cualquier persona tengo mis posiciones al respecto de cada uno de estos asuntos que estarían, más o menos, alineadas con alguna de las partes en conflictos. Esa sería la primera reflexión: desde la mediación lo que hacemos es definir y analizar los conflictos que se nos plantean, trabajar con las partes en su gestión y ayudarlas a que alcancen por si mismas sus propios acuerdos. Pero, respondiendo a tu pregunta, siento un poco de pena de que terminen en los tribunales cuestiones que deberían tener una tramitación diferente, y que la mediación sería un magnífico recurso para abordar conflictos de este tipo.

R.S.: ¿Cómo se gestionarían estos casos desde la mediación?

J.I.G.L.: Lo primero que tenemos que tener en cuenta es que la mediación es voluntaria. Las partes deben decidir previamente y de forma voluntaria, insisto, acudir a mediación para gestionar su conflicto.

El principal problema que tiene la mediación es que es un recurso no demasiado bien conocido, incluso, me temo, por algunos jueces. En mi opinión, el caso del niño discapacitado podría haber sido abordado por un servicio de mediación sin salir del ámbito escolar, y el del padre y la hija es un conflicto familiar que debería tratar de gestionarse por profesionales de ese ámbito: el familiar.

Cada abordaje tendría sus peculiaridades iniciales desde la mediación. 

La mediación escolar se realiza en los centros educativos. Las partes tienen la oportunidad de conocer cómo afecta su comportamiento a los demás, que otras posibilidades hay para gestionar los conflictos, trabajar para encontrar las verdaderas raíces o causas de los problemas,… Para este caso concreto tendríamos que valorar, además, las posibles interferencias que pudiera plantearnos la discapacidad del menor, y habría que delimitar previamente cuales son las partes en conflicto: ¿estamos ante un conflicto entre un alumno y su profesora?, ¿unos padres y una profesora?, ¿unos padres y el centro educativo? Así, a bote pronto, creo que estas serían las primeras cuestiones a abordar, pero cada caso tiene sus peculiaridades. Los mediadores tenemos que tratar de ser creativos.

En cuanto al caso de violencia en el ámbito familiar, se podría haber recurrido a la mediación en dos momentos: antes de tener lugar la escena que se narra o una vez que el caso está en el juzgado. Las relaciones familiares tienen componentes afectivos y emocionales peculiares que deben ser gestionados con la ayuda de profesionales con formación específica cuando surgen los conflictos. La mediación puede ayudar a prevenir y evitar la escalada de conflictos más o menos latentes, y el ámbito familiar es probablemente el más típicamente asociado a la mediación. No olvidemos que nuestras primeras regulaciones sobre mediación lo son para el ámbito familiar. Una vez que estos casos entran en el ámbito judicial, los jueces pueden sugerir a las partes que se intente una mediación. Si las partes acceden, trabajarían conjuntamente en la búsqueda de acciones para la reparación de los daños objeto de la demanda y trasladarían al juez sus acuerdos.

R.S.: ¿Crees que la mediación está infrautilizada por nuestro sistema legal?

J.I.G.L.: Creo que hay una mezcla de desconocimiento y desconfianza. Aparecen opiniones, posiciones e intereses que tienen a veces la apariencia de contrapuestos, y esto complica un poco la implantación. Yo no creo que la mediación sea una panacea, la solución a todos los problemas a los que el sistema judicial no da respuestas satisfactorias, entre otras cosas porque mi posición es que la mediación es también parte de nuestro sistema judicial. Hay muchos profesionales muy bien formados que pueden ayudar a las personas que así lo decidan a tratar de gestionar sus conflictos por sí mismos.

R.S.: ¿Cuáles crees que son las ventajas de la mediación?

J.I.G.L.: Huyo de lo que considero argumentos de mal vendedor: el ahorro de tiempo y de dinero. Para mí las principales ventajas son la posibilidad de preservar las relaciones futuras de las partes y que ofrece a las personas la posibilidad de tomar sus decisiones de una forma más autónoma. Creo que deberíamos plantearnos seriamente cuales son las consecuencias de acudir a los tribunales para resolver cuestiones que podríamos abordar por nosotros mismos recurriendo a profesionales especializados en ayudarnos a hacerlo, y ahí es donde más tiene que decir la mediación.

R.S.: ¿En qué ámbitos puede utilizarse la mediación?

J.I.G.L.: Me gusta decir que cualquiera que esté sujeto a la libre disposición de las partes; pero también es un recurso útil en el ámbito penal, dentro de lo que llamamos justicia restaurativa.

R.S.: ¿Qué hay que hacer si una persona está en un conflicto (familiar, laboral, etc.) y cree que la mediación le puede ayudar?

J.I.G.L.: Ponerse en contacto con algún profesional para conseguir información. No me sentiría bien haciendo publicidad, así que propondría una fórmula sencilla: una búsqueda en internet. Escribir en el buscador “mediación” o “mediadores” y elegir. Lo normal es que se ofrezca una sesión informativa gratuita.

Renata Sarmento | Psicóloga en el Centro Psicológico Loreto Charques

Damos las gracias de forma especial a D. Juan Ignacio Gutiérrez Lisardo, psicólogo colegiado M-23304, experto en mediación familiar por atendernos.

Vuelta al cole para todos.

Tener que ir por primera vez al colegio o volver a él, puede ser una experiencia llena de entusiasmo, ilusión, ansiedad, alegría y estrés, tanto para los niños como para los padres.

Esta situación puede provocar miedo y ansiedad, sobre todo si se van a vivir situaciones  con cambios y con  incertidumbre, como conocer el nuevo colegio, profesores, nuevos compañeros, adquirir nuevas rutinas, etc. Además de tener que soportar la separación de sus padres o seres queridos.

Esta ansiedad o nerviosismo se puede ir transmitiendo los días previos al inicio del curso con llanto, dolores de estómago, nauseas, cambios repentinos de  conducta o problemas con  el apetito y con el sueño.

Si observas que tu hijo empieza a tener comportamientos  de este tipo  o aún sin tenerlos  quieres que tu hijo se adapte con mayor facilidad, es importante que tengas en cuenta una serie de aspectos:

Lo primero que podemos hacer es contar con los niños e incluirlos  en los preparativos previos. Hacerlos sentirse partícipes a la hora de ir a visitar el colegio, comprar el material escolar, elegir la ropa, las mochilas, etc. Hará que los niños se perciban como  los protagonistas y asocien el colegio con  pensamientos positivos. Además, si durante esos días les contamos nuestras experiencias vividas en la escuela, como que era lo que más nos gustaba hacer en el colegio, los amigos que hicimos o alguna anécdota divertida; el niño/a lo vivirá como una situación totalmente normalizada por la que todo el mundo ha pasado, incluso sus padres.

Tenemos que empatizar con ellos, con sus emociones, escuchar sus inquietudes y aceptar sus quejas, sin negar pero proponiendo una visión realista y positiva de la situación. Por ejemplo: es cierto que da mucha pereza tener que madrugar pero ya verás como luego te acostumbras y no te cuesta tanto como crees.

Introducir  una rutina en los  horarios  e ir generando hábitos. Durante el periodo vacacional estival, las horas de sueño y  las comidas se ven alteradas, por lo que es conveniente que en las dos semanas previas al inicio del colegio que los niños se vayan adaptando poco a poco a su nuevo horario. Es recomendable que cada día se vayan a la cama un poco antes y de ese modo se empiecen a levantar más temprano hasta adaptarse  a la hora en la que se van a tener que levantar durante el horario de clases. De esta forma, les iremos marcando unas rutinas y el primer día de colegio no será tan difícil  tener que combatir  también con el sueño. 

Es conveniente ir favoreciendo la relación de nuestros hijos con sus  iguales, invitando a algún amigo a casa o acudiendo a alguna actividad conjunta en la calle. De este modo, reencontrarse con más niños de su edad no le supondrá una situación estresante y le facilitaremos las cosas a la hora de sociabilizar con ellos.

Es normal que los padres nos encontremos nerviosos por la nueva etapa de nuestros hijos, pero nuestro nerviosismo no debe transmitirse, por lo que es importante mantenerse tranquilo y  transmitir serenidad. Si el niño percibe que sus padres están inseguros, vamos a potenciar  que él lo esté más. Por el contrario, si sus padres le transmiten  seguridad, haremos que el niño se pueda adaptar antes y no viva la vuelta al cole de manera amenazante. 

Si nos damos cuenta de que  llora, grita, nos abraza cuando lo dejamos en  el colegio, debemos mantenernos con fortaleza y actuar  con tranquilidad y serenidad. Como padres, es normal que no nos guste ver llorar a nuestros hijos y ver que lo están pasando mal, pero hemos de ser conscientes  que estamos haciendo lo adecuado y que ese sentimiento de abandono va a desaparecer.

La situación se irá normalizando si somos capaces de mantener la calma. Si por el contrario, nuestro hijo nos ve nerviosos, ve que lo vamos a buscar antes de la hora o nos lo volvemos a llevar a casa, ese sentimiento se lo transmitiremos  y será mucho más complicado hacerle entender ha de ir al colegio y su actitud  oposicionista se volverá más evidente, por lo que cada mañana viviremos situaciones tensas y nos sentiremos unos padres poco competentes al hacerle pasar por eso a nuestros hijos y no poder resolverlo. 

Antes de que vaya al colegio y después de que  salga, es positivo reforzar sus logros con palabras positivas: “Me siento  muy orgullosa/o de ti”, “Estoy muy contenta/o de ver lo bien que estás haciendo las cosas”, “Eres muy valiente afrontando las situaciones”, “Estamos muy orgullosos de ver que bien te estás portando en el cole”, etc.  Además es recomendable e importante ser puntuales a la hora de ir a recogerlos, ya que si no nos ve en ese momento, puede provocarle incertidumbre, nerviosismo y un cierto temor a sentirse abandonado. 

Al salir de clase, es muy positivo  dedicarle un tiempo para que tenga posibilidad de explicar y contarnos  todo lo que ha hecho durante el día y  cómo  se ha sentido. Tomar la merienda juntos, hacer los deberes o jugar juntos para compartir las nuevas experiencias. De esta manera, entre padres e hijos se generará  un mayor vínculo de confianza y comunicación.

Feliz vuelta al cole para los más pequeños y para los padres, que vuelven a volver.

Mariano de Vena Salvador | Psicólogo en el Centro Psicológico Loreto Charques

 

 

Las otras víctimas.

Acababa de llegar a Madrid, tras haber estado aislado del mundo por las montañas del norte de España, caminando rumbo a Santiago. Mi mente estaba aún perdida en el recuerdo de bosques mágicos, de animales que se acercaban curiosos a que les acariciases (desde caballos a perrillos que recorren los caminos saludando a los peregrinos), de personas llegadas de todo el mundo y que te regalaban su compañía, su humanidad, su solidaridad, su cariño…

La mente y el alma renacidas en su fe en la Humanidad.

Entonces ocurrió. Barcelona. Cambrils. En mi cabeza no cabían la muerte y la destrucción que veía en la televisión. Luego las llamadas a los amigos que estaban pasando unos días allí. Todos estaban bien. Habían pasado hacía poco por las Ramblas. Ayer mismo, me dijo mi amigo Borja. Ayer mismo.

Pero todos estaban bien.

No es verdad. Ha habido víctimas directas, que sufrieron en sus carnes las heridas de la irracionalidad humana. Víctimas directas que vivieron a unos pocos metros o desde sus ventanas lo que estaba pasando. Víctimas directas que vieron desde sus televisiones o escucharon en sus emisoras de radio lo que estaba pasando. Víctimas directas que habían sobrevivido en Bruselas, en Manchester, en París, en Alepo, en Londres, en Boston… Víctimas directas que viajaron y revivieron como si fuera hoy mismo el infierno del 11M en Madrid. Todos ellos han vivido de manera traumática los atentados de Cataluña.

No sé si os habréis fijado –lo han dicho casi de refilón- que cientos de personas buscaron apoyo psicológico en los días posteriores. Sentían angustia. Sentían un dolor que no podían explicar. Una tristeza profunda. Y no tenían ni familia ni amigos ni conocidos entre las víctimas.

No hace falta.

Son humanos, personas que empatizan con los que sufren. Personas a las que los medios de comunicación y las redes sociales han bombardeado con imágenes de dolor, de muerte, de sufrimiento.

Desde aquí quisiera hacer una llamada a aquellos que sólo quieren ser los primeros en poner las imágenes más macabras. Pensadlo antes. No puede ser que hubiera personas que pensaran primero en hacerse un selfie con las víctimas de fondo en lugar de correr a ayudar. Pensadlo. Pensad en el efecto que tienen esos vídeos, esas fotos…

Y a aquellos que lo habéis pasado mal… aún no estando allí. Aquellos que tenéis pesadillas y que experimentáis angustia. No dejéis que ese sufrimiento se enquiste en vosotros… o podéis ser candidatos a episodios depresivos, a padecer de estrés postraumático… Los psicólogos (no sólo los de emergencias) estamos ahí para ayudaros, para prevenir futuras complicaciones.

Y ojalá que nunca más vuelvan a atacar nuestra libertad, nuestra paz, que tanto nos ha costado conseguir.

Sed felices…

César Benegas Bautista | Psicólogo en el Centro Psicológico Loreto Charques