Niños tirano: El dolor de los padres.

Cuando los hijos se muestran como auténticos tiranos y resulta prácticamente imposible establecer la normalidad en sus afectos y los límites diarios, cierta normalidad y tranquilidad a la hora de motivarles o premiarles;

Cuando las normas mínimas de convivencia del hogar resultan un dolor constante y la agresividad se llega a convertir en rutina;

Cuando los hijos se muestran tremendamente caprichosos, inconformistas, beligerantes e inconsolables… pueden llegar a surgir enormes dudas y confusión en lo más profundo de sus padres.

La confusión y el dolor de los padres

En el caso de estas familias que lo han intentado todo con su hijo, que viven un constante tira y afloja, siempre tan extremo y dramático, se pueden generar sentimientos a veces contradictorios, tremendamente molestos al corazón y la conciencia, pero que son siempre humanos y que vienen dados por atravesar situaciones de una extrema gravedad y difícil control. Entonces, son momentos en los que un padre o una madre también requiere apoyo específico debido a la gravedad de las emociones y sentimientos que puede atravesar:

-Frustración e impotencia. Se quiere y no se puede. Se pretende entender adecuadamente a los hijos, poner nombre a lo que está pasando, y sobre todo, lograr el control que no termina por llegar.

-Ansiedad y miedo. Los nervios del “va a volver a ocurrir. Se va a poner hecho un bruto”. Está pasando delante de tus ojos, se está activando una bomba. Y cuando se repite varias veces, el ya no saber cuándo va a pasar y sentir verdadero miedo al siguiente estallido y terremoto en casa.

-Odio. Lo has intentado todo y no hay remedio. Puede sacar de las casillas a cualquiera, pero esos cualquiera siempre son los mismos: los padres. Tienes necesidad de descargar en él toda la responsabilidad y, un poquito si, lo llegas a odiar.

-Dudas, tristeza y depresión. ¿Lo estaré haciendo bien? ¿Es esto realmente lo que tengo que hacer como padre/madre? Es un asunto muy complicado, más allá de lo que pensabas, y llega la tristeza porque te sientes indefenso durante mucho tiempo sin encontrar soluciones útiles.

-Culpa. Es el no tener claro que toda la responsabilidad sea del niño, porque al fin y al cabo es eso, solo un niño. Te empiezas a sentir mal, creer que no eres buen padre o buena madre, porque crees que seguro que todo lo que está ocurriendo se podía desarrollar de otra forma y no estás siendo capaz.

El síndrome del emperador o del niño tirano se trata de un fenómeno complejo, en el que influyen aspectos sociales, culturales, genéticos y educativos. Como base en todo ello, niños que muestran agresividad muy grave y signos claros de muy baja empatía o conciencia más allá de si mismo.

Los padres de estos niños tienen una meta nada fácil en cuanto a educar, ya que viven bajo una constante presión, angustia y miedo las constantes reacciones desmesuradas de sus hijos. Tampoco les resulta nada fácil establecer el equilibrio entre la necesidad de contención de estos niños y transmitirles afecto y cariño.

La familia necesita contar en estos casos tan graves con herramientas y recursos amplios. Y si de verdad queremos empezar la casa por los cimientos, debemos detenernos en entender las propias emociones, las que estos niños, con sus comportamientos tan terribles generan en los propios padres.

Lo que sí parece claro desde el punto de vista del apoyo psicológico a las familias es que cuanto mejor se identifiquen, reconozcan en uno mismo como padre, madre o unidad familiar las emociones vividas, se elaboren y afronten de manera adecuada, más fácil será no caer en hábitos y prácticas poco aconsejables, originadas como decimos en sentimientos tóxicos y engorrosos que dificultan mucho avanzar, querer y educar estos niños tan difíciles.

La culpa, el desánimo, la indefensión o el miedo, vividos en su estado más crítico, pueden hacer que los padres y madres establezcan muchas veces patrones educativos bien de corte permisivo-evitativo por perder la perspectiva global de la situación, con lo que la problemática, lejos de solucionarse, se agudiza y cronifica en el tiempo. También ocurre la polarización en el hogar en la búsqueda de soluciones, pasar de la A a la Z en un minuto, lo que puede desorientar más al niño, además de generar conflictos serios en la pareja, otro aspecto que también repercute notablemente en la educación y crianza de estos niños.

Por tanto, los “cuidados del cuidador” llegan a ser en estos casos un punto imprescindible. La salud psíquica de los padres para afrontar situaciones diarias de vejación y maltrato requiere autocuidados conscientes y en la mayor parte de los casos, apoyo profesional. Os animamos mucho a que lo hagáis, por favor. 

Algunas pautas para afrontar al “pequeño tirano”

Contar con estrategias básicas en el afrontamiento del “niño rey” hará que os sintáis más seguros y no perdáis el norte, lo que repercutirá notablemente en interpretar y afrontar las situaciones de manera menos tóxica y dañina. No queremos perder la ocasión para recordaros algunos puntos clave:

-Establecer un buen apego.

-Tener claro que la autoridad no está en manos de los hijos.

-Establecer unos pocos límites, criterios que son incuestionables, y no abundar en su debate.

-Recordar que hay derechos y deberes.

-Establecer cierta austeridad ante juguetes, tecnología y moda con niños tan “exigentes”.

-No normalizar la violencia o tintes diversos de maltrato. Ser consciente de que ocurre. Actuar, pedir ayuda profesional.

-Proporcionar consecuencias morales a los niños.

-Exponer a experiencias altruistas.

-Fomentar la conciencia ampliada y la empatía.

Estos 3 últimos puntos están relacionados con la conciencia, la empatía y el razonamiento moral, y se pueden favorecer desde casa exponiendo a los niños a situaciones que conllevan estos elementos. El Psicólogo Javier Urra recomienda en estos casos llevar a los hijos a un hospital a ver a unos niños muy malitos, con enfermedades terminales o procesos oncológicos, para que puedan apreciar el “tú” en su dimensión más extrema, y sintonicen con un dolor real más allá de su “yo, yo y yo” egocentrista de estos niños y niñas.

Otras formas de transmitir moral a los niños es ir a ver a los abuelos enfermos aunque no apetezca, visitar algún familiar o amigo pachucho, todo con el fin de empatizar y expandir una conciencia moral limitada. Y esto también es educar, no solo limitarnos a informar, sino exponer vivencialmente a estos niños a contenidos morales significativos como son la empatía y la reciprocidad.

Estimadas familias; Muchísimo ánimo y “autocuidados”, junto con dosis de paciencia, persistencia, razón y corazón.

Sergio Algar | Psicólogo en el Centro Psicológico Loreto Charques

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Generación Selfie.

Vivimos tan acostumbrados a hacer fotos con la cámara de nuestro teléfono móvil que ya casi ni nos acordamos de que hace muy poco tiempo no era así, ya que ha sido de manera muy reciente cuando los móviles han comenzado a incorporar cámara fotográfica de gran calidad.

Esta accesibilidad a la cámara de fotos, unida a un fenómeno también muy reciente como son las redes sociales, ha ido conduciendo a que muchas personas sientan la constante necesidad de documentar todo lo que sucede en sus vidas.

El término “Generación Selfie” se está empezando a utilizar para referirnos a la generación que vivimos, la que trata de mostrar todo el tiempo la propia imagen y estilo de vida en redes sociales, lo que conlleva, en los casos más extremos, un tipo más de adicción compulsiva de las que vivimos durante esta década.

Bien sea a través de mensajes o de fotografías, mostramos quienes somos, nuestra vida, detalles incluso muy íntimos, que aunque cuenten con barreras y filtros de difusión selectiva, no deja de ser al fin y al cabo “vivir en un constante escaparate”.

El refinamiento y grado de perfección que buscan algunas personas en la proyección de su “imagen social” les hace dedicar gran número de horas al día en construir un halo en torno a la idealización de la historia de vida, ya que fotografiar de manera constante, la búsqueda de escenarios sugerentes, la redacción en torno a sí mismo y atender todas las redes de las que forma parte conlleva no solo tiempo, sino pensamiento en torno a lo que se quiere ser y lo que se quiere que los demás vean. Este fenómeno genera en muchas ocasiones  una distancia con el presente “real” y unido a ello distintas formas de ansiedad, obsesión incluso adicción.

En definitiva; queremos “ser”, pero sobre todo queremos mostrar y “ser vistos”. Parece que el selfie compulsivo añade más plástico a nuestra sociedad. ¡Como si ya no tuviéramos bastante!

Los adolescentes han aterrizado en este fenómeno anestésicamente, ya que han nacido prácticamente insertos en él. Los adultos que hemos vivido fuera de esta nueva ola todavía podemos mantener cierto distanciamiento y observación critica del fenómeno. Pero la generación selfie ha entendido la imagen y las redes sociales como algo normal e inofensivo, y es más vulnerable a no comprender adecuadamente la magnitud y daños de un mal uso de “la propia imagen en redes sociales”.

Como con todo, dosis de sentido común y equilibrio, que en este caso quizás se puede traducir en un uso moderado y crítico de la imagen que se proyecta en el caso de adolescentes y adultos. Eso si, precaución en los  adolescentes desde todos los ámbitos, ya que su desarrollo psíquico está en marcha, y ponderar desde tan temprano el mundo en base a la imagen, la estética y el referente externo puede traer consecuencias no gratas tanto a corto como a medio plazo. Aspectos como la seguridad todavía no son bien entendidos en estas edades, y requieren de la supervisión y apoyo por parte de los padres y también la escuela.

Sergio Algar | Psicólogo en el Centro Psicológico Loreto Charques

Bromas “pesadas”.

Youtube se ha convertido en el canal favorito para compartir vídeos. Cada minuto se suben 300 horas de vídeo a este portal, y viene a ser, durante los 10 años que lleva operativo, uno de los hobbies más habituales de grandes y pequeños.

Durante este tiempo, hemos visto como ha proliferado un tipo de grabación muy particular, sobre todo entre los adolescentes. Podemos decir que nos encontramos en la era de “grabar lo divertido y subirlo”, esto es así. Se ha establecido, lo hemos normalizado, y se hace muchas veces con muy poca conciencia de sus consecuencias, ya que en gran parte de las ocasiones se busca la carcajada rápida de quien vea el vídeo y se recurre a gastar “bromas pesadas” que son controvertidas y poco éticas, ya que quien las recibe seguro que no le hace ninguna gracia. Muchos jóvenes todavía no saben que algunas cosas que graban no son divertidas, no se deben filmar y mucho menos difundir o compartir abiertamente. Todos hemos visto en las noticias grabaciones de cómo algunos alumnos se burlan del profesor, de otro compañero del instituto, y un largo etcétera, provocando situaciones muy desagradables intencionadamente, todo con fin de generar burla abiertamente sin ningún tipo de sonrojo. Más bien todo lo contrario, ya que sienten orgullo de haberlo hecho.

Pero todavía llama más la atención cuando son los adultos quienes no distinguen las fronteras entre lo que es socialmente aceptable y lo que no lo es a todas luces. Esta misma semana me he enterado de que corre un vídeo en el que se ve a unas personas mayores bajando las escaleras mecánicas del metro por el sentido equivocado de la marcha, lo que les genera una situación muy incómoda, ya que durante largo rato parece que no son capaces de solucionar esta situación dada su avanzada edad y deterioro. No he querido verlo. Me ha parecido tan denigrante que he preferido no hacerlo. Pero al parecer, la persona que lo graba, no solo no acude a auxiliar a dos personas que precisan ayuda en una situación claramente complicada para ellos. Se detiene además a grabarlo, y después, se honra en difundirlo públicamente.

Estamos aquí. Hemos llegado a confundir de tal manera las cosas que nos pensamos que todo nos puede provocar risa, incluso aunque rebase con creces las líneas morales más básicas. Por definición, divertirse o broma es aquello en que las dos partes ríen, no solo una. Me indigna. Cada vez más parece que tenemos que estar riendo todo el tiempo, que todo es relativo, que da igual y no pasa nada. ¡¡Si pasa!!

Me ha dolido mucho el corazón cuando durante estos días se ha hecho público el maltrato que unos padres estadounidenses “youtubers” (así se llaman ahora) han ejercido sobre sus hijos a través de “bromas” que les “gastaban” y después subían a youtube con las que después se lucraban. Generaban frustración de forma totalmente injustificada en los menores, situaciones totalmente injustas e incomprensibles para un niño.

Pensar que este tipo de grabación puede entenderse como “una broma” y que pueda resultar divertida a alguien, y más proviniendo de un padre, me resulta trágico.

Pensar de verdad en querer hacer reír a alguien generando dolor en tu propio hijo es algo que cuesta comprender. No es de extrañar que a estos padres les hayan quitado la custodia de sus hijos. Desde luego algo así no es divertido. Ni debe ser generado intencionalmente. Ni debe ser grabado. Ni debe ser difundido.  Terrible.

Sergio Algar Villa | Psicólogo Col. Nº M-22702 

Centro Psicológico Loreto Charques

La fiebre del “Candy Crush”

 

La evolución moderna de las tradicionales máquinas tragaperras se llama Candy Crush, y crea adicción.

Es un juego muy simple, pero tremendamente adictivo. Según algunos medios es jugado por 93 millones de personas cada día.

¿Qué ofrece este juego? Consiste en crear filas o columnas con tres caramelos del mismo color, y es muy fácil jugar. De hecho, sus creadores parten de la idea que un niño de edad preescolar pueda hacerlo. Inicialmente este juego permite ganar y pasar los niveles con bastante facilidad, proporcionando satisfacción y “enganche”.

Estos pequeños logros son comprendidos en el cerebro como mini-recompensas, que activan la liberación de dopamina. La dopamina es la encargada de informar al cerebro que se han hecho bien las cosas, proporcionando placer inmediato. Al experimentar esta sensación placentera de manera repetida, se genera el comienzo de la adicción, esto es, la dependencia al premio constante. La sensación de control que percibimos hace que pensemos que siempre podemos ganar, y también por ello seguimos jugando. Según algunos estudios de adicciones, es la clave de comenzar algunas peligrosas dependencias o adicciones.

Parece que la estrategia seguida por Candy Crush es la misma aplicada en las máquinas tragaperras. En ellas nunca se puede saber cuándo se va a ganar, pero se gana con la suficiente frecuencia como para querer volver a jugar de manera repetida.

Este tipo de premio, intermitente pero constante, sigue manteniendo activos los circuitos cerebrales dirigidos a la recompensa psíquica, al placer inmediato, generando dependencia de seguir experimentando el placer del éxito.

Otra característica fundamental del juego tiene que ver con el límite de vidas. Después de cinco derrotas, hay que esperar 30 minutos para que se regenere cada vida, lo que provoca que el jugador nunca se sienta satisfecho y siempre tenga ganas de más. El creador del juego también ha previsto que el jugador pueda seguir jugando sin esperar ese tiempo a través del pago, lo que abre de nuevo la posibilidad de reanudar un juego “cada vez más adictivo”.

Quizás lo más llamativo de este fenómeno es que Candy Crush ha iniciado una nueva tendencia de creación de videojuegos con características y mecanismos idénticos a los que se han mencionado, pero con un formato infanto-juvenil.

Juegos como “Clash Royale” y muchos otros, con un diseño y apariencia absolutamente infantil e inofensivo, ponen en práctica todos los peligrosos mecanismos iniciados por Candy Crush. Se tratan de videojuegos que han logrado una eficaz estética amable e inofensiva, pero que ocultan una evolución muy lograda, y también muy peligrosa, de juego adictivo “para niños”. Todo ello puede hacer creer a los padres que los niños juegan, se entretienen y no molestan, pero más allá de todo eso, los niños están construyendo “un cerebro adictivo” a las recompensas intermitentes sin el conocimiento de quien, a su lado, simplemente cree que juega. Precaución.

Sergio Algar | Psicólogo Col. Nº M-22702

Educar las emociones.

La vida familiar como primera escuela de aprendizaje emocional en la vida.

Daniel Goleman explicó que una persona feliz es la que:

-Conoce sus propias emociones.

-Sabe regular sus emociones.

-Sabe automotivarse o hablar consigo mismo de forma ajustada y positiva.

-Sabe reconocer las emociones de los demás.

-Sabe establecer relaciones con los demás.

Según este autor, las personas que se sienten más felices son las que saben identificar y manejar sus emociones, y no necesariamente son las que tienen un cociente intelectual más alto.

El seno familiar es el primer lugar de aprendizaje y por ello las familias deben cuidar y potenciar adecuadamente el aprendizaje de estos aspectos que, aunque se seguirán desarrollando a lo largo de toda la vida, está demostrado el importante impacto de estos primeros momentos en su desarrollo.

De manera muy resumida, pretendemos facilitar algunos consejos para los padres que seguís este blog en relación a cómo favorecer de manera adecuada el desarrollo emocional de vuestros hijos:

  • Conoce a tus hijos, acércate a su mundo emocional. Interésate en cómo vive las cosas de su día a día. Para ello, hablar de cómo se sienten y poder tener en cuenta las causas que las provocan pueden ayudarle a identificar ese mundo interior que inicialmente y a temprana edad puede resultarles muy confuso.
  • Fomenta su autoestima. Hazlo pensando en las veces que durante el día le dices “no” y le dices “si” a tu hijo. Quizás ayudaría pensar en la “técnica del pescador”: no siempre podemos aflojar la caña, porque no pescaremos nada (el “si”). Tampoco podemos estirar siempre del hilo, porque se romperá (el “no”). Convendría más tensar y soltar el hilo, siempre atentos a las reacciones y circunstancias del río y el “pez”. Saber decir “no” y decir “si” a los hijos en el momento oportuno es todo un arte que requiere práctica y “arte” del saber hacer que va a contribuir de manera muy importante en el adecuado y equilibrado desarrollo de su autoestima.
  • Potencia la comunicación en casa. Hay que dar posibilidad a los niños de expresar sus sentimientos, es decir, poder conversar no solo de lo que hacen sino también de cómo se sienten. A través del diálogo se ayuda a los niños a hablar de sus emociones, que las entiendan poco a poco y a buscar conjuntamente solución a los conflictos. Es decir; con la comunicación emocional en casa se mejora la conciencia emocional de los niños al dotarles de palabras de las emociones que se sienten, progresiva regulación al permitirles que se expliquen y entiendan mejor lo que les pasa y mejora creciente de su competencia social.
  • Ayúdales en el momento de gestionar conflictos. Ten en cuenta que siempre hay un componente emocional detrás de los comportamientos agresivos que observas en tus hijos. Normalmente vamos siempre a la reprimenda olvidando la justificación emocional de la reacción que tuvo tu hijo. Ponte en su lugar, trata de entender qué ha ocurrido que haya hecho que se haya comportado así. De esta manera, vas a poder enseñar mucho mejor a tu hijo cómo gestionar conflictos venideros.
  • Colabora con el colegio. Padres y profesores están llamados a entenderse y coordinarse a fin que no se den contradicciones. Con ello contribuiremos a que la educación dentro de esta área sea coherente y unitaria. La postura que muestres hacia el colegio y el profesor delante de tus hijos contribuirá a reforzar el trabajo que allí se hace o relegarlo. Di a tus hijos que escuchen al profesor, y tú se al mismo tiempo el mejor modelo para ellos.

Referencias: Programas “Sentir y Pensar”. Editorial SM

Sergio Algar | Psicólogo Col. Nº M-22702

Otros artículos / entradas de nuestro Blog relacionados con las #emociones:

https://charquesblog.wordpress.com/?s=emociones

Padres Coach. “Conectar”

 

Cuando tu hijo se altera, el uso de la lógica no suele surtir efecto hasta que respondemos a sus necesidades emocionales. Reconocer los sentimientos sin juzgarlos, recurriendo al contacto físico, las expresiones faciales empáticas y un tono de voz afectuoso, es una buena manera de “conectar” con tu hijo. Si comienzas con este acto de sintonía, permites que tu hijo “se sienta sentido”; luego ya podrás intentar resolver los problemas o abordar la situación.

Este procedimiento de aproximación que los padres y los profesores muchas veces obvian es un aspecto muy importante a la hora de conseguir resultados efectivos en el cambio de actitud y comportamiento en un niño. Se llama “conectar”, y conlleva tener en cuenta los dos cerebros que tenemos, el derecho y el izquierdo. Comenzar la conversación con tu hijo razonando, hablándole tratando de “convencerle” conlleva el funcionamiento de la lógica y hacerlo desde nuestro cerebro izquierdo. Según lo que hemos descrito, si queremos conectar con nuestro hijo, debemos hacerlo aproximándonos a él, entendiéndole, y conlleva “pensar” desde el cerebro derecho, que es más intuitivo y emocional.1

En cuanto veas que el cerebro de tu hijo se ha tranquilizado lo suficiente para permitirle adoptar el enfoque lógico del cerebro izquierdo, puedes redirigir hablando de las soluciones con él, y haciendo sugerencias sobre cómo puede actuar ahora que se ha serenado y tiene más control de si mismo. Es momento pues de empezar a actuar desde nuestro cerebro izquierdo, dirigiendo nuestra actuación desde el pensamiento lógico, a partir del razonamiento.

tabla1

Cuando el método conecta y redirige no funciona suele ser porque los padres se dejan llevar por el tono de voz o las exigencias irracionales de su hijo y, por lo tanto, son menos capaces de conectar con auténtica sintonía. Dan la impresión de estar conectando de palabra, pero la respuesta general no transmite calidez y afecto.

La comunicación no verbal desempeña un papel importante en la estrategia “conecta y redirige”. Muchos de nosotros usamos esta clase de comunicación automáticamente sin pararnos a pensar en ello. Pero claro está que cuando la comunicación no verbal no coincide con la comunicación verbal puede producirse una situación confusa para el niño.

tabla2

Los niños son increíblemente receptivos a todo, en especial a nuestras reacciones ante ellos. Al hacer este ejercicio, adquieres mayor conciencia de las distintas maneras no verbales en que te comunicas con tu hijo, y de cómo cada una de esas maneras puede influir en el grado de conexión o conducta reactiva de tu hijo hacia ti en un momento dado.

Sergio Algar | Psicólogo Col. Nº M-22702

Centro Psicológico Loreto Charques

Está demostrado científicamente que nuestro cerebro contiene realmente dos cerebros. Uno que maneja información lógica y otro que maneja información intuitiva y sentida. El primero es el izquierdo, el segundo es el derecho. La anatomía del cerebro es distinta en estas dos regiones, y conlleva que podamos pensar de estas dos formas claramente diferenciadas.

FUENTE: “El cerebro del Niño”. Daniel J. Siegel, Tina Payne Bryson

Padres helicóptero

Una nueva generación de padres ha llegado.

Esta nueva generación de progenitores que “sobrevuelan” de manera constante sobre la vida de sus hijos se ha venido a denominar los padres helicóptero. Junto con ellos, en un plano muy similar, los padres apisonadora tratan de “allanar” todas las posibles dificultades futuras de sus hijos. Un nuevo estilo educativo se impone: el Sobreprotector.

Padres Helicóptero. Así se conoce a los progenitores “hiperprotectores” que sobrevuelan sin cesar sobre la vida de sus hijos, pendientes a todas horas de sus necesidades, de sus deseos y de su futuro.

Es cierto que vivimos en una sociedad cada vez más competitiva, que cada día exige más a los futuros ciudadanos: más conocimientos, habilidades, mejores resultados… Y, al final, esta mayor exigencia es asumida por los padres y no siempre bien trasladada a los hijos, ya que se quiere que lleguen a su futuro con la mochila lo más llena posible, tratando de eliminar cualquier obstáculo, error personal o intelectual que se interponga en su camino.

Parece que la actual crisis ha aumentado la preocupación por el futuro y ha disparado el miedo de los padres a que sus hijos se equivoquen y a que no sean capaces de alcanzar por sí solos todas las exigencias que la sociedad les demanda. Por eso, los padres de nueva generación intentan “sustituir” a sus hijos, “vivir su vida” por ellos para prevenir y anticipar todos estos problemas, “en lugar de acompañarles” en su proceso de maduración y crecimiento personal.

El filósofo José Antonio Marina apoya este planteamiento a través de estas palabras: “Estamos en una cultura del miedo. Hay un sentimiento de precariedad y provisionalidad, y una reacción, que es la sobreprotección, es pensar que el niño no va a saber desenvolverse”.

Por eso, hay cada vez más padres helicópteropadres apisonadorapadres guardaespaldas. Emprenden un camino de cuidados y de protección con muy buenas intenciones y con mucho cariño, pero también con el desconocimiento de que, en ese afán por controlarlo todo, acaban anulando la independencia y la autonomía de sus hijos. Y este es “uno de los mayores errores en la educación de los hijos”.

La Psicóloga Silvia Álava advierte que “los niños con padres sobreprotectores desarrollan menos competencias emocionales y a la larga son más inseguros”.

Javier Urra, Psicólogo y ex defensor del Menor de la Comunidad de Madrid, también constata que el fenómeno de la hiperprotección va en aumento.

A estos padres, que mantienen este estilo educativo, se les podría preguntar: “¿Qué es mejor? ¿Que su hijo de nueve años apruebe el trimestre de Matemáticas o Lengua o que aprenda que no cumplir con sus responsabilidades tiene unas determinadas consecuencias?” Al final, la sobreprotección tiene mucho que ver con el modo en que miramos la educación de los hijos. Si miramos solamente a corto plazo, a lo que es mejor para ellos hoy, nos acercamos más a esa sobreprotección. En cambio, si miramos más allá, a lo que será mejor para ellos el día de mañana, cuando tengan que tomar definitivamente las riendas de su futuro, estaremos más cerca de ser cada día mejores padres”.

“En cada momento del crecimiento de la persona, ésta debe pelear por sus propias batallas. Debemos darnos cuenta de que no ayudamos a nuestros hijos dándoles la solución, sino prestándoles el apoyo desde fuera. Si en la adolescencia los chicos no toman decisiones, nunca tomarán la iniciativa y esto producirá disfunciones sociales tremendas en todos los niveles”, concluye José Antonio Marina.

Múltiples estudios nos conducen a la conclusión de que los niños con padres sobreprotectores desarrollan menos competencias emocionales y a la larga son más inseguros. Y la inseguridad no conviene tomarla a broma, ya que hay que tener en cuenta que se manifestará a lo largo de la vida y durante todas sus etapas. Una niño, un adolescente o un adulto que no afronta su vida, que pospone las decisiones, que las toma de manera precipitada o que “depende” de distintas figuras para tomarlas puede tener, de manera sostenida y en efecto cascada a lo largo de su vida, gravísimas consecuencias.

La toma de decisiones y la solución de problemas complejos, en resumen, la autonomía en la infancia y la adolescencia, se aprende. Se aprende y se enseña. Por eso hay que favorecerlo en los hijos y los alumnos, y enseñarlo. No mantener su dependencia hacia nosotros.

Es necesario favorecer la diferenciación progresiva de las figuras adultas a fin de que vayan adquiriendo independencia y mecanismos psicológicos sólidos de afrontamiento de distintas situaciones en sus vidas por sí mismos. Si no, la inseguridad y la dependencia ganarán la batalla, y harán que vivan vidas tóxicas basadas en la inseguridad y la dependencia.

Sergio Algar | Psicólogo Col. Nº M-22702

Centro Psicológico Loreto Charques