¿Por qué no estoy a gusto con mi cuerpo?

Por fin ha llegado el tan ansiado veranito… ha llegado la hora de ir a la piscina, a la playa y, claro, hay que ponerse el bikini, la ropa de baño, etc… En este momento, cuando tenemos el cuerpo más expuesto, nos damos cuenta de que hay muchos aspectos de nuestro cuerpo que nos gustaría cambiar. Resulta que nos parece que nos sobra de un lado, nos falta del otro, nos vemos horribles, empezamos a pensar en que nadie se fijará en nosotros, nos comparamos además con otras personas que consideramos que están “mejor” físicamente, y claro, nos sentimos mal.

Hoy hablaremos de la imagen corporal, que es la representación mental que cada individuo tiene de su propio cuerpo. Esta representación mental la hacemos basados en:

  • Las medidas que atribuimos a nuestro cuerpo.
  • Los pensamientos, sentimientos y valoraciones que nos provoca nuestro cuerpo, principalmente el tamaño corporal, el peso, determinadas partes del cuerpo que nos gustan más de nosotros o menos o cualquier otro aspecto de la apariencia física.
  • Las consecuencias de lo anterior (medidas, pensamientos, sentimientos y valoraciones), es decir debido a cómo percibo mi cuerpo y cómo me siento con el mismo hago cosas como ponerme ropa más ancha, pesarme habitualmente para ver si he bajado esos kilos de más, vestir de negro porque estiliza, evitar ir a la playa para no ponerme en bikini, no ponerme sandalias porque no me gustan mis pies, peinar mi pelo de una determinada manera porque así veo mi cara más fina, compararme constantemente con los demás, etc.).

Mostramos una imagen corporal negativa cuando:

  • Valoramos de una manera equivocada las formas corporales y vemos partes del cuerpo como no son realmente.
  • Nos convencemos de que solamente otras personas son atractivas, y valoramos estas medidas como éxito y valía personal.
  • Sentimos vergüenza y ansiedad por el cuerpo.
  • Nos sentimos incómodos y raros en el propio cuerpo. No nos aceptamos. Nos sentimos enajenados.

Cash  y Brown (1987) han desarrollado la conocida como “docena sucia” que recoge los pensamientos distorsionados más habituales con respecto a la apariencia:

  • La bella o la bestia: pensamiento todo/nada, blanco/negro. Me sale un grano en la nariz y pienso “estoy horrible”, “estoy asquerosa”.
  • El ideal irreal: me evalúo en función de un estándar irreal (por ejemplo, mujer escultural), de esta forma sobresalen mis defectos en todo su esplendor: “soy demasiado baja…”.
  • La comparación injusta: nos comparamos con gente real muy atractiva: “no me gusta probarme ropa en tiendas grandes porque ver a las dependientas me hace sentir gorda y fea”.
  • La lupa: nos centramos en un aspecto o en aspectos de nuestra apariencia que no nos gustan y exageramos su importancia. Esto es, simple y llanamente, atención selectiva.
  • La mente ciega: se ignoran o se minimizan aspectos favorables de nuestro cuerpo; como nos sentimos bien con ellos, no los tenemos en cuenta, pero sí nos centramos en otros que nos gustan menos. Muy relacionado con la forma en la que nos educan para ser modestos.
  • La fealdad radiante: la insatisfacción con un aspecto de la apariencia se generaliza a otras características físicas. A modo de ejemplo: me veo arrugas bajo los ojos y empiezo a ver signos de vejez por otras partes el cuerpo.
  • El juego de la culpa: esta es muy importante, sobre todo en mujeres jóvenes y adolescentes. Se refiere a atribuir decepciones, rechazos o acontecimientos negativos a un aspecto de la apariencia con el que se está insatisfecho: “no siente interés por mí por mi aspecto”.
  • La mala interpretación de la mente: como supongo o creo que soy poco atractivo (o tengo un defecto), también considero que los demás me ven así. Adivino lo que piensa la gente y en lo que se está fijando.
  • Prediciendo desgracias: esperar que el mal aspecto físico tenga efectos negativos en el futuro. Por ejemplo, un hombre obeso piensa “con mi físico nadie me tomará en serio como vendedor” o un hombre calvo piensa “sin pelo ninguna mujer se enamorará de mi”.
  • La belleza limitadora: no poder hacer cosas por la apariencia. La prohibición de nuestros comportamientos está motivada por las reacciones negativas que creemos que tendrá la gente. Una mujer con arrugas piensa “no puedo salir sin maquillar”, otra persona piensa “no puedo ir a la fiesta con este pelo”.
  • Sentirse feo: como me siento feo, debo ser feo. La interpretación se convierte en certeza y justificamos la “fealdad”: “con razón me siento fea, mira qué horrible estoy”.
  • El reflejo del malhumor: a veces el malhumor motivado por otras razones termina reflejándose en nuestra apariencia. Por ejemplo, una persona muy estresada por el trabajo que termina criticando su cuerpo mientras se prueba ropa.

Nadie es capaz de pensar que es una persona horriblemente fea y despreciable y aun así estar a gusto consigo mismo. Está claro que todos nosotros, en algún momento (o en muchos), hemos caído en alguno(s) de estos errores y, por lo tanto, nos hemos sentido insatisfechos con nuestra imagen. Un paso fundamental para conseguir mejorar la autoestima y sentirse mejor es reconocer este tipo de pensamientos distorsionados (que se generan de forma automática) para poder así rebatirlos cada vez que nuestra mente los ponga en marcha. A partir de la confrontación objetiva, poco a poco se irán desvaneciendo y podremos automatizar una forma más adecuada de pensar.

Renata Sarmento | Psicóloga Col. Nº M-25389

Referencias

Alonso, A. (2014). Las distorsiones cognitivas, nuestras propias limitaciones. Recuperado el 26 de Junio de 2017 desde http://imeoobesidad.com/blog/las-distorsiones-cognitivas-nuestras-propias-limitaciones/

Cash, T. F. & Brown, T. A. (1987). Body image in anorexia nervosa and bulimia nervosa. A review of the literature. Behavior Modification, 11(4), 487-521. doi:10.1177/01454455870114005

Quiles Marcos, Y. Taller de Imagen Corporal y Alimentación. Recuperado el 23 de Junio de 2017 desde http://cpa.umh.es/files/2008/04/capitulo-4-taller-de-imagen-corporal-y-alimentacion.pdf

Romo Donaire, A.M. Tema 1: La Imagen corporal. Material docente. Recuperado el 23 de junio de 2017 desde https://rua.ua.es/dspace/bitstream/10045/3560/1/PowerPoint%20-%20TEMA%201.pdf

Anuncios

El refuerzo positivo.

Esta es una de las expresiones que los psicólogos empleamos más habitualmente: el refuerzo. Refuerza lo positivo de tu hijo, de tu pareja, de tus amigos… Pero, ¿qué queremos decir con ello? Reforzar en positivo es señalar aquello que una persona hace bien y reconocérselo, ya sea públicamente o en privado. Esto hace que la persona se sienta bien, reconocido y satisfecho, lo que genera un estado emocional que le lleva a querer repetir esa actitud o a obrar de la misma manera. A quién no le gusta que sus jefes o sus compañeros le digan aquello de “buen trabajo”. O que sus familiares le digan “pero qué bien cocinas”, “qué bien se te dan esas cosas”, “papá me encanta cómo eres”…

Son expresiones que nos hacen sentirnos muy bien. Y como nos gusta esa sensación trataremos de conseguirla otra vez.

Pero hoy quisiera que nos centrásemos en los niños, pues –como ya os dijimos una vez- su autoestima se empieza a forjar con los comentarios que hacemos (o dejamos de hacer) desde su más tierna infancia. Es más, afinando el tema, quiero que reflexionéis sobre tres formas de elogiar a los niños que, lejos de forjar un carácter fuerte, una personalidad que resista la frustración y una conducta que le lleve a querer mejorar… suelen logra exactamente lo contrario.

  1. La exageración y la mentira.

Algunas personas tienen una tendencia a exagerar los elogios. Frases que se les dicen a los hijos del tipo “eres el mejor”, “vas a ser un Messi”, “ya quisieran los demás parecerse a ti”, “campeón”… Dichos de manera puntual y en un contexto de alegría… tienen un gran efecto. Pero dichos de manera rutinaria, o cuando el niño sabe perfectamente que exageramos o mentimos (son niños, no son tontos) generan sentimientos contradictorios: “mis padres me mienten”, “creen que soy más de lo que de verdad soy”, “mis padres esperan de mí que sea un genio”, “voy a defraudar a mis padres”… Estos elogios pueden tener un efecto contraproducente en los niños, pueden hacer que nos oculten la verdad (no dar las notas porque pueden defraudaros, ocultaros que han discutido o se han peleado con un compañero)… Y a la vez puede ocurrir algo horrible (psicológicamente hablando): que se lo crean, que vayan por ahí pavoneándose, creyéndose los mejores. Y cuando descubren que no lo son…

  1. Elogiar lo que hace bien… sin esfuerzo.

Esto es un error importante que da lugar a muchos problemas. Hay niños que tienen unas capacidades admirables para hacer ciertas cosas, para estudiar, para los deportes. Y es bueno decírselo. Pero lo que es más importante es elogiar el esfuerzo. ¿Por qué? Porque eso es lo que realmente tiene mérito y lo que en un futuro le llevará a alguna parte pero, sobre todo, a sentirse orgulloso de sí mismo. Podemos correr el riesgo de que el niño, felicitado por aquello que no le supone un esfuerzo, se duerma en los laureles.

No hace mucho tiempo conocí a una niña con unas dotes espectaculares para anotar canastas desde cualquier ángulo. Al principio con eso bastaba. Pero no entrenaba para coger fondo físico como las demás, para aguantar un partido entero y poco a poco, como no hacía equipo… fue quedándose en el banquillo y finalmente ni siquiera convocada. El trabajo continuado es lo que va a contar, lo que va a influir realmente en el resultado. Aunque sea muy inteligente y muy dotado físicamente, si no se esfuerza, tarde o temprano se quedará “fuera de juego”.

  1. La sobreexigencia.

Hace unos meses tuve a un niño en consulta. Estaba triste. Sus uñas mordisqueadas una y otra vez. Tenso. Se trataba de un niño brillante, con unas notas muy buenas. Al cabo de un rato me dice: “Mis padres están contentos porque tengo las notas más altas de la clase, pero mi padre me ha dicho que no basta, que él sacaba dieces y no sólo nueves o nueves y medio”. Elogiamos; pero no basta. Exigimos que lo que va bien… vaya perfecto. ¿Para qué? Los niños no necesitan que les comparemos y menos con nosotros. Los niños no entienden que les digamos muy bien, pero no basta. Los niños están alcanzando unos niveles de estrés, en ocasiones, insoportables. Dejemos que los niños sean niños, que vayan alcanzando los logros marcando su propio paso. No digo que no se les exija. Que no se les supervise. Sino que lo hagamos con sentido común. Y que cuando hagamos les reconozcamos un logro… lo hagamos sin condiciones, sin ese sí pero.

Como veis lo que os digo es algo que padres y madres ya saben. Pero a veces se nos olvida fácilmente. Hay que elogiar sin exagerar, sin tratar de hacer que se sientan lo que no son, sin compararles con nadie. Es bueno por lo que hace, por que se esfuerza por ser mejor… y estamos encantados y orgullosos de ellos. Y ellos… felices…

Y nosotros… más.

Sed felices.

César Benegas Bautista | Psicólogo Col. Nº M-22317

www.centropsicologicoloretocharques.com

¿Qué puedo hacer para tener hij@s Inteligentes emocionalmente?

Ahora la pregunta que nos ocupa es: y yo, como padre / madre, ¿qué puedo hacer para tener hij@(s) inteligentes emocionalmente? 

Una de las formas más conocidas y extendidas de aprendizaje es: el modelado. Es decir, los niños aprenden de lo que ven. Por lo tanto, no vale decir: no se dicen palabrotas, cuando de nuestra boca de 5 palabras, 4 podrían ser dichas de manera más educada. En primer lugar, hay que dar ejemplo. Si tu hijo ve que afrontas una situación estresante de forma agresiva (acordaros que para ser agresivo no hace falta la agresión física, se puede ser agresivo de muchas maneras), es muy probable que él responda de una manera similar cuando se enfrente a una situación estresante. Por lo tanto, antes de intentar fomentar en nuestros hij@s la inteligencia emocional, es importante que hagamos un ejercicio de introspección y pensemos en nuestro nivel de inteligencia emocional. No podemos querer enseñar chino si no sabemos chino ¿verdad? Pues aquí pasa lo mismo, no podemos fomentar habilidades de las que carecemos. No podemos pretender que nuestro hijo reaccione de forma ajustada cuando esté enfadado si nosotros GRITAMOS, REPROCHAMOS, decimos las mayores barbaridades. Decir a un niño dándole una colleja: “¡esto no se hace!” ¿No os parece paradójico? No podemos decir “NO PEGUES”, pegándole. Con esto queremos decir, que antes de enseñar algo, tenemos que saber nuestro nivel de conocimiento de ese algo. Parece lógico ¿no? 

Una vez que seamos conscientes de nuestros puntos fuertes y débiles (y dispuestos a trabajar, sobretodo, para mejorar estos últimos), podemos:

  • Ayudar a nuestro hijo a hacerse una imagen positiva de sí mismo. Decir “eres tonto” “no eres capaz”, “eres malo” son frases PROHIBIDAS si queremos lograr este objetivo. Esta imagen positiva debe además ser ajustada a la realidad, no hace falta decir que lo hace todo perfecto porque NO ES VERDAD. 

  • Ayúdale a  etiquetar lo que siente: “Estás muy enfadado, si quieres mamá/papá te puede ayudar a tranquilizarte; “¡Qué contento estás! me encanta cuando estás así de contento”; “¿qué ha pasado? ¿Te ha pegado este niño? ¿cómo te sientes? ¿Qué podemos hacer para que él no te vuelva a pegar?” De esta manera, estaremos promoviendo que sea más reflexivo sobre las cosas que hace, siente y sus consecuencias. 

  • Habla con tu hij@ sin que sienta que está en un interrogatorio. Una vez más preséntate como modelo en la conversación. Si quieres que te cuente lo que ha hecho en el cole, háblale tú de lo que has hecho en el trabajo y de cómo ha ido tu día: “estoy muy contento porque he hecho algo que me ha salido muy bien”; “estoy un poco enfadado porque mi jefe me ha dicho que he hecho mal una cosa”. 

  • Es importante decir NO. Hay cosas que no se pueden conseguir en determinados momentos, e independientemente de la reacción del niño de irritación/furia/rabia, no podemos cambiar nuestro parecer. Eso sí, hay que decir que NO cuando estamos seguros de ello, cada NO que se convierte en un sí ante el comportamiento inadecuado (es decir, rabieta) es un NO que no ha cumplido su valor educativo. Ahora bien, si el NO inicial se convierte en un SÍ por un proceso de negociación, esto es MUY POSITIVO para padres e hijos. Es verdad que hay que guardar los “NO” rotundos para situaciones muy específicas, pero es importante que los niños aprendan a recibir un NO como respuesta, de esta manera les estaremos ayudando a tolerar el hecho de no conseguir algo que piden o esperan, al fin y al cabo “no todo se puede conseguir en la vida”. En cualquier caso, hay que ayudarles a sobrellevar esta decepción y empatizar con él. No niegues su emoción, puede que para ti, esta decepción sea una tontería pero para él NO, por lo tanto, puedes decirle “yo te entiendo, pero ahora esto no puede ser de la manera que tú quieres”         

 
Parece claro que para que nuestros hijos sean inteligentes emocionalmente, en primer lugar tenemos que hacerles de modelo, nos guste o no. Y posiblemente estaréis pensando: “ya, pero es muy fácil hablar o la teoría es muy fácil…” Estoy completamente de acuerdo, nadie ha dicho que ser padres/madres y hacerlo bien sea una tarea fácil y por eso estamos aquí para ayudaros en este camino y hacerlo más llevadero y placentero. 

Seguiremos hablando de eso en próximos posts y os dejo una imagen que vale más que mil palabras… ¿qué os parece? ¿os suena de algo?

Renata Sarmento | Psicóloga colegiada M-25389

Centro Psicológico Loreto Charques

Educar las emociones.

La vida familiar como primera escuela de aprendizaje emocional en la vida.

Daniel Goleman explicó que una persona feliz es la que:

-Conoce sus propias emociones.

-Sabe regular sus emociones.

-Sabe automotivarse o hablar consigo mismo de forma ajustada y positiva.

-Sabe reconocer las emociones de los demás.

-Sabe establecer relaciones con los demás.

Según este autor, las personas que se sienten más felices son las que saben identificar y manejar sus emociones, y no necesariamente son las que tienen un cociente intelectual más alto.

El seno familiar es el primer lugar de aprendizaje y por ello las familias deben cuidar y potenciar adecuadamente el aprendizaje de estos aspectos que, aunque se seguirán desarrollando a lo largo de toda la vida, está demostrado el importante impacto de estos primeros momentos en su desarrollo.

De manera muy resumida, pretendemos facilitar algunos consejos para los padres que seguís este blog en relación a cómo favorecer de manera adecuada el desarrollo emocional de vuestros hijos:

  • Conoce a tus hijos, acércate a su mundo emocional. Interésate en cómo vive las cosas de su día a día. Para ello, hablar de cómo se sienten y poder tener en cuenta las causas que las provocan pueden ayudarle a identificar ese mundo interior que inicialmente y a temprana edad puede resultarles muy confuso.
  • Fomenta su autoestima. Hazlo pensando en las veces que durante el día le dices “no” y le dices “si” a tu hijo. Quizás ayudaría pensar en la “técnica del pescador”: no siempre podemos aflojar la caña, porque no pescaremos nada (el “si”). Tampoco podemos estirar siempre del hilo, porque se romperá (el “no”). Convendría más tensar y soltar el hilo, siempre atentos a las reacciones y circunstancias del río y el “pez”. Saber decir “no” y decir “si” a los hijos en el momento oportuno es todo un arte que requiere práctica y “arte” del saber hacer que va a contribuir de manera muy importante en el adecuado y equilibrado desarrollo de su autoestima.
  • Potencia la comunicación en casa. Hay que dar posibilidad a los niños de expresar sus sentimientos, es decir, poder conversar no solo de lo que hacen sino también de cómo se sienten. A través del diálogo se ayuda a los niños a hablar de sus emociones, que las entiendan poco a poco y a buscar conjuntamente solución a los conflictos. Es decir; con la comunicación emocional en casa se mejora la conciencia emocional de los niños al dotarles de palabras de las emociones que se sienten, progresiva regulación al permitirles que se expliquen y entiendan mejor lo que les pasa y mejora creciente de su competencia social.
  • Ayúdales en el momento de gestionar conflictos. Ten en cuenta que siempre hay un componente emocional detrás de los comportamientos agresivos que observas en tus hijos. Normalmente vamos siempre a la reprimenda olvidando la justificación emocional de la reacción que tuvo tu hijo. Ponte en su lugar, trata de entender qué ha ocurrido que haya hecho que se haya comportado así. De esta manera, vas a poder enseñar mucho mejor a tu hijo cómo gestionar conflictos venideros.
  • Colabora con el colegio. Padres y profesores están llamados a entenderse y coordinarse a fin que no se den contradicciones. Con ello contribuiremos a que la educación dentro de esta área sea coherente y unitaria. La postura que muestres hacia el colegio y el profesor delante de tus hijos contribuirá a reforzar el trabajo que allí se hace o relegarlo. Di a tus hijos que escuchen al profesor, y tú se al mismo tiempo el mejor modelo para ellos.

Referencias: Programas “Sentir y Pensar”. Editorial SM

Sergio Algar | Psicólogo Col. Nº M-22702

Otros artículos / entradas de nuestro Blog relacionados con las #emociones:

https://charquesblog.wordpress.com/?s=emociones

Padres helicóptero

Una nueva generación de padres ha llegado.

Esta nueva generación de progenitores que “sobrevuelan” de manera constante sobre la vida de sus hijos se ha venido a denominar los padres helicóptero. Junto con ellos, en un plano muy similar, los padres apisonadora tratan de “allanar” todas las posibles dificultades futuras de sus hijos. Un nuevo estilo educativo se impone: el Sobreprotector.

Padres Helicóptero. Así se conoce a los progenitores “hiperprotectores” que sobrevuelan sin cesar sobre la vida de sus hijos, pendientes a todas horas de sus necesidades, de sus deseos y de su futuro.

Es cierto que vivimos en una sociedad cada vez más competitiva, que cada día exige más a los futuros ciudadanos: más conocimientos, habilidades, mejores resultados… Y, al final, esta mayor exigencia es asumida por los padres y no siempre bien trasladada a los hijos, ya que se quiere que lleguen a su futuro con la mochila lo más llena posible, tratando de eliminar cualquier obstáculo, error personal o intelectual que se interponga en su camino.

Parece que la actual crisis ha aumentado la preocupación por el futuro y ha disparado el miedo de los padres a que sus hijos se equivoquen y a que no sean capaces de alcanzar por sí solos todas las exigencias que la sociedad les demanda. Por eso, los padres de nueva generación intentan “sustituir” a sus hijos, “vivir su vida” por ellos para prevenir y anticipar todos estos problemas, “en lugar de acompañarles” en su proceso de maduración y crecimiento personal.

El filósofo José Antonio Marina apoya este planteamiento a través de estas palabras: “Estamos en una cultura del miedo. Hay un sentimiento de precariedad y provisionalidad, y una reacción, que es la sobreprotección, es pensar que el niño no va a saber desenvolverse”.

Por eso, hay cada vez más padres helicópteropadres apisonadorapadres guardaespaldas. Emprenden un camino de cuidados y de protección con muy buenas intenciones y con mucho cariño, pero también con el desconocimiento de que, en ese afán por controlarlo todo, acaban anulando la independencia y la autonomía de sus hijos. Y este es “uno de los mayores errores en la educación de los hijos”.

La Psicóloga Silvia Álava advierte que “los niños con padres sobreprotectores desarrollan menos competencias emocionales y a la larga son más inseguros”.

Javier Urra, Psicólogo y ex defensor del Menor de la Comunidad de Madrid, también constata que el fenómeno de la hiperprotección va en aumento.

A estos padres, que mantienen este estilo educativo, se les podría preguntar: “¿Qué es mejor? ¿Que su hijo de nueve años apruebe el trimestre de Matemáticas o Lengua o que aprenda que no cumplir con sus responsabilidades tiene unas determinadas consecuencias?” Al final, la sobreprotección tiene mucho que ver con el modo en que miramos la educación de los hijos. Si miramos solamente a corto plazo, a lo que es mejor para ellos hoy, nos acercamos más a esa sobreprotección. En cambio, si miramos más allá, a lo que será mejor para ellos el día de mañana, cuando tengan que tomar definitivamente las riendas de su futuro, estaremos más cerca de ser cada día mejores padres”.

“En cada momento del crecimiento de la persona, ésta debe pelear por sus propias batallas. Debemos darnos cuenta de que no ayudamos a nuestros hijos dándoles la solución, sino prestándoles el apoyo desde fuera. Si en la adolescencia los chicos no toman decisiones, nunca tomarán la iniciativa y esto producirá disfunciones sociales tremendas en todos los niveles”, concluye José Antonio Marina.

Múltiples estudios nos conducen a la conclusión de que los niños con padres sobreprotectores desarrollan menos competencias emocionales y a la larga son más inseguros. Y la inseguridad no conviene tomarla a broma, ya que hay que tener en cuenta que se manifestará a lo largo de la vida y durante todas sus etapas. Una niño, un adolescente o un adulto que no afronta su vida, que pospone las decisiones, que las toma de manera precipitada o que “depende” de distintas figuras para tomarlas puede tener, de manera sostenida y en efecto cascada a lo largo de su vida, gravísimas consecuencias.

La toma de decisiones y la solución de problemas complejos, en resumen, la autonomía en la infancia y la adolescencia, se aprende. Se aprende y se enseña. Por eso hay que favorecerlo en los hijos y los alumnos, y enseñarlo. No mantener su dependencia hacia nosotros.

Es necesario favorecer la diferenciación progresiva de las figuras adultas a fin de que vayan adquiriendo independencia y mecanismos psicológicos sólidos de afrontamiento de distintas situaciones en sus vidas por sí mismos. Si no, la inseguridad y la dependencia ganarán la batalla, y harán que vivan vidas tóxicas basadas en la inseguridad y la dependencia.

Sergio Algar | Psicólogo Col. Nº M-22702

Centro Psicológico Loreto Charques

Autocontrol

Algunas claves para mejorarlo y entrenarlo en los Niños y los Adolescentes.

Tiene sentido que hagamos una especial mención, dentro de la educación afectivo emocional de los niños y adolescentes, a un elemento que ha ido tomando un progresivo y creciente interés social como es el control de los propios impulsos.

El autocontrol emocional es la capacidad que tenemos las personas para controlar nuestras emociones y nuestros impulsos ante determinadas situaciones.

Este control de nuestras emociones y de nuestros impulsos se va produciendo de manera progresiva, de modo que conforme vamos creciendo como personas, debido a la influencia social y la educación, iremos teniendo un mayor control de nuestra conducta.

Aun siendo más normal en niños que en adultos la falta de autocontrol, no todos los niños reaccionan igual ante determinados estímulos, de manera que mientras algunos reaccionan de forma más controlada, otros en cambio tienen reacciones excesivas e impulsivas. A veces estas reacciones excesivas, tienen un origen neurológico y/o están asociadas a las hiperactividad, lo cual debe ser valorado por especialistas.

En general los niños que tienen poco autocontrol, suelen ser niños que se frustran muy fácilmente, son irritables, rebeldes y nerviosos, lloran con frecuencia y a menudo se pelean. Estas conductas pueden ir acompañadas de agresividad, pero no en todos los casos estos niños son agresivos.

En estas reacciones de falta de control emocional influyen dos variables fundamentales: por una parte la carga genética, es decir el temperamento que ha heredado, y por otra la carga ambiental, es decir, educación que recibe de casa, modelos a imitar, compañeros de juegos, televisión, etc. que van formando su carácter.

Tanto en casa como en el colegio, se deben seguir unas pautas educativas que contribuirán sin duda a mejorar estas conductas.

Pautas escolares

  • Sentarlo cerca del profesor y rodeado de niños tranquilos.
  • Establecer unas normas claras de convivencia en clase.
  • Darle órdenes simples y breves estableciendo contacto visual.
  • Alternar el trabajo de pupitre con otras actividades que le permitan levantarse y moverse un poco.
  • Reforzarle y alabarle sus buenos comportamientos, haciéndole ver que no llama nuestra atención sólo cuando se porta mal.
  • Evitar humillarlo o etiquetarlo.
  • Tener contacto permanente con la familia para establecer criterios y normas de actuación comunes tanto en casa como en el colegio.
  • Entrenarlo en habilidades sociales con un programa elaborado en colaboración con la familia.

Pautas familiares

  • Normas claras y bien definidas.
  • Ambiente relajado, sereno y sin gritos.
  • Cumplir siempre los premios y castigos.
  • Felicitarlo y elogiarlo cuando su comportamiento sea el correcto.
  • Ofrecerle modelos de reacciones tranquilas cuando las cosas no nos salgan como pensábamos. El enfado es normal, lo que hay que hacer es aprender a manejarlo.
  • No dejarse manipular por sus caprichos.
  • Ante reacciones de rabietas no hacerle excesivo caso; dejarle que se calme y después hablar con él.
  • Fomentar sus habilidades y capacidades para que aumente su autoestima.
  • Realizar ejercicios de relajación.
  • Inculcarle valores acerca del respeto, la amistad, el diálogo, etc.

El control de los impulsos se enseña y se aprende.

El ambiente que favorezcas a tu hijo o alumno, con un grado mayor o menor de estructura en los puntos anteriormente descritos, determinará el grado de percepción de control que adquirirá en relación a sus propias conductas, y contribuirá a moldear un carácter más “tranquilo” o más “inquieto”.

Sergio Algar

Centro Psicológico Loreto Charques

REFERENCIAS: Cantero Muñoz, N. y Páez López, A. “Había una vez… una abeja”. Ed. CEPE