¿Por qué no estoy a gusto con mi cuerpo?

Por fin ha llegado el tan ansiado veranito… ha llegado la hora de ir a la piscina, a la playa y, claro, hay que ponerse el bikini, la ropa de baño, etc… En este momento, cuando tenemos el cuerpo más expuesto, nos damos cuenta de que hay muchos aspectos de nuestro cuerpo que nos gustaría cambiar. Resulta que nos parece que nos sobra de un lado, nos falta del otro, nos vemos horribles, empezamos a pensar en que nadie se fijará en nosotros, nos comparamos además con otras personas que consideramos que están “mejor” físicamente, y claro, nos sentimos mal.

Hoy hablaremos de la imagen corporal, que es la representación mental que cada individuo tiene de su propio cuerpo. Esta representación mental la hacemos basados en:

  • Las medidas que atribuimos a nuestro cuerpo.
  • Los pensamientos, sentimientos y valoraciones que nos provoca nuestro cuerpo, principalmente el tamaño corporal, el peso, determinadas partes del cuerpo que nos gustan más de nosotros o menos o cualquier otro aspecto de la apariencia física.
  • Las consecuencias de lo anterior (medidas, pensamientos, sentimientos y valoraciones), es decir debido a cómo percibo mi cuerpo y cómo me siento con el mismo hago cosas como ponerme ropa más ancha, pesarme habitualmente para ver si he bajado esos kilos de más, vestir de negro porque estiliza, evitar ir a la playa para no ponerme en bikini, no ponerme sandalias porque no me gustan mis pies, peinar mi pelo de una determinada manera porque así veo mi cara más fina, compararme constantemente con los demás, etc.).

Mostramos una imagen corporal negativa cuando:

  • Valoramos de una manera equivocada las formas corporales y vemos partes del cuerpo como no son realmente.
  • Nos convencemos de que solamente otras personas son atractivas, y valoramos estas medidas como éxito y valía personal.
  • Sentimos vergüenza y ansiedad por el cuerpo.
  • Nos sentimos incómodos y raros en el propio cuerpo. No nos aceptamos. Nos sentimos enajenados.

Cash  y Brown (1987) han desarrollado la conocida como “docena sucia” que recoge los pensamientos distorsionados más habituales con respecto a la apariencia:

  • La bella o la bestia: pensamiento todo/nada, blanco/negro. Me sale un grano en la nariz y pienso “estoy horrible”, “estoy asquerosa”.
  • El ideal irreal: me evalúo en función de un estándar irreal (por ejemplo, mujer escultural), de esta forma sobresalen mis defectos en todo su esplendor: “soy demasiado baja…”.
  • La comparación injusta: nos comparamos con gente real muy atractiva: “no me gusta probarme ropa en tiendas grandes porque ver a las dependientas me hace sentir gorda y fea”.
  • La lupa: nos centramos en un aspecto o en aspectos de nuestra apariencia que no nos gustan y exageramos su importancia. Esto es, simple y llanamente, atención selectiva.
  • La mente ciega: se ignoran o se minimizan aspectos favorables de nuestro cuerpo; como nos sentimos bien con ellos, no los tenemos en cuenta, pero sí nos centramos en otros que nos gustan menos. Muy relacionado con la forma en la que nos educan para ser modestos.
  • La fealdad radiante: la insatisfacción con un aspecto de la apariencia se generaliza a otras características físicas. A modo de ejemplo: me veo arrugas bajo los ojos y empiezo a ver signos de vejez por otras partes el cuerpo.
  • El juego de la culpa: esta es muy importante, sobre todo en mujeres jóvenes y adolescentes. Se refiere a atribuir decepciones, rechazos o acontecimientos negativos a un aspecto de la apariencia con el que se está insatisfecho: “no siente interés por mí por mi aspecto”.
  • La mala interpretación de la mente: como supongo o creo que soy poco atractivo (o tengo un defecto), también considero que los demás me ven así. Adivino lo que piensa la gente y en lo que se está fijando.
  • Prediciendo desgracias: esperar que el mal aspecto físico tenga efectos negativos en el futuro. Por ejemplo, un hombre obeso piensa “con mi físico nadie me tomará en serio como vendedor” o un hombre calvo piensa “sin pelo ninguna mujer se enamorará de mi”.
  • La belleza limitadora: no poder hacer cosas por la apariencia. La prohibición de nuestros comportamientos está motivada por las reacciones negativas que creemos que tendrá la gente. Una mujer con arrugas piensa “no puedo salir sin maquillar”, otra persona piensa “no puedo ir a la fiesta con este pelo”.
  • Sentirse feo: como me siento feo, debo ser feo. La interpretación se convierte en certeza y justificamos la “fealdad”: “con razón me siento fea, mira qué horrible estoy”.
  • El reflejo del malhumor: a veces el malhumor motivado por otras razones termina reflejándose en nuestra apariencia. Por ejemplo, una persona muy estresada por el trabajo que termina criticando su cuerpo mientras se prueba ropa.

Nadie es capaz de pensar que es una persona horriblemente fea y despreciable y aun así estar a gusto consigo mismo. Está claro que todos nosotros, en algún momento (o en muchos), hemos caído en alguno(s) de estos errores y, por lo tanto, nos hemos sentido insatisfechos con nuestra imagen. Un paso fundamental para conseguir mejorar la autoestima y sentirse mejor es reconocer este tipo de pensamientos distorsionados (que se generan de forma automática) para poder así rebatirlos cada vez que nuestra mente los ponga en marcha. A partir de la confrontación objetiva, poco a poco se irán desvaneciendo y podremos automatizar una forma más adecuada de pensar.

Renata Sarmento | Psicóloga Col. Nº M-25389

Referencias

Alonso, A. (2014). Las distorsiones cognitivas, nuestras propias limitaciones. Recuperado el 26 de Junio de 2017 desde http://imeoobesidad.com/blog/las-distorsiones-cognitivas-nuestras-propias-limitaciones/

Cash, T. F. & Brown, T. A. (1987). Body image in anorexia nervosa and bulimia nervosa. A review of the literature. Behavior Modification, 11(4), 487-521. doi:10.1177/01454455870114005

Quiles Marcos, Y. Taller de Imagen Corporal y Alimentación. Recuperado el 23 de Junio de 2017 desde http://cpa.umh.es/files/2008/04/capitulo-4-taller-de-imagen-corporal-y-alimentacion.pdf

Romo Donaire, A.M. Tema 1: La Imagen corporal. Material docente. Recuperado el 23 de junio de 2017 desde https://rua.ua.es/dspace/bitstream/10045/3560/1/PowerPoint%20-%20TEMA%201.pdf

La Vergüenza

Uno de los sentimientos sobre los que menos literatura haya probablemente sea sobre la vergüenza, por eso hoy quiero profundizar sobre ella. 

Según la primera acepción de la RAE  la vergüenza  es la turbación del ánimo, que suele encender el color del rostro, ocasionado por alguna falta cometida, o por alguna acción deshonrosa y humillante, propia o ajena. 

EL RUBOR Y EL SONROJO 

Ruborizarse es la más peculiar y humana de todas las expresiones. El sonrojo no solo es involuntario, sino que el deseo de evitarlo, al centrar la atención en uno mismo, lo potencia. 

Darwin afirma, que la propensión al sonrojo es heredada, incluso hasta las peculiaridades de cómo se manifiesta ese rubor. Antes de que nos demos cuenta que nos hemos sonrojado ya han surgido los síntomas. Es como una disculpa involuntaria, como un gesto de sinceridad, de ahí que al que no se sonroje le llamemos sin vergüenza. 

La vergüenza es una emoción universal y al igual que el miedo, tiene una esperanza de vida muy corta, debido a que se siente con una intensidad tan insoportable, no puede durar mucho tiempo. 

El deseo de ocultarse, bajar la mirada, ocultar el rostro,  inclinar la cabeza hacia delante, cubrirse los ojos con las manos, los movimientos inquietos de los ojos, hasta una ligera secreción de lágrimas son algunos de los gestos que se identifican con la vergüenza. 

No podemos producir un rubor por ningún medio físico, es la mente la que debe ser afectada. 

Pero, ¿puede uno enrojecer cuando está a solas? ¿es posible ruborizarse si nuestro rostro está a oscuras? ¿y cuando incurrimos en algún desliz a través del teléfono? 

El bochorno se siente tanto al examen que nos someten los demás como ante el que nos sometemos nosotros mismos, quizás no con tanta frecuencia, pero cuando sucede, desde luego sí con tanta intensidad. 

A falta de un juez externo nosotros mismos asumimos ese papel, como evidencia el hecho que nos ruboricemos ante el recuerdo de una situación embarazosa. 

ORIGEN SOCIAL Y CULTURAL 

La vergüenza es un sentimiento de indignidad ante los demás. Uno se siente disminuido con respecto a su propia imagen socialmente comprometida. Es decir, hay una valoración que se realiza siempre con respecto a alguna norma de referencia. 

Por tanto la dimensión social y cultural es determinante en la aparición de la vergüenza. De ahí que en sociedades donde está más valorado el éxito y la realización individual (sociedades individualistas –angloamericana-) sentirán en menos situaciones vergüenza que en otras en las que se prime la realización grupal, el éxito colectivo, el avanzar juntos más que el quedar por encima del resto (la japonesa). Entonces las culturas individualistas quedarían ligadas a la culpa y las colectivistas a la vergüenza. Es común ver a los orientales un gesto típicamente vergonzoso cómo taparse la boca al reírse. 

¿QUÉ PROVOCA LA VERGÜENZA? 

La vergüenza puede estar provocada por numerosos factores, puede estar ligada a la falta de conformidad, a la culpabilidad, a motivos sexuales, al status o la competencia, puede interpretarse también como una falta de comportamientos de ayuda mutua y reciprocidad… 

¿PARA QUÉ SIRVE LA VERGÜENZA? 

Desde un punto de vista evolutivo la vergüenza tendría dos funciones generales: 

  • 1. Nos ayuda a cumplir las normas sociales. Es un excelente regulador de nuestros comportamientos sociales, una señal de alarma que nos informa que nos arriesgamos a transgredir las normas del grupo. Sirve para proteger nuestra identidad en el grupo de la misma manera que el dolor nos ayuda a proteger nuestra integridad física. 

  • 2. Sirve para calmar el enfado de los demás. No hace más indulgentes a los demás y más simpáticos. 

Sería por tanto una conducta sumisa (de las que se encargan de frenar la agresión en el otro). Si está ahí la vergüenza, al igual que todas las emociones, es porque ha cumplido una función adaptativa. El problema es el excesivo control que se ha ido dando en determinadas sociedades. 

¿CÓMO NOS HACE ACTUAR? 

Emoción, etimológicamente significa movimiento, por lo que,  ¿a qué operantes o conductas nos lleva la vergüenza? 

1. Nos lleva a la evitación o escape. De esta forma querer evitar la vergüenza, nos impide: 

  • Mostrarnos demasiado diferentes a los demás, y así nos evita ser excluidos del grupo.

  • Mostrar nuestro miedo o debilidad, y así nos evita perder status.

  • Hacer trampas o acumular en solitario, y así nos evita ser percibidos comotramposos o egoístas y dejar de beneficiarnos de los intercambios.

  • Mostrar nuestras inferioridades o comportamientos desviados, lo que nos evitaría el dejar de ser considerados como una pareja atractiva, es decir, buen reproductor y padre o madre y no encontrar pareja. 

2. A rehacer la imagen. Para ello, se pueden recurrir a los siguientes comportamientos: 

– Pegar. Pensad en el típico chulo de clase al que otro alumno le deja en una situación de inferioridad delante del grupo y entonces el “chulito” le dice que se ven a la salida. 

– Arreglarse. Pensad en una adolescente que le causa enorme vergüenza un grano en la cara y esto le lleva a maquillarse. 

– Aumentar competencias. En las típica pelis norteamericanas (sociedad individualista y competitiva) donde el afán de superación de una persona que ha quedado en mal lugar delante del grupo, lo que venía a ser antaño “recuperar el honor”. 

Dada la importancia decisiva que tiene la imagen, y por ende, la opinión de los demás en la identidad de la persona, se entiende que la vergüenza probablemente sea uno de los sentimientos más profundos del ser humano. Siendo el sentimiento social por antonomasia y uno de los que más profundamente afecta a la persona, y resultando por otro lado tan decisiva la imagen en la sociedad actual, la vergüenza está en la base posiblemente de muchos trastornos psicológicos. Un ejemplo obvio es la fobia social. 

Insuflarle vergüenza a un niño no es hacerle ningún bien: los niños que no tardan en experimentar vergüenza son más retraídos o más agresivos que los otros, con una autoestima más débil. Por el contrario, hacer sentir a un niño culpabilidad sobre algunos de sus actos favorece los comportamientos de compensación y ayuda mutua, y aumenta la empatía. 

¿CÓMO REGULAR LA VERGÜENZA? 

  • Confía tu vergüenza a alguien y no dejes que te corroa el secreto. Lo peor de la vergüenza es que uno cree que es el único que la siente. 

  • Transforma tu vergüenza en apuro y no permanezcas paralizado. Aprende a regular la importancia que concedes a los sucesos y a las emociones que estos engendran. 

  • Reflexiona a cerca de tus creencias y no creas que la vergüenza está justificada. 

  • Regresa al ”lugar del crimen” y no evites retirarte de esa escena. No huyas de las situaciones o de las personas en las que sientes no estar a la altura. 

  • Evita a los humilladores en serie y déjate de adjudicar el papel de cabeza de turco. Hay que reconocer a los humilladores incluso bajo la máscara del bromista y no dejarse herir. 

Es de gran importancia la exposición progresiva y exitosa ante una tarea, hará que vaya disminuyendo la frecuencia y la intensidad de la vergüenza, al igual que la reestructuración de ciertas creencias irracionales que intensifican y magnifican el sentimiento de vergüenza. 

Esto en cuanto a regular el exceso de vergüenza, pero también sería adecuado plantear cómo intervenir ante el déficit de vergüenza, ¿es decir qué hacer con los sin vergüenzas? Pero eso ya es otra historia… 

Os dejo que reflexionéis sobre el tema y lo difundáis ¿sin ninguna vergüenza? 

Mariano de Vena SalvadorPsicólogo Nº de Col. M-23785

Centro Psicológico Loreto Charques