El desarrollo moral en los niños.

El desarrollo de la moralidad de un niño atraviesa distintas etapas e hitos. ¿Por qué?

La clave más importante viene dada por la maduración neurológica que se produce, que unida a su experiencia del mundo social, hacen que vaya adquiriendo y mostrando, poco a poco, y también de manera súbita, elementos más avanzados a la hora de comprender y afrontar lo que es correcto y lo que no es aceptable, es decir, lo que está bien y lo que está mal. 

Los Psicólogos más importantes en el estudio de esta materia son Piaget y Kohlberg. Kohlberg parte de unos estudios de Piaget que explicaban el desarrollo del razonamiento lógico en los niños, y a partir de ello, se interesa en los elementos del razonamiento moral,  llegando a la conclusión de que en su desarrollo hay tres grandes etapas o niveles. En cada una de ellas, y de manera progresiva, la potencia del razonamiento del niño progresa y se hace cada vez mayor, tanto intelectual como moralmente.

Etapas o niveles del desarrollo moral en los niños:

NIVEL 1. OBEDIENCIA AL PREMIO O AL CASTIGO.

Hasta los 5 años

Básicamente en este nivel el niño entiende “el bien y el mal” en base a la obediencia por el castigo o el premio que obtiene en base a sus comportamientos. Sus conexiones neuronales y su experiencia con el mundo es lo que por ahora le permiten alcanzar.

NIVEL 2. EL BIEN O EL MAL ES LO ESPERADO EN SU ENTORNO.

Hasta los 11 años.

Durante esta etapa se progresa desde el vivir de acuerdo con lo que las personas próximas esperan del niño en torno a lo que para ellos significa “ser bueno” hasta ir entendiendo y aceptando lo que implica un orden social y autoridad. Supone un avance ya que el niño no se mueve solamente por premio o castigo, sino que se comporta en base a lo que su entorno próximo espera de él.

NIVEL 3. MÁS AUTONOMÍA EN VALORAR LO BUENO Y LO MALO.

Desde la adolescencia hasta la edad adulta.

Durante esta última etapa que comienza durante la adolescencia y que culmina en la edad adulta, con diferencias en su desarrollo entre las distintas personas, ya que no todos logran las cotas más altas en este último nivel, el adolescente va entendiendo que la gente tiene distintos valores y reglas relativas al grupo. Estas reglas relativas deben ser normalmente respetadas. Sin embargo, algunas normas o valores del grupo que en algunas circunstancias o situaciones no parecen ser respetuosos con la libertad y los derechos más fundamentales. En estos casos el adolescente puede empezar a posicionarse de manera autónoma con respecto al grupo del que forma parte, analizar y valorar críticamente los valores que lo rigen, y posicionarse en favor o en contra de ellos. 

Este último nivel, el más complejo, progresa hasta unos principios éticos escogidos por uno mismo. De tal modo, cuando las leyes y acuerdos sociales no respetan los principios éticos universales (los derechos humanos), el adolescente o adulto entiende que debe actuar de acuerdo a estos principios universales de justicia, igualdad de los derechos humanos y respeto a la dignidad. Supone posicionarse de manera autónoma  en un cuestionamiento de lo que realmente “está bien o está mal”.

Este progreso moral del niño, del adolescente y del adulto, como decimos, requiere una madurez neurológica que se produce inexorablemente en estas edades marcadas, no antes. Previamente parece que el cerebro humano no está preparado para los niveles siguientes en cuestión de razonamiento moral. No existen conexiones neuronales complejas, maduras. Tampoco se han producido experiencias sociales suficientes para entender y manejar el mundo de una manera más completa y autónoma. 

Breve resumen y algunas conclusiones:

El pensamiento moral progresa por tanto desde principios de búsqueda del premio o evitación del castigo, a vivir conforme a lo esperado a un grupo de referencia y la adecuación social, finalizando en la última estación que es la de comprensión de leyes y derechos universales y actuar de forma autónoma en relación a ellos.

Es decir, el desarrollo moral pasa desde lo impuesto externamente hasta lo comprendido, aceptado y regulado internamente. Lo bueno y lo malo depende de la valoración interna; no de la anticipación a recibir un castigo o anhelo de un premio, o la constante adecuación al grupo de referencia. 

Algunas consideraciones a tener en cuenta en base a estas investigaciones pueden ser:

Aunque siempre se puede hablar y razonar con los niños, si conviene tener en cuenta ciertos “techos” reales en sus capacidades en los niños a la hora de comprender lo que está  bien y lo que está mal. En definitiva, según su edad, debe predominar un enfoque más sancionador o del premio -de regulación externa-, o uno más de base razonadora, de autorregulación interna, ya que está preparado para incorporarlo y ponerlo en práctica.

De manera progresiva, los niños y los adolescentes adquieren más riqueza y autonomía moral.

“Acompañémosles de la manera más adecuada en cada momento de su desarrollo moral” puede ser el resumen de este artículo.

Sergio Algar Villa | Psicólogo en el Centro Psicológico Loreto Charques

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Bromas “pesadas”.

Youtube se ha convertido en el canal favorito para compartir vídeos. Cada minuto se suben 300 horas de vídeo a este portal, y viene a ser, durante los 10 años que lleva operativo, uno de los hobbies más habituales de grandes y pequeños.

Durante este tiempo, hemos visto como ha proliferado un tipo de grabación muy particular, sobre todo entre los adolescentes. Podemos decir que nos encontramos en la era de “grabar lo divertido y subirlo”, esto es así. Se ha establecido, lo hemos normalizado, y se hace muchas veces con muy poca conciencia de sus consecuencias, ya que en gran parte de las ocasiones se busca la carcajada rápida de quien vea el vídeo y se recurre a gastar “bromas pesadas” que son controvertidas y poco éticas, ya que quien las recibe seguro que no le hace ninguna gracia. Muchos jóvenes todavía no saben que algunas cosas que graban no son divertidas, no se deben filmar y mucho menos difundir o compartir abiertamente. Todos hemos visto en las noticias grabaciones de cómo algunos alumnos se burlan del profesor, de otro compañero del instituto, y un largo etcétera, provocando situaciones muy desagradables intencionadamente, todo con fin de generar burla abiertamente sin ningún tipo de sonrojo. Más bien todo lo contrario, ya que sienten orgullo de haberlo hecho.

Pero todavía llama más la atención cuando son los adultos quienes no distinguen las fronteras entre lo que es socialmente aceptable y lo que no lo es a todas luces. Esta misma semana me he enterado de que corre un vídeo en el que se ve a unas personas mayores bajando las escaleras mecánicas del metro por el sentido equivocado de la marcha, lo que les genera una situación muy incómoda, ya que durante largo rato parece que no son capaces de solucionar esta situación dada su avanzada edad y deterioro. No he querido verlo. Me ha parecido tan denigrante que he preferido no hacerlo. Pero al parecer, la persona que lo graba, no solo no acude a auxiliar a dos personas que precisan ayuda en una situación claramente complicada para ellos. Se detiene además a grabarlo, y después, se honra en difundirlo públicamente.

Estamos aquí. Hemos llegado a confundir de tal manera las cosas que nos pensamos que todo nos puede provocar risa, incluso aunque rebase con creces las líneas morales más básicas. Por definición, divertirse o broma es aquello en que las dos partes ríen, no solo una. Me indigna. Cada vez más parece que tenemos que estar riendo todo el tiempo, que todo es relativo, que da igual y no pasa nada. ¡¡Si pasa!!

Me ha dolido mucho el corazón cuando durante estos días se ha hecho público el maltrato que unos padres estadounidenses “youtubers” (así se llaman ahora) han ejercido sobre sus hijos a través de “bromas” que les “gastaban” y después subían a youtube con las que después se lucraban. Generaban frustración de forma totalmente injustificada en los menores, situaciones totalmente injustas e incomprensibles para un niño.

Pensar que este tipo de grabación puede entenderse como “una broma” y que pueda resultar divertida a alguien, y más proviniendo de un padre, me resulta trágico.

Pensar de verdad en querer hacer reír a alguien generando dolor en tu propio hijo es algo que cuesta comprender. No es de extrañar que a estos padres les hayan quitado la custodia de sus hijos. Desde luego algo así no es divertido. Ni debe ser generado intencionalmente. Ni debe ser grabado. Ni debe ser difundido.  Terrible.

Sergio Algar Villa | Psicólogo Col. Nº M-22702 

Centro Psicológico Loreto Charques