Bromas “pesadas”.

Youtube se ha convertido en el canal favorito para compartir vídeos. Cada minuto se suben 300 horas de vídeo a este portal, y viene a ser, durante los 10 años que lleva operativo, uno de los hobbies más habituales de grandes y pequeños.

Durante este tiempo, hemos visto como ha proliferado un tipo de grabación muy particular, sobre todo entre los adolescentes. Podemos decir que nos encontramos en la era de “grabar lo divertido y subirlo”, esto es así. Se ha establecido, lo hemos normalizado, y se hace muchas veces con muy poca conciencia de sus consecuencias, ya que en gran parte de las ocasiones se busca la carcajada rápida de quien vea el vídeo y se recurre a gastar “bromas pesadas” que son controvertidas y poco éticas, ya que quien las recibe seguro que no le hace ninguna gracia. Muchos jóvenes todavía no saben que algunas cosas que graban no son divertidas, no se deben filmar y mucho menos difundir o compartir abiertamente. Todos hemos visto en las noticias grabaciones de cómo algunos alumnos se burlan del profesor, de otro compañero del instituto, y un largo etcétera, provocando situaciones muy desagradables intencionadamente, todo con fin de generar burla abiertamente sin ningún tipo de sonrojo. Más bien todo lo contrario, ya que sienten orgullo de haberlo hecho.

Pero todavía llama más la atención cuando son los adultos quienes no distinguen las fronteras entre lo que es socialmente aceptable y lo que no lo es a todas luces. Esta misma semana me he enterado de que corre un vídeo en el que se ve a unas personas mayores bajando las escaleras mecánicas del metro por el sentido equivocado de la marcha, lo que les genera una situación muy incómoda, ya que durante largo rato parece que no son capaces de solucionar esta situación dada su avanzada edad y deterioro. No he querido verlo. Me ha parecido tan denigrante que he preferido no hacerlo. Pero al parecer, la persona que lo graba, no solo no acude a auxiliar a dos personas que precisan ayuda en una situación claramente complicada para ellos. Se detiene además a grabarlo, y después, se honra en difundirlo públicamente.

Estamos aquí. Hemos llegado a confundir de tal manera las cosas que nos pensamos que todo nos puede provocar risa, incluso aunque rebase con creces las líneas morales más básicas. Por definición, divertirse o broma es aquello en que las dos partes ríen, no solo una. Me indigna. Cada vez más parece que tenemos que estar riendo todo el tiempo, que todo es relativo, que da igual y no pasa nada. ¡¡Si pasa!!

Me ha dolido mucho el corazón cuando durante estos días se ha hecho público el maltrato que unos padres estadounidenses “youtubers” (así se llaman ahora) han ejercido sobre sus hijos a través de “bromas” que les “gastaban” y después subían a youtube con las que después se lucraban. Generaban frustración de forma totalmente injustificada en los menores, situaciones totalmente injustas e incomprensibles para un niño.

Pensar que este tipo de grabación puede entenderse como “una broma” y que pueda resultar divertida a alguien, y más proviniendo de un padre, me resulta trágico.

Pensar de verdad en querer hacer reír a alguien generando dolor en tu propio hijo es algo que cuesta comprender. No es de extrañar que a estos padres les hayan quitado la custodia de sus hijos. Desde luego algo así no es divertido. Ni debe ser generado intencionalmente. Ni debe ser grabado. Ni debe ser difundido.  Terrible.

Sergio Algar Villa | Psicólogo Col. Nº M-22702 

Centro Psicológico Loreto Charques

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S.O.S. Adolescentes: ¿Ropa de Verano en Invierno?

¿Te has preguntado por qué tus hijos siguen modas como no llevar calcetines en invierno? ¿Por qué se arremangan los pantalones con el frío que hace?

Se imponen modas que a primera vista son incomprensibles. Por supuesto que la transgresión y el cambio son generacionalmente innegables, pero ¿por qué los ahora adolescentes se visten todo el año como si estuviesen en pleno mes de Agosto?  ¿Se han vuelto locos?

Cuando luce el sol y, en definitiva, cuando es verano, es cuando más felices y despreocupados estamos. En esos momentos es cuando más tiempo libre tenemos, cuando más cosas al aire libre podemos hacer, cuando más sonreímos y mejor nos lo pasamos.

Y es por ello que, a través de mera asociación, nuestro cerebro entiende que la ropa de verano es la que va unida a todas esas vivencias, sensaciones e imágenes que nos proporcionan placer, y que sólo nos permiten disfrutarlas las épocas de sol y buen tiempo. Piénsalo bien; ya el simple hecho de sentir la ropa de verano puesta te acerca a todo lo bueno que vives durante las épocas de sol y descanso. Es por ello que vestir así se convierte, de manera automática para todo el mundo, en la estética del “buen rollo”.

Por otro lado, es normal que esta idea haya sido usada de manera tan eficaz por los ideólogos de los cantantes de moda y diseñadores de campañas comerciales de las grandes firmas, que han sabido captar de manera muy acertada la esencia de lo deseado por todos: estar contentos y felices, sintiéndonos jóvenes y en verano.

Visto así, “la nueva moda del invierno” pasa por camisetas ultradelgadas, motivos y colores vivos de la playa y del buen tiempo, pantalones arremangados, gafas de sol aunque esté nublado;  ¡nada de abrigos por supuesto! Fuera los calcetines, y a buscar zapatillas más propias de la primavera, todo con el fin de acercarnos al ideal de sentirnos disfrutando vacaciones de verano todo el año.

En definitiva, parece que el tiempo de las estaciones ha terminado para los adolescentes en cuestión de vestido y moda.

Y la pregunta obligada: ¿de verdad les compensa pasar este frío? Pues por lo que observamos, y aunque el catarro parezca asegurado, ¡parece que sí! La adolescencia tiene estas cosas. Al final se prioriza y “compensa”.

También llama la atención cómo esta forma de vestir está calando cada vez más en los “jóvenes adultos”. Este estilo estético y ropa rejuvenece, y hace sentir muy bien a quien la usa como a quien la ve en los demás puesta.

¿Qué te queda como padre o madre? 

Al menos “entender a tus hijos”;

¡Siguen el buen rollo!

Se trata de ir siempre vestido como si fuese verano.

Sergio Algar | Psicólogo Col. Nº M-22702

Educar las emociones.

La vida familiar como primera escuela de aprendizaje emocional en la vida.

Daniel Goleman explicó que una persona feliz es la que:

-Conoce sus propias emociones.

-Sabe regular sus emociones.

-Sabe automotivarse o hablar consigo mismo de forma ajustada y positiva.

-Sabe reconocer las emociones de los demás.

-Sabe establecer relaciones con los demás.

Según este autor, las personas que se sienten más felices son las que saben identificar y manejar sus emociones, y no necesariamente son las que tienen un cociente intelectual más alto.

El seno familiar es el primer lugar de aprendizaje y por ello las familias deben cuidar y potenciar adecuadamente el aprendizaje de estos aspectos que, aunque se seguirán desarrollando a lo largo de toda la vida, está demostrado el importante impacto de estos primeros momentos en su desarrollo.

De manera muy resumida, pretendemos facilitar algunos consejos para los padres que seguís este blog en relación a cómo favorecer de manera adecuada el desarrollo emocional de vuestros hijos:

  • Conoce a tus hijos, acércate a su mundo emocional. Interésate en cómo vive las cosas de su día a día. Para ello, hablar de cómo se sienten y poder tener en cuenta las causas que las provocan pueden ayudarle a identificar ese mundo interior que inicialmente y a temprana edad puede resultarles muy confuso.
  • Fomenta su autoestima. Hazlo pensando en las veces que durante el día le dices “no” y le dices “si” a tu hijo. Quizás ayudaría pensar en la “técnica del pescador”: no siempre podemos aflojar la caña, porque no pescaremos nada (el “si”). Tampoco podemos estirar siempre del hilo, porque se romperá (el “no”). Convendría más tensar y soltar el hilo, siempre atentos a las reacciones y circunstancias del río y el “pez”. Saber decir “no” y decir “si” a los hijos en el momento oportuno es todo un arte que requiere práctica y “arte” del saber hacer que va a contribuir de manera muy importante en el adecuado y equilibrado desarrollo de su autoestima.
  • Potencia la comunicación en casa. Hay que dar posibilidad a los niños de expresar sus sentimientos, es decir, poder conversar no solo de lo que hacen sino también de cómo se sienten. A través del diálogo se ayuda a los niños a hablar de sus emociones, que las entiendan poco a poco y a buscar conjuntamente solución a los conflictos. Es decir; con la comunicación emocional en casa se mejora la conciencia emocional de los niños al dotarles de palabras de las emociones que se sienten, progresiva regulación al permitirles que se expliquen y entiendan mejor lo que les pasa y mejora creciente de su competencia social.
  • Ayúdales en el momento de gestionar conflictos. Ten en cuenta que siempre hay un componente emocional detrás de los comportamientos agresivos que observas en tus hijos. Normalmente vamos siempre a la reprimenda olvidando la justificación emocional de la reacción que tuvo tu hijo. Ponte en su lugar, trata de entender qué ha ocurrido que haya hecho que se haya comportado así. De esta manera, vas a poder enseñar mucho mejor a tu hijo cómo gestionar conflictos venideros.
  • Colabora con el colegio. Padres y profesores están llamados a entenderse y coordinarse a fin que no se den contradicciones. Con ello contribuiremos a que la educación dentro de esta área sea coherente y unitaria. La postura que muestres hacia el colegio y el profesor delante de tus hijos contribuirá a reforzar el trabajo que allí se hace o relegarlo. Di a tus hijos que escuchen al profesor, y tú se al mismo tiempo el mejor modelo para ellos.

Referencias: Programas “Sentir y Pensar”. Editorial SM

Sergio Algar | Psicólogo Col. Nº M-22702

Otros artículos / entradas de nuestro Blog relacionados con las #emociones:

https://charquesblog.wordpress.com/?s=emociones

Padres helicóptero

Una nueva generación de padres ha llegado.

Esta nueva generación de progenitores que “sobrevuelan” de manera constante sobre la vida de sus hijos se ha venido a denominar los padres helicóptero. Junto con ellos, en un plano muy similar, los padres apisonadora tratan de “allanar” todas las posibles dificultades futuras de sus hijos. Un nuevo estilo educativo se impone: el Sobreprotector.

Padres Helicóptero. Así se conoce a los progenitores “hiperprotectores” que sobrevuelan sin cesar sobre la vida de sus hijos, pendientes a todas horas de sus necesidades, de sus deseos y de su futuro.

Es cierto que vivimos en una sociedad cada vez más competitiva, que cada día exige más a los futuros ciudadanos: más conocimientos, habilidades, mejores resultados… Y, al final, esta mayor exigencia es asumida por los padres y no siempre bien trasladada a los hijos, ya que se quiere que lleguen a su futuro con la mochila lo más llena posible, tratando de eliminar cualquier obstáculo, error personal o intelectual que se interponga en su camino.

Parece que la actual crisis ha aumentado la preocupación por el futuro y ha disparado el miedo de los padres a que sus hijos se equivoquen y a que no sean capaces de alcanzar por sí solos todas las exigencias que la sociedad les demanda. Por eso, los padres de nueva generación intentan “sustituir” a sus hijos, “vivir su vida” por ellos para prevenir y anticipar todos estos problemas, “en lugar de acompañarles” en su proceso de maduración y crecimiento personal.

El filósofo José Antonio Marina apoya este planteamiento a través de estas palabras: “Estamos en una cultura del miedo. Hay un sentimiento de precariedad y provisionalidad, y una reacción, que es la sobreprotección, es pensar que el niño no va a saber desenvolverse”.

Por eso, hay cada vez más padres helicópteropadres apisonadorapadres guardaespaldas. Emprenden un camino de cuidados y de protección con muy buenas intenciones y con mucho cariño, pero también con el desconocimiento de que, en ese afán por controlarlo todo, acaban anulando la independencia y la autonomía de sus hijos. Y este es “uno de los mayores errores en la educación de los hijos”.

La Psicóloga Silvia Álava advierte que “los niños con padres sobreprotectores desarrollan menos competencias emocionales y a la larga son más inseguros”.

Javier Urra, Psicólogo y ex defensor del Menor de la Comunidad de Madrid, también constata que el fenómeno de la hiperprotección va en aumento.

A estos padres, que mantienen este estilo educativo, se les podría preguntar: “¿Qué es mejor? ¿Que su hijo de nueve años apruebe el trimestre de Matemáticas o Lengua o que aprenda que no cumplir con sus responsabilidades tiene unas determinadas consecuencias?” Al final, la sobreprotección tiene mucho que ver con el modo en que miramos la educación de los hijos. Si miramos solamente a corto plazo, a lo que es mejor para ellos hoy, nos acercamos más a esa sobreprotección. En cambio, si miramos más allá, a lo que será mejor para ellos el día de mañana, cuando tengan que tomar definitivamente las riendas de su futuro, estaremos más cerca de ser cada día mejores padres”.

“En cada momento del crecimiento de la persona, ésta debe pelear por sus propias batallas. Debemos darnos cuenta de que no ayudamos a nuestros hijos dándoles la solución, sino prestándoles el apoyo desde fuera. Si en la adolescencia los chicos no toman decisiones, nunca tomarán la iniciativa y esto producirá disfunciones sociales tremendas en todos los niveles”, concluye José Antonio Marina.

Múltiples estudios nos conducen a la conclusión de que los niños con padres sobreprotectores desarrollan menos competencias emocionales y a la larga son más inseguros. Y la inseguridad no conviene tomarla a broma, ya que hay que tener en cuenta que se manifestará a lo largo de la vida y durante todas sus etapas. Una niño, un adolescente o un adulto que no afronta su vida, que pospone las decisiones, que las toma de manera precipitada o que “depende” de distintas figuras para tomarlas puede tener, de manera sostenida y en efecto cascada a lo largo de su vida, gravísimas consecuencias.

La toma de decisiones y la solución de problemas complejos, en resumen, la autonomía en la infancia y la adolescencia, se aprende. Se aprende y se enseña. Por eso hay que favorecerlo en los hijos y los alumnos, y enseñarlo. No mantener su dependencia hacia nosotros.

Es necesario favorecer la diferenciación progresiva de las figuras adultas a fin de que vayan adquiriendo independencia y mecanismos psicológicos sólidos de afrontamiento de distintas situaciones en sus vidas por sí mismos. Si no, la inseguridad y la dependencia ganarán la batalla, y harán que vivan vidas tóxicas basadas en la inseguridad y la dependencia.

Sergio Algar | Psicólogo Col. Nº M-22702

Centro Psicológico Loreto Charques