Chemsex… cuando la sexualidad no basta.

La sexualidad es algo maravilloso. Durante demasiado tiempo se ha visto limitada, coartada, haciéndola parecer como algo pecaminoso, sucio… Con la evolución cultural la sexualidad llegó de una manera más natural a la gente, sobre todo a los por entonces más jóvenes. Hasta que llegó el SIDA, como un fantasma aterrador que marcó a toda una generación, que obligó a que aprendiéramos de prevención de la infecciones de transmisión sexual (ITS). Hoy en día, aunque aún no hay una cura para el VIH/SIDA, sí que su contagio se ha visto controlado y cada año tenemos mejores noticias sobre la disminución del número de contagios.

Pero aún sigue ahí.

Posiblemente la educación sexual de las nuevas generaciones se ha visto más enfocada a prevenir esos contagios así como a frenar el número de casos de embarazos no deseados. Y ese enfoque ha olvidado enseñar la otra parte fundamental de la sexualidad que no es sólo su disfrute, si no las emociones implicadas.

Tal vez ese sea uno de los motivos por los que los jóvenes llegan antes a descubrir su propia sexualidad y explorarla. Aprenden –muchas veces a través de la pornografía o de la prostitución (sobre todo en el caso de los hombres)- el cómo se hace y no reflexionan el para qué. Y con ello no digo que haya que controlar o refrenar esa sexualidad. Pero sí que hay que educar de manera que se planteen por qué lo hacen. En más de un caso nos hemos encontrado con chicos y chicas que han tenido sexo… porque había que tenerlo, por presión de sus iguales, de sus parejas, o de lo que creen que se espera que hagan.

Eso puede llevar a que la sexualidad pierda parte de su sentido y por eso se trivializa… Y lo trivial lleva al aburrimiento y la rutina.

Y para salir de esa rutina y a la vez seguir a la moda y no ser un “marginado” que está fuera del grupo… muchos se lanzan a la práctica del CHEMSEX.

El CHEMSEX es un término que proviene inicialmente de la cultura anglosajona y que define una experiencia en la que bajo el influjo del consumo de sustancias químicas, drogas, a la vez se mantienen relaciones sexuales durante largos periodos de tiempo –más allá de lo normal en una persona sana en condiciones naturales-. Por así decirlo, forzando la máquina de manera artificial. Aunque inicialmente era una práctica minoritaria, se ha extendido por todo el mundo y ha llegado también a España. Como antaño se convocaban las fiestas rave, de manera discreta, por medio del boca oído, en la actualidad se realizan las convocatorias de estos encuentros sexuales por medios de Apps en los teléfonos móviles.

El uso de drogas para mantener relaciones sexuales no es algo nuevo, ni remotamente. Se ha dado a lo largo de la historia en prácticamente todas las culturas y empleando todo tipo de sustancias. Siempre buscando durar más, tener más parejas sexuales… y, lo que más enganchaba, poderlo contar a su grupo.

En eso no hemos cambiado mucho.

Lo que ha cambiado es la irrupción de la metanfetamina, llamada por nombres como batu, blade, cristy, cristal, vidrio, hielo caliente, cuarzo, shabu, shards, stove top, super hielo, tina, ventana, meta, tiza… Y el peligro radica primero en que su efecto adictivo es muy intenso, por lo que muchas personas se enganchan, desarrollando una dependencia física y psicológica. De ella sabemos:

-La metanfetamina es un potente estimulante del sistema nervioso central. Sus efectos son más potentes que la anfetamina porque atraviesa muy fácilmente la barrera hematoencefálica.

-Aunque tiene indicación terapéutica para el tratamiento de la narcolepsia y del TDAH, también se usa en espacios de fiesta (en menor medida que la anfetamina, dependiendo de la zona geográfica).

-Su uso recreativo suele ser por la vía esnifada o oral, pero hay un uso fumado o inyectado que en España es muy minoritario. Por vía nasal y fumada los efectos aparecen casi inmediatamente, mientras que si se consume oralmente los efectos tardan una media hora en aparecer.

-Los efectos principales de la metanfetamina son la sensación de energía y euforia, con incremento en el nivel de alerta y rendimiento intelectual, disminución de la necesidad de dormir y comer y dilatación pupilar. En las primeras tomas el efecto puede parecerse más al MDMA que a otro estimulante, debido a que aparecen efectos de apertura intelectual acompañadas de euforia (*).

Y es en esa combinación de euforia, de falsa percepción de control, de ser capaz de interactuar fácilmente con cualquiera el que hace que, cuando las personas que se reúnen para practicar el CHEMSEX, puedan perder la percepción del riesgo de lo que están haciendo y surge el riesgo a las ITS, no sólo por el intercambio sexual de fluidos, sino también por la vía de administración.

¿Cuál es nuestro papel como padres y como educadores? Debemos dar una correcta educación sexual que conciencie a los más jóvenes de los riesgos de una sexualidad mal llevada (muchas chicas, por ejemplo, no saben ni lo que es el VPH, o virus del papiloma humano, cómo se contagia y los riesgos que conlleva). Pero también debemos enseñar lo bueno de la sexualidad, que somos dueños de ella y no debemos dejarnos llevar o presionar por lo que otros quieran o nos pidan que hagamos.

La sexualidad es maravillosa.

Libre, consciente y controlada… dentro de lo posible.

Sed felices.

César Benegas Bautista | Psicólogo Col. Nº M-22317

Enlace relacionado:

http://www.20minutos.es/noticia/3054603/0/perdido-miedo-contraer-sifilis-gonorrea/

(*) Fuente: https://energycontrol.org

Sexo… ¿Con cinco minutos basta?

Cuando este psicólogo que hoy os escribe recorría centros de enseñanza, centros de la tercera edad o asociaciones de la Comunidad de Madrid, no dejaba de sorprenderse de que en pleno siglo XXI, el de la información, el del conocimiento a golpe de ratón y página web, la sexualidad fuera tan desconocida como el origen de los agujeros negros. 

Y es que a la hora de embarcarnos en la aventura de la sexualidad seguimos haciéndolo a golpe de mitos y de miedos. Hoy quiero hablaros de ello. 

¿Cuándo aceptaremos que la sexualidad va más allá de escalas y medidas, de posturas acrobáticas y de quedar bien con nuestras parejas? La sexualidad es una fiesta. La sexualidad es el descubrimiento de uno mismo y del otro. La sexualidad es una experiencia íntima o compartida en la que el único límite es el respeto a sí mismo y a aquella persona a la que nos entregamos. 

¿Cuáles son las preguntas más frecuentes? Sospecho que no os van a sorprender… 

1. ¿El tamaño importa? Sí. Eso. Muchos ahora estarán pensando en sus propias medidas. Si leen esto en grupo se mirarán con sonrisas nerviosas o con palabras grandilocuentes. Pero la sombra de la duda, el temor a no ser lo que ellas o ellos esperan… La verdad es que la medida de los genitales al igual que la del resto de los miembros del cuerpo es diferente de una persona a otra. Y de la misma manera a cada persona le atraerán cosas diferentes. Lo que sí importa es saber qué hacer con nuestros cuerpos, librarnos de la ansiedad que genera el temor al ridículo y disfrutar del placer que podemos dar y obtener. Por cierto.  ¿Sabíais que en cada zona de nuestro planeta la creencia sobre quién tiene el pene más grande es diferente? En fin, rumores… 

2. ¿Siempre hay que estar dispuesto? Os responderé con otra pregunta: ¿tenéis siempre hambre? Y, cuando tenéis hambre, ¿os apetece comer siempre lo mismo? Seguro que os parecen preguntas ridículas por lo obvio de las respuestas. Pues con el sexo es exactamente igual. No hay que estar siempre listo pues ni hombre ni mujeres somos autómatas que reaccionan de manera inmediata a un estímulo sexual. Nuestra reacción sexual está en función de muchos factores: si hemos descansado, si nos atrae nuestra pareja, el estrés… Pero por encima de todo ello que nos apetezca o no. No podemos obligar con nuestro deseo a que otro sienta deseo. Recordad: respeto. 

3. ¿El sexo pleno y vigoroso es cosa de jóvenes? Hay quienes confunden la intensidad con el vigor y la fuerza. Olvidan la importancia de la ternura, del saber esperar al otro, del conocer sus deseos más íntimos. Y es porque en muchas ocasiones el maestro en educación sexual se llama internet y se apellida pornografía. Hay miles de páginas webs a nuestro alcance. En ellas cuerpos perfectos (a golpe de bisturí, silicona y otras formas de tunear el cuerpo tanto en ellos como ellas) simulan encuentros sexuales y desmedidos placeres en simulacros de violaciones en las que se realizan posturas de lo más acrobáticas que, bueno, pueden ser curiosas de ver, pero a la hora de intentar practicarlas pueden ser incómodas, dolorosas y distraen del acto en sí. Por lo que el placer, amigos míos… el placer puede desaparecer del sexo. 

4. ¿Cuánto tiempo debe durar un encuentro sexual? Deliberadamente utilizo la palabra “encuentro” pues es lo suficientemente amplia como para que quepa absolutamente todo lo que imaginéis. Veréis, el tiempo es algo que debe desaparecer. Hay hombres que cronometran lo que duran durante el coito. Mujeres que cuentan los minutos hasta alcanzar el orgasmo (o los orgasmos)… si es que llegan a sentirlo. Si el tiempo es algo que os preocupa es que no habéis disfrutado de una relación sexual madura. Puede ocurrir que una pareja se entregue de forma rápida y apasionada (de esas que suceden en sitios inesperados que dejo a vuestra imaginación). Otros que se entreguen a juegos sin fin y de lo más imaginativo durante horas. Hace poco puede oír un comentario curioso al respecto: con cinco minutos basta, ¿no? Me quedé pensativo pues es difícil apartar de la mente de la gente que sexo no es sólo coito. Sexo es juego. Sexo es fantasía. Sexo es diversión. ¿se puede calcular cuánto dura eso? Sexo es un abrazo tras la apasionada batalla (perdonadme la licencia). Sexo es no pensar, sólo sentir. 

Como podéis leer he tratado sólo cuatro puntos. Pero, ¿cuántas preguntas más os formuláis? ¿Cuántas dudas? ¿Cuántas angustias? 

Si queréis no dudéis en escribirnos y las incluiremos (anónimamente, por supuesto) en posteriores entregas de este blog. 

Ya sabéis cómo contactar con nosotros. 

¡Hasta la próxima amigos! 

César Benegas Bautista | Psicólogo Nº de Col.: M-22317

Centro Psicológico Loreto Charques